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Identidad y Comunidad

La Ideología Americana

Francis Parker Yockey


Este individualismo orgánico fue formulado en constituciones escritas y en una literatura político-literaria. Es típico del espíritu de esta literatura la Declaración de Independencia. Como fragmentos de Realpolitik [54] este manifiesto de 1776 es magistral; apunta al Futuro, y abraza al Espíritu de la Epoca del Racionalismo, que era entonces predominante en la Cultura Occidental. Pero, en el siglo XX, la parte ideológica de esta declaración es simplemente fantástica; "Declaramos que estas verdades son evidentes por sí mismas: que todos los hombres son creados iguales; que todos son dotados por su creador de derechos inherentes e inalienables; que entre éstos se encuentran la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para asegurar estos derechos, se instituyen los gobiernos entre los hombres, derivándose sus justos poderes del consentimiento de los gobernados; que cuando una forma de gobierno es contraria a estos fines, el pueblo tiene derecho a alterarlo o abolirlo, instituyendo un nuevo gobierno, que base su fundamento en unos principios y organice sus poderes de forma tal que sea la más efectiva para asegurar su seguridad y felicidad". Y continuó diciendo, refiriéndose a la Guerra de Secesión entonces en curso: "... nos encontramos comprometidos en una gran guerra civil, para demostrar que esta nación, o cualquier nación así concebida y así dedicada, puede sobrevivir".

Esta ideología continuó hasta mediados del siglo XX, e incluso después de la Primera y la Segunda Guerra Mundiales cuando predominaba una perspectiva totalmente diferente e incompatible, fue ofrecida al territorio de origen de la Civilización Occidental como un modelo a ser imitado. Sólo el éxito material, enteramente fortuito, que sonrió a las armas americanas, hizo posible que esta ideología sobreviviera en el decurso de un siglo que la había superado y, no porque es un instrumento para dividir y desintegrar a Europa, debe ser examinada aquí esta arcaica ideología.

La Declaración de Independencia está saturada del pensamiento de Rousseau y Montesquieu. La idea básica, como en todo el Racionalismo, consiste en establecer la ecuación de lo que debiera ser con lo que será. El Racionalismo empieza por confundir lo racional con lo real, y termina por confundir lo real con lo racional. Este arsenal de "verdades" sobre la igualdad, derechos inalienables e inherentes, refleja el espíritu crítico emancipado, sin respeto por los hechos y la tradición. La idea de que los gobiernos son "instituídos" con un propósito utilitario, para satisfacer una demanda de hombres "iguales", y que esos hombres "iguales" dan su "consentimiento" a una cierta "forma" de "gobierno", y luego la suprimen cuando ya no sirve para este propósito, es pura poesía racionalista, y no corresponde a ningún hecho que haya ocurrido alguna vez en parte alguna. La fuente del gobierno es la desigualdad de los hombres: esto es un hecho. La naturaleza del gobierno es un reflejo de la Cultura, la Nación, y la etapa de desarrollo de ambos. Así, cualquier nación puede tener una de las dos posibles formas de gobierno: un gobierno eficiente o un gobierno deficiente. Un gobierno eficiente lleva adelante la Idea de la nación, y no la "voluntad de las masas", ya que ésta no existe si la dirección es eficiente. El liderazgo se hunde, no cuando "el pueblo" racionalmente decide abolirlo, sino cuando tal liderazgo llega a un grado de decadencia que se socava a sí mismo. Ningún gobierno, en ninguna parte, esta "fundado" en "principios". Los gobiernos son la expresión de instintos políticos, y la diferencia de instintos entre los distintos pueblos es la fuente de la diferencias en su práctica del gobierno. Ningún "principio" escrito afecta la práctica del gobierno en los más mínimo, y para lo único que sirve es para enriquecer el vocabulario de las disputas políticas.

Esto es tan verdadero para América como para cualquier otra unidad política que haya existido en cinco milenios de historia de las Grandes Culturas. Contrariamente a cierto sentimiento mesiánico existente en América, ésta no es completamente singular. Su morfología y su destino pueden leerse en la historia de otras colonias, en nuestra Cultura, y en otras anteriores.

En la Declaración de Independencia, la referencia al gobierno cuyo propósito es asegurar la "seguridad" y la "felicidad" de la población es una tontería racionalista. Gobernar es el proceso de mantener en forma a la población para la tarea política, la expresión de la Idea de la Nación.

La cita de Lincoln refleja todavía la época del Racionalismo, y en la Europa de entonces aún se podía sentir y comprender tal ideología, pues aún cuando Estado, Nación y Tradición continuaban existiendo en Europa — aunque debilitados — siempre hubo resistencia a las ideologías racionalistas, fueran de la variedad de Rousseau, de Lincoln, o de Marx. Ninguna nación fue nunca "dedicada a una proposición". Las naciones son creaciones de una Gran Cultura, y en su última esencia son ideas místicas. Su llegada, sus individualidades, su forma, su marcha, todo, constituyen reflejos de altos desarrollos culturales. Decir que una nación está "dedicada a una proposición" es reducirla a una abstracción que puede ser plasmada en una pizarra para una demostración en una clase de Lógica. Esto es una caricatura de la Nación-Idea. Hablar de tal manera de una Nación es insultarla y rebajarla: nadie moriría nunca por una proposición lógica. Si tal proposición — que más allá de ser proclamada "evidente" — no es convincente, la fuerza armada no conseguirá que lo sea.

La palabra "libertad" es uno de los principales tópicos de la ideología americana. La palabra sólo puede ser definida negativamente como liberación de algún freno. Ni siquiera el más furibundo ideólogo americano aboga por una total libertad con respecto a cualquier forma de orden, y paralelamente, ni la más estricta tiranía ha deseado jamás prohibirlo todo. En un país "dedicado" a la "libertad" los hombres fueron sacados de sus casas bajo amenaza de la cárcel, fueron declarados soldados y mandados a las antípodas como medida de "defensa" tomada por un gobierno que no pidió el "consentimiento"de sus masas, sabiendo perfectamente que tal "consentimiento" habría sido rehusado.

En el sentido práctico, la libertad americana significa libertad ante el Estado, pero es obvio que esto es mera literatura, toda vez que nunca hubo un Estado en América, ni tampoco se sintió la necesidad de que existiera. La palabra libertad es, pues, meramente un concepto en una religión materialista, y no representa nada en el mundo de los hechos americanos.

En la ideología americana es también importante la Constitución escrita adoptada en 1789, como resultado de la labor de Hamilton y Franklin. Su interés por ella era práctico, ya que su idea consistía en unificar las trece colonias en una sola unidad. Como unión en sí no hubiera podido ser descrita como un gobierno, sino más bien como una anarquía reglamentada. Las ideas de la Constitución estaban inspiradas sobre todo en los escritos de Montesquieu. La idea de la "separación de poderes", particularmente, se debe a este teorizante francés. De acuerdo con dicha teoría, los poderes del gobierno son tres: legislativo, ejecutivo y judicial. Como todo el cristalino pensamiento racionalista, esto se vuelve oscuro y confuso cuando se aplica a la vida Real. Estos poderes sólo pueden separarse en el papel, pero no en la Vida. Nunca estuvieron realmente separados en América, aunque la teoría pretenda que sí lo estuvieron. Con la irrupción de una crisis interna en la tercera década del siglo XX, todo el poder del gobierno central fue abiertamente concentrado en el ejecutivo, y pronto se encontraron teorías para abonar este hecho, que continuó llamándose "separación".

Las diversas colonias conservaron la mayoría de los poderes que les interesaban: el poder de darse sus propias leyes, mantener una milicia y conducirse en estado de independencia económica con respecto a las otras colonias. La palabra "estado" ("State") fue escogida para designar a los componentes de la Unión y esto condujo a nuevas confusiones en el pensamiento ideológico, toda vez que las formas estatales europeas, en las cuales el Estado era una Idea, fueron tomadas como un equivalente de los "estados" americanos, los cuales eran, sobre todo, unidades territoriales económico-legales, sin soberanía, finalidad, destino, ni propósito.

En la Unión no había soberanía, es decir, ni siquiera la contrapartida legal de la Idea-Estado. El gobierno central no era soberano, como tampoco lo era ninguno de los gobiernos estatales. La soberanía estaba representada por el acuerdo de dos tercios de los estados y el legislativo central, o sea, dicho en otras palabras: una abstracción pura. Si hubieran habido cincuenta, o cien millones de eslavos, o incluso de indios, en las fronteras americanas, hubiera habido una noción diferente acerca de esas cosas. Toda la ideología americana presuponía la situación geopolítica de América. No habían potencias vecinas, ni poblaciones hostiles, fuertes, numerosas y organizadas. No habían peligros políticos... sólo un amplio territorio semi-vacio, apenas ocupado por salvajes.

También fue importante en la ideología americana el sentimiento de universalidad expresado en el citado discurso de Lincoln. A pesar de que la Guerra de Secesión no tuvo nada que ver con ninguna clase de ideologías y, en cualquier caso, la exposición razonada y legalista de los Sudistas era más consecuente que la idea Yanki. Lincoln se sintió obligado a inyectar una ideología en esa Guerra. El oponente no podía ser, simplemente, un rival político, que buscaba lograr los mismos poderes que el Yanki; debía ser un enemigo total, resuelto a destruir la ideología americana. Este sentimiento informó todas las guerras americanas a partir de entonces: todo enemigo político fue considerado ipso facto como un oponente ideológico, aún cuando el enemigo en cuestión no mostrara interés alguno en la ideología americana.

En la época de las guerras mundiales, esta tendencia a mezclar las ideologías con la política se extendió a escala mundial. La potencia que América escogía por enemiga era, forzosamente, enemiga de la "libertad", la "democracia", y todas las demás palabras, mágicas pero sin sentido, de la misma categoría. Esto condujo a extraños resultados. Cualquier potencia luchando contra la que América había gratuitamente escogido como enemiga se convertía ipso facto en una potencia amante de la "libertad". Así, la Rusia de los Romanoff y la Rusia Bolchevique fueron potencias amantes de la "libertad" en su momento.

La ideología americana llevó a América a considerar como aliados a países que no devolvieron el cumplido, pero el ardor americano no se enfrió por ello. Esta clase de política sólo puede ser considerada en Europa como adolescente y en verdad, toda pretensión de que los problemas y formas del siglo XX pueda ser descritos de acuerdo con una ideología racionalista del siglo XIX es , inmadura o, para decirlo más claramente, tonta.

En el siglo XX, cuando el tipo de ideología racionalista ya había sido descartado por la avanzada Civilización Occidental, la universalización americana de la ideología se volvió mesianismo: la idea de que América debe salvar al mundo. El vehículo de la salvación debe ser una religión materialista en la que la "democracia" tome el lugar de Dios, la "Constitución" el de la Iglesia, los "principios de gobierno" el de los dogmas religiosos, y la idea de la libertad económica el de la Gracia de Dios. La técnica de la salvación consiste en someterse al dólar o, en último caso, someterse a las bayonetas y a los altos explosivos americanos.

La ideología americana es una religión, tal como lo fue el Racionalismo del Terror francés, del Jacobinismo, de Napoleón. La ideología americana es contemporánea de ellos, y ellos están muertos. Tan completa e internamente muertos como lo está la ideología americana. Su principal utilidad en la actualidad — 1948 — reside en dividir a Europa. El elemento Michel europeo se aprovecha de cualquier ideología que prometa "felicidad" y una vida sin esfuerzo ni energía. De este modo la ideología americana no sirve más que para un propósito negativo. El Espíritu de una época pasada no puede proporcionar ningún mensaje a una época que la sigue, pero puede negar la nueva época e intentar retrasarla, distorsionarla y apartarla de su ámbito vital. La ideología americana no es un instinto, ya que no inspira ninguno. Es un sistema inorgánico, y cuando uno de sus dogmas molesta, es rápidamente descartado. Así, la doctrina religiosa de la "separación de poderes" fue expulsada de la lista de dogmas sagrados en 1933. Anteriormente, el dogma sagrado del aislamiento había sido abandonado en 1917, cuando América intervino en una Guerra de Occidente que no le concernía ni afectaba en absoluto. Resucitado después de la Primera Guerra Mundial, fue nuevamente descartado en la Segunda Guerra Mundial. Una religión política que de tal manerca enciende y apaga sus doctrinas sobrenaturales, no resulta convincente, ni desde un punto de vista político, ni desde un punto de vista religioso. La "Doctrina" de Monroe, por ejemplo, hizo saber, a principios del siglo XIX, que todo el hemisferio Occidental era una esfera de influencia imperialista americana. En el siglo XX, esto se convirtió en el estatuto especial de una doctrina esotérica, para uso doméstico, mientras que el dogma externo era llamado "política de buena vecindad".

La ideología de un pueblo no es más que vestimenta intelectual. Puede corresponder — o no — al instinto de ese pueblo. Una ideología puede ser cambiada de un día para otro, pero no el carácter de un pueblo. Una vez que éste ha sido formado, es definitivo e influencia a los acontecimientos más que a estos a él.

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