El liberalismo es uno de los más importantes subproductos del racionalismo y sus orígenes e ideología deben ser claramente expuestos.
El período de "Ilustración" de la historia occidental que se inició después de la contrareforma puso cada vez más énfasis en el intelecto, la razón y la lógica según iba desarrollándose. A mediados del siglo XVIII esta tendencia produjo el racionalismo. El racionalismo consideraba todos los valores espirituales como sujetos suyos y procedió a evaluarlos desde el punto de vista de la razón. La lógica inorgánica es la facultad que los hombres han utilizado siempre para resolver problemas de matemáticas, ingeniería, transporte, física y en otras situaciones no evaluables. Su insistencia en la identidad y el rechace de, la contradicción son útiles en actividades materiales. También producen satisfacción material en asuntos de pensamiento puramente abstracto, como las matemáticas y la lógica, pero si se llevan demasiado lejos se convierten en meras técnicas, simples presunciones cuya única justificación es empírica. El fin, del racionalismo es el pragmatismo, el suicidio de la razón.
Esta adaptación de la razón a problemas materiales es causa de que todos los problemas se conviertan en mecánicos cuando son analizados a "la luz de la razón", sin ningún aditamento místico de pensamiento o tendencia de ninguna clase.
Descartes estudió a los animales como si fueran autómatas, y aproximadamente una generación más tarde, el mismo hombre era racionalizado como un autómata, o, igualmente como un animal. Los organismos se convirtieron en problemas de química y física, y los organismos suprapersonales simplemente dejaron de existir, pues no pueden someterse a la razón al no ser visibles ni mensurables. Newton proporcionó al universo de las estrellas una fuerza no espiritual auto-regulada; el siguiente siglo arrebató el espíritu al hombre, a su historia, y a sus asuntos.
La razón detesta lo inexplicable, lo misterioso, la media luz. En un problema práctico de maquinaria o de construcción de buques, uno debe sentir que todos los factores se encuentran bajo su conocimiento y control. Nada debe quedar fuera de previsión y control. El racionalismo, que es el sentimiento de que todo está sujeto a la razón. y es explicable por ésta, rechaza todo lo que no es visible ni calculable. Si una cosa no puede ser verdaderamente calculada, la razón meramente dice que los factores son tan numerosos y complicados que el cálculo es imposible desde un punto de vista práctico, pero no lo hace imposible desde un punto de vista teórico. Así, la razón tiene también su voluntad de poder; lo que no se somete a ella es declarado recalcitrante, o su existencia es simplemente negada.
Cuando volvió su mirada hacia la historia, el racionalismo creyó ver en ella una tendencia hacia la razón. El hombre "energía" durante varios milenios, luego "progresaba" desde la barbarie y el fanatismo hasta la Ilustración, desde la "superstición" hasta la "ciencia", desde la violencia hasta la "razón", desde el dogma hasta la crítica, desde la oscuridad hasta la luz. Ya no más cosas invisibles, no más espíritu, no más alma, no más Dios, no más iglesia y Estado. Los dos polos del pensamiento son "el individuo y la humanidad". Todo lo que los separe es "irracional".
Esa costumbre de llamar irracionales a las cosas es, de hecho, correcta. El racionalismo debe mecanizarlo todo, y lo que no puede ser mecanizado es, por necesidad, irracional. Así, toda la historia se convierte en irracional: sus crónicas, sus procesos, su fuerza secreta, el destino. El mismo racionalismo, como subproducto de una cierta etapa en el desarrollo de una gran cultura, es también irracional. Por qué el racionalismo sigue una fase espiritual, por qué ejercita su breve predominio, por qué se desvanece una vez más dentro de la religión... esas preguntas son históricas, luego irracionales.
El liberalismo es racionalismo en política. Rechaza al Estado como organismo y solamente puede concebirlo como resultado de un contrato entre individuos. El objeto de la vida no tiene nada que ver con los Estados, ya que estos no tienen una existencia independiente. Así la "felicidad" del individuo llega a ser el objeto de la Vida. Bentham formuló esta idea colectivizándola de la manera más vasta posible, con la frase "la mayor felicidad para el mayor número". Si un rebaño de animales pudiera hablar utilizaría este eslogan contra los lobos. Para la mayoría de humanos, que no son más que material para la historia y no actores en el escenario de la misma, "felicidad" significa bienestar económico. La razón es cuantitativa, no cualitativa, y así convierte al hombre medio en "el hombre". El "hombre" es algo que necesita alimentos, vestidos, hogar, vida social y familiar, y ratos libres. La política, a veces, exige el sacrificio de la vida por cosas invisibles. Esto va "contra la felicidad y no debe existir. La economía, en cambio, no va "contra la felicidad sino que casi coincide con ella. La religión y la iglesia desean interpretar la totalidad de la vida basándose en cosas invisibles, militando, de esta manera, contra la "felicidad". La ética social, por otra parte, asegura el orden económico, promocionando, así, la "felicidad".
Aquí, el liberalismo encuentra sus dos polos de pensamiento: la economía y la ética. Corresponden al individuo. y a la humanidad. La ética, naturalmente, es puramente social, materialista; si la vieja ética se conserva sus antiguos fundamentos metafísicos se abandonan, y se promulga como un imperativo social, no religioso. La ética es necesaria para mantener el orden necesario como marco de la actividad económica. Dentro de esa marco, no obstante, el individuo" debe ser "libre". Este es el gran grito del liberalismo, "libertad". El hombre no es más que sí mismo, y no está ligado a nada, excepto por propia elección. Así "la sociedad" es la "libre" asociación de hombres y grupos. Por consiguiente el Estado es contrario a la libertad, es obligación, es violencia. La iglesia es esclavitud espiritual.
Todas las cosas en el terreno espiritual fueron transmutadas por el liberalismo. La guerra fue transformada, ya en una competición vista desde el polo económico, ya en una diferencia ideológica, vista desde el polo ético. En vez de la mística alternativa rítmica de la guerra y la paz, sólo ve la concurrencia perpetua de competencia o contraste ideológico, que en ningún caso puede devenir hostil o sangriento. Desde un punto de vista ético, el Estado se convierte en sociedad o humanidad; desde el económico, en un sistema de producción y comercio. La voluntad de cumplir una finalidad política se transforma en la realización de un programa de ideales sociales" en el plano ético, y de cálculo en el plano económico. Éticamente hablando, el poder se convierte en propaganda, y en reglamento, hablando económicamente.
La más pura expresión de la doctrina del Liberalismo fue probablemente la de Benjamín Constant. En 1814 publicó sus ideas sobre el progreso" del "hombre".
Consideró a la Ilustración del siglo XVIII con sus tendencias intelectuales e humanitarias como los simples preliminares de la verdadera liberación, la del siglo XIX. La economía, la industria y la técnica representaban los "medios, de la libertad.
El racionalismo era el aliado natural de esa tendencia. Feudalismo, reacción, guerra, violencia, Estado, política, autoridad... todo fue superado por la nueva idea, suplantado por la razón, la economía, la libertad, el progreso y el parlamentarismo.
La guerra, al ser violenta y brutal era irracional, y fue reemplazada por el comercio, que es inteligente y civilizado. La guerra es condenada desde todos los puntos de vista: económicamente hablando es una derrota, incluso para el vencedor. Las nuevas técnicas bélicas -la artillería- convierten al heroísmo personal en algo sin sentido, y así el encanto y la gloria de la guerra se van del brazo de su utilidad económica. En tiempos pretéritos, los pueblos belicosos subyugaban a los pueblos mercantiles, pero esto ya no sucedía así. Ahora los pueblos mercantiles emergían como los dueños de la tierra.
Un momento de reflexión demuestra que el liberalismo es enteramente negativo. No es una fuerza formativa sino siempre, y exclusivamente, una fuerza desintegradora. Desea destronar a las autoridades gemelas de la Iglesia y el Estado, substituyéndolas por la libertad económica y la ética social. Sucede que las realidades orgánicas no permiten más que dos alternativas: el organismo es fiel a sí mismo, o cae enfermo, es distorsionado y se convierte en presa para otros organismos. Así, la polaridad natural de dirigentes y dirigidos no puede ser abolida sin aniquilar el organismo. El liberalismo nunca tuvo un éxito total en su lucha contra el Estado, a pesar del hecho de que se comprometió en actividades políticas a lo largo de todo el siglo XIX en alianzas con toda clase de fuerzas desintregradoras del Estado. Así, hubo Nacional-Liberales, Social-Liberales, Libres Conservadores, Liberal-Católicos. Incluso se aliaron con la democracia, que no es Liberal, sino irresistiblemente autoritaria cuando está en el poder. Simpatizaron con los anarquistas cuando las fuerzas de la Autoridad intentaron defenderse contra ellos.
En el siglo XX el liberalismo se alió con el bolchevismo en España, y los liberales europeos y americanos simpatizaron con los bolcheviques rusos.
El liberalismo sólo puede ser definido negativamente. Es una mera crítica, no una idea viva. Su gran palabra "libertad" es una negación: de hecho, significa libertad contra la autoridad, es decir, desintegración del organismo. En sus últimas consecuencias produce atomismo social, en el cual no solamente es combatida la autoridad del Estado, sino incluso la autoridad de la comunidad y la familia. El divorcio tiene el mismo rango que el matrimonio, los hijos que los padres. Este constante pensamiento negativo engendró activistas políticos como Marx, Lorenz von Stein y Ferdinand Lasalle que, para desesperación de los liberales, utilizaron el liberalismo como vehículo político. Sus actitudes fueron siempre contradictorias, siempre en busca de un compromiso. Siempre buscó lanzar a la democracia contra la monarquía, a los empresarios contra los obreros manuales, al Estado contra la sociedad al poder legislativo contra el judicial. En una crisis, el liberalismo como tal nunca apareció. Los liberales se pusieron siempre a uno u otro lado de una contienda revolucionaria, según la consistencia de su liberalismo y su grado de hostilidad hacia la autoridad.
De manera que el liberalismo en acción fue exactamente tan político como cualquier Estado. Obedeció a la necesidad orgánica por sus alianzas políticas con grupos e ideas no-liberales. A pesar de su teoría del individualismo, que lógicamente excluiría la posibilidad de que un hombre o un grupo pidiera a otro hombre o grupo el sacrifico o riesgo de su vida, apoyó ideas "anti-liberales" como la democracia, el socialismo, el bolchevismo, el anarquismo, todas las cuales exigen el sacrificio de la vida.
II
Partiendo de su antropología de la verdad básica de la naturaleza humana en general, el racionalismo engendró el enciclopedismo del siglo XVIII, la Franc-Masoneria, la democracia y el anarquismo, así como el liberalismo, cada uno con sus diversas variantes. Cada uno desempeñó su papel en la historia del siglo XIX y, a causa de la distorsión crítica de toda la civilización occidental motivada por las dos primeras Guerras Mundiales, incluso en el siglo XX, donde el racionalismo se encuentra grotescamente fuera de lugar lentamente se transformó en irracionalismo.
El cadáver del liberalismo no había sido aún enterrado a mediados del siglo XX. Por consiguiente, todavía es preciso diagnosticar la seria enfermedad de la civilización occidental como Liberalismo complicado con envenenamiento extranjero.
Como el liberalismo considera a la mayoría de los hombres como razonables o buenos, se deduce que deberían ser libres para hacer lo que quisieran. Como no existe ninguna unidad superior a la cual se sientan ligados y cuya vida supra-personal domine las vidas de los individuos, todo campo de la actividad humana sólo se sirve a sí mismo - siempre y cuando no desee convertirse en autoritario - y permanece dentro del marco de la "sociedad". Así, el arte deviene "el arte por el arte, l´Art pour l´Art. Todas las zonas del pensamiento y la acción devienen igualmente autónomas. La religión se convierte en mera disciplina social, ya que trascender ese concepto significa asumir autoridad. La ciencia, la filosofía, la educación, sólo existen para sí mismas, no están sujetas a nada más elevado. La literatura y la técnica poseen idéntica autonomía. La función del Estado consiste simplemente en protegerlas mediante patentes y derechos de autor. Pero, por encima de todo, la economía y el derecho son independientes de la autoridad orgánica, es decir, de la política.
Los lectores del siglo XXI encontrarán difícil de creer que una vez prevaleció la idea de que cada uno debiera ser libre para hacer lo que quisiera en asuntos económicos, aunque su actividad personal causara el hambre de centenares de miles de personas, la devastación de campos y zonas mineras y el debilitamiento del poder del organismo; que fue posible que un individuo se levantara por encima de la débil autoridad pública y dominara, por medios privados, los pensamientos más recónditos de poblaciones enteras, por su control de la prensa, la radio y el drama mecanizado.
Todavía les resultará más difícil que tal persona pudiera recabar y obtener el apoyo de la Ley para materializar su voluntad destructiva. Así, un usurero puede, a mediados del siglo XX, invocar con éxito la ayuda de la Ley para desposeer de su propiedad a campesinos y granjeros. Es difícil de imaginar qué daño mayor podría infringir un individuo a un organismo político que convertir la tierra en polvo en frase del gran Freiherr von Stein.
Pero todo esto se deducía inevitablemente de la idea de la independencia de la economía y el derecho con respecto a la autoridad política. No hay nada más elevado, no hay Estado; sólo hay individuos, unos contra otros. Es perfectamente natural que los individuos económicamente más astutos acumulen en sus manos la mayor parte de la riqueza. Pero, si son auténticos Liberales, no querrán que la autoridad acompañe a esa riqueza, pues la autoridad presenta dos aspectos: poder y responsabilidad. El individualismo, psicológicamente hablando, es egoísmo. "Felicidad" es Egoísmo. Rousseau, el abuelo del liberalismo fue un verdadero individualista, y mandó a sus cinco hijos al asilo de niños expósitos.
El derecho, como campo del pensamiento y la conducta humanas, tiene tanta independencia, y también tanta dependencia como cualquier otro campo. Dentro de su marco orgánico es libre para pensar, idear y organizar su material. Pero, igual que otras formas de pensamiento, puede ser enrolado al servicio de ideas externas.
Así, el derecho, que fue originariamente el sistema de codificar y mantener la paz interna del organismo mediante la conservación del orden y la prevención de disputas privadas, fue transmutado por el pensamiento liberal en un sistema para mantener el desorden interno y permitir a individuos económicamente fuertes liquidar a los más débiles. A esto se le llamó "el gobierno de la Ley", el "Estado Legal" la independencia del poder judicial. La idea de utilizar la Ley[33] para convertir en sacrosanto un determinado estado de cosas no fue una invención del liberalismo. Ya en tiempos de Hobbes otros grupos lo intentaron, pero la incorruptible mente de Hobbes patentizó con la máxima claridad que el gobierno de la Ley significaba el gobierno de los que determinan y administran la Ley, que el gobierno de un "orden más elevado" es una frase vacía, y sólo recibe contenido a través del gobierno concreto de determinados hombres y grupos sobre un orden más bajo.
Esto era pensamiento político, cuya finalidad es la distribución y el movimiento del poder. También es política denunciar la hipocresía, inmoralidad y cinismo del usurero que imprudentemente exige el gobierno de la Ley, que significa riqueza para él y pobreza para millones de personas, y todo ello en el nombre de algo más elevado, con validez sobrehumana. Cuando la autoridad resurge contra las fuerzas del racionalismo y la economía procede a demostrar que el complejo de ideales trascendentales con que el liberalismo se equipó a sí mismo es tan válido como el Legitimismo de la era de la monarquía absoluta, y nada más. Los monarcas eran los más fuertes protagonistas del legitimismo, los financieros del liberalismo. Pero el monarca estaba ligado al organismo enteramente y durante toda su vida; él era orgánicamente responsable incluso donde no lo era de hecho. Tal fue el caso de Luis XVI y Carlos I. Incontables monarcas y gobernantes absolutos han debido enfrentarse con su responsabilidad simbólica. Pero el financiero sólo tiene poder pero no responsabilidad, ni siquiera simbólica, porque, por lo general, su nombre es desconocido. La historia, el destino la continuidad orgánica, la fama, ejercen su poderosa influencia sobre un gobernante político absoluto, y, además su posición le coloca enteramente aparte de la esfera de la baja corruptibilidad. El financiero, en cambio, es privado, anónimo, puramente económico, irresponsable. No puede ser altruista en nada; toda su existencia es la apoteosis del egoísmo. No piensa en la historia, en la fama, en la continuidad de la vida del organismo en el destino, y, además, es eminentemente corruptible por medios viles, Ya que su deseo principal es el dinero; dinero y más dinero.
En su contienda contra la Autoridad, el Liberal financiero desplegó una teoría según la cual el poder corrompe a los hombres. Sin embargo, lo que los corrompe es la vasta riqueza anónima, toda vez que en la misma no hay limitaciones supranacionales, tales como poner al verdadero estadista completamente al servicio del organismo político, y colocarle por encima de la corrupción.
Fue precisamente en el terreno de la Economía y el Derecho donde la doctrina Liberal produjo los más destructivos efectos en la salud de la civilización occidental. No importó mucho que la Estética se independizara, ya que la única forma artística en Occidente que todavía tenía un futuro, la Música occidental, no se ocupó de las teorías y continuó su gran curso creador hasta su final en Wagner y sus epígonos. Baudelaire es el gran símbolo de l´art pour l´art: la enfermedad como belleza. Baudelaire es, pues, Liberalismo en literatura, enfermedad como principio de Vida, crisis como salud, morbosidad como vida espiritual, desintegración como propósito. El hombre como individualista, un átomo sin relaciones, el ideal liberal de la personalidad. Fue en el terreno de la acción más que en el del pensamiento donde el daño fue más grave.
Al permitirse que la iniciativa en asuntos económicos y técnicos quedara en manos de individuos sujetos a escaso control político, se creó un grupo cuyos deseos personales eran más importantes que el destino colectivo del organismo y sus millones de habitantes. La ley que refrendaba este estado de cosas estaba completamente divorciada de la moralidad y el honor. Para desintegrar al organismo, toda moral reconocida estaba divorciada de la metafísica y la religión, y sólo se ocupaba de la "sociedad". El derecho penal reflejó la idiosincrasia del liberalismo al castigar los crímenes de violencia, y los pasionales, pero olvidándose incluso de mencionar casos tales como la destrucción de los recursos nacionales, dejando a millones de personas en la miseria, o la usura a escala nacional.
La independencia de la esfera económica fue un dogma de fe para el liberalismo.
Esto no estaba sujeto a discusión. Incluso se ideó una abstracción denominada "hombre económico" cuyas acciones podían ser predichas como si la economía fuera el vacío. La ganancia económica era su única motivación, sólo la codicia le excitaba. La técnica del éxito consistía en concentrarse en las propias ganancias e ignorar todo lo demás. Pero este "hombre económico" era el hombre en general para los Liberales. Él era la unidad de su concepción del mundo. La "Humanidad" era la suma de esos granos de arena económicos.
III
El tipo de mente que cree en la "bondad" esencial de la naturaleza humana advino al liberalismo. Pero hay otra antropología política, que reconoce que el hombre es inarmónico, problemático, dual, peligroso. Esta representa la general sabiduría del género humano, y es reflejada por el número de guardias, vallados, cajas fuertes, cerraduras, cárceles y policías. Toda catástrofe, incendio, terremoto, erupción volcánica, inundación, evoca el saqueo. Incluso una huelga de policías en una ciudad americana fue la señal para el saqueo de las tiendas por los respetables y bondadosos seres humanos.
Así, este tipo de pensamiento parte de los hechos. Esto es pensamiento político en general, opuesto al mero pensar sobre política, o racionalizar. Ni siquiera la gran ola del racionalismo pudo sumergir esta clase de pensamiento. Los pensadores políticos difieren enormemente en creatividad y en profundidad pero están de acuerdo en que los hechos son normativos.
La palabra teoría" ha sido llevada al descrédito por intelectuales y liberales que la han usado para describir su punto de vista favorito sobre cómo les gustaría que fueran las cosas. En un principio, teoría significó explicación de los hechos. Para un intelectual ignorante en política, una teoría es un fin, para un verdadero político, su teoría es un límite.
Una teoría política busca para encontrar en la historia los límites de lo políticamente posible. Esos límites no pueden ser hallados en el terreno de la razón. La época de la razón nació en un baño de sangre, y pasará de moda a través de más baños de sangre. Con su doctrina contra la guerra, la política y la violencia, presidió las mayores guerras y revoluciones habidas en cinco mil años y desembocó en la época de la política absoluta. Con su evangelio de la hermandad humana, llevó a cabo el hambre provocado en gran escala, la humillación la tortura y el exterminio contra poblaciones de la civilización occidental después de las dos primeras Guerras Mundiales. Al poner fuera de la ley el pensamiento político y convertir la guerra en una contienda moral en vez de una lucha por el poder arrojó en el polvo la caballerosidad y el honor de un milenio. La conclusión de todo ello es que la razón también se convirtió en política cuando entró en el terreno político, aún cuando empleara su propio vocabulario. Cuando la razón arrebataba un territorio a un enemigo vencido después de una guerra, lo llamaba "desanexión". El documento que consolidaba la nueva posición era llamado "Tratado" aun cuando hubiera sido dictado en medio de un bloqueo por hambre. El derrotado enemigo político debía admitir en el "Tratado" que él era el único "culpable" de la guerra, que no estaba moralmente preparado para poseer colonias, que sus soldados fueron los únicos en cometer "crímenes de guerra". Pero por complicado que fuera el disfraz moral, por consistente que fuera el vocabulario ideológico, no era más que política, y la época de la política absoluta vuelve de nuevo a la clase de pensamiento político que parte de los hechos, reconoce el poder y la voluntad de poder de los hombres y los organismos más elevados como hechos, y considera cualquier tentativa de describir la política en términos morales como sería describir la química en términos teológicos.
Existe toda una tradición del pensamiento político en la cultura occidental, algunos de cuyos principales representantes son Montaigne, Maquiavelo, Hobbes, Leibnitz, Bossuet, Fichte, de Maistre, Donoso Cortés, Hippolyte Taine, Hegel, Carlyle. Mientras Herbert Spencer describía la historia como el "progreso" desde la organización militar-feudal, hasta la comercial-industrial, Carlyle enseñaba a Inglaterra el espíritu prusiano del socialismo ético, cuya superioridad interna debería ejercer sobre toda la civilización occidental en la venidera edad política una transformación igualmente fundamental que la que ejerció el capitalismo en la edad económica. Esto era pensamiento político creador, pero desgraciadamente no fue comprendido, y la ignorancia resultante permitió que influencias distorsionadoras arrojasen a Inglaterra a dos Guerras Mundiales sin sentido, de las que emergió arruinada y con casi todo perdido.
Hegel propuso un desarrollo en tres etapas de la humanidad desde la comunidad natural, a través de la burguesía hasta el Estado. Su teoría del Estado es profundamente orgánica, y su definición del burgués es completamente apropiada para el siglo XX. Para él el burgués es el hombre que no desea abandonar la esfera de la seguridad política interna, que se sitúa a sí mismo, con su sagrada propiedad privada, como un individuo contra la totalidad, que encuentra un substitutivo para su nulidad política en los frutos de la paz, en sus posesiones y en la perfecta seguridad de su gozo, y que, por consiguiente, desea dispensarse del coraje y permanecer seguro contra la posibilidad de una muerte violenta. Con estas palabras, Hegel describe al verdadero liberal.
Los pensadores políticos mencionados no gozan de la popularidad de las grandes masas de seres humanos. Mientras las cosas marchan bien, la mayoría de la gente no desea hablar de luchas por el poder, de violencias, de guerras, o de teorías relativas a ello. Así, por ejemplo, en los siglos XVIII y XIX se puso en boga la actitud de que los pensadores políticos - y Maquiavelo fue la primera víctima - eran hombres malvados, atávicos, sedientos de sangre. La simple aseveración de que siempre habrían guerras bastaba para describir al que lo decía como una persona que quería que las guerras continuaran. Llamar la atención sobre el vasto e impersonal ritmo de la guerra y la paz era prueba de poseer una mente enferma, con deficiencias morales y corrupción emocional. Describir los hechos fue considerado como desearlos e incluso crearlos. En el mismo siglo XX todo el que denunciara la nulidad política de las "ligas de naciones" era un profeta de la desesperación. El racionalismo es anti-histórico; el pensamiento político es historia aplicada. En la paz es impopular mencionar la guerra; en la guerra es impopular mencionar la paz. La teoría que más rápidamente llega a ser popular es la que enaltece las cosas existentes y la tendencia que se supone que ilustran como la mejor, predeterminada por toda la historia previa. Así, Hegel fue anatema para los intelectuales a causa de su orientación estatal, que hizo de él un "reaccionario", y también porque rehusó unirse a la muchedumbre revolucionaria.
Como la mayoría de la gente desea oír solamente soporíferas charlas sobre política, que no exijan llamadas a la acción, y como en condiciones democráticas a la técnica política le interesa lo que a la mayoría de la gente le gusta oír, los políticos democráticos desplegaron en el siglo XIX una dialéctica completa de política partidista. La idea consistía en examinar el terreno de la acción desde un punto de vista "desinteresado", moral, científico o económico, y descubrir que el oponente era inmoral, anticientífico, antieconómico... de hecho, que era político. Esto era algo diabólico que debía ser combatido. El punto de vista propio era enteramente "no político". La palabra política era un término de reproche en la edad económica. No obstante, curiosamente, en ciertas situaciones generalmente relacionadas con asuntos exteriores la palabra impolítico" podía ser también un término despreciativo, significando que el hombre así descrito carecía de habilidad negociadora. El político partidista debía también fingir desgana en aceptar el cargo. Finalmente, una demostración cuidadosamente preparada de la "voluntad popular" vencía su resistencia, y consentía en aceptarlo en acto de "servicio". A esto se le llamó maquiavelismo, pero evidentemente Maquiavelo fue un pensador político, y no un experto en "camouflages". Un político partidista no escribiría un libro como "El Príncipe" sino que elogiaría a toda la especie humana, exceptuando a ciertas gentes perversas: Los oponentes del autor.
De hecho, el libro de Maquiavelo es defensivo en su tono, justificando políticamente la conducta de ciertos estadistas citando ejemplos extraídos de las invasiones extranjeras de Italia. En el siglo en que vivió Maquiavelo, Italia fue invadida en diferentes ocasiones por franceses, alemanes, españoles y turcos. Cuando las tropas revolucionarios francesas ocuparon Prusia y unieron los sentimientos humanitarios de los Derechos del Hombre con brutalidades y robos en gran escala, Hegel y Fichte tributaron de nuevo a Maquiavelo el respeto debido como pensador. Él representaba un medio de defensa contra la chusma armada con ideología humanitaria. Maquiavelo mostró el verdadero papel desempeñado por los sentimientos verbales en política. Uno puede decir que existen tres actitudes posibles con respecto a la conducta humana, al evaluar sus motivaciones: la sentimental, la realista y la cínica. La sentimental atribuye un motivo bueno a todo el mundo; la cínica un motivo malo, y la realista simplemente se ocupa de los hechos. Cuando un sentimental, es decir, un liberal, se ocupa de política se convierte forzosamente en un hipócrita. La última consecuencia de esa hipocresía crea el cinismo. Una parte de la enfermedad espiritual que siguió a la Primera Guerra Mundial fue una oleada de cinismo que surgió de la transparente, asquerosa e increíble hipocresía de los hombrecillos que se hallaban en los puestos de mando en esa época. Maquiavelo, en cambio, poseía un intelecto incorruptible y no escribió su libro en un espíritu cínico. El sólo deseó plasmar la anatomía de la política con sus peculiares tensiones y problemas, internos y externos. Para la fantástica enfermedad mental del racionalismo, los hechos duros son cosas lamentables, y hablar de ellos es crearlos. Un politiqueo, del tipo Liberal incluso intentó prohibir hablar de la Tercera Guerra Mundial, tras la Segunda. El liberalismo es, en una palabra, debilidad. Quiere que cada día sea un cumpleaños, y la vida una larga fiesta. El movimiento inexorable del tiempo, el destino, la historia, la crueldad de la realización, la energía, el heroísmo, el sacrificio, las ideas suprapersonales: he aquí el enemigo. El liberalismo es una evasión de la dureza hacia la blandura, de la masculinidad hacia la feminidad, de la historia hacia el pastoreo de los rebaños, de la realidad hacia los sueños herbívoros, del destino hacia la felicidad. Nietzsche, en su última y principal obra, designó al siglo XVIII como el siglo del feminismo y denunció a Rousseau como líder de la evasión masiva de la realidad. El mismo feminismo, ¿qué es, sino un medio para feminizar al hombre? Si hace a las mujeres iguales a los hombres, sólo lo consigue al transformar primeramente al hombre en una criatura que únicamente se preocupa por su economía personal y por su relación con la "sociedad" es decir, una mujer. La "sociedad" es el elemento de la mujer, es estática y formal, sus contiendas son puramente personales, y se ven libres de la posibilidad del heroísmo, y la violencia. Conversación, no acción; formalismo, no hechos. ¡Cuán diferente es la idea de rango si se usa en un asunto social o si se aplica en un campo de batalla! Ahí depende del hado, mientras en el salón es vano y pomposo. Una guerra se lleva a cabo por control, mientras que las contiendas sociales están inspiradas por la vanidad femenina y por los celos y tienden a demostrar que uno es "mejor" que otro.
Y, sin embargo, ¿que hace, finalmente el liberalismo con la mujer?: la viste con uniforme y la llama "soldado". Esta ridícula hazaña no sirve más que para ilustrar el eterno hecho de que la historia es masculina, de que sus austeras exigencias no pueden ser escamoteadas, que las realidades fundamentales son irrenunciables y no pueden dejarse de lado ni siquiera con la ayuda del más elaborado artificio. El manosear de los liberales con la polaridad sexual sólo sirve para desatar la cólera en las almas de los individuos, confundiéndolos y distorsionándolos, pero el hombre-mujer y la mujer-hombre que crea están ambos, sujetos al más alto destino de la historia.
[Extraido de Imperium (1948) de Francis Parker Yockey (Traducción de Joaquín Bochaca), Ediciones Bausp, 1976]
BigMac I: El Nuevo Laborismo inglés, calidad... McDonald's
En una carta abierta remitida al Primer Ministro del Reino Unido (R.U.), Tony Blair, la UITA cuestionó el haber aceptado el patrocinio de McDonald's en una recepción de la conferencia anual del Partido Laborista. Remitida el pasado 10 de setiembre, la carta expresa, entre otros términos que: "...para la gerencia empresarial de McDonald's y sus concesionarios en el R.U. y a nivel internacional, la presencia de la compañía en la conferencia del Partido será vista como un aval positivo de la política de McDonald's. Es decir, como un aval de las mismas políticas que el movimiento laboral ha procurado siempre combatir. Para la UITA, y para nuestros miembros, partidarios y amigos en todo el mundo, McDonald's simboliza todo lo que está equivocado en el capitalismo global de la comida rápida. El sistema McDonald's está basado en bajas remuneraciones, horarios antisociales, puestos de empleo sin oportunidad de progresar y la evasión de la responsabilidad social empresarial mediante la concesión de sistemas explotadores de trabajo. La filosofía empresarial de McDonald's consigna una oposición fundamental a los derechos humanos y a la dignidad de sus empleados/as..." "...McDonald's se ha distinguido por su intimidación empresarial e implacable dedicación a sofocar el debate público sobre sus prácticas, tal como fue recientemente ejemplificado por el ´Mc Juicio´ por difamación en el R.U. (en el cual, quizás usted recordará, el juez que lo presidía estuvo de acuerdo sustancialmente con los acusados en su descripción de la compañía antisindical). Si el Nuevo Laborismo fuera serio respecto a combatir la exclusión social, uno hubiera pensado que la conferencia del partido debatiría vigorosamente las medidas para impedir las clases de prácticas en los lugares de trabajo por las cuales McDonald's se ha hecho notorio", se enfatiza en la misiva de marras. Por lo visto, el Nuevo Laborismo anda de la mano con los modernos enemigos de los sindicatos, y al hacerlo, se alía con aquellos que en la génesis del Partido Laborista estaban en la vereda del frente. Con todos esos datos, una pregunta: Tony Blair, ¿futuro candidato a integrar la banda de muñequitos de la "cajita feliz"? Una oportunidad: los trabajadores de McDonald's en el R.U. serán perseguidos -como en el resto del mundo- si pretenden constituir un sindicato, pero de ahora en más, podrán ser miembros del Labour Party. ¡Un amigo, un cliente de la casa!
BigMac II: La cajita infeliz: Niños brasileños trabajan para McDonald's
El pasado año un cronista del diario pequinés Sunday Morning Post, relató lo que vió en la fábrica de juguetes de Shajing, en la zona económica de Shenzen, donde se producían los juguetes de las cajitas felices de McDonald's. Una quinta parte de los trabajadores -mayoritariamente mujeres- tenían entre 12 y 15 años, que por trabajar 16 horas continúas los siete días de la semana, recibían aproximadamente ochenta dólares mensuales. Máquinas ruidosas, el aire irrespirable, un infierno que McDonald's tuvo que reconocer rompiendo el contrato con City Toys. "Los niños chinos, superexplotados durante meses, quedaron en la calle sin explicaciones y, lo que es peor, sin recibir indemnización alguna por despido ni por daños. Pero el prestigio de McDonald's quedó a salvo" (1). Debido a los problemas en China, parte de la producción de trasladó a Brasil. A un año del escándalo en City Toys, un artículo publicado por la revista CartaCapital, (2) denuncia que en la región de Maranhão, cosiendo los muñequitos de McDonald's, trabajan menores en condiciones lamentables. El 12 de octubre se celebra en Brasil el "Día del Niño", para esta ocasión se fabricaron cuatro millones de muñequitos para ser comercializados en cada uno de los 500 locales McDonald's del país. Según CartaCapital, el proceso de producción involucra a cuatro empresas: "McDonald's, la fabricante de juguetes Estrela, Confecciones El Charro, con sede en São Paulo, y la cooperativa de Rosário". En la cooperativa, la jornada de trabajo comienza a las 7.30 y se extiende hasta las 17.30, con una hora para el almuerzo. En los tres galpones ocupados por los trabajadores, la ventilación y la iluminación no son las adecuadas. El agua es de muy mala calidad y se carece de comedor. De acuerdo con testimonios dados por los trabajadores, se registran de cuatro a cinco desmayos por día. Sobre las retribuciones, se supo que al final del mes de julio, por las dos primeras semanas de trabajo, hubo empleados que ganaron R$ 30 (US$ 12 aproximadamente). "Yo prometí a las personas que recibirían, como mínimo, R$ 100. Pero creo que no va a ser", confesó a CartaCapital la presidenta de la cooperativa, sin saber que conversaba con un periodista de la citada publicación. El polo industrial de Rosário, donde se sitúa la cooperativa, es parte de un proyecto financiado por el Banco Mundial y el Banco del Nordeste, que inicialmente preveía la construcción de cinco galpones. La zona, que nos recuerda las maquilas centroamericanas, fue inaugurada en 1996 por el presidente de la República, Fernando Enrique Cardoso. Hoy, en la cooperativa seleccionada por McDonald's, trabajan más de 10 menores de entre 12 y 15 años, según Vania Maria da Silva Marques, del consejo tutelar local.
BigMac III: Argentina: Una deliciosa hamburguesa de escherichia coli
Hace algunas semanas cuatro locales de McDonald's fueron clausurados en Buenos Aires, al comprobarse que los Mc Pollo estaban infectados con la peligrosa bacteria. No obstante, el 13 de setiembre, el Instituto Malbrán envió al ministerio de Salud nuevos informes donde se determinó que cuatro hamburguesas, tres de carne vacuna -dos de ellas cocidas- y una nueva muesttra de Mc Pollo, también cocida, estaban contaminadas con escherichia coli, una bacteria que, además de causar graves trastornos digestivos y renales, puede llegar a provocar la muerte. La publicación VENTRITRÉS (3), informó que en "los locales en lo que se detectó la contaminación fueron tres de los cuatros clausurados el 27 de agosto pasado". El semanario también consignó que "a diferencia de la publicidad que el Gobierno de la Ciudad decidió hacer sobre la detección de escherichia coli en los preparados de pollo, no se advirtió de la misma manera sobre las hamburguesas" vacunas. "Si esto hubiera ocurrido, concluye el artículo, las autoridades sanitarias porteñas tendrían que haber tomado la misma determinación que con los productos de pollo sospechados: además de clausurar los locales y prohibir la venta en todo el país de esos productos hasta determinar su calidad". McDonald's tuvo que reconocer que sus hamburguesas de pollo estaban contaminadas con bacterias fecales, tal como había determinado el Instituto Malbrán. "Según el Código Alimentario Nacional (argentino), el hecho quedó implícitamente establecido a partir del momento en que la empresa norteamericana desistió de realizar las ´contrapruebas´o ´contra verificación´sobre las ocho muestras de los medallones de pollo precocidos supercongelados, elaborados por la firma Mc Key Argentina S.A. y secuestrados en los cuatro locales clausurados". Por su parte la revista Imagen, analizó la actitud asumida por McDonald's ante la clausura de cuatro de sus locales. El artículo denominado "El factor Lanata" (4) destaca como algo positivo "la celeridad que tuvo la empresa a la hora de retirar de la venta los productos de pollo que el gobierno porteño decía que podían estar contaminados con la bacteria escherichia coli. Sin embargo criticó su estrategia de dividir "al periodismo entre aliados y enemigos". La publicación consultó a Federico Rey Lennon, Director master en Comunicación de la Universidad Austral, quien afirmó "que los periodistas que la empresa utilizó como ´defensores´ eran poco creíbles". Entre los McDonald's fans, se destacó Daniel Hadad, quien en el programa "Después de hora", comió una hamburguesa de pollo ante las cámaras. ¡Otro que quiere ser muñequito de la "cajita feliz"!
BigMac IV: "Si vas para Chile... "
...te ruego viajero", ¡cuídate de los BigMacs! Noticias de prensa dieron cuenta, a principios de octubre, de que las autoridades sanitarias chilenas habían clausurado un local de McDonald's, al descubrirse que las hamburguesas que elaboraba contenían la bacteria que provoca el Síndrome Hemolítico Urémico (SHU), que puede causar la muerte en los niños. La bacteria fue descubierta en la carne de pollo utilizada para preparar hamburguesas, luego de la denuncia de que un niño de cuatro años que comió una hamburguesa, permaneciera en estado grave en la sala de cuidados intensivos de una clínica privada de Santiago. El Servicio de Salud Metropolitano del Ambiente (Sesma) decidió aplicar al local en cuestión, además del cierre, una multa equivalente a US$ 60.635, luego de haber detectado la presencia de la bacteria Escherichia Coli Enterohemorrágica. El concesionario de McDonald's Chile, una administradora de franquicias que lleva el emblemático nombre de Renacimiento Ltda., apeló esta decisión ante los tribunales. Una interesante cronología de las reacciones que desencadenó este caso, pudo seguirse a través de sucesivas ediciones del El Mercurio de Santiago. Con la evidente intención de ocultar lo realmente acontecido, luego del cierre, el local de McDonald's lucía un cartel donde podía leerse: "Cerrado por reparación". Días más tarde, el ministro de Trabajo, Ricardo Solari, y el subsecretario de Salud, Ernesto Benkhe, dieron una conferencia de prensa para señalar que era seguro comer en las sucursales de McDonald's, en esa oportunidad Solari comió una Mc Pollo (como puede verse, los aspirantes a muñequitos de la "cajita feliz", son cada vez más). La reacción de diversas organizaciones sociales fue inmediata, respaldando la actuación del Sesma por un lado, y criticando el apoyo de los mencionados representantes gubernamentales a la transnacional por otro. Esta reacción de las organizaciones sociales tuvo dos consecuencias inmediatas: Por un lado, el ministro Solari reconoció que se equivocó al apoyar públicamente a McDonald's, admitiendo que, cuando las críticas "son unánimes, tengo la sensación de que ha habido una equivocación en nuestra actuación". Por otro, McDonald's dándose cuenta que con el cartelito de "Cerrado por reparación" y la presión ante funcionarios del gobierno no alcanzaba, el 11 de octubre emitió un comunicado público, donde, entre otras cosas, expresa: En el punto 1, que "la posición científica de McDonald's ha sido ratificada". Por nuestra parte, ignoramos cuál es esa posición científica y que universidad o academia se la otorgó. Y en el punto 6, "lamenta profundamente que su política mundial -aplicada también en Chile- de apoyo a instituciones de beneficencia en las áreas de educación, deportes y salud, sean interpretadas maliciosamente". Junto al de grasa frita, percibimos también un tufo a chantaje barato. Más adelante agrega: "la Corporación y todos sus empleados se sienten orgullosos de ejercer su responsabilidad social y seguirán ejerciéndola en beneficio de los grupos más necesitados". Como se desprende de lo anterior, McDonald's se toma la libertad de hablar en nombre de sus empleados, pero no permite que sus empleados hablen por ellos mismos, al negarles el derecho a organizarse sindicalmente. McDonald's es un problema, pero el peligro mayor radica en que el neoliberalismo nos está llevando, cada vez más aceleradamente, a la macdonaldización del trabajo y de la sociedad.
Notas
(1) Niños chinos trabaja(ba)n para McDonald's. Brecha, Montevideo 22.09.00. (2) A Turma do Ronald. 12.09.01 (3) De Carne Somos. VENTITRÉS. Buenos Aires, 20.09.01 (4) Jorge Lanata, Director de VENTITRÉS.
Proudhon's Libertarian Thought and the Anarchist Movement by L. Gambone, Red Lion Press - 1996
INTRODUCTION It took me twenty years to get around to reading the works of Pierre Joseph Proudhon. Bakunin, Kropotkin, Malatesta and Goldman were all familiar to me, so why was I reticent about the "Father of Anarchism"? Some of this may be attributed to the general influence of Marx's writings on public opinion. Marx did a hatchet job on Proudhon and Marxists such as Hal Draper took quotes out of context or dug up embarrassing statements that made Proudhon look authoritarian or proto-fascist. There are also anarchists who claim he is "inconsistent" or "not quiet an anarchist".[1] Among English speaking libertarians, P.J. is renown for his statement "property is theft" and his condemnation of government and little else. When I finally read his works, far from appearing "inconsistent" or "not quite an anarchist", the "Sage of Besancon" had created a practical and anti-utopian anarchism - An anarchism based upon a potential within actually existing society and not a doctrine or ideology to be imposed from outside. Since Proudhon's conception of anarchism was the original, and the others were derived from it, if the later varieties differed significantly from the original, perhaps there was a necessity to question whether these differences were of a positive or "progressive" nature. The history of anarchism is usually treated as a linear progression from the formative period of Proudhon to Bakunin's collectivism, then on to anarchist communism and syndicalism. But not everything which occurs at a later time in history is necessarily better or an improvement over what went before.
For the popular mind anarchism is an irrational doctrine of fanatics and terrorists. Yet, Proudhon's anarchism was rational, non-violent and anti-utopian. However, the "propaganda of the deed" period did provide grounds for the negative conception. Anarchism, as it was originally conceived, had been turned into its opposite. This is not unusual in history, think only of the original Christians and the Inquisition and of Nietzsche and the "Nietzscheans".
That anarchism changed into something very different from the original conception is not just of academic interest. We face greatest challenges in our history from the Leviathan State and the New World Order. Only a mass popular movement can save us. A people divided will never succeed in this endeavor. Proudhon's philosophy provides a foundation on which to build such a movement. He is one of those rare thinkers who provides a bridge between populism and libertarianism and between "left" and "right" libertarianism.
A NOTE TO NORTH AMERICAN READERS
Most people in North America are unaware of Proudhon, but he did have an influence here. The newspaper editors Charles Dana and Horace Greely were sympathetic to his ideas and he influenced the American individualists, most especially Benjamin Tucker, who translated and published some of his most important writings. Proudhon's criticisms of the credit and monetary systems were an influence upon the Greenback Party. His concept of mutual associations and the People's Bank were forerunners of the credit union and cooperative movements.
WHAT DID PROUDHON MEAN BY ANARCHY? The public thinks anarchy means chaos or terrorism. But many people who claim to be anarchists are also confused as to its meaning. Some think anarchism is a doctrine espousing the right to do what ever you want. Others dream that one day a pure anarchist utopia, a kind of earthly Paradise of peace and freedom will come to be. Neither of these conceptions were Proudhon's. "Anarchy" did not mean a pure or absolute state of freedom, for pure anarchism was an ideal or myth. [Anarchy] ... the ideal of human government... centuries will pass before that ideal is attained, but our law is to go in that direction, to grow unceasingly nearer to that end, and thus I would uphold the principle of federation.[2] ...it is unlikely that all traces of government or authority will disappear...[3] Proudhon wanted people to minimalize the role of authority, as part of a process, that may or may not lead to anarchy. The end was not so important as the process itself. By the word [anarchy] I wanted to indicate the extreme limit of political progress. Anarchy is... a form of government or constitution in which public and private consciousness, formed through the development of science and law, is alone sufficient to maintain order and guarantee all liberties... The institutions of the police, preventative and repressive methods officialdom, taxation etc., are reduced to a minimum... monarchy and intensive centralization disappear, to be replaced by federal institutions and a pattern of life based upon the commune.[4] NB. "Commune" means municipality. In the real world, all actual political constitutions, agreements and forms of government are a result of compromise and balance. Neither of the two terms, Authority and Liberty can be abolished, the goal of anarchy is merely to limit authority to the maximum. Since the two principles, Authority and Liberty, which underlie all forms organized society, are on the one hand contrary to each other, in a perpetual state of conflict, and on the other can neither eliminate each other nor be resolved, some kind of compromise between the two is necessary. Whatever the system favored, whether it be monarchical, democratic, communist or anarchist, its length of life will depend to the extent to which it has taken the contrary principle into account.[5] ...that monarchy and democracy, communism and anarchy, all of them unable to realize themselves in the purity of their concepts, are obliged to complement one another by mutual borrowings. There is surely something here to dampen the intolerance of fanatics who cannot listen to a contrary opinion... They should learn, then, poor wretches, that they are themselves necessarily disloyal to their principles, that their political creeds are tissues of inconsistencies... contradiction lies at the root of all programs.[6]
In rejecting absolute anarchy and favoring an open-ended process, Proudhon criticized all forms of absolutism and utopianism. He saw that utopianism is dangerous, and was a product of absolutism - the sort of thought which fails to distinguish between concrete reality and the abstract products of the mind. Anarchist theory should be open-ended, or "loose". No hard-edged determinism or "necessary stages of history" for Proudhon. ...writers have mistakenly introduced a political assumption as false as it is dangerous, in failing to distinguish practice from theory, the real, from the ideal... every real government is necessarily mixed...[7] ...few people defend the present state of affairs, but the distaste for utopias is no less widespread.[8]
Not only was utopia a dangerous myth, the working people were too practical and too intelligent to bother with such pipe dreams. The people indeed are not at all utopian... they have no faith in the absolute and they reject every apriori system...[9] There was no easy way out - no Terrestrial Paradise, things might improve, but we still have to work. Such was his hard-headed realism in contrast to all the fancy dreaming and system-mongering of the intellectuals. Poverty, by which he meant lack of luxury, not destitution, was the foundation of the good life. In rejecting absolutism, Proudhon never waffled on the question of freedom. As opposed to the modern left which pits equality against liberty, and demands the restriction of the latter for the sake of the former, Proudhon was a resolute libertarian:
Lois Blanc has gone so far as to reverse the republican motto. He no longer says Liberty, Equality, Fraternity, he says, Equality, Fraternity, Liberty!... Equality! I had thought that it was the natural fruit of Liberty, which has no need of theory nor constraint.[10] ...the abolition of taxes, of central authority, with great increase of local power. There lies the way of escape from Jacobinism and Communism.[11] PROUDHON'S REVOLUTION How would Proudhon introduce the anarchist society? Not through utopian schemes or a wipe-the-slate-clean revolution but, to dissolve, submerge, and cause to disappear the political or governmental system in the economic system, by reducing, simplifying, decentralizing and suppressing, one after another, all the wheels of this giant machine... the State.[12] We should not put forward revolutionary action as a means of social reform because that pretended means would simply be an appeal to force, or arbitrariness, in brief a contradiction. I myself put the problem this way; to bring about the return to society by an economic combination, of the wealth drawn from society...[13]
We desire a peaceful revolution... you should make use of the very institutions which we charge you to abolish... in such a way that the new society may appear as the spontaneous, natural and necessary development of the old and that the revolution, while abrogating the old order, should nevertheless be derived from it...[14]
Proudhon was a revolutionary, but his revolution did not mean violent upheaval or civil war, but rather the transformation of society. This transformation was essentially moral in nature and demanded the highest ethics from those who sought change. Nor did his desire for revolution make him sneer at reforms: There are no such things as minor reforms, or minor economies or minor wrongs. The life of man is a battle, that of society a perpetual reformation; let us therefore reform and go on reforming unceasingly.[15] His self-image was that of a moderate. he saw no need to engage in holier-than-thou, more millitant-that-thee attitudes. I am one of the greatest artifers of order, one of the most moderate progressionists, one of the least Utopian and one of the most practical reformers that exist.[16] FEDERALISM The way to achieve self-government or anarchism on a large scale was through federation. Proudhon wished to dissolve authority and the State with the aid of the federal system. Note in the following quotations how the State is still assumed to exist, yet is being set on the path of abolition. The contract of federation, whose essence is always to reserve more powers for the citizen than the state, and for municipal and provincial authorities than for the central power, is the only thing that can set us of the right path.[17] ...the citizen who enters the association must 1. have as much to gain from the state as he sacrifices to it. 2. retain all his liberty... except that he must abandon in order to attain the special object for which the contract is made... the political contract is called federation.[18] Free association... the only true form of society.[19] The system of contracts, substituted for the system of laws, would constitute the true government, true sovereignty of the people, the REPUBLIC.[20] NO BLACK AND WHITE Since all systems of government, including anarchy, are of mixed nature, Proudhon was able to visualize the types of government along a continuum. Not all governments were necessarily as authoritarian as others. ...the constitutional monarchy is preferable to the qualified monarchy: in the same way that representative democracy is preferable to [monarchical] constitutionalism.[21] Nonetheless, he did divide governments into two types, the Regime of Liberty and the Regime of Authority. Note that anarchy and democracy are placed under the same libertarian roof. No doubt he had the USA and Switzerland in mind. It would be unlikely that present-day elite democracy would still deserve to be placed there. Regime of Authority 1. Government of all by one - monarchy 2. Government of all by all - communism Regime of Liberty 1. Government of all by each - democracy 2. Government of each by each - anarchy or self-government.[22]
PROUDHON'S ECONOMICS Proudhon's interests were not limited to the political organization of society. In his earliest works, such as What is Property? he analyzed the nature and problems of the capitalist economy. While deeply critical of capitalism, he also objected to contemporary socialists who idolized association. There were some things better left independent or private. There was also the important question of what kind of association one should organize. He was suspicious of all systems, whether Fourierist colonies or communist utopias. Note how he pins the socialists to the wall as believers in a secular religion. Association is a dogma... a utopia... a SYSTEM... with their fixed idea they were bound to end... by reconstructing society upon an imaginary plan... Socialism under such interpreters, becomes a religion...[23] Association is a bond which is naturally opposed to liberty, and which nobody consents to submit, unless it furnishes sufficient indemnification... Let us make a distinction between the principle of association, and the infinitely variable methods, of which a society makes us...[24] ...association applicable only under special conditions...[25]
Association formed without any outside economic consideration, or any leading interest, association for its own sake is... without real value, a myth.[26]
MUTUALISM Proudhon proposed mutualism as an alternative both to capitalism and socialism. Mutualism was not a scheme, but was based upon his observation of existing mutual aid societies and co-operatives as formed by the workers of Lyon. But the co-operative association in industry was applicable only under certain conditions - large scale production. ...mutualism intends men to associate only insofar as this is required by the demands of production, the cheapness of goods, the needs of consumption and security of the producers themselves, i.e., in those cases where it is not possible for the public to rely upon private industry... Thus no systematized outlook... party spirit or vain sentimentality unites the persons concerned.[27] In cases in which production requires great division of labour, it is necessary to form an ASSOCIATION among the workers... because without that they would remain isolated as subordinates and superiors, and there would ensue two industrial castes of masters and wage workers, which is repugnant in a free and democratic society. But where the product can be obtained by the action of an individual or a family... there is no opportunity for association.[28]
Proudhon was in favor of private ownership of small-scale property. He opposed individual ownership of large industries because workers would lose their rights and ownership. Property was essential to building a strong democracy and the only way to do this on the large-scale was through co-operative associations. Where shall we find a power capable of counter-balancing the... State? There is none other than property... The absolute right of the State is in conflict with the absolute right of the property owner. Property is the greatest revolutionary force which exists.[29] ...the more ground the principles of democracy have gained, the more I have seen the working classes interpret these principles favorably to individual ownership.[30]
[Mutualism] ...will make capital and the State subordinate to labor.[31]
Alienation and exploitation in large-scale industry was to be overcome by the introduction of workers' co-operative associations. These associations were to be run on a democratic basis, otherwise workers would find themselves subordinated just as with capitalist industry. A pragmatist, Proudhon thought all positions should be filled according to suitability and pay was to be graduated according to talent and responsibility. That every individual in the association... has an undivided share in the company... a right to fill any position according to suitability... all positions are elective, and the by-laws subject to approval of the members. That pay is to be proportional to the nature of the position, the importance of the talents, and the extent of responsibility.[32] Proudhon was an enemy of state capitalism and state socialism. At the very most, government could institute or aid the development of a new enterprise, but never own or control it. In a free society, the role of the government is essentially that of legislating, instituting, creating, beginning, establishing, as little as possible should it be executive... The state is not an entrepreneur... Once a beginning has been made, the machinery established, the state withdraws, leaving the execution of the task to local authorities and citizens.[33] [Coinage] ...it is an industry left to the towns. That there should be an inspector to supervise its manufacture I admit, but the role of the state extends no farther than that.[34]
The following quote is a good summary of Proudhon's economic and political ideas: All my economic ideas, developed over the last 25 years, can be defined in three words, agro-industrial federation; all my political views... political federation or decentralization, all my hopes for the present and future... progressive federation.[35] PROUDHON THE PATRIOT Unlike the anarchists and socialists who espoused an abstract Internationalism, (workers have no country) Proudhon was a patrot. People share a common geography, history, culture and language. Normally, they have positive feelings for these aspects of their lives and with to preserve them. This is something the abstract internationalists did not understand. My only faith, love, and hope lie in Liberty and my country. I am systematically opposed to anything that is hostile to Liberty... to this sacred land of Gaul.[36] But France was not an abstract entity or nation state as nationalists believed. France was the land, the people and their language, history and culture. Proudhon dispised nationalism, well aware his country was composed of many different regions and cultures. Only decentralization of political power and a federal union would allow these different groups and localities to thrive. Later generations of anarcho-syndicalist workers would share these sentiments which combined liberty and patrie. For the syndicalists the patrie was represented by the working people and not the ruling elite whom they regarded as parasites and traitors. WHY DID ANARCHISM CHANGE? Even though Proudhon wrote about "anarchy", he did not lead an anarchist movement. Libertarians saw themselves as socialists or even social democrats. (The individualist, Benjamin Tucker even went so far as to call himself a "scientific socialist") The term "socialist" had a much different meaning then - at that time it meant co-operative production. Socialism as collectivism or statism was a later development, largely a result of the hegemony of the German Social Democratic Party. The name "anarchist" was not adopted until 1876, some eleven years after Proudhon's death. This new anti-authoritarianism was quite different from its predecessor by espousing violence, conspiracy and communism. There are identifiable stages in the process by which Proudhon's anarchism changed. The first of these was the rejection of mutualism in favor of collectivism. Proudhonists were instrumental in forming the International Working Men's Association (First International) which was not collectivist. However, the rising working class militance in 1868-9 radicalized many members. During the Brussels Congress of the International in 1868, a resolution endorsing collectivism (including that of land) was passed. The Proudhonists objected and many left the International. Bakunin, soon to be the major leader of the "anti-authoritarians", favored the resolution. Collectivism was not communism, but it was a step along the way - a mid point between mutualism and the communist utopia. Proudhon, had he been alive, may well have considered collectivism and anarchist-communism as a reversion to what he had condemned as a "cult of association."
Mutualism and collectivism have little in common. Mutualism seeks to maintain individual ownership of farm land and small scale production. Large scale industry is composed of voluntary organizations (workers' co-ops). Collectivism seeks to collectivise all property and industry, and for revolutionary collectivists this is done by force.
The dividing line which separates Proudhon from later forms of anarchism was the Paris Commune. Prior to 1871, relations between the classes, which had been so brutal at the beginning of the century, had become almost gentlemanly. Support for labor and even "socialism" was found among the upper classes. The British Prime Minister, Disraell, expressed sympathy for the workers, Lincoln corresponded with the International and the editor and publisher of the world's largest newspaper, the New York Tribune, Charles Dana and Horace Greely, were followers of Proudhon and Charles Fourier. The spectre of the armed seizure of power and the execution of hostages by the Parisian workers undermined this sentiment.
While Proudhonism was the dominant form of French working class radicalism in the decade prior to the Paris Commune, the failure of the Commune weakened faith in Proudhonist gradualism and peaceful change. The aftermath of the Commune was the major cause of this decline. Reprisals - 30,000 executed and an equal number sent to prison or deported to New Caledonia - gave rise, as one might expect, to a "profound mistrust at any co-operation with the bourgeoisie... [and] a premium was placed on the expression of extreme revolutionary and even revengeful sentiments... [this]... rhetoric would become the indispensable tool of the socialist militant."[37]
Even though the Commune had failed, it was considered the example to follow. for both Bakunin and Marx, the armed seizure of power and a revolutionary communal government seemed the way to liberate the working classes. Bakuninists attempted new "Paris Communes" in Lyon and Barcelona, both of which failed miserably. Yet the idea of the revolutionary Commune persisted.
The failure of the Commune was a disaster for the International, which was wrongly blamed for the event. In an attempt to save the organization and to offset the growing influence of Bakunin (whom Marx thought was conspiring to take over the Int.) the marxist faction sought greater powers for the London-based General Council. Many were opposed to this operation, but hostility toward the Council had little to do with anarchism per se. This was more of a fight to maintain the autonomy of the national federations against what was seen as a power-grab by Marx and his supporters. The "St. Imier International" of oppositionists organized by the Jura Federation included Bakuninists, Proudhonists and many non-anarchists. It was from this core group, (the St. Imierists) that anarchist communism was to evolve.
With the failure of the communes of Paris, Lyon and Barcelona and Europe-wide repression of the International, prospects for revolution seemed truly hopeless. For Bakunin and his supporters, the only hope was to keep the idea alive through the actions of a "conscious elite". Thus was born the "propaganda of the deed" as "the very hopelessness of the European situation demanded exaggerated deeds."[38] Outside events were also influential. The Narodnik assassinations in Russia were an important factor in making the new anarchists sympathetic to violence.
The economic crisis in the watch making industry of 1874 had an impact as well. The Jura Federation was composed of moderate collectivists and proto-syndicalists such as James Guillaume. Its decline meant increasing influence of the militant Italian Internationalists who supported insurrectionism and propaganda of the deed. The Swiss movement finally dissolved in the 1880's. As a result, the emphasis of the movement shifted from the most advanced sector of continental Europe, (France and Switzerland) to the most backward areas, Italy and Russia. These changes could not help but influence the development of anarchist doctrine, most particularly in the direction of violence and conspiracy.
The democratic countries were, in spite of the massacre of the commune, fundamentally liberal. There existed a concept of citizenship and law and thus the possibility for relatively peaceful social change. In the backward countries, the lower classes were regarded as human cattle and few, if any, civil liberties existed. Conspiracy and violence were, with some justification, considered necessary. The problem arose when such ideas were transposed to countries like France, Britain, and the USA.
A shift in leadership from self-educated artisans to aristocrats and bourgeois also occurred. In many instances this led anarchism away from the concrete and practical to the abstract and utopian. It is the nature of the upper class radicals, so distant from the realities of working class life, to look at the world through abstractions and self-created ideologies. This is also the very group which tends to glorify and romanticise violence.
Along with the cult of violence came the change in economics. Collectivism was replaced with communism. In opposition to this new development, James Gullaume stated that "it is up to the community to determine the method... for the sharing of the product of labor."[39] and did not lay down a hard line on mutualism, collectivism, or communism. By 1876 the Italian anarchists had abandoned collectivism in favor of communism, believing it the only way to prevent an accumulation of wealth and therefore inequality. For Cafiero, "One cannot be... anarchist without being communist... For the least idea of limitation contains already... the germs of authoritarianism."[40] The Anarchist Declaration of 1883 stated, "We demand for every human being the right and means to do whatever pleases him."[41]
So Anarchism was absolutized into a pure utopia - a far cry from Proudhon's realistic conception. Less than 15 years after his death, solid, practical mutualism had been replaced by communist utopianism, non-violence with a cult of violence, a horror of absolutist thinking with a new absolutism and moderation with intolerant rhetoric.
Given the brutal repression of the Commune, was Proudhon ultimately naive? Did his theory deserve supercession by Bakuninism and anarchist-communism? No one should blame Bakunin's followers for becoming violent in the aftermath of the Commune. Such brutal repression is traumatizing and the undermining of Proudhon's influence is understandable. That an event is understandable, is one thing, but the long-term judgement of history is another. Society did not become more brutal in the developed democratic nations. The repression of the Commune was so far (in the democracies) the first and last event of its type. During the following century, greater freedoms were won and people saw their incomes increase thirty-fold, the work-week cut by half and life-expectancy double. (Even though the tendency seems to be the reverse, of late) For the Revolutionary anarchist-communists (no less for the Marxists) there was a major problem - there was no revolution.
Marx attacked Proudhon as a "petty bourgeois anarchist", yet France was to remain fundamentally a country of petite bourgeois well into the 1940's. Success for any movement meant incorporating this group. To ignore or condemn the petty bourgeoisie would only drive them into the hands of the monarchists or fascists. Proudhon's anarchism appealed to the peasant, artisan and professional as well as the industrial worker. And as workers incomes increased, they too began to purchase property. Having once done so, they were most unwilling to relinquish their hard-earned gains to the sticky hands of the Socialist State. Proudhon the peasant had a much better grasp on reality than the bourgeois Marxists with all their abstract thoughts and dreams.
The Bakuninists and anarcho-communists could not forsee this, nor should we expect them to have done so. Thus, 120 years later, by the great gift of hindsight, we realize society evolved in a direction more suitable to Proudhonism, than the doctrines of violence and communism.[42] One should also not ignore the fact that Proudhonism existed throughout this time period and is still around today. Mutualist and federalist movements thrive and have an influence upon French society.[43]
Anarchism took more than twenty years to get back on its feet after the disasterous "propaganda of the deed" period. (some might say it never never fully recovered.) Recovery consisted in going back to Proudhon and moderate collectivists like Guillaume. A more moderate and realistic anarchism arose - known as anarcho-syndicalism. With syndicalism, anarchism became a popular movement for the first, and so far, the last time. The concept spread around the world and by the mid 1920's millions of workers were members of syndicalist unions. That syndicalism was destroyed by communism and fascism in the 1930's should not cause one to ignore its earlier successes. For three decades a mass libertarian movement of peasants and workers existed. Considering the overwhelmingly totalitarian direction of the Twentieth Century, this is not something to scoff at.
FOOTNOTES 1. The charge of inconsistency is a common fallacious means of attacking someone. What is ignored is the development of a persons thought. Who doesn't see things differently at age 50 compared to their youth? Hence, everyone is guilty of being "contradictory." Furthermore, life itself is complex and full of contradictions. If one wishes to mirror reality rather than invent an ideology, one's thought will at times appear contradictory. Consistency may be aesthetically appealing, but life isn't as simple. 2. Woodcock, George. P.J. Proudhon, p. 249
3. Selected Writings p. 105
4. Ibid 92
5. Ibid 103
6. The Federal Principle, p. 21
7. Ibid 21
8. op cit 56
9. General Idea of Revolution in the 19th Century, Freedom, 1927, p. 76
10. Ibid 95
11. Ritter, Alan, Political Thought of P.J. Proudhon, p 280
12. General Idea 173
13. George Woodcock, Anarchist Reader, p. 139
14. General Idea... 174
15. Ritter 280
16. DeLubac, Henri, The Unmarxian Socialist, p. 31
17. Federal Principle... 45
18. Ibid 38
19. P.J. Proudhon... 71
20. General Idea... 206
21. Ibid 135
22. Federal Principle... 9
23. op cit 80
24. Ibid 83
25. Ibid 85
26. Ibid 87
27. Selected Writings... 62
28. op cit 216
29. Theory of Property in Lubac p. 177
30. General Idea... 210
31. Selected Writings... 57
32. op cit 222
33. Federal Principle... p. 45
34. Ibid 46
35. Ibid 74
36. Selected Writings... 195
37. Stafford, David, From Anarchism To Reformism p. 20
38. Ibid 39
39. Cahm, Caroline, Kropotkin and the Rise of Revolutionary Anarchism, p. 39
40. Ibid 57
41. Ibid 63
42. Proudhonism, while more successful than Bakuninism, did not triumph either. The reasons for this are beyond the scope of this paper, but have much to do with the dominance of statism during the 20th Century. No libertarian of populist movement was able to overcome this power.
43. More than 20 million French belong to mutual aid societies, mainly in health care. Mutuals are important in many other countries.
Fragmento del próximo cuaderno num. 30 de la revista BALANCE. http://www.esfazil.com/kaos/noticia.php?id_noticia=6771
INTRODUCCIÓN La Agrupación de Los Amigos de Durruti fue una organización anarquista, fundada en marzo de 1937. Sus miembros eran milicianos de la Columna Durruti opuestos a la militarización, y/o anarquistas, críticos respecto a la entrada de la CNT en el gobierno republicano y de la Generalidad.
La importancia histórica y política de Los Amigos de Durruti radica en su intento, surgido, en 1937, del propio seno del movimiento libertario, de constituir una Junta revolucionaria, que pusiera fin al abandono de los principios revolucionarios, y al colaboracionismo con el Estado capitalista; de forma que la CNT defendiera y profundizara las "conquistas" de julio de 1936, en lugar de cederlas poco a poco a la burguesía. Sin embargo laAgrupación nunca se propuso llegar a ser, durante las jornadas de mayo del 37, una auténtica alternativa revolucionaria a la dirección de la CNT-FAI gubernamental, que tenía varios ministros en el gobierno de la República y en el de la Generalidad.
LA AGRUPACION DE LOS AMIGOS DE DURRUTI DESDE SU FUNDACION HASTA LOS HECHOS DE MAYO. En octubre de 1936 el decreto de militarización de las Milicias Populares produjo un gran descontento entre los milicianos anarquistas de la Columna Durruti, en el Frente de Aragón. Tras largas y enconadas discusiones, en marzo de 1937, varios centenares de milicianos voluntarios, establecidos en el sector de Gelsa, decidieron abandonar el frente y regresar a la retaguardia. Se pactó que el relevo de los milicianos opuestos a la militarización se efectuaría en el transcurso de quince días. Abandonaron el frente, llevándose las armas.
Ya en Barcelona, junto con otros anarquistas (defensores de la continuidad y profundización de la revolución de julio, y opuestos al colaboracionismo confederal con el gobierno) los milicianos de Gelsa decidieron constituir una organización anarquista, distinta de la FAI, la CNT o las Juventudes Libertarias, que tenía por objetivo encauzar el movimiento ácrata por la vía revolucionaria. Así pues, la Agrupación se constituyó formalmente en marzo de 1937, tras un largo período de gestación de varios meses, iniciado en octubre de 1936. La Junta directiva fue la que decidió tomar el nombre de "Agrupación de Los Amigos de Durruti", nombre que por una parte aludía al origen común de los ex-milicianos de la Columna Durruti, y que como bien decía Balius, no se tomó por referencia alguna al pensamiento de Durruti, sino a su mitificación popular.
La sede central de la Agrupación estaba situada en Las Ramblas, esquina a la calle Hospital. El crecimiento de los miembros de la Agrupación fue rápido y notable. Se llegaron a repartir entre cuatro y cinco mil carnets de adheridos a la Agrupación. Una de las condiciones indispensables para formar parte de la Agrupación era la de ser militantes de la CNT. El crecimiento de la Agrupación era consecuencia del descontento de un amplio sector de la militancia anarquista ante la política claudicante de la CNT.
La actividad y el dinamismo de la Agrupación fueron frenéticos. Desde su constitución formal, el 17 de marzo, hasta el 3 de mayo, la Agrupación efectuó diversos mítines (en el Teatro Poliorama el 19 de abril y en el Teatro Goya el 2 de mayo), lanzó diversos manifiestos y octavillas, saboteó la intervención de Federica Montseny en el mitin de la Monumental del 11 de abril, y llenó los muros de Barcelona con carteles que explicaban su programa.
En este programa destacaban dos puntos: 1.- Todo el poder para la clase obrera. 2.- Órganos democráticos de obreros, campesinos y combatientes, como expresión de ese poder obrero, al que llaman Junta Revolucionaria.
También propugnaban que los sindicatos asumieran la plena dirección económica y política del país. Y cuando hablaban de sindicatos se referían a los sindicatos confederales, con exclusión de la estalinizada UGT. De hecho algunos de los miembros de la Agrupación habían abandonado su militancia en la UGT, para afiliarse acto seguido a la CNT, y cumplir así el requisito indispensable para pertenecer a Los Amigos de Durruti.
En realidad, aunque el origen obrero de los componentes de la Agrupación hacía que todos estuviesen afiliados a la CNT, la mayoría eran militantes de la FAI, por lo que bien puede decirse que la Agrupación de Los Amigos de Durruti eran un grupo de anarquistas que, desde un purismo doctrinal ácrata, se oponían a la política colaboracionista y estatal de la dirección de la CNT, y de la propia FAI.
Tenían cierta fuerza dominante en el Sindicato de la Alimentación, ramificado por toda Cataluña, así como en las cuencas mineras de Sallent, Suria, Fígols y Cardona, en la comarca del Alto Llobregat. Influían también en otros sindicatos, en los que eran minoritarios. Algunos de sus adherentes formaban parte de las Patrullas de Control.
No podemos caracterizar a la Agrupación como un grupo plenamente consciente y organizado que planeara una acción metódica. Eran, tanto desde el punto de vista numérico como ideológico y organizativo, mucho más que un grupo de afinidad constituido más o menos informalmente, en torno a unas determinadas coincidencias ideológicas y unas inquietudes comunes, aunque no eran ni mucho menos una rama del movimiento libertario (ML) como CNT, FAI, o Juventudes Libertarias. Se aproximaban más a lo que en aquellos momentos era Mujeres Libres: una organización con finalidades propias, no encuadrada plenamente en las tres grandes ramas organizativas del ML. Eran un amplio grupo de militantes que sentían la imperiosa necesidad instintiva de enfrentarse a la política claudicante de la CNT y al proceso contrarrevolucionario en auge.
Sus portavoces más destacados fueron Jaime Balius y Pablo Ruiz. El domingo 18 de abril la Agrupación convocó un mitin en el Teatro Poliorama, que quiso ser una presentación pública de su existencia y de su programa. En el mitin intervinieron Jaime Balius, Pablo Ruiz (delegado de la Agrupación de Gelsa de la Columna Durruti), Francisco Pellicer (del Sindicato de la Alimentación), y Francisco Carreño (miembro del Comité de guerra de la Columna Durruti). El acto tuvo un gran éxito y los conceptos expresados por los oradores fueron ampliamente aplaudidos.
El primer domingo de mayo (el día 2) la Agrupación convocó en el Teatro Goya otro mitin de presentación, que llenó el teatro a rebosar y provocó un entusiasmo delirante entre los asistentes. Se proyectó el documental titulado "Diecinueve de julio", en el que se revivieron los instantes más emotivos de las jornadas revolucionarias de julio del 36. Intervinieron Pablo Ruiz, Jaime Balius, Liberto Callejas y Francisco Carreño. En el acto se advirtió que era inminente un ataque de la reacción contra los trabajadores.
Los Comités dirigentes de la FAI y de la CNT descalificaron inmediatamente a Los Amigos de Durruti, a quienes calumniaron como marxistas.
El programa expresado por Los Amigos de Durruti ANTES DE MAYO DEL 37 se caracterizaba por el énfasis puesto en la gestión de la economía por los sindicatos, la crítica a todos los partidos y sindicatos por su colaboracionismo estatal, así como cierto retorno a la pureza doctrinal ácrata.
Los Amigos de Durruti expusieron su programa en el cartel con el que cubrieron los muros de Barcelona a finales del mes de abril de 1937. En esos carteles, que propugnaban ya, ANTES DE LOS HECHOS DE MAYO, la necesidad de SUSTITUIR al gobierno burgués de la Generalidad de Cataluña por una Junta Revolucionaria, se decía lo siguiente:
"Agrupación de Los Amigos de Durruti. A la clase trabajadora:
1.- Constitución inmediata de una Junta Revolucionaria integrada por obreros de la ciudad, del campo y por combatientes.
2.- Salario familiar. Carta de racionamiento. Dirección de la economía y control de la distribución por los sindicatos.
3.- Liquidación de la contrarrevolución.
4.- Creación de un ejército revolucionario.
5.- Control absoluto del orden público por la clase trabajadora.
6.- Oposición firme a todo armisticio.
7.- Una justicia proletaria.
8.- Abolición de los canjes de personalidades.
Atención trabajadores: nuestra agrupación se opone a que la contrarrevolución siga avanzando. Los decretos de orden público, patrocinados por Aiguadé no serán implantados. Exigimos la libertad de Maroto y otros camaradas detenidos.
Todo el poder a la clase trabajadora.
Todo el poder económico a los sindicatos.
Frente a la Generalidad, la Junta Revolucionaria."
El cartel de abril de 1937 anticipaba y explicaba la octavilla lanzada durante las jornadas de mayo, además de otros muchos de los temas y preocupaciones tratados por Balius en los artículos publicados en Solidaridad Obrera, La Noche e Ideas (sobre la justicia revolucionaria, el canje de prisioneros, la necesidad de que la retaguardia viva para la guerra, etcétera). Se planteaba por primera vez la necesidad de una Junta Revolucionaria que sustituyera al gobierno burgués de la Generalidad. Esa Junta Revolucionaria era definida como un gobierno revolucionario formado por todos los obreros, campesinos y milicianos que habían luchado en la calle durante las jornadas revolucionarias de julio del 36 (y eso excluía al PSUC y ERC).
Pero lo más importante era la expresión conjunta de las tres consignas finales. La sustitución del gobierno burgués de la Generalidad por una Junta Revolucionaria aparecía junto a la consigna de "Todo el poder para la clase trabajadora" y "Todo el poder económico a los sindicatos".
El programa político expresado en ese cartel, inmediatamente antes de las jornadas de mayo, era sin duda el más avanzado y lúcido de todos los grupos proletarios existentes, y convertía a la Agrupación, en la vanguardia revolucionaria del proletariado español en ese momento crítico y decisivo. Y así lo reconocieron el POUM y la Sección bolchevique-leninista de España.
LOS HECHOS DE MAYO. El sábado primero de mayo no hubo ninguna manifestación en Barcelona. La Generalidad había declarado laborable la jornada, en beneficio de la producción de guerra, aunque el motivo real era el temor a un enfrentamiento entre las distintas organizaciones obreras, a causa de la tensión creciente en diversas comarcas y localidades catalanas. Ese mismo sábado el consejo de la Generalidad se reunió para examinar la situación preocupante del orden público en Cataluña. El citado consejo aprobó la eficacia demostrada en las últimas semanas por los consejeros de seguridad interior y defensa, a quienes se acordó otorgar un voto de confianza para resolver las cuestiones de orden público todavía pendientes.
El Presidente de la Generalidad el lunes día 3 estuvo, muy oportunamente, de viaje en Benicarló, para entrevistarse con Largo Caballero, lo cual le permitió desvincularse de los primeros acontecimientos. Sea como fuere, la acción política de Companys, con su cerradanegativa a destituir a Artemio Aiguadé (conseller de Seguridad Interior) y a Eusebio Rodríguez Salas (comisario general de Orden Público), como exigió la CNT el mismo día 3, fue uno de los más importantes detonantes de los enfrentamientos armados de los días siguientes.
El lunes, 3 de mayo de 1937, hacia las tres menos cuarto de la tarde, tres camiones de guardias de asalto, fuertemente armados, se detuvieron ante la sede de la Telefónica en la Plaza de Cataluña. Estaban dirigidos por Rodríguez Salas, militante de la UGT y estalinista convencido, responsable oficial de la comisaría de orden público, y pretendían nombrar un interventor de la Generalidad. El edificio de Telefónica había sido incautado desde el 19 de julio por la CNT. El control de las comunicaciones telefónicas, el control de las fronteras y las patrullas de control eran el caballo de batalla, que desde enero había provocado diversos incidentes entre el gobierno republicano de la Generalidad y la masa confederal. Era una lucha inevitable entre el aparato estatal republicano, que reclamaba el dominio absoluto sobre todas las competencias que le eran "propias", y la defensa de las "conquistas" del 19 de julio por parte de los cenetistas.
Rodríguez Salas pretendió tomar posesión del edificio de la Telefónica. Los militantes cenetistas de los pisos inferiores, tomados por sorpresa, se dejaron desarmar; pero en los pisos superiores se organizó una dura resistencia, gracias a una ametralladora instalada estratégicamente en el último piso. La noticia se propagó rápidamente. Inmediatamente se levantaron barricadas en toda la ciudad. No debe hablarse de una reacción espontánea de la clase obrera barcelonesa, porque la huelga general, los enfrentamientos armados con las fuerzas de policía y las barricadas fueron fruto de la iniciativa tomada por Escorza, que fue rápidamente secundada y realizada gracias a la existencia del descontento y la enorme tensión existente en la base militante confederal, constituida sobre todo por los comités de defensa de los barrios (y sólo parcial y secundariamente por algún sector de las patrullas de control, ya que éstas estaban compuestas por militantes de distintas organizaciones antifascistas). Que no existiera una orden de los comité superiores de la CNT, que ejercían de ministros en Valencia, o de cualquier otro partido o sinidcato, para movilizarse levantando barricadas en toda la ciudad, no significa que éstas fueran espontáneas, sino resultado de las consignas lanzadas por los comités de defensa.
La huelga general no fue fruto de un "espontáneo instinto de clase". La toma de la Telefónica era la ruptura brutal de las conversaciones que durante todo el mes de abril habían mantenido directamente Companys, que había excluido expresamente a Tarradellas, con Manuel Escorza y Pedro Herrera, en representación de la CNT. Escorza respondió inmediatamente a la provocación de Companys desde los comités de defensa. Ese fue el inicio de las Jornadas de Mayo, y el terreno propicio para la acción que se presentó a Los Amigos de Durruti. Ellos supieron atenerse inmediatamente a lo que las circunstancias pedían. Mientras los obreros lucharon con las armas en las manos, la Agrupación intentó dirigirlos, darles un objetivo revolucionario. Pero enseguida encontraron sus límites. Criticaron a los líderes de la CNT, a los que llegaron a calificar de traidores, en el Manifiesto del día 8, pero no supieron contrarrestar sus consignas de abandono de las barricadas. Tampoco se plantearon desbordar a la dirección confederal, que inmediatamente quiso detener la insurrección iniciada desde los comités de defensa. Los Amigos de Durruti no hicieron nada efectivo para conseguir que su consigna de constitución de una Junta revolucionaria se hiciera realidad. Sabían que sus críticas a la dirección anarcosindicalista no serían suficientes para arrebatarle el dominio de la organización cenetista.
Por otra parte, la Agrupación era joven, falta de experiencia y carente de prestigio entre la masa confederal. Sus ideas no habían logrado calar en profundidad entre los militantes de base.
Inmersos en esta situación de impotencia recibieron una nota del Comité ejecutivo del POUM, para que una representación autorizada de la Agrupación se entrevistara con ellos. Acudieron Jaime Balius, Pablo Ruiz, Eleuterio Roig y un tal Martín. A las siete de la tarde del día 4 se entrevistaron en el Principal Palace, en Las Ramblas, con Gorkin, Nin y Andrade. Examinaron conjuntamente la situación, y llegaron a la conclusión unánime de que, dada la oposición al movimiento revolucionario de las direcciones de la CNT y la FAI, éste estaba condenado al fracaso. Se acordó que era necesaria una retirada ordenada de los combatientes y que éstos conservaran las armas. Que la retirada se hiciera previo abandono de las posiciones por las fuerzas opuestas. Que era preciso encontrar garantías para evitar una represión de los combatientes en las barricadas. Al día siguiente, por la noche, los máximos dirigentes y responsables anarcosindicalistas hablaron de nuevo por la radio, llamando al abandono de la lucha. Y ahora los militantes de base en las barricadas ya no se burlaban de los "bomberos" de la CNT-FAI, ni de los besos a los guardias de García Oliver.
El miércoles, día cinco de mayo, Los Amigos de Durruti distribuyeron en las barricadas la conocida octavilla que les dio fama, cuyo texto decía así:
"CNT-FAI. Agrupación "Los Amigos de Durruti".
¡TRABAJADORES¡ Una Junta revolucionaria. Fusilamiento de los culpables. Desarme de todos los Cuerpos armados. Socialización de la economía. Disolución de los Partidos políticos que hayan agredido a la clase trabajadora. No cedamos la calle. La revolución ante todo. Saludamos a nuestros camaradas del POUM que han confraternizado en la calle con nosotros.¡VIVA LA REVOLUCIÓN SOCIAL. ¡ABAJO LA CONTRARREVOLUCIÓN¡"
Esta octavilla fue confeccionada la noche del cuatro al cinco de mayo bajo amenaza armada, en una imprenta del barrio chino. La improvisación y la falta de infraestructura de la Agrupación eran evidentes. El texto fue redactado tras la reunión con la Ejecutiva del POUM, celebrada a las siete de la tarde del díacuatro,cuandoentre la Agrupación y elPOUMsehabía acordado ya una postura defensiva de retirada, sin abandono de las armas, y con la exigencia de pedir garantías contra la represión. La octavilla, aprobada por el POUM, y reproducida en el número 235 (del 6 de mayo) de La Batalla, no tenía tras de sí ningún plan de acción, no era más que una declaración de intenciones y un llamamiento a la espontaneidad de las masas confederales para que perseverara en su acción ante los avances de la contrarrevolución. Todo estaba condicionado en realidad a la decisión que tomara la dirección cenetista. Era absurdo e ilógico creer que las masas confederales, pese a su reticencia inicial, o a sus críticas, no seguiría a los líderes del 19 de julio. Sólo si la dirección de la CNT era desbordada por otra dirección revolucionaria podía darse el caso, aún así muy difícil, de que la masa siguiera las consignas y el plan de acción de una nueva dirección. Pero ni la Agrupación, ni el POUM, intentaron desbancar a la dirección confederal, ni tenían preparado ningún plan de acción. Tanto unos como otros impulsaron, en la práctica, una política seguidista respecto a las decisiones de la dirección cenetista. El Comité ejecutivo del POUM rechazó el plan de Josep Rebull de tomar la Generalidad y los edificios que aún resistían en el centro de la ciudad, argumentando que no se trataba de una cuestión militar, sino política.
Ese mismo día 5 se mantuvo una entrevista entre el Comité Local de Barcelona del POUM y Los Amigos de Durruti, que los poumistas calificaron como negativa, porque:
"Ellos [Los Amigos de Durruti] no quieren intervenir directamente dentro de los medios confederales para desplazar la dirección, nada más quieren influenciar el movimiento sin ninguna más responsabilidad"
En la octavilla, lanzada el día 5 de mayo, Los Amigos de Durruti propusieron una acción común POUM-CNT-FAI. Como objetivo inmediato para dirigir la revolución propugnaron la formación de una Junta Revolucionaria. PERO JAMAS PUDO SER LLEVADA A LA PRÁCTICA. Eran gente de barricada, más que organizadores. La propuesta de acción común CNT-FAI-POUM no pasó de ser un saludo a los militantes de otras organizaciones, que combatieron codo a codo con ellos en las barricadas. Nunca se pasó de la letra de la octavilla a un acuerdo concreto. No hicieron prácticamente nada para desbordar a la dirección cenetista y arrebatarle el control de la masa confederal, que desoyó en repetidas ocasiones las órdenes de abandonar la lucha en las calles.
Los Amigos de Durruti fueron los combatientes más activos en las barricadas, y dominaron completamente Las Ramblas y la calle Hospital en toda su longitud. En el cruce Ramblas/calle Hospital, bajo un enorme retrato de Durruti colocado en la fachada del piso donde estaba la sede de la Agrupación, levantaron una barricada donde establecieron su centro de operaciones. El absoluto control de la calle Hospital enlazaba con la sede del Comité de Defensa del centro en Los Escolapios de la Ronda San Pablo, y de allí con la Brecha de San Pablo, tomada por una cuarentena de milicianos de la Rojinegra, que al mando del durrutista Máximo Franco habían "bajado a Barcelona" en labor de "observación e información", después que tanto la Columna Rojinegra como la Lenin, mandada por Rovira, hubieran cedido a las presiones recibidas para que sus respectivas unidades regresaran al frente, a instancias de Isgleas, Abad de Santillán y Molina, esto es, de los cenetistas que daban las órdenes del departamento de Defensa de la Generalidad.
El bastión contrarrevolucionario del centro de la ciudad hubiera cedido al asalto decidido de los trabajadores barceloneses, como insistía en demostrar Josep Rebull al comité ejecutivo del POUM con un plano de Barcelona en mano. Pero los discursos radiofónicos de los ministros y demás jerifaltes anarquistas, tuvieron un poderoso efecto desmovilizador. Aunque al principio hubo quien disparó al aparato de radio, cuando García Oliver decía que había que besar a los policías muertos, porque eran hermanos antifascistas, pronto se notó su efecto desmoralizador en las barricadas, con la deserción lenta, pero constante, de los militantes anarquistas. Escorza y Herrera se sometieron inmediatamente a sus superiores jerárquicos, escudándose en el hecho "evidente" de que la insurrección había sido la respuesta "espontánea" frente a la provocación que supuso la ocupación de la Telefónica por orden de la Generalidad.
En la Generalidad los jerarcas de la CNT, protegidos por los cañones de Montjuic apuntando sobre el Palacio, los estalinistas y los burgueses catalanistas hacían lo único que podían hacer: otro gobierno igual con nombres distintos. Los dirigentes del POUM se reunieron con el Comité Regional de la CNT para ¡pedir prudencia! En las barricadas surgieron unos Comités de defensa de la Revolución que no consiguieron materializar la formación de una Junta Revolucionaria.
Balius, el teórico más destacado de la Agrupación, inválido a causa de una encefalitis progresiva con hemiplegia izquierda espasmódica, que se manifestaba en la inmovilización de la pierna izquierda y la torsión y temblor del brazo del mismo costado, apoyado en sus muletas, leyó una proclama desde la barricada de Las Ramblas/Hospital en la que hizo un llamamiento a la solidaridad revolucionaria del proletariado europeo, y sobre todo francés, con la lucha del proletariado español. Era una formidable estampa revolucionaria del momento, tan bella como inútil.
La distribución de la octavilla en las barricadas no fue fácil, ni ajena a la desconfianza de muchos militantes, e incluso a la represión física.
El día cinco, por la tarde, los bolchevique-leninistas Carlini y Quesada sostuvieron una entrevista informal con Balius, sin más acuerdo ni perspectivas que continuar la lucha en las barricadas[1]. También hubo un encuentro entre Balius y Josep Rebull, secretario de la célula 72 del POUM que, dado el escaso peso numérico de ambas organizaciones, no tuvo ningún resultado práctico. Los Amigos de Durruti rechazaron la propuesta de Josep Rebull de lanzar un Manifiesto conjunto.
El jueves 6 de mayo los militantes de la CNT, como prueba de buena voluntad para conseguir la pacificación de la ciudad, abandonaron el edificio de la Telefónica, origen del conflicto, que fue inmediatamente ocupado por las fuerzas de seguridad, que garantizaron a losmilitantes de UGT la seguridad en sus puestos de trabajo, para reanudar el servicio telefónico. Ante la protesta de los dirigentes anarquistas, la Generalidad respondió que "se trataba de un hecho consumado", y los dirigentes confederales optaron por no informar sobre la nueva "traición", para no encrespar los ánimos. En lenguaje coloquial a esto se le llama hacer de bomberos, esto es, apagar fuegos y/o conflictos.
Cuando se conoció la noticia de que venía de Valencia un contingente de tropas para pacificar Barcelona, Balius propuso formar una columna confederal que saliera a su encuentro. Formada la columna en Barcelona, ésta se engrosaría por el camino y se le sumarían además no pocos milicianos del frente de Aragón: se podía llegar hasta Valencia ¡y después asaltar el cielo...! Se formaron comisiones para consultar a los militantes en los sindicatos y en la calle, pero la proposición no tuvo ya eco alguno. Era ya absolutamente irreal.
El sábado ocho de mayo las tropas de Valencia desfilaron por la Diagonal y el Paseo de Gracia. Días después sólo quedaban en pie las barricadas que el PSUC había querido conservar para mostrarse y demostrar a los demás quien había ganado. El orden volvía a reinar en Barcelona. Aparecieron los cadáveres de Camilo Berneri, Alfredo Martínez y tantos otros que habían sido torturados y ejecutados por los estalinistas. Los comités superiores de la CNT-FAI exigieron la expulsión de Los Amigos de Durruti, aunque no consiguieron que ninguna asamblea sindical ratificara tal decisión.
Y las masas confederales desorientadas por el llamamiento de sus dirigentes, ¡los mismos del 19 de julio¡ optaron al fin por abandonar la lucha, pese que al principio se burlaban de los llamamientos de la dirección de la CNT a la concordia y el abandono de la lucha en aras de la unidad antifascista.
El Manifiesto distribuido el 8 de mayo por la Agrupación, en el que se hacía un balance de las Jornadas de Mayo, fue impreso en la imprenta de La Batalla. La Agrupación, denunciada como organización de provocadores por la CNT, carecía de prensas donde imprimirlo. Un miliciano del POUM, Paradell, líder del sindicato mercantil, al tener conocimiento del problema que se planteaba a la Agrupación de Los Amigos de Durruti, planteó la cuestión a Josep Rebull, administrador del órgano del POUM, y éste en cumplimiento del más elemental deber de solidaridad revolucionaria, sin consultar a ningún órgano superior de su partido, ofreció la imprenta a Los Amigos de Durruti.
En ese Manifiesto Los Amigos de Durruti relacionaban la toma de la Telefónica con provocaciones anteriores. Señalaban como provocadores de los Hechos de Mayo a la Esquerra Republicana, PSUC, y cuerpos armados de la Generalidad. Los Amigos de Durruti afirmaban el carácter revolucionario de julio del 36 (no sólo de oposición al levantamiento fascista) y de mayo del 37 (no se contentan con un simple cambio de gobierno):
"Nuestra Agrupación que ha estado en la calle, en las barricadas, defendiendo las conquistas del proletariado propugna por el triunfo total de la revolución social. No podemos aceptar la ficción, y el hecho contrarrevolucionario, de constituir un nuevo gobierno con los mismo partidos, pero con distintos representantes."
Frente a las componendas que la Agrupación califica de engaño, Los Amigos de Durruti oponen su programa revolucionario, ya expuesto en la octavilla lanzada el día 5:
"Nuestra Agrupación exige la constitución inmediata de una junta revolucionaria, el fusilamiento de los culpables, el desarme de los cuerpos armados, la socialización de la economía y la disolución de todos los partidos políticos que han agredido a la clase trabajadora."
La Agrupación de Los Amigos de Durruti no dudaba en afirmar que la batalla había sido ganada por los trabajadores, y que por lo tanto había que acabar de una vez por todas con una Generalidad que no significaba nada. La Agrupación acusaba de TRAICION a los dirigentes y comité superiores de la CNT, que habían paralizado una insurrección obrera victoriosa:
"La Generalidad no representa nada. Su continuación fortifica la contrarrevolución. La batalla la hemos ganado los trabajadores. Es inconcebible que los comités de la CNT hayan actuado con tal timidez que llegasen a ordenar "alto el fuego" y que incluso hayan impuesto la vuelta al trabajo cuando estábamos en los lindes inmediatos de la victoria total. No se ha tenido en cuenta de dónde ha partido la agresión, no se ha prestado atención al verdadero significado de las actuales jornadas. Tal conducta ha de calificarse de traición a la revolución que nadie en nombre de nada debe cometer ni patrocinar. Y no sabemos como calificar la labor nefasta que ha realizado Solidaridad Obrera y los militantes más destacados de la CNT."
El calificativo de "traición" fue utilizado de nuevo cuando se comentó la desautorización que el CR de la CNT había hecho de Los Amigos de Durruti, así como el traspaso de las competencias (no las ejercidas por la Generalidad, sino las controladas por la CNT) de seguridad y defensa al gobierno central de Valencia:
"La traición es de un volumen enorme. Las dos garantías esenciales de la clase trabajadora, seguridad y defensa, son ofrecidas en bandeja a nuestros enemigos."
El Manifiesto finalizaba con una breve autocrítica de algunos fallos tácticos durante las Jornadas de Mayo, y con una optimista perspectiva de futuro, que la inmediata oleada represiva iniciada el 28 de mayo demostraría como vana e inconsistente. Mayo del 37 no acabó en tablas, sino que fue una severa derrota del proletariado.
Pese a la mitificación existente sobre los Hechos de Mayo del 37 lo cierto es que se trató de una situación muy caótica y confusa, caracterizada por el afán negociador de todas las partes implicadas en el conflicto. Mayo del 37 no fue en ningún momento una insurrección revolucionaria, y se inició en defensa de una "propiedad sindical" conquistada en julio. El detonador del conflicto fue el asalto a la Telefónica por las fuerzas de seguridad de la Generalidad. Y esta acción se encuadraba dentro de la lógica del gobierno de Companys de asumir paulatinamente todas las competencias que, la situación "anómala" de la insurrección obrera del 19 de julio, le había arrebatado momentáneamente. Los recientes éxitos obtenidos en la Cerdaña, abrían la vía para pasar a una acción definitiva en Barcelona y en toda Cataluña. Era evidente que Companys se sentía respaldado por Comorera (PSUC) y por Ovseenko (el cónsul soviético), con quienes venía colaborando muy estrecha y efectivamente desde diciembre, cuando se produjo la expulsión del POUM del gobierno de la Generalidad. La política estalinista coincidía con los objetivos de Companys: la debilitación y anulación de las fuerzas revolucionarias, esto es, del POUM y de la CNT, eran un objetivo de los soviéticos, que sólo podía pasar por el fortalecimiento del gobierno burgués de la Generalidad. La larga crisis abierta en el gobierno de la Generalidad, tras la no aceptación por la CNT del decreto del 4 de marzo sobre la disolución de las Patrullas de Control, tuvo su inevitable solución violenta tras varios episodios de enfrentamientos armados en Vilanesa, La Fatarella, Cullera (Valencia), Bellver, entierro de Cortada, etcétera, en el asalto a la Telefónica y las sangrientas jornadas de mayo en Barcelona. La estúpida ceguera, la fidelidad inquebrantable a la unidad antifascista, el grado de colaboración con el gobierno republicano de los principales dirigentes anarcosindicalistas (desde Peiró hasta Federica Montseny, de Abad de Santillán a García Oliver, de Marianet a Valerio Mas) no eran un dato irrelevante, ni desconocido, para el gobierno de la Generalidad y los agentes soviéticos. Se podía contar con su cretina santidad, como demostraron colmadamente durante las Jornadas de Mayo.
Respecto a la actividad de Los Amigos de Durruti, durante los Hechos de Mayo, no cabe tampoco una engañosa mitificación de su participación en las barricadas y de su octavilla. Como ya hemos expuesto, Los Amigos de Durruti no se propusieron en ningún momento desbordar a la dirección confederal, se limitaron a efectuar una dura crítica de sus dirigentes y de su política de traición a la revolución. Quizás no podían hacer otra cosa, dado su número y su escasa influencia en la masa cenetista. Pero cabe destacar su participación en la lucha callejera, con el dominio de varias barricadas en Las Ramblas, especialmente frente a su sede social (a la altura de la calle Hospital), y su intervención en las luchas de Sants, La Torrassa y Sallent. Hay que subrayar, por supuesto, su intento de dar una dirección y unas reivindicaciones políticas mínimas, en la octavilla lanzada el día 5. La distribución de la octavilla no fue fácil, costó la vida de varios miembros de la Agrupación, y su distribución en las barricadas contó con la ayuda de los militantes cenetistas. Entre las acciones a señalar durante las Jornadas de Mayo no debe olvidarse el llamamiento efectuado por Balius, desde la barricada situada en la esquina de Las Ramblas con la calle Hospital, a la solidaridad activa de todos los trabajadores de Europa con la revolución española. Los Amigos de Durruti, ante la noticia de la formación de una columna de guardias de asalto, que venía desde Valencia para sofocar la rebelión, reaccionaron con el intento de formar una columna anarquista que fuera a su encuentro. Pero no pasó de una vana propuesta, que ya no halló eco alguno entre los militantes cenetistas, que empezaron a abandonar las barricadas.
Cabe por fin destacar, desde unpunto de vista político, el acuerdo alcanzado con el POUM de hacer un llamamiento a los trabajadores para que, antes de abandonar las barricadas, pidieran garantías de que no habría ninguna represión; y sobre todo señalando que la mejor garantía era conservar las armas, que no debían entregarse nunca.
Desde un punto de vista teórico, el papel de Los Amigos de Durruti fue mucho más destacado después de las Jornadas de Mayo, cuando iniciaron la publicación de su órgano, que tomó el nombre del periódico publicado por Marat durante la Revolución Francesa: El Amigo del Pueblo.
DESPUÉS DE MAYO. La dirección de la CNT propuso la expulsión de los miembros de la Agrupación, pero no consiguió nunca que esta medida fuera ratificada por ninguna asamblea de sindicatos. Gran parte de la militancia confederal simpatizaba con la oposición revolucionaria que encarnaba la Agrupación. Ello no significaba que compartiese ni la acción ni el pensamiento de Los Amigos de Durruti, pero sí que comprendiera sus posiciones y respetara, e incluso respaldara, sus críticas a la dirección cenetista.
La dirección confederal usó y abusó a conciencia de la acusación de "marxistas", máximo insulto concebible entre anarquistas, que lanzó en repetidas ocasiones contra la Agrupación, y muy concretamente contra Balius. Por supuesto, Balius y la Agrupación se defendieron de tan inmerecido "insulto", no sin razón. No hay nada en la tesis teóricas de la Agrupación, y mucho menos en El Amigo del Pueblo, o en los diversos manifiestos y octavillas, que permita calificar a la Agrupación de marxista. Sólo fueron una oposición a la política colaboracionista de la dirección confederal, desde el seno de la organización y la ideología anarcosindicalista.
El primer número de El Amigo del Pueblo, fue publicado legalmente el 19 de mayo, con una gran cantidad de galeradas censuradas. La portada, en color rojo y negro, de gran formato, reproducía un dibujo en el que aparecía un sonriente Durruti, sosteniendo la bandera rojinegra. El número 1 no está fechado, la redacción y administración se situaban en Rambla de las Flores número 1- 1º. El diario aparecía como portavoz de Los Amigos de Durruti. Se citaba a Balius como director, y a Eleuterio Roig, Pablo Ruiz y Domingo Paniagua como redactores. El artículo más interesante, firmado por Balius, se titulaba "Por los fueros de la verdad. No somos agentes provocadores", en el que éste se lamentaba de los insultos y ataques procedentes de las propias filas confederales. Citaba la octavilla y el manifiesto lanzados en mayo, que afirmaba no reproducir para evitar su segura e inevitable censura. Atacaba directamente a Solidaridad Obrera por su ensañamiento con Los Amigos de Durruti, y negaba la calumnia vertida por la dirección cenetista: "no somos agentes provocadores".
Para evitar la censura, desde el segundo número, El Amigo del Pueblo fue editado clandestinamente.
El número 5 es uno de los más interesantes de El Amigo del Pueblo. En primera página aparece un artículo titulado: "Una teoría revolucionaria". Sólo este editorial sería suficiente para destacar la importancia política e histórica de Los Amigos de Durruti, no sólo en la historia de la guerra civil, sino de la ideología ácrata. En el editorial, Los Amigos de Durruti atribuían el avance de la contrarrevolución y el fracaso de la CNT, tras su triunfo innegable y absoluto de julio del 36, a una sola razón: la ausencia de un PROGRAMA REVOLUCIONARIO. Y esa había sido también la causa de la derrota de Mayo del 37. La conclusión a la que habían llegado es definida con una enorme claridad:
"La trayectoria descendente [de la revolución] ha de atribuirse exclusivamente a la ausencia de un programa concreto y de unas realizaciones inmediatas y que por este hecho hemos caído en las redes de los sectores contrarrevolucionarios en el preciso momento en que las circunstancias se desenvolvían netamente favorables para una coronación de las aspiraciones del proletariado. Y al no dar libre cauce a aquel despertar de julio, en un sentido netamente de clase, hemos posibilitado un dominio pequeño-burgués que de ninguna de las maneras podía producirse si en los medios confederales y anarquistas, hubiese prevalecido una decisión unánime de asentar el proletariado en la dirección del país.
[...] cometiéndose la simpleza de que una revolución de tipo social podía compartir sus latidos económicos y sociales, con los factores enemigos. [...]
En mayo se volvió a plantear el mismo pleito. De nuevo se ventilaba la supremacía en la dirección de la revolución. Pero los mismos individuos que en julio se atemorizaron por el peligro de una intervención extranjera, en las jornadas de mayo volvieron a incurrir en aquella falta de visión que culminó en el fatídico "alto el fuego" que, más tarde, se traduce, a pesar de haberse concertado una tregua en un desarme insistente y en una despiadada represión de la clase trabajadora. [...]
De manera que, al despojarnos de un programa, léase comunismo libertario, nos entregamos por entero a nuestros adversarios que poseían y poseen un programa y unas directrices [...] a los partidos pequeño-burgueses había que aplastarlos en julio y en mayo. Opinamos que cualquier otro sector, en el caso de disponer de una mayoría absoluta como la que poseíamos nosotros, se hubiera erigido en árbitro absoluto de la situación.
En el número anterior de nuestro portavoz precisábamos un programa. Sentamos la necesidad de una Junta revolucionaria, de un predominio económico de los Sindicatos y de una estructuración libre de los Municipios. Nuestra Agrupación ha querido señalar una pauta por el temor de que en circunstancias similares a julio y mayo, se proceda de una manera idéntica. Y el triunfo radica en la existencia de un programa que ha de ser respaldado, sin titubeos, por los fusiles. [...]
Las revoluciones sin una teoría no siguen adelante. "Los Amigos de Durruti" hemos trazado nuestro pensamiento que puede ser objeto de los retoques propios de las grandes conmociones sociales, pero que radica en dos puntos esenciales que no pueden eludirse. Un programa y fusiles."
Este texto es fundamental, marca un hito en la evolución del pensamiento anarquista. Los conceptos teóricos aquí vertidos, sólo esbozados muy confusamente con anterioridad, se expresan ahora con una claridad cegadora. Y estas conquistas teóricas serían, más tarde, repetidas y razonadas en el folleto de Baliu
Como lo pretende el discurso dominante, el mundo económico es un orden puro y perfecto, que implacablemente desarrolla la lógica de sus consecuencias predecibles y atento a reprimir todas las violaciones mediante las sanciones que inflige, sea automáticamente o más desusadamente a través de sus extensiones armadas, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y las políticas que imponen: reducción de los costos laborales, reducción del gasto público y hacer más flexible el trabajo. ¿Tiene razón el discurso dominante? ¿Y qué pasaría si, en realidad, este orden económico no fuera más que la instrumentación de una utopía la utopía del neoliberalismo convertida así en un problema político? ¿Un problema que, con la ayuda de la teoría económica que proclama, lograra concebirse como una descripción científica de la realidad? Esta teoría tutelar es pura ficción matemática. Se fundó desde el comienzo sobre una abstracción formidable. Pues, en nombre de la concepción estrecha y estricta de la racionalidad como racionalidad individual, enmarca las condiciones económicas y sociales de las orientaciones racionales y las estructuras económicas y sociales que condicionan su aplicación. Para dar la medida de esta omisión, basta pensar precisamente en el sistema educativo. La educación no es tomada nunca en cuenta como tal en una época en que juega un papel determinante en la producción de bienes y servicios tanto como en la producción de los productores mismos. De esta suerte de pecado original, inscrito en el mito walrasiano (1) de la «teoría pura», proceden todas las deficiencias y fallas de la disciplina económica y la obstinación fatal con que se afilia a la oposición arbitraria que induce, mediante su mera existencia, entre una lógica propiamente económica, basada en la competencia y la eficiencia, y la lógica social, que está sujeta al dominio de la justicia. Dicho esto, esta «teoría» desocializada y deshistorizada en sus raíces tiene, hoy más que nunca, los medios de comprobarse a sí misma y de hacerse a sí misma empíricamente verificable. En efecto, el discurso neoliberal no es simplemente un discurso más. Es más bien un «discurso fuerte» tal como el discurso siquiátrico lo es en un manicomio, en el análisis de Erving Goffman (2). Es tan fuerte y difícil de combatir solo porque tiene a su lado todas las fuerzas de las relaciones de fuerzas, un mundo que contribuye a ser como es. Esto lo hace muy notoriamente al orientar las decisiones económicas de los que dominan las relaciones económicas. Así, añade su propia fuerza simbólica a estas relaciones de fuerzas. En nombre de este programa científico, convertido en un plan de acción política, está en desarrollo un inmenso proyecto político, aunque su condición de tal es negada porque luce como puramente negativa. Este proyecto se propone crear las condiciones bajo las cuales la «teoría» puede realizarse y funcionar: un programa de destrucción metódica de los colectivos. El movimiento hacia la utopía neoliberal de un mercado puro y perfecto es posible mediante la política de derregulación financiera. Y se logra mediante la acción transformadora y, debo decirlo, destructiva de todas las medidas políticas (de las cuales la más reciente es el Acuerdo Multilateral de Inversiones, diseñado para proteger las corporaciones extranjeras y sus inversiones en los estados nacionales) que apuntan a cuestionar cualquiera y todas las estructuras que podrían servir de obstáculo a la lógica del mercado puro: la nación, cuyo espacio de maniobra decrece continuamente; las asociaciones laborales, por ejemplo, a través de la individualización de los salarios y de las carreras como una función de las competencias individuales, con la consiguiente atomización de los trabajadores; los colectivos para la defensa de los derechos de los trabajadores, sindicatos, asociaciones, cooperativas; incluso la familia, que pierde parte de su control del consumo a través de la constitución de mercados por grupos de edad. El programa neoliberal deriva su poder social del poder político y económico de aquellos cuyos intereses expresa: accionistas, operadores financieros, industriales, políticos conservadores y socialdemócratas que han sido convertidos en los subproductos tranquilizantes del laissez faire, altos funcionarios financieros decididos a imponer políticas que buscan su propia extinción, pues, a diferencia de los gerentes de empresas, no corren ningún riesgo de tener que eventualmente pagar las consecuencias. El neoliberalismo tiende como un todo a favorecer la separación de la economía de las realidades sociales y por tanto a la construcción, en la realidad, de un sistema económico que se conforma a su descripción en teoría pura, que es una suerte de máquina lógica que se presenta como una cadena de restricciones que regulan a los agentes económicos. La globalización de los mercados financieros, cuando se unen con el progreso de la tecnología de la información, asegura una movilidad sin precedentes del capital. Da a los inversores preocupados por la rentabilidad a corto plazo de sus inversiones la posibilidad de comparar permanentemente la rentabilidad de las más grandes corporaciones y, en consecuencia, penalizar las relativas derrotas de estas firmas. Sujetas a este desafío permanente, las corporaciones mismas tienen que ajustarse cada vez más rápidamente a las exigencias de los mercados, so pena de «perder la confianza del mercado», como dicen, así como respaldar a sus accionistas. Estos últimos, ansiosos de obtener ganancias a corto plazo, son cada vez más capaces de imponer su voluntad a los gerentes, usando comités financieros para establecer las reglas bajo las cuales los gerentes operan y para conformar sus políticas de reclutamiento, empleo y salarios. Así se establece el reino absoluto de la flexibilidad, con empleados por contratos a plazo fijo o temporales y repetidas reestructuraciones corporativas y estableciendo, dentro de la misma firma, la competencia entre divisiones autónomas así como entre equipos forzados a ejecutar múltiples funciones. Finalmente, esta competencia se extiende a los individuos mismos, a través de la individualización de la relación de salario: establecimiento de objetivos de rendimiento individual, evaluación del rendimiento individual, evaluación permanente, incrementos salariales individuales o la concesión de bonos en función de la competencia y del mérito individual; carreras individualizadas; estrategias de «delegación de responsabilidad» tendientes a asegurar la autoexplotación del personal, como asalariados en relaciones de fuerte dependencia jerárquica, que son al mismo tiempo responsabilizados de sus ventas, sus productos, su sucursal, su tienda, etc., como si fueran contratistas independientes. Esta presión hacia el «autocontrol» extiende el «compromiso» de los trabajadores de acuerdo con técnicas de «gerencia participativa» considerablemente más allá del nivel gerencial. Todas estas son técnicas de dominación racional que imponen el sobrecompromiso en el trabajo (y no solo entre gerentes) y en el trabajo en emergencia y bajo condiciones de alto estrés. Y convergen en el debilitamiento o abolición de los estándares y solidaridades colectivos (3). De esta forma emerge un mundo darwiniano es la lucha de todos contra todos en todos los niveles de la jerarquía, que encuentra apoyo a través de todo el que se aferra a su puesto y organización bajo condiciones de inseguridad, sufrimiento y estrés. Sin duda, el establecimiento práctico de este mundo de lucha no triunfaría tan completamente sin la complicidad de arreglos precarios que producen inseguridad y de la existencia de un ejército de reserva de empleados domesticados por estos procesos sociales que hacen precaria su situación, así como por la amenaza permanente de desempleo. Este ejército de reserva existe en todos los niveles de la jerarquía, incluso en los niveles más altos, especialmente entre los gerentes. La fundación definitiva de todo este orden económico colocado bajo el signo de la libertad es en efecto la violencia estructural del desempleo, de la inseguridad de la estabilidad laboral y la amenaza de despido que ella implica. La condición de funcionamiento «armónico» del modelo microeconómico individualista es un fenómeno masivo, la existencia de un ejército de reserva de desempleados. La violencia estructural pesa también en lo que se ha llamado el contrato laboral (sabiamente racionalizado y convertido en irreal por «la teoría de los contratos»). El discurso organizacional nunca habló tanto de confianza, cooperación, lealtad y cultura organizacional en una era en que la adhesión a la organización se obtiene en cada momento por la eliminación de todas las garantías temporales (tres cuartas partes de los empleos tienen duración fija, la proporción de los empleados temporales continúa aumentando, el empleo «a voluntad» y el derecho de despedir un individuo tienden a liberarse de toda restricción). Así, vemos cómo la utopía neoliberal tiende a encarnarse en la realidad en una suerte de máquina infernal, cuya necesidad se impone incluso sobre los gobernantes. Como el marxismo en un tiempo anterior, con el que en este aspecto tiene mucho en común, esta utopía evoca la creencia poderosa la fe del libre comercio no solo entre quienes viven de ella, como los financistas, los dueños y gerentes de grandes corporaciones, etc., sino también entre aquellos que, como altos funcionarios gubernamentales y políticos, derivan su justificación viviendo de ella. Ellos santifican el poder de los mercados en nombre de la eficiencia económica, que requiere de la eliminación de barreras administrativas y políticas capaces de obstaculizar a los dueños del capital en su procura de la maximización del lucro individual, que se ha vuelto un modelo de racionalidad. Quieren bancos centrales independientes. Y predican la subordinación de los estados nacionales a los requerimientos de la libertad económica para los mercados, la prohibición de los déficits y la inflación, la privatización general de los servicios públicos y la reducción de los gastos públicos y sociales. Los economistas pueden no necesariamente compartir los intereses económicos y sociales de los devotos verdaderos y pueden tener diversos estados síquicos individuales en relación con los efectos económicos y sociales de la utopía, que disimulan so capa de razón matemática. Sin embargo, tienen intereses específicos suficientes en el campo de la ciencia económica como para contribuir decisivamente a la producción y reproducción de la devoción por la utopía neoliberal. Separados de las realidades del mundo económico y social por su existencia y sobre todo por su formación intelectual, las más de las veces abstracta, libresca y teórica, están particularmente inclinados a confundir las cosas de la lógica con la lógica de las cosas. Estos economistas confían en modelos que casi nunca tienen oportunidad de someter a la verificación experimental y son conducidos a despreciar los resultados de otras ciencias históricas, en las que no reconocen la pureza y transparencia cristalina de sus juegos matemáticos y cuya necesidad real y profunda complejidad con frecuencia no son capaces de comprender. Aun si algunas de sus consecuencias los horrorizan (pueden afiliarse a un partido socialista y dar consejos instruidos a sus representantes en la estructura de poder), esta utopía no puede molestarlos porque, a riesgo de unas pocas fallas, imputadas a lo que a veces llaman «burbujas especulativas», tiende a dar realidad a la utopía ultralógica (ultralógica como ciertas formas de locura) a la que consagran sus vidas. Y sin embargo el mundo está ahí, con los efectos inmediatamente visibles de la implementación de la gran utopía neoliberal: no solo la pobreza de un segmento cada vez más grande de las sociedades económicamente más avanzadas, el crecimiento extraordinario de las diferencias de ingresos, la desaparición progresiva de universos autónomos de producción cultural, tales como el cine, la producción editorial, etc., a través de la intrusión de valores comerciales, pero también y sobre todo a través de dos grandes tendencias. Primero la destrucción de todas las instituciones colectivas capaces de contrarrestar los efectos de la máquina infernal, primariamente las del Estado, repositorio de todos los valores universales asociados con la idea del reino de lo público. Segundo la imposición en todas partes, en las altas esferas de la economía y del Estado tanto como en el corazón de las corporaciones, de esa suerte de darwinismo moral que, con el culto del triunfador, educado en las altas matemáticas y en el salto de altura (bungee jumping), instituye la lucha de todos contra todos y el cinismo como la norma de todas las acciones y conductas. ¿Puede esperarse que la extraordinaria masa de sufrimiento producida por esta suerte de régimen político-económico pueda servir algún día como punto de partida de un movimiento capaz de detener la carrera hacia el abismo? Ciertamente, estamos frente a una paradoja extraordinaria. Los obstáculos encontrados en el camino hacia la realización del nuevo orden de individuo solitario pero libre pueden imputarse hoy a rigideces y vestigios. Toda intervención directa y consciente de cualquier tipo, al menos en lo que concierne al Estado, es desacreditada anticipadamente y por tanto condenada a borrarse en beneficio de un mecanismo puro y anónimo: el mercado, cuya naturaleza como sitio donde se ejercen los intereses es olvidada. Pero en realidad lo que evita que el orden social se disuelva en el caos, a pesar del creciente volumen de poblaciones en peligro, es la continuidad o supervivencia de las propias instituciones y representantes del viejo orden que está en proceso de desmantelamiento, y el trabajo de todas las categorías de trabajadores sociales, así como todas las formas de solidaridad social y familiar. O si no... La transición hacia el «liberalismo» tiene lugar de una manera imperceptible, como la deriva continental, escondiendo de la vista sus efectos. Sus consecuencias más terribles son a largo plazo. Estos efectos se esconden, paradójicamente, por la resistencia que a esta transición están dando actualmente los que defienden el viejo orden, alimentándose de los recursos que contenían, en las viejas solidaridades, en las reservas del capital social que protegen una porción entera del presente orden social de caer en la anomia. Este capital social está condenado a marchitarse aunque no a corto plazo si no es renovado y reproducido. Pero estas fuerzas de «conservación», que es demasiado fácil de tratar como conservadoras, son también, desde otro punto de vista, fuerzas de resistencia al establecimiento del nuevo orden y pueden convertirse en fuerzas subversivas. Si todavía hay motivo de abrigar alguna esperanza, es que todas las fuerzas que actualmente existen, tanto en las instituciones del Estado como en las orientaciones de los actores sociales (notablemente los individuos y grupos más ligados a esas instituciones, los que poseen una tradición de servicio público y civil) que, bajo la apariencia de defender simplemente un orden que ha desaparecido con sus correspondientes «privilegios» (que es de lo que se les acusa de inmediato), serán capaces de resistir el desafío solo trabajando para inventar y construir un nuevo orden social. Uno que no tenga como única ley la búsqueda de intereses egoístas y la pasión individual por la ganancia y que cree espacios para los colectivos orientados hacia la búsqueda racional de fines colectivamente logrados y colectivamente ratificados. ¿Cómo podríamos no reservar un espacio especial en esos colectivos, asociaciones, uniones y partidos al Estado: el Estado nación, o, todavía, mejor, al Estado supranacional un Estado europeo capaz de controlar efectivamente y gravar con impuestos las ganancias obtenidas en los mercados financieros y, sobre todo, contrarrestar el impacto destructivo que estos tienen sobre el mercado laboral. Esto puede lograrse con la ayuda de las confederaciones sindicales organizando la elaboración y defensa del interés público. Querámoslo o no, el interés público no emergerá nunca, aun a costa de unos cuantos errores matemáticos, de la visión de los contabilistas (en un período anterior podríamos haber dicho de los «tenderos») que el nuevo sistema de creencias presenta como la suprema forma de realización humana. Notas 1. Auguste Walras (1800-66), economista francés, autor de De la nature de la richesse et de lorigine de la valeur [sobre la naturaleza de la riqueza y el origen del valor) (1848). Fue uno de los primeros que intentaron aplicar las matemáticas a la investigación económica. 2. Erving Goffman. 1961. Asylums: Essays On The Social Situation Of Mental Patients And Other Inmates [Manicomios: ensayos sobre la situación de los pacientes mentales y otros reclusos]. Nueva York: Aldine de Gruyter. 3. Ver los dos números dedicados a « Nouvelles formes de domination dans le travail » [nuevas formas de dominación en el trabajo], Actes de la recherche en sciences sociales, Nº 114, setiembre de 1996, y 115, diciembre de 1996, especialmente la introducción por Gabrielle Balazs y Michel Pialoux, « Crise du travail et crise du politique » [crisis del trabajo y crisis política], Nº 114: p. 3-4.
Introducción El tema que vamos tratar hoy no es por si mismo, muy ameno. Todo lo contrario. Pensamos que es árido y difícil de abordar para nosotros, sobre todo -como es el caso- si lo hacemos no siendo economistas. Por ello, -y por nuestra formación-, lo haremos, fundamentalmente, desde un punto de vista político, pues ahí, creemos, que está la clave de nuestro modo de entender, genéricamente, la economía. Ya desde los primeros textos fundacionales se considero a lo económico como algo importante, pero no fundamental. José Antonio decía: "Falange Española no puede considerar la vida como un mero juego de factores económicos" Con estos textos, y otros similares, se mostraba el hecho de que la economía debía de estar al servicio de la política y no esta al de aquella. con palabras más recientes, en "De la protesta a la propuesta" se dice: a)"antes de definir el sistema económica, hay que definir el sistema político. b) Antes de definir el sistema económico hay que definir el marco jurídico-legal, en el que van a desarrollarse las relaciones económicas". En definitiva, la economía seria un medio, pero nunca un fin en si mismo; aunque esa economía, ese basamento económico, seria algo indispensable para asegurar la justicia social y la independencia y soberanía nacionales. Considerada así la economía, podemos decir que las referencias a la misma son continuas en los textos primigenios, y posteriores, del Nacional sindicalismo. Aunque los economistas citados van poco m s allá de Adam Smith y Karl Marx. Hay atinadas observaciones, sobre la situación económica española, europea y mundial de los años 30, gracias a los escritos de Bermúdez Cañete. También, textos de Sigfredo Hillers, sobre la España de Franco. Pero poco más. Quizás el poco conocido, e insuficiente de Fuentes Irurozqui. Con el paso de los años, la economía ha pasado a ser punto de referencia, habitual y obligado en todos los temas políticos -fruto del predominio de determinado sistema socioeconómico- y ha hecho que, incluso, determinadas ideas-concepto, o ideas-fuerza, como Estado o Unidad nacional puedan verse en entredicho; bajo referencias de viabilidad y beneficio económico. el caso italiano es un buen ejemplo. Es por ello, por lo que debemos dar a la economía el valor que creemos que tiene -sin despegarnos un ápice de nuestra idea de subordinación de la misma a la política- porque como se dice en "De la protesta a la propuesta": "La sociedad debe redefinirse, buscar nuevas estructuras y modelos organizativos que no estén fundados en la primacía de lo material y las fianzas. Con todo esto no es óbice para reconocer dentro del modelo /última línea Conceptos: En la economía hay una serie de conceptos básicos (Capital, trabajo Propiedad. Plusvalía. Empresa, mercado,...) que se manejan cualquiera que sea el tipo de sistema económico. Dichos conceptos son definidos, en el Nacional sindicalismo, muy claramente: -Capital: Decía José Antonio: "El capital es un instrumento económico y, como instrumento, debe ponerse al servicio de la totalidad económica, no del bienestar personal de nadie. Los embalses de capital deben ser como los de agua: no se hicieron para que unos cuantos organicen regatas de superficie, sino para regular el curso de los ríos y mover turbinas de los saltos de agua". -Trabajo: el trabajo es una función humana y, como tal, un principio normativo que regula, "per se", el sistema socioeconómico. Como afirma Adolfo Muñoz Alonso, el trabajo convierte a la persona en persona. -Propiedad: La propiedad es la proyección del hombre sobre sus cosas", como define José Antonio. Se diferencia claramente, propiedad privada y capitalismo. Con las palabras de José Antonio: "Cuando se habla de capitalismo, no se hace alusión a la propiedad privada; estas dos cosas no sólo son distintas, sino que casi se podría decir que son contrapuestas. Precisamente, uno de los efectos del capitalismo (la acumulación de la riqueza en manos de pocos, despojando a los demás) fu el aniquilar casi por entero la propiedad privada en sus formas tradicionales... El capitalismo es la transformación más o menos rápida de lo que es el vinculo directo del hombre con sus cosas, en un instrumento técnico de ejercer el dominio..." La propiedad, en el Nacionalsindicalismo, tiene una serie de límites. En "Dela protesta a propuesta" se dice: "Los limites al derecho de propiedad humana vienen dados por dos factores: El bien común y la utilidad social, además de otro de origen cristiano o, para quienes así lo prefieran, ético: El estado de necesidad del prójimo. Por ello, podemos señalar como legítimos tres tipos de propiedad: personal (bienes de uso y consumo), comunal (bienes que pertenecen colectivamente a los vecinos de un municipio: pastos, bosques, prados, edificios,...) y sindical (propiedad colectiva de empresas, fabricas o tierras.) Elaboremos fórmulas de copropiedad, tendentes a la paulatina desaparición de los asalariados. Llamemos a todos a la participación en perdidas y beneficios". La propiedad y el trabajo se relacionan estrechamente cuando se dice que "el derecho a la propiedad se mantiene por el uso dado a los bienes de consumo y se adquiere mediante el trabajo". ú Plusvalía: Es el valor añadido a los bienes o materias primas, determinado por el trabajo ejercido sobre ellos. Para el Nacional sindicalismo esta plusvalía debe ser otorgada a los trabajadores, organizados en sindicatos. -Empresa: Constituye el punto de encuentro entre capital y trabajo. Es el órgano económico para la producción de los bienes y servicio que requiere la sociedad. En "De la protesta a la propuesta" se escribe: "Las tres funciones primordiales de la empresa ser n..., su propia subsistencia, /Ultima línea Aquí en la empresa se gesta el origen de la lucha de clases -no por indeseable inexistente- por la contradicción entre ganancia de la empresa y salario de los trabajadores. -Mercado: Es el fruto del capitalismo. Constituye el nuevo tótem de la sociedad. Esta regido por la ley de la oferta y la demanda e iluminado por los medios de comunicación, publicidad y marketing. El motor del mercado es el beneficio. -Sindicalismo: Constituye el medio de organización y defensa de los trabajadores, para hacer frente a los abusos del capitalismo. En el futuro, para el nacional sindicalismo, constituir la columna vertebral de su sistema social. -Banco. constituye la faceta visible del capitalismo y uno de sus instrumentos de dominación. Su único objetivo es la usura. Frente a estos conceptos nacionalsindicalistas, que serán perfilados más adelante, se encuentra la economía liberal: Que considera al capital y a la propiedad como instrumento fundamental de dominación, fuente y origen del poder y de la vida; el trabajo, como un mero instrumento al servicio del capital, sin ningún rasgo humano; a la empresa, como fuente de beneficio y de dominio del capital sobre el trabajo; a la plusvalía, sin ningún tipo de significado y en manos del capitalista; al mercado, como nuevo dios, que todo lo puede; al sindicalismo, como reliquia del pasado, regulador y policía del trabajo, administrador de unas migajas del ocio; y a la banca, como aduana que filtra y administra a la sociedad. Una economía liberal, fruto de un estado liberal y de una ideología del liberal capitalismo, que nos quieren vender, -repito vender- como la única, la útil, la verdadera, la definitiva, y como fin de cualquier tipo de historia. ------------------- Sistemas. Aparte de la economía liberal, del capitalismo, ha habido otros modos de concebir las relaciones sociales y económicas. El socialismo, con sus diversos matices: socialismo real, socialdemocracia, lo han intentado. En palabras de José Antonio: "Frente a la economía burguesa individualista se alzó la socialista, que atribuía los beneficios de la producción al Estado, esclavizando al individuo. Ni una ni otra han resuelto el problema productor"... También, lo intento el, genéricamente llamado, Fascismo, con todos sus matices distintos, pero tampoco lo consiguió, pues no fue capaz de resolver el problema de la relación capital-trabajo, manteniendo aquel su predominio sobre este, si bien algo corregido. Frente a todas estas concepciones se alza el Nacionalsindicalismo que "ni absorbe en el Estado la personalidad individual, ni convierte al trabajador en una pieza deshumanizada del mecanismo de producción burguesa". Próximos al Nacional sindicalismo, se encuentran otros sistemas socioeconómicos, como el Justicialismo argentino y algún tipo de sindicalismo revolucionario y autogestionario, puesto en practica -en parte- durante breves /ultima línea .... República Social Italiana o en Yugoslavia. Estado actual: En el momento actual, con el predominio absoluto del mercado, el panorama resulta desalentador para nosotros. Todo est fundamentado a la privatización y al beneficio, con el objeto prioritario de destruir el sector público, merced a los compromisos con la Unión Europea y el tratado de Maastricht, con lo que esto significa de perdida de la soberanía nacional. Una siderurgia, una industria naval y una minería en almoneda, destruida o en camino de su destrucción irreversible. Un campo pendiente de las resoluciones expoliadoras de Maastricht y del GATT. Un gasto público en continuo incremento merced al aumento de las administraciones sin contenido, ni significado real, sin cuento, ni tasa, que satisfacen el ansia de poder de unos pocos; de una financiación pública insostenible de los partidos; de una televisión delirante o de una plétora de cargos públicos sólidamente remunerados; por citar algunos ejemplos. La entrada en la CEE, hecha sin tino, encamina a la sociedad a un retorno a la ley de la selva en el mercado de trabajo -de nuevo, un mercado de esclavos- con abolición de las imposiciones directas sobre posesiones y rentas del capital y trabajo, y sustitución por impuestos que gravan a todos, como el IVA, etc.; y es que el capital transnacional europeo impone la constitución de tal mercado único y por extensión la globalización económica, que destruye las economías nacionales de los pequeños países, en beneficio del gran capital apátrida. Una banca con 250.000 millones de beneficios en los nueve primeros meses del año..... Y es que, como escribe José Luis Rubio en su "Desarrollo Sindicalista": "Bajo la sociedad del bienestar capitalista, con su apariencia democrática, hay una realidad neofeudal: La minoría impone sus determinaciones en lo importante: La guerra , la paz, la acción internacional, el colonialismo y el anticolonialismo, lo que se ha de creer popularmente por medio de la prensa , radio y televisión, como ha de ser el gobierno, si hay que integrarse supranacionalmente o no, etc. Mientras, el pueblo decide sobre neveras, coches populares y la forma de contestar las quinielas". No olvidemos que la gran mayoría de los políticos profesionales son presidentes, consejeros o vocales de las grandes empresas capitalistas y se encuentran directamente al servicio de las oligarquías nacionales o internacionales. De hecho las decisiones de gobierno, a cualquier nivel, sobre política económica, se toman pensando en las oligarquías capitalistas, bien para beneficiarlas, bien para perjudicarlas lo menos posible. en definitiva, en un sistema capitalista, es la infraestructura dominada por los medios de producción, por sus propietarios, la que condiciona a la superestructura del Estado, a sus poderes, a sus funciones y a sus órganos. --------------- Líneas de progresión. Ante una situación as¡, el Nacional sindicalismo tiene algo que decir. Creemos que frente al liberalcapitalismo solo es posible una lucha frontal. No creemos que sus problemas tengan solución, y aunque las tuviesen -que repetimos, lo dudamos- ultima línea El nacionalsindicalismo es un sistema de pensamiento abierto. No tuvo tiempo -ni creemos que tenga interés- en cerrarse. Tuvo que ser fruto de la rapidez, de la celeridad, ante "aquel ruido que subía de la calle". Y antes y ahora, no podemos tener a "nuestros viejos textos familiares" como algo parecido a un "buda" intocable. Debe de tener líneas ideológicas abiertas, que permitan una progresión doctrinal actualizada. Se ha dicho que hay dos caminos de evolución razonable y coherente: Uno, hacia el llamado socialismo sindicalista, y, otro hacia el sindicalismo de autogestión. El primero, nos llevaría hacia Lasalle, Jaures, Hirschman; el segundo, hacia Pestaña, Abraham Guillen, Berth, Lagardelle, Sorel, Pannunzio,... Es un debate que se ha propuesto y que se debía abrir. Pero, uno u otro, como antagonistas del capitalismo y del mercado. Nos preocupa mucho que desde el Nacional sindicalismo, se hable del mercado como lo menos malo o de que no hay nada mejor. No nos asustan, -aunque las discutimos-, visiones de índole socialdemócrata o postsocialista (Roemer, Glotz, Andersen), pero si nos repugna que, ni siquiera, se hable de ponerle arena a los cojinetes del armatoste liberal capitalista. Creemos que, en el Nacionalsindicalismo, tienen cabida los reformistas y los revolucionarios; -decía Narciso Perales que, aquellos abren la puerta a estos-; los que consideran posible una vía gradual y los que creen que la única vía posible es la rupturista. Creemos que, ambos, tienen su lugar, pero hablar de mercado corregido y de capitalismo popular va contra el núcleo mismo del Nacional sindicalismo, que nació para trasformar la sociedad, para desmontar el sistema capitalista, y sustituirlo por una sociedad de raíz mas justa, mas libre y mas humana. Lo demás es poner parches y remiendos, a un sistema con el que no estamos; ni estaremos, de acuerdo. Si se habla de corregirlo, para salvar alguna de sus presuntas bondades, les diremos que " no hay régimen tiránico, ni dictadura caribe, que no desee el bien de sus súbditos, con tal de que sean dóciles y declinen toda su responsabilidad en el poder", como escribe José Luis Rubio. Si se habla de un "capitalismo de rostro humano", el llamado capitalismo popular, diremos que este es un engaño mas del capitalismo para defenderse, pues como continúa José Luis Rubio: "si damos una acción de 1000 ptas. a todos los ciudadanos con un interés anual mas o menos del 8 por ciento; es decir si damos a cada ciudadano 80 ptas. al año como accionista de nuestras empresas, nosotros, los capitalistas poderosos, seguiremos percibiendo nuestros fuertes ingresos, disminuidos tal vez en muy poco; pero habremos complicado en nuestro sistema a toda la ciudadanía. Frente al revolucionario ¡abajo el capitalismo!, nuestro redentor ¡todos capitalistas!. Claro que unos con mil pesetas y otros con mil millones". ------------------ Propuesta: Ante este sistema, que destruye a la persona, a la Patria, a los trabajadores; que manipula, utiliza y luego desecha; el Nacionalsindicalismo ha esbozado un sistema nuevo, de raíz ultima línea (quizás no falte) personalista y sindicalista, que cambia la relación capital-trabajo, invirtiéndola, y con ello todos los demás conceptos socioeconómicos. Antes de referirnos a ese sistema hay que recordar -aún hay incautos- que estamos en un sistema capitalista. -por si alguien no se ha enterado- y que para instaurar nuestro sistema debemos derribar el presente. Decimos esta para aclarar nuestra posición actual. Hay gente que confunde, por ejemplo, el sindicalismo de clase y de lucha, necesario en este sistema, con el sindicalismo llamado vertical (del que habría mucho que hablar) considerando que en el sistema presente puede existir un sindicato vertical. Este es solo un ejemplo. Hay más. Pero con este nos puede bastar. Es preciso, pues, desmontar este sistema para que venga el nuestro. Ese sistema, el nuestro, es nuestra propuesta. Ramiro Ledesma Ramos decía: "queremos una República de exaltación hispánica y de estructura económica sindicalista". José Antonio afirmaba: "Queremos implantar una justicia social profunda para que sobre esa base los pueblos vuelvan a la supremacía de lo espiritual". Ambas frases determinan que "nuestra propuesta" debe nacer de la justicia distributiva, la igualdad de oportunidades para todos y la equidad entre capacidad, responsabilidad y necesidades"", como aparece en "De la protesta a la propuesta". Así, es... "necesario un proceso revolucionario -cultura, económico y social- que devuelva a mujeres y hombres "libertad y dignidad perdidas... Pretendemos afrontar esta tarea mediante el sindicalismo Revolucionario, sistema que asigna a los trabajadores la propiedad de los medios de producción, organizados en sindicatos de empresa, para vertebrar, después, toda la estructura económica por ramos de producción. Para superar la actual dicotomía capital-trabajo, el nacional sindicalismo considera que es necesario identificar los intereses de los trabajadores con los de la empresa y para ello sólo existe un camino en la perspectiva del sindicalismo revolucionario: Implicar a los asalariados en el control de la producción y de los beneficios y perdidas inherentes a la misma; así nuestro concepto de empresa consiste en la asociación de directivos, técnicos y obreros que, como socios, aportan su trabajo. El capital, para la empresa, se obtiene, por medio de créditos, del sindicato en el que la empresa se integre según su actividad. En definitiva, se opta por la opción del reparto proporcional de beneficios entre todos los que intervienen en la producción, con la consiguiente participación del trabajador en todo el proceso. En cuanto a la plusvalía, en palabras de José Antonio, diremos que "se tiende a sustituir la ordenación económica capitalista que asigna la plusvalía a los empresarios, y titulares de los signos de crédito, por una organización sindicalista que entregue la plusvalía a la agrupación orgánica de los productores". En la empresa, la toma de decisiones se realizar de forma asamblearia, de abajo a arriba, reservándose el Estado Sindicalista el arbitraje de las relaciones económico-sociales y la potestad para evitar las difíciles acumulaciones del capital fuera de la planificación /ultima línea (quizás no falte) concertada. Preconizamos que los trabajadores organizados en sindicatos, por ramas de la producción tengan la propiedad, la gestión y el beneficio de las empresas. Para nosotros el capital es sólo una herramienta de trabajo. En "De la protesta a la propuesta" se dibuja un esquema significativo de futuro: "Los mecanismos sindicales y municipales fijan el programa económico general, considerando cubrir las necesidades personales y comunes, incrementar el desarrollo y propiciar el bienestar. Enmarcado dentro de este programa, todos cuantos trabajan en la empresa, participan en la medida de su tarea en decidir las directrices básicas a seguir. Esta es la norma general para los casos usuales, pero existen otros sectores especiales que podemos clasificar en: 1) Aquellas empresas cuyo cometido sea de gran importancia a nivel nacional y que exigen un control especial, como, por ejemplo, las fabricas de armamento, telefonía, distribución de petróleo, electricidad,... 2) Empresas cuyas actividades generan pérdidas o gastos sin contrapartida: Restauración de monumentos o patrimonio artístico nacional, construcciones públicas de gran magnitud,... 3) Empresas que necesitan grandes inversiones, es decir, donde la relación entre el valor de los bienes de equipo y el número de trabajadores sea de una cuantía tal que no podría ser puesta en marcha por los obreros por imposibilidad económica, ni con los créditos sindicales personales: Altos hornos, astilleros, fabricación de ordenadores,...Tales empresas estar n sujetas a un régimen especial, bajo la dependencia del consejo nacional o Estado, como excepción a la norma de participación plena en los beneficios y en la dirección empresarial o democracia económica. Es necesario avanzar -recordar, diremos- que enfrentamos la definición del trabajo como función social -humana, recordamos- beneficiosa para quien lo ejerce y para la comunidad que lo recibe, frente al concepto liberal-marxista del trabajo como mercancía que puede adquirirse por medio del capital. Muy al contrario, para nosotros el capital es un instrumento al servicio del trabajo...""...el sistema económico aquí esbozado originaria una economía mixta, donde coexistirían las decisiones privadas de producción y consumo en la base a los criterios de maximización del beneficio y maximización de la utilidad,..., junto con decisiones estrictamente públicas en lo referente a producción y provisión de determinados bienes sin tener que atender al criterio de maximización del beneficio, además de la planificación indicativa de la economía que pudiere dar cancha a políticas como la industrial, laboral o de rentas." En la declaración política del II Congreso Ideológico Nacional, en agosto de este año, se perfilan aún m s, todas estas cosas: Corresponder a las organizaciones de trabajadores -los sindicatos- la planificación y dirección de la economía y de los instrumentos financieros fundamentales. El nacionalsindicalismo exige, como condición previa e ineludible, desmontar el sistema capitalista. Consecuentemente, y como primera medida, en un posible proceso revolucionarios, socializaremos inmediatamente el servicio de crédito bancario y nacionalizaremos los principales servicios públicos e industrias estratégicas en lo que deben primar la rentabilidad social por encima de la económica. Apostamos por un uso humano de las tecnologías y una organización del trabajo y de la producción autogestionaria, en la que los trabajadores decidan la determinación del modelo de proceso productivo." Esa socialización del servicio de crédito, implicaría la concentración en la Banca Nacional de todos los movimientos del sector público y la integración de las Cajas de Ahorro, previa conversión en Cajas Populares de Ahorro, en la Banca Nacional. Por otra parte, y dentro de la Banca Nacional se crearía y potenciaría la Caja Sindical al servicio de los sindicatos de Empresa y del desarrollo empresarial as¡ concebido. la banca Nacional quedaría constituida por las Cajas Populares de Ahorro, las Cajas Sindicales y las Cajas de las Entidades Territoriales bajo el control y la gestión de los trabajadores bancarios y los representantes de la nación. Todo ello bajo una planificación concertada. esta Banca Pública renunciar al margen alto de beneficios, es decir no conllevara en sí la usura, consustancial a la Banca Privada, y permitir , aparte del desarrollo empresarial, otras actuaciones como la adquisición de viviendas, créditos de estudios, etc. No desconocemos el enorme poder de la Banca privada en España, y sus intimas relaciones con el internacional-capitalismo, razón por la que ser necesario tomar una serie de medidas previas, legitimas y legales, que invalidaran la posible capacidad de reacción una vez iniciado el mencionado proceso. La política de nacionalizaciones de los grandes servicios públicos constituye un primer paso para entregar el control y la gestión de los mismos a los trabajadores de España, bien de forma total autogestionaria, bien en régimen de cogestión con los representantes de la nación. El peso de la agricultura española, con el peso de los años, ha ido descendiendo paulatinamente, en relación a la economía nacional. a parte de eso la entrada en la CEE ha descargado la caja de los truenos contra el campo español, y aunque no haya sido el único sector afectado, la cantidad de gente relacionada con el hace que sea preciso mirarlo, y tratarlo, con sumo cuidado. José Antonio decía: El pueblo tiene que vivir y no tiene dinero para comprar todas las tierras que necesita. El Estado no puede ni debe sacar de ningún sitio. si no es arruinándose el dinero preciso para comprar estas tierras en las que instalar al pueblo. Hay que hacer la reforma agraria revolucionariamente; es decir, imponiendo a los que tienen grandes propiedades el sacrificio de entregarlas a los campesinos. Con esta premisa quedan por solucionar temas como los latifundios y los minifundios, tierras de regadío y de secano, pero la voluntad y el principio de la tierra para el que la trabaja queda como axioma central de la reforma agraria. En relación con la propiedad de la maquinaria el tema es otro, porque ¿para que tener un tractor, por ejemplo, por familia si con dos para todo el municipio puede ser suficiente?. Con todo, la reforma agraria ha de considerar la existencia de estructuras desiguales de reparto de tierras en las diversas regiones de España. También, quedan pendientes la mejora de la calidad de vida en el mundo rural, los incentivos a los agricultores y ganaderos jóvenes, medidas de desarrollo para las zonas desfavorecidas, crear una política fiscal adecuada al sector, estudiando desde la exención del impuesto extraordinario sobre el patrimonio hasta la del impuesto general de sucesiones y donaciones. También, la necesaria potenciación del consejo Nacional del Agua y ejecutar un plan hidrológico nacional. El capitalismo financiero e industrial va a los países tercermundiastas porque no suele haber libertad sindical, los trabajadores están amordazados por la represión, las cargas fiscales son mínimas, hay grandes facilidades para mover hacia afuera los beneficios conseguidos por la explotación de los trabajadores del país; porque, en definitiva, si las condiciones no les resultan interesantes cierran el establecimiento y se van con la música a otra parte (a otros país). Explica esto el auge de las multinacionales y su presencia en determinados países, del que el nuestro no es excepción. Frente a ellas hay un modelo científico, debido a Montero de Burgos, que sirve para convertir la empresa transnacional en empresa sindical, autogestionada y nacional: Consiste en ofrecer al capital financiero internacional unos beneficios a plazo, superiores a los normales, con la única condición de que la empresa en un plazo nunca superior a veinte años, o incluso menos, vaya convirtiéndose desde el principio de su composición en propiedad de los trabajadores nacionales, a través de la dialéctica fuerza de trabajo-poder-propiedad. Se podrá negociar la duración del proceso integrador u y sus circunstancias dentro de unos márgenes razonables, pero, en todo caso, la posibilidad será alta, puesto que los trabajadores por la prestación de sus servicios se van convirtiendo en propietarios de la empresa y su interés será lógicamente mayor. al final del proceso, la empresa , que en un principio era extranjera acaba convirtiendose en nacional, comunitaria e integrada en el régimen general sindicalista autogestionario, de modo tal que la inversión ha resultado rentable al interés nacional y además la ha alineado con otras empresas que ya eran propiedad de los trabajadores. Visto todo esto, debemos decir que en nuestra sociedad hay que ir al reparto no solo del bienestar, sino del poder que reside en los medios económicos, que ya están en manos de los trabajadores sindicalizados y que constituyen las columnas del estado Sindicalista. en palabras de Adolfo Muñoz Alonso: El nacionalsindicalismo asume /ultima línea. quizás no falte todas las exigencias del sindicalismo revolucionario, propugna la transformación de la empresa, acelera el dinamismo de la sociedad, compromete a los obreros en el gobierno y planificación de la economía nacional y fundamenta la evolución socioeconómica en la libertad y dignidad de la persona humana como valor intangible, subordinado a este concepto supremo de la interpretación de la realidad socioeconómica y la variabilidad cambiante de las fórmulas de sindicación. Aún no estamos en esa sociedad. Estamos, aquí y ahora, en una sociedad ultracapitalista, con gran capacidad de adaptación, con brazos armados como el F.M.I., el Banco Mundial y el Bundesbank, con el dogma de no tener dogmas, con el motor de la codicia y con el único fin el beneficio. Debemos enfrentarnos a ella. Aquí y ahora. Debemos combatirla duramente y sin tregua. Defendiendo a los débiles, que son siempre, los trabajadores. Luchando por lo que , ahora, pueden ser pequeñas parcelas de poder, pero que constituyen un primer paso, por ejemplo, por la reducción de la jornada laboral y por el reparto del trabajo; luchando contra la precariedad laboral; luchando por una higiene y seguridad en el trabajo verdadera; luchando por la defensa del pequeño comercio frente a las grandes superficies, llevando iniciativas de moratorias sobre la instalación de nuevas grandes superficies en el territorio nacional; luchando por el fomento y constitución de empresas cooperativas sindicalizadas que hagan real del mandato de Ramiro Ledesma Ramos de insertar una cuña sindicalista en el modo de producción capitalista; luchando por la revisión del tratado de entrada en la C.E.E., y así un largo etcétera. Pero teniendo en cuenta ,permanentemente, que el sistema democratico-burgués-capitalista carece de soluciones a gran parte de los problemas. Un ejemplo seria como resolver la famosa espiral de precios-salarios. Sencillamente no tiene solución. Como estamos persuadidos de la incapacidad del sistema para obtener algo tan primordial y básico como es la plena realización de la persona y, por supuesto, el definitivo establecimiento de una sociedad libre, formada por mujeres y hombres libres, dueños de sus destinos, y en donde toda manipulación resulte imposible, repudiamos absolutamente cualquier solución liberal-burguesa que, en el mejor de los casos, sólo puede tener una validez efímera y transitoria. Todo lo que no sea abordar decididamente la radical transformación de la sociedad, sólo es apuntalar un edificio cuarteado e injusto. no demos ni un segundo de vida más ala capitalismo. En nuestra sociedad futura: -El trabajo es el eje de la comunidad y fuente de dignidad social. /última línea. quizás no falte. -El sindicalismo es expresión de cooperación y participación. -El capital es instrumento y no fuente de propiedad y decisión. -El estado es un servidor, no un monstruo absorbente. ;hasta llegar a ella luchemos. Esgrimamos nuestra doctrina, el Nacional sindicalismo, y nuestro esfuerzo, nuestra tenacidad, nuestro compromisos y nuestra fe, porque, con todo ello, estamos convencidos de que la Justicia Social sea lo fundamental, y, en ese momento , nos encontramos con la sorpresa inenarrable de que, de nuevo, habremos inventado el Nacionalsindicalismo. Oviedo, 8 de noviembre de 1996 Alvaro Bolaños.
Bibliografía: De la protesta a la propuesta. Gustavo Morales. Derecho. Estado. Sociedad. II. Sigfredo Hillers FE de las JONS. Autentica Pedro Conde Soladana. El pensamiento económico de José Antonio Primo de Rivera Manuel Fuentes Irurozqui. Un pensador para un pueblo. Adolfo Muñoz Alonso. Contra la Europa del Capital. Ramón Fernández Durán. Se cita a José Luis Rubio en el texto.
La idea de progreso aparece como una de las bases teoricas de la modernidad. Hasta hace poco se le consideraba, no sin razón, como la verdadera "religión de la civilización occidental". Históricamente, esta idea se formulo en torno a 1680, en el marco de la discusión que oponia a los antiguos y los modernos, en la que participaron Terrasson, Perrault, el abate de Saint-Pierre et Fontenelle. Se enrriquese a continuación por iniciativa de una segunda generación, que incluye principalmente a Turgot, Condorcet y Louis Sébastien Mercier. Los teóricos del progreso se dividen sobre cual es la dirección del progreso, el ritmo y la naturaleza de los cambios que le acompañan, y eventualmente a quienes consideran sus protagonistas principales. Pero, todos se adhieren, sin embargo, a tres ideas-clave: 1) un concepto lineal del tiempo y la idea de que la historia tiene un sentido, orientado hacia el futuro 2) la idea de la unidad fundamental de la humanidad, como un todo destinado a evolucionar en la misma dirección. 3) la idea que el mundo puede y debe ser transformado, lo que implica que el hombre se afirma como amo soberano de la naturaleza. Estas tres ideas proceden del cristianismo. A partir del siglo XVII, el desarrollo de las ciencias y la técnica implica la reformulación de estas ideas en una óptica secularizada. A diferencia, en los Antiguos Griegos, solamente lo eterno es real. El ser auténtico es inmutable: el movimiento circular que garantiza el eterno retorno de lo mismo en una serie de ciclos sucesivos es la expresión más perfecta de lo divino. Si hay pendientes, progreso y decadencia, es dentro de un ciclo que no puede sino ser sucedido por otro (teoría de la sucesión de las edades en Hésiodo, del retorno de la edad de oro en Virgilio). Por otra parte, la determinación principal viene del pasado, no del futuro: el término ar devuelve sobre todo al origen (antiguo) como autoridad (arch, monarca). Con la biblia, la historia se convierte en un fenómeno objetivable, una dinámica de progreso que espera, en una perspectiva mesiánica, la llegada de un mundo mejor. El génesis asigna al hombre la misión "de dominar la tierra". La temporalidad es el vector por medio del cual el mundo debe diriguirse progresivamente a lo mejor. De golpe, el acontecimiento se vuelve salvador: Dios se revela históricamente. El tiempo, por otro lado, se orienta hacia el futuro, y va de la creación a la Parusía, del jardín del Eden al Juicio Final. La edad de oro no esta en el pasado, sino al final de los tiempos: la historia terminará, y terminará bien, al menos para los elegidos de Dios. Esta temporalidad lineal excluye todo eterno retorno del pasado, toda concepción cíclica de la historia, toda imagen de la alternancia de las edades y los ciclos. Desde Adán y Eva, la historia se desarrolla según una necesidad opuesta a toda eternidad, avanza con la antigua Alianza y, en el cristianismo, culmina en una encarnación que no podra repetirse. San Agustin será el primero en tomar esta concepción filosofica de la historia universal que englobará a toda la humanidad, la cual debe progresar de edad en edad hacia algo mejor. La teoría del progreso seculariza esta concepción lineal de la historia, de ahí derivan todos los historicismos modernos. La diferencia principal es que la armonia en el más allá es sustituida por la esperanza en un futuro mejor en la tierra, y que la felicidad terrenal sustituye a la salvación. En el cristianismo, el progreso sigue siendo, en efecto, mas escatologico que histórico en sentido literal. El hombre debe pretender lograr su salvación en la tierra pero para luego pasar al otro mundo. No tiene, por otra parte, ningun control sobre el plan divino. Por último, el cristianismo condena el deseo insaciable y considera, como el estoicismo, que la sabiduría moral reside más en la limitación que en la multiplicación de los deseos. Sólo la corriente milenarista, que se inspirá en el Apocalipsis, quiere anticipar el Juicio Final y acelerar la llegada del Reino de los Cielos en la tierra. La secularización de la visión de Agustin, inspirará la posteridad espiritual de Joachim de Flora. Para llegar a su formulación moderna, la teoría del progreso necesitaba pues de elementos suplementarios. Éstos aparecen a partir del Renacimiento, y se evidencian a partir del siglo XVII. El desarrollo de las ciencias técnicas, añadido al descubrimiento del Nuevo Mundo, alimenta entonces un nuevo optimismo en tanto que parecia abrirse una nueva era de cambios y mejoras infinitas. Francis Bacon, que es el primero en utilizar la palabra "progreso" en un sentido temporal, y no espacial, afirma que el papel del hombre es controlar la naturaleza conociendo sus leyes. Descartes propone igualmente a los hombres volverse a amos y dueños de la naturaleza. La naturaleza, escrita "en lengua matemática" para Galileo, se vuelve entonces muda e inanimada. El cosmos no es ya portador de sentido por sí mismo. Ahora no es mas que un ente mecánico, que es necesario desmontar para conocerlo e instrumentalizarlo. El mundo se vuelve un puro objeto propiedad del hombre. El hombre prueba la convicción que, gracias a la razón, no puede confiar mas que en sí mismo. El cosmos de los antiguos cede así su lugar a un nuevo mundo, geométrico, homogéneo e infinito, controlado por las leyes de la causa y el efecto. El modelo de comprensión que se aplica es un modelo mecánico, más concretamente el del reloj. El propio tiempo se vuelve homogéneo, mensurable: es el "tiempo de los comerciantes", que sustituye al "tiempo de los campesinos". La mentalidad técnica surge de este nuevo espíritu científico. La técnica tiene por objeto principal, acumular utilidades, es decir, de ayudar a producir cosas útiles. Hay una convergencia evidente entre este optimismo científico y las aspiraciones de una clase burguesa que trata de imponerse en los mercados nacionales cuya creación se realizó al mismo tiempo que la de los reinos territoriales. La mentalidad burguesa tiende a solo dar por válidos, o incluso por reales, las únicas cantidades calculables, es decir, los valores reales. Georges Sorel verá más tarde en la teoría del progreso una "doctrina burguesa".
Se sabrá más siempre, por lo tanto todo irá mejor siempre En el siglo XVIII, los economistas clásicos (Adam Smith, Bernard Mandeville, David Hume), promueven, por su parte el deseo insaciable: las necesidades del hombre, a su modo de ver; pueden ser aumentadas siempre. Está, pues, en la naturaleza del hombre querer siempre más y actuar en consecuencia, pretendiendo permanentemente maximizar sus intereses. Junto al optimismo predominante, esta argumentación tiende a relativizar o borrar en los espíritus la doctrina del pecado original, que imponia limitaciones. Con una particular insistencia, se destaca el carácter acumulable del conocimiento científico. La conclusión que se extrae es el carácter necesario del progreso: se sabrá más siempre, por lo tanto todo irá mejor siempre. Dado que "se compuso un buen espíritu de todos los que nos han precedido", se deduce la constante superioridad de los modernos: "somos enanos sobre hombros de gigantes", frase de Bernard de Clairvaux, recogida por Fontenelle. Los antiguos ya no tienen mas ninguna autoridad. La tradición, al contrario, es percivida como un obstáculo al avance de la razón. La comparación del presente y el pasado, siempre dando la ventaja al primero permite al mismo tiempo revelar hacia donde se dirigue el futuro. El movimiento comparativo se vuelve así profético: el progreso, considerado en primer lugar como el resultado de la evolución, se instaura como el principio de esa evolución. Otra idea, ya formulada por San Agustin, es la de una humanidad concebida como un organismo unitario, que habría dejado progresivamente la infancia "de las primeras edades" para entrar en la "edad adulta". Turgot habla así del género humano, que desde su origen (...) parece a los ojos del filósofo un conjunto inmenso que tiene, como cada individuo, su infancia y sus progresos. El mecanismo cede aquí su lugar a la metáfora organicista, pero se trata de un organicismo paradójico, puesto que se no se preve ni el envejecimiento ni la muerte. Esta idea de un organismo colectivo que mejora perpetuamente dará nacimiento a la idea contemporánea del desarrollo como crecimiento indefinido. En el siglo XVII, se consolida un determinado menosprecio hacia la infancia, que se realiza al mismo tiempo que el menosprecio hacia los orígenes y los inicios, siempre observados como inferiores. El concepto de progreso implica además la idolatría del novum: toda novedad es mejor a priori por el hecho de que es nueva. Esta sed de lo nuevo, sistemáticamente considerado como sinónimo de mejor, va rápidamente a convertirse en una de las obsesiones de la modernidad. En el arte, desembocará en el concepto de "vanguardia" (que tiene también sus contrapartidas en la política). La teoría del progreso posee en adelante todos sus componentes. Turgot, en 1750, luego Condorcet, lo expresan en forma de una convicción: la masa total del género humano se dirigue siempre a una perfección mayor. La historia de la humanidad se percibe así como definitivamente unitaria. Lo que se conserva del cristianismo, es la idea de una perfección futura de toda la humanidad y la certeza que la humanidad se dirige hacia un unico proposito final. Lo que se abandona, es el papel la Providencia en esta progresión, que es sustituida por el poder de la razón humana. El universalismo se basa en adelante en una razón "una y universal en cada uno" que supera todos los contextos, rechazando todas las particularidades. La irresistible marcha del progreso En paralelo, considera al hombre, no sólo como un ser de deseos y necesidades insasiables, sino también como un ser indefinidamente perfectible. Una nueva antropología le considera en realidad como una tabla rasa, una hoja virgen que puede ser llenada, o le asigna una "naturaleza" abstracta universal, enteramente disociada de su existencia concreta y sus diferencias. La diversidad humana, individual o colectiva, es observada como contingente, irrelevante e indefinidamente transformable por la educación y el "medio". El concepto de artificio se vuelve central y sinónimo de la cultura refinada. Se cree ahora que el hombre para realizar su humanidad debe oponerse a una naturaleza, de la que debe liberarse "para civilizarse"; la humanidad debe entonces liberarse de todo lo que podría obstaculizar la irresistible marcha del progreso: los prejuicios, las supersticiones, el peso del pasado, las tradiciones. Lo que lleva, indirectamente, a la justificación del terror: si la humanidad tiene el progreso como unico proposito, cualquiera suponga un obstáculo al progreso puede justificablemente ser reprimido; cualquiera se oponga al progreso de la humanidad puede justificablemente ser expulsado de la humanidad y señalado como "enemigo del género humano" (de ahí la dificultad de reconciliar las dos afirmaciones kantianas de la igualdad en dignidad de los hombres y del progreso de la humanidad). Esta actitud de rechazo de la naturaleza y del pasado frecuentemente es representada como sinónimo de una liberación de todo determinismo. Realmente, la determinación en el pasado es sustituida por la determinación por el futuro: es el "sentido de la historia". El optimismo inherente a la teoría del progreso se extiende rápidamente a todos los ámbitos, a la sociedad y al hombre. Se supone que el reino de la razón desembocara en una sociedad a la vez transparente y pacifica. Supuesto ventajoso para todas las partes, el "suave comercio" (Montesquieu) debe substituir por medio del intercambio al conflicto, cuyas causas "irracionales" seran eliminadas progresivamente. El abate de Saint Pierre enuncia así un "proyecto de paz perpetua" que Rousseau criticará duramente. Condorcet propone mejorar racionalmente la lengua y la ortografía. La propia moral debe presentar los caracteres de una ciencia. La educación tiene por objeto enseñar a los niños a deshacerse de los "prejuicios", fuente de todos los males sociales, y a hacer uso de su sola razón. La marcha de la humanidad hacia la felicidad se interpreta así como sinonimo del bien moral. Para los hombres de las Luces, dado que el hombre actuará en el futuro de manera cada vez "más ilustrada", la razón se perfeccionara y la humanidad devendra en moralmente mejor. El progreso, lejos no afectar más que al marco exterior de la existencia, va pues a transformar al propio hombre. Un progreso adquirido en un ámbito se reflejará necesariamente en todos los otros. El progreso material implica el progreso moral. A nivel político, la teoría del progreso se asocia muy rápidamente a un animus antipolitico. El caracter asignado al Estado por los teóricos del progreso es, sin embargo, ambiguo. Por un lado, el Estado reduce la autonomía de la economía, observada como la esfera de la "libertad" y de la acción racional por excelencia: William Godwin dice que los Gobiernos crean por naturaleza obstáculos a la propensión natural del hombre a comerciar. Del otro, permite al hombre, en la tradición contractualista inaugurada por Hobbes, escapar a las dificultades consustanciales al anarquico "estado de naturaleza". El Estado puede pues ser la vez obstáculo y motor del progreso. La idea más corriente es que la propia política debe volverse racional. La acción política debe dejar de ser un arte, controlado por el principio de prudencia, para volverse una ciencia, controlada por el principio de la razón. A imagen del universo, la sociedad puede ser observada como un ente mecánico, cuyos individuos son los engranajes. Debe, pues, ser administrada racionalmente, según principios tan regulares que los que se observan en la física. El soberano debe ser el mecánico encargado de hacer evolucionar la "física social" hacia "la mayor utilidad pública". Esta concepción inspirará la tecnocracia y la concepción administrativa y gestora de la política que se encontrará en un Saint Simon o en un Auguste Comte.
¿En qué desemboca el progreso? Una pregunta especialmente importante consiste en saber si el progreso es indefinido o si desemboca en una etapa última o final que sería o una novedad absoluta, o la restitución "más perfecta" de un estado previo u original: la síntesis hégéliana, la sociedad sin clases que nos regresaria al comunismo primitivo (Marx), el fin de la historia (Fukuyama), etc Se presenta al mismo tiempo, la interrogante sobre si el objetivo final, en caso de que tuviera uno, quizá pueda conocido por adelantado. ¿En qué desemboca el progreso, siempre que desemboque en otra cosa diferente a sí mismo? Aquí, los liberales tienden a creer en un progreso indefinido, en una mejora sin fin de la condición humana, mientras que los socialistas le asignan más bien un final feliz determinado. Esta segunda actitud hace converger al progresismo y al utopismo: el cambio perpetuo desemboca en el estado estacionario, el movimiento de la historia anticipa por medio del progreso su final. La primera actitud no es, no obstante, más realista. Por una parte, si el hombre esta en marcha hacia la perfección, aquella, en tanto que es perfecta, deberá un día dejar de perfeccionarse. Lo que otra parte, implica, que si no hay objetivo reconocible del progreso, ¿cómo se puede aún hablar de progreso, puesto que solamente el reconocimiento de un objetivo dado permite afirmar que un nuevo estado representa, respecto a este objetivo, un progreso con relación al estado previo? Otra pregunta igualmente importante es ésta: ¿El progreso es una fuerza incontrolada que se produce por sí misma, o los hombres deben intervenir para acelerarla o suprimir lo que la ha obstaculizado? ¿El progreso es, por otra parte, regular y continuo, o implica saltos cualitativos bruscos y rupturas? ¿Se puede acelerar el progreso interviniendo en su curso o ¿Se corre el riesgo, así, de retrasar su realización? Aquí, los liberales, creyentes en la "mano invisible" y del "laisser-faire", se separan de los socialistas, más voluntaristas, si no, revolucionarios. Es en el siglo XIX que la teoría del progreso conoce en Occidente su apogeo. Se reformula, no obstante, en un entorno diferente, caracterizado por la modernización industrial, el positivismo cientifista, el evolucionismo y la aparición de las grandes teorías historicistas. Se hace hincapié, entonces, en la ciencia más que en la razón en sentido filosófico del término. La esperanza se generaliza en una organización "científica" de la humanidad y de un control por la ciencia de todos los fenómenos sociales. Es el tema sobre el cual vuelven de nuevo incansablemente Fourier, con Fhalanstère, Saint Simon, con sus principios tecnócratas, Auguste Comte, con su Catecismo positivista y su "religión del progreso".
La idea de progreso sirve de legitimación a la colonización Los términos de "progreso" y de "civilización" tienden al mismo tiempo a convertirse en sinónimos. La idea de progreso sirve de legitimación a la colonización, cuyo objetivo ahora es difundir por todas partes del mundo los beneficios de la "civilización". El propio concepto de progreso se reformula a la luz del evolucionismo darwiniano, dado que reinterpretó la evolución de lo viviente como progreso (en particular, en Herbert Spencer, que define el progreso como evolución de lo simple a lo complejo, de lo homogéneo a lo heterogéneo). Las condiciones del progreso se transforman entonces sensiblemente. El mécanicismo de las Luces se combina en adelante con el organicismo biológico, en tanto que su pacifismo cede el lugar a la apología de la "lucha por la vida". El progreso resulta, en adelante, de la selección de los "más aptos" (los "mejores"), en una visión competitiva generalizada. Esta reinterpretación consolida el imperialismo occidental: la civilización tecnica del Occidente es considerada como la "más evolucionada", y en consecuencia la mejor. Es, entonces, la fama máxima del evolucionismo social que, también, le debe mucho a la idea de progreso. La historia de la humanidad se divide en "fases" sucesivas, que señalan las distintas etapas de su "progreso". La dispersión de las distintas culturas en el espacio transpuesto en el tiempo: las sociedades "primitivas" devolverían a los occidentales el recuerdo de su propio pasado (son "antepasados contemporáneos"), mientras que el Occidente les presentaría lo que seria su futuro. Condorcet ya hacía pasar a la humanidad por diez etapas sucesivas. Hegel, Auguste Comte, Karl Marx, Freud, etc proponen esquemas similares, yendo de la "creencia supersticiosa" a la "ciencia", de la "mentalidad primitiva" (mágica o teológica) a la mentalidad "civilizada" y al reino universal de la razón.
"Se generaliza la esperanza en una organización" científica "de la humanidad y de un control por la ciencia de todos los fenómenos sociales." Conjugada con el positivismo cientifista, que afecta en primer lugar la antropología y alimenta la ilusión que se pueden medir las culturas en valor absoluto, esta teoría da nacimiento al racismo o supremacismo, que percibe las civilizaciones tradicionales, o como definitivamente inferiores, o como temporalmente en retraso (la "misión civilizadora" de las potencias coloniales consiste en hacerles superar ese retraso), y postula que existe un criterio universal, un paradigma que permite jerarquizar las culturas y los pueblos según cuan cercanas esten al ideal del progreso. El racismo aparece así directamente vinculado al universalismo del progreso, en tanto que cubre un etnocentrismo inconsciente o encubierto.
El final de los "día siguiente que cantan" No se discutirá aquí, la crítica de la idea de progreso, que comienza con Rousseau, ni las innumerables teorías de la decadencia que pudieron oponersele. Se tendrá en cuenta solamente que estas últimas representan a menudo (pero no siempre), el doble negativo, el reflejo de la teoría del progreso. La idea de un movimiento necesario de la historia se conserva, pero en una perspectiva invertida: la historia se interpreta, no como progresión constante, sino como una inevitable regresión (específica o generalizada). En realidad, el concepto de decadencia parece tan poco objetivable como el de progreso. Desde hace veinte años al menos, las obras sobre las desilusiones del progreso se multiplican. Algunos autores llegan hasta decir que la idea de progreso ya no es mas que una "idea muerta" (William Pfaff). La realidad es seguramente más moderada. La teoría del progreso esta hoy seriamente debilitada, pero aún sobrevive bajo distintas formas.
Más no es sinonimo de mejor Los totalitarismos del siglo XX y las dos Guerras Mundiales han reducido el optimismo de los dos siglos anteriores. Las desilusiones sobre las cuales se rompieron muchas esperanzas revolucionarias suscitaron la idea de que la sociedad actual, pese a lo desesperada y privada de sentido que pueda ser, es a pesar de todo la única posible: la vida social se vive cada vez más bajo el horizonte de la fatalidad. El futuro, que parece en adelante imprevisible, inspira más pesimismo que esperanza. La agravación de la crisis parece más probable que los "día siguiente que cantan". La idea de un progreso universal sigue en vigencia. Se cree más que el progreso material vuelve al hombre mejor, o que los progresos registrados en un ámbito se reflejan automáticamente en otros. El propio progreso material aparece como ambivalente. Se admite que junto a las ventajas que confiere, tiene también un coste. Se observa que la urbanización salvaje multiplicó las patologías sociales, y que la modernización industrial se tradujo en una degradación sin precedentes del marco natural de vida. La destrucción masiva del medio ambiente dio nacimiento a los movimientos ecologistas, que estuvieron entre los primeros en denunciar las "ilusiones del progreso". El desarrollo del tecnociencia, finalmente, plantea con fuerza la cuestión de las finalidades. El desarrollo de las ciencias ya no se percibe como una contribución siempre positiva a la felicidad de la humanidad: el propio conocimiento, como se le ve en el debate sobre las biotecnologías, se considera como portador de amenazas. En estratos sociales cada vez más extensos, se comienza a comprender que más no es sinónimo de mejor. Se distingue entre tener y ser, entre la felicidad material y la felicidad tout court. Algunos temas del progreso permanecen sin embargo predominantes, solo con carácter simbólico. La clase política sigue llamando a la unión de las "fuerzas de progreso" contra los "hombres del pasado" y el "obscurantismo mediaval" (o las "costumbres de otra epoca"). En el discurso público, la palabra "progreso" conserva globalmente una resonancia o una carga positiva. La orientación hacia el futuro sigue siendo dominante. Aunque se admite que este futuro esta cargado de incertidumbres amenazantes, se sigue pensando que, lógicamente, las cosas deberían mejorar globalmente en el futuro. Retransmitido por el desarrollo de las tecnologías de punta y el ordenamiento mediatico, el culto de la novedad sigue siendo más fuerte que nunca. Se sigue también creyendo que el hombre es "más libre" cuanto mas se separe de sus pertenencias orgánicas o de las tradiciones heredadas del pasado. El individualismo que reina, combinado con un etnocentrismo occidental legitimado, en adelante, por la ideología de los derechos humanos, se traduce en la destructuración de la familia, la disolución del vínculo social y el descrédito de las sociedades tradicionales, donde los individuos siguen siendo solidarios a su comunidad de pertenencia. Pero sobre todo, la teoría del progreso sigue estando ampliamente presente en su versión productivista. Alimenta la idea de que un crecimiento economico indefinido es a la vez normal y deseable, y que un mejor futuro pasa necesariamente por el aumento constante del volumen de bienes producidos y por la universalización de los intercambios. Esta idea inspira hoy la ideología del "desarrollo", que es dominante en las sociedades del Tercer mundo (económicamente) retrasadas con relación al Occidente, y que hace al modelo occidental de producción y consumo el unico destino necesario posible para toda la humanidad. Esta ideología del desarrollo fue formulada perfectamente por Walt Rostow, que enumeraba en 1960 las "etapas" que deben recorrer todas las sociedades del planeta para acceder al universo del consumo y del capitalismo comercial. Como lo mostraron distintos autores (Serge Latouche, Gilbert Rist, etc), la teoría del desarrollo no es más que una creencia. Mientras no se abandone esta creencia, no se habrá terminado con la ideología del progreso.
Juan Domingo Perón y el socialismo nacional: la empresa para quien la trabaja por Javier Iglesias
El texto que sigue ha sido reeditado en Barcelona (1998) por la Asociación Alternativa Europea. Su autor, de origen español, era dirigente del peronismo radical y lider del Movimiento de los Sin Techo bonaerense cuando, en septiembre de 1996, fue asesinado en la capital argentina en una emboscada tendida por la policía menemista. Introducción Las realizaciones y conquistas sociales del Peronismo en su primera etapa de gobierno (1946-1955), son tantas y tan importantes que, entre los propios seguidores de dicho Movimiento, es común interpretarlas como el fruto de una Revolución totalmente realizada; una especie de "Edad de Oro" de los trabajadores y del Pueblo argentino que, con algunas variaciones de detalle, puede y debe recuperarse mediante la organización y la lucha. Paradójicamente esa versión del Peronismo como una Revolución "concluida" que hay que repetir y recuperar, no coincide en lo más mínimo con lo que pensaban aquellos que la llevaron a cabo en el pasado, ni mucho menos y en especial, con los planteamientos del mismo General Juan Domingo Perón. Para todos ellos, la riquísima experiencia política, económica y social del periodo 1943-1955 es apenas el inicio de una transformación revolucionaria mucho más profunda y, por lo que se refiere a lo económico, el verdadero comienzo de un proceso de gradual socialización de los medios de producción. Que ese objetivo socializante es afirmado explícitamente y desde un principio por importantes sectores del Movimiento Peronista, puede probarse con la simple lectura de los estatutos de la CGT aprobados en su Congreso Extraordinario de abril de 1950. En su Preámbulo, después de afirmar que "la Doctrina Peronista, magistralmente expuesta por su creador, el General Juan Perón, define y sintetiza las aspiraciones fundamentales de los trabajadores argentinos y les señala la verdadera doctrina, con raíz y sentido nacional, cuya amplia y leal aplicación ha de forjar una Patria Justa, Libre y Soberana", fundamentan esa definición ideológica en el hecho de que: "El proceso de realización tiende hacia la gradual socialización de los medios de producción y en cambio impone al proletariado el deber de participar y gravitar desde el terreno sindical para afianzar las conquistas de la Revolución Peronista, para consolidarlas en el presente y ensancharlas en el futuro". [1] La inequívoca definición del Movimiento Obrero Argentino -calificado habitualmente por el General Perón como la "columna vertebral" del Peronismo- no es, por otra parte, una simple declaración sectorial. En ocasión tan importante como el 1º de mayo de 1952, en su alocución a los legisladores argentinos con motivo de la inauguración del 86º periodo ordinario de sesiones del Congreso Nacional, el propio Líder justicialista también afirma tajantemente: "Así como la clase de los hombres que trabajan va substituyendo a los representantes del individualismo capitalista en el panorama político, también la clase de los hombres que trabajan va substituyendo progresivamente a las empresas individualistas, con las nuevas organizaciones de tipo cooperativo. Ello significa que los trabajadores, por la natural evolución económica de nuestro sistema, van adquiriendo progresivamente la propiedad directa de los bienes capitales de la producción, del comercio y de la industria. Este camino, por el que avanzan ya los trabajadores argentinos, tiene un largo pero fecundo recorrido y posibilitará el acceso del pueblo a la conducción de su propia economía. El viejo ideal del pueblo, en la plena posesión de sus derechos políticos, sociales y económicos, se realizará entonces, y en aquel momento la justicia social alcanzará la cumbre de sus objetivos totales y la doctrina peronista será la más bella y absoluta de las realidades". [2] Que el Peronismo fundacional aspiraba a la total socialización de "los bienes capitales de la producción, del comercio y de la industria" resulta, pues, irrefutable, más allá del ritmo de esa socialización; ritmo que, como es natural, depende más de la cambiante relación de fuerzas nacional e internacional que de cuestiones ideológicas o esquemas teoricistas de salón. Tercera Posición Cuando, a partir de los propios textos peronistas, afirmamos que el Peronismo apunta hacia la socialización de los medios de producción, ¿estamos coincidiendo con la acusación del "nacionalismo" fascistizante y antiperonista según la cual el Justicialismo sería "un movimiento que sale del capitalismo y camina hacia el comunismo"? [3] Obviamente no. Los creadores de la Doctrina Peronista siempre recalcaron su carácter de "Tercera Posición"; sus postulados anticapitalistas pero, a la vez, diferentes de los del colectivismo totalitario y burocrático marxista. En el ya citado discurso del 1º de mayo de 1952 es también Perón el que recalca magistralmente ese "tercerismo" económico peronista: "Para el capitalismo la renta nacional es producto del capital y pertenece ineludiblemente a los capitalistas. El colectivismo cree que la renta nacional es producto del trabajo común y pertenece al Estado, porque el Estado es propietario total y absoluto del capital y del trabajo. La doctrina peronista sostiene que la renta del país es producto del trabajo y pertenece por lo tanto a los trabajadores que la producen." [4] El Peronismo no confunde, por lo tanto, socialización con estatización. Es anticapitalista pero pretende, a diferencia del marxismo, no la entrega de los medios de producción a un gigantesco Estado-Patrón dictatorial sino directamente a los propios trabajadores. Se trata de una concepción con mucha semejanza con lo que posteriormente será conocido como "socialismo autogestionario" [5] aunque también puede considerarse emparentada a las posiciones del anarcosindicalismo y del "sindicalismo revolucionario" europeo anterior a la Segunda Guerra Mundial; algo que han destacado recientes estudios ideológicos imparciales como los de Cristián Buchruker: "Más que del socialismo clásico, el peronismo en gestación adoptó ideas fundamentales del anarcosindicalismo hispano-francés, el cual ya tenía una tradición no despreciable en el gremialismo argentino. Se trata aquí de dos exigencias: a) el directo protagonismo político del sindicato (no por mediación del partido) sobre todo a través de la huelga general como instrumento de acción; y b) el objetivo lejano de una administración de los medios de producción por los sindicatos mismos." [6]. Postmarxismo revolucionario Debe destacarse, por otra parte, que el "tercerismo" peronista no implica necesariamente "equidistancia" con respecto al capitalismo y al comunismo. En ello es igualmente diáfano Perón: "Pensamos que tanto el capitalismo como el comunismo son sistemas ya superados por el tiempo. Consideramos al capitalismo como la explotación del hombre por el capital y al comunismo como la explotación del individuo por el Estado. Ambos 'insectifican' a la persona mediante sistemas distintos. Creemos más; pensamos que los abusos del capitalismo son la causa y el comunismo el efecto. Sin capitalismo el comunismo no tendría razón de ser, creemos igualmente que, desaparecida la causa, se entraría en el comienzo de la desaparición del efecto." [7] Es decir: el objetivo del Peronismo no es otro que hacer desaparecer el capitalismo -la "causa" de todos los problemas económicos, políticos y sociales- lo que, por si mismo, impedirá que surja un "efecto" indeseado: el capitalismo estatal "insectificante" comunista. Esta distinción es enormemente importante porque hoy, ante el pase de las burocracias ex-comunistas de la URSS y Europa del Este al bando capitalista encabezado por los archibandidos yanquis, no faltan pícaros supuestamente "peronistas" que declaran "superada" la Tercera Posición y "recomiendan" la "aceptación del triunfo capitalista". A esos proveedores de coartada de la claudicación y el más infame renunciamiento, les conviene repasar las luminosas enseñanzas de Perón y la compañera Evita: "El peronismo no puede confundirse con el capitalismo, con el que no tiene ningún punto de contacto. Eso es lo que vió Perón, desde el primer momento. Toda su lucha se puede reducir a esto: en el campo social, lucha contra la explotación capitalista." [8]. El Peronismo, por lo tanto, se enfrenta implacablemente al capitalismo más allá de si el comunismo existe o no. Su rivalidad con el marxismo es en el terreno de la eficacia revolucionaria: ver quién consigue derribar finalmente al injusto sistema capitalista. De ahí las precisas orientaciones del General Perón: "Nosotros somos la cabeza del movimiento nacional revolucionario. A ningún partido o movimiento se le debe permitir colocarse en una actitud más 'revolucionaria' que la nuestra. El día que eso ocurriera, habríamos perdido nuestra 'razón de ser' como movimiento, al ser reemplazados en la conducción popular. A los justicialistas que se coloquen en actitudes 'conformistas' o 'conciliadoras' para con el sistema imperante en nuestra patria, hay que expulsarlos del Movimiento sin miramientos. Son enemigos del pueblo y por lo tanto, enemigos nuestros." [9]. La deserción de las cúpulas marxistas -ya sean socialdemócratas o comunistas- del frente revolucionario al que supuestamente pertenecían, resuelve en la práctica el pleito entre Peronismo y marxismo al probar que el único anticapitalismo y antiimperialismo posible en la actualidad es el corporizado en Movimientos Nacional-Populares y Terceristas de Liberación: auténtico Peronismo argentino, bolivarianos de Venezuela, fundamentalismo revolucionario islámico de las naciones y pueblos musulmanes, resistencia armada torrijista panameña, etc. Los escasos núcleos que, con mejores deseos que resultados, aún intentan seguir aferrados a la vieja liturgia tradicional comunista, antes o después abandonarán las marchitas y superadas banderas del comunismo para integrarse lisa y llanamente a las pujantes fuerzas del nacionalismo popular revolucionario y de la Tercera Posición. Proceso de socialización Siendo el General Perón el conductor de un proceso revolucionario real y no un utopista de gabinete, es lógico que el grueso de su producción teórica más que dedicarse a teorizar sobre la sociedad futura se concentre en los problemas prácticos de un gobierno de liberación nacional y social o, tras la contrarrevolución oligárquica de 1955, en la lucha concreta para la recuperación del poder por parte del pueblo argentino. Eso no significa que el proceso de socialización por el propugnado sea tan a largo plazo que se convierta en una simple e inoperante expresión de deseos o fórmula retórica. De hecho el máximo dirigente justicialista expone en forma constante y repetida las fórmulas específicas que, a su juicio, revestirá ese proceso de socialización no estatista. Un interesante aporte doctrinario en ese sentido es el vertido en una larga conferencia concedida en 1970 al periodista uruguayo Carlos María Gutiérrez, corresponsal de Prensa Latina. Ante la pregunta "¿usted cree que además habría de ir, en el caso de la toma del poder, a la destrucción de ese tipo de estructuras burguesas; digamos, de la libre empresa, para emplear el término corriente? ¿Ir más allá de lo que se fue entre 1950 y 1955?", Perón responde sin la menor duda: "Nosotros lo estábamos haciendo, pero lo estábamos haciendo a través de un sistema. Que ya había empresas... Las cervecerías del país estaban todas en manos de una cooperativa del sindicato de cerveceros. Yo pensaba hacer lo mismo con los ferrocarriles, en cuanto suprimiera el déficit; entregarlos al sindicato de los ferrocarriles. Y había fábricas, como... De la Lanera del Sur... la... no me acuerdo cómo se llama, que ya estaban sobre ese sistema. La concepción es ésta: un promotor de empresa emplea cien millones para promover una empresa. Hasta que él ha retirado esos cien millones más su interés, esa empresa debe ser exclusivamente de él. Pero cuando ha retirado su capital, más un interés razonable, esa empresa ya no es de él; es de todos los que la trabajan. Esa es la concepción cooperativista de la empresa. Por ese sistema, usted va llevando todo hacia cooperativas; cooperativas donde trabajan patrones, obreros y todos, pero que trabajan en la producción. Ahora, si eso no se hace en todas las empresas, el Estado, al final tendrá que hacerse cargo de aquellas donde no se ha realizado." [10]. Se trata de una cita tan extensa como instructiva que nos muestra un modo (no el único propuesto por Perón) de llegar gradual e incruentamente a la entrega de los bienes de producción a los trabajadores; recalca la concepción cooperativista-sindical de ese proceso de socialización y, a la vez, recuerda ejemplos concretos con los que el Peronismo en el poder avanzó en ese sentido. Cooperativas y Peronismo La concepción de las formas cooperativistas de propiedad como uno de los medios principales de socialización no estatista de la economía es lógica "porque -como recalca Perón- es un ideal justicialista que todo el proceso económico quede en manos de los 'hombres que trabajan' y el sistema cooperativo tiende a ello." [11]. Que no se trata de una mera declaración retórica salta a la vista si comparamos, por ejemplo, las cifras relativas al cooperativismo argentino entre 1946 y 1951. Entre esas fechas, el número de cooperativas pasa de 1.299 a 2.400, el número de asociados de 500.000 a 800.000, el capital suscrito (en millones de m$n) de 95 a 350, y las operaciones efectuadas (también en m$n) de 361 a 2.000. O dicho sea de otro modo: en apenas cinco años el sector cooperativo aumenta en un 100% en su número, en un 60% en asociados, en un 260% del capital suscrito, y en un 440 por ciento de las operaciones realizadas. Este gigantesco salto se profundiza aún más a partir de 1952 y, sobre todo, con la promulgación del Segundo Plan Quinquenal. En su exposición del 1º de mayo de ese año, el General Perón muestra esa línea estratégica en lo económico: "Las cooperativas agrarias han merecido nuestro total apoyo, como que ellas son, en la economía social de la doctrina peronista, unidades de acción económica que realizan el acceso de los hombre que trabajan a la posesión total del instrumento y del fruto de sus esfuerzos. La ayuda crediticia a las cooperativas alcanzó en el quinquenio a la suma de 1.000 millones de pesos y va en progresivo aumento. Señalo como norma tendida hacia el futuro la de preferir en el crédito a las organizaciones cooperativas sobre las empresas de carácter individual. Llegaremos progresivamente a dejar en manos de la organización cooperativa agraria todo el proceso económico de la producción. No debe haber en el país un sólo agricultor que no sea cooperativista, porque la organización cooperativa es al trabajador agrario lo que la organización sindical es al trabajador industrial, sin que esto signifique que la industria no pueda organizarse en forma cooperativa." [12]. La cooperativización-socialización total de los medios de producción es, por lo tanto, un objetivo explícito del Peronismo. Esa cooperativización se concentra en un principio sobre todo en el terreno agrario, por ser ésta un área económica de más fácil socialización y donde, además, existe una notable tradición de organizaciones cooperativas previa al Justicialismo, pero se expande hasta lograr el fin señalado por Juan Domingo Perón: las "cooperativas como unidades básicas justicialistas para la organización nacional de la producción, la industria y el comercio." [13]. Estado Revolucionario La defensa que el Peronismo hace del modelo cooperativo de organización económica, no puede ni debe confundirse con las fantasías reformistas que sobre las cooperativas tienen grupos pequeñoburgueses como los diversos desprendimientos del Partido Socialista del reputado gorila Juan B. Busto. El Movimiento Nacional de Liberación creado por Perón, al contrario que dichos grupos socialdemócratas, sabe que, aunque parezca una perogrullada recordarlo, el sistema capitalista está creado para que triunfen los capitalistas y, por tanto: "Los fracasos del cooperativismo, en tiempos de la economía capitalista, son explicables y perfectamente lógicos: una cooperativa, exponente perfecto de economía social, no podía conciliar sus intereses ni podía enfrentarse con los monopolios del capitalismo." [14]. Para evitar eso hace falta un ordenamiento político y social, un Estado, que cambie las "reglas de juego" capitalistas y las sustituya por otras de tipo revolucionario, popular, anticapitalista y pro-cooperativista, ya que "indudablemente el movimiento cooperativo no puede ir adelante sin el apoyo del Gobierno. En todas las partes del mundo las cooperativas han fracasado cuando han tenido en contra al Gobierno." [15]. En concreto, ello implica: 1º) Arrebatar a la oligarquía el control sobre los sectores claves de la economía. Según la Constitución Justicialista de 1949, en su artículo 40, esos sectores clave son la importación y exportación, minerales, caídas de agua, yacimientos de petróleo, de carbón y de gas, y las demás fuentes naturales de energía, con excepción de los vegetales, así como los servicios públicos. Corresponde su propiedad, en un principio, al Estado aunque, como ya vimos, a medida que avanza el proceso revolucionario parte de esas actividades pueden pasar a manos de los trabajadores del sector por medio de sus cooperativas obreras o sindicatos. Es posible también, como muestra el caso de SEGBA, la existencia de formas intermedias de cogestión obrero-estatal así como empresas con conducción tripartita: Estado-trabajadores-usuarios. 2ª) Una planificación indicativa que, sin caer en los errores centralistas burocráticos de la planificación de tipo estatista-comunista, impida que con el viejo cuento del "mercado libre" acaben manipulando la economía un puñado de grandes empresas extranjeras o nativas: "La cacareada 'libertad de la economía' no ha pasado nunca de ser una ficción, desde que, a la economía o la dirige el Estado o la hacen, en su lugar, los grandes consorcios capitalistas, con la diferencia de que el primero puede hacerlo en beneficio del pueblo; en cambio, los segundos lo hacen generalmente en su perjuicio." [16]. 3º) Formas de apoyo directo del Estado a las cooperativas y empresas sindicales, lo que incluye desde apoyo crediticio preferencial hasta la contratación directa por parte del Estado en aquellas tareas que éste suele descargar en las empresas capitalistas. Aquí conviene recordar una directísima afirmación del General Perón ante miembros del Comité Central y delegados regionales de la CGT que visitaron la Residencia Presidencial de Olivos el 9 de agosto de 1950: "El Gobierno está dispuesto a dar a las cooperativas obreras la oportunidad para que hagan negocios que les permitan ganar mucho dinero; en lugar de dárselos, como se hacía antes, a entidades capitalistas.". 4º) El combate en el terreno ideológico contra las supervivencias de la mentalidad individualista burguesa, fomentando el conocimiento de las formas de economía social y cooperativista, especialmente entre la juventud. El Segundo Plan Quinquenal, por ejemplo, en su apartado IV.G.14 sostiene: "La difusión de los principios del cooperativismo y la constitución de cooperativas escolares y estudiantiles serán auspiciadas por el Estado a fin de contribuir a la formación de la conciencia nacional cooperativista y prestar servicios útiles a los alumnos." [17]. Socialización integral Cuando anteriormente recordábamos que para el General Perón las cooperativas debían tender a convertirse en las "unidades básicas justicialistas para la organización nacional de la producción, la industria y el comercio", queda claro que la socialización-cooperativización que el Peronismo propugna no se reduce al nivel de cada empresa o unidad económica de producción. Esto es así porque si bien la entrega de todas las empresas a sus propios técnicos y trabajadores autoorganizados en cooperativas, impide tanto la explotación del hombre por el hombre (capitalismo), como la explotación del hombre por el Estado (comunismo) no por ello resuelve todos los problemas de la economía. Para empezar, no asegura la igualdad de oportunidades puesto que existen sectores económicos más productivos que otros y, dentro de cada sector económico, empresas más grandes y más chicas, más modernas y más atrasadas, etc. Tampoco se garantiza una real solidaridad nacional desde el momento en que si esas empresas cooperativizadas se desenvuelven en el marco de una economía de mercado necesariamente se provocará una brutal competencia entre las empresas, considerando cada colectivo obrero o cooperativa un rival en la búsqueda del beneficio a los otros colectivos obreros cooperativos. Para evitar esos posibles efectos negativos el General Perón impulsa no cooperativas aisladas sino "la unversalización de la organización cooperativa" [18] mediante la Federación de Cooperativas de cada rama de producción. Éstas, estructuradas democráticamente y desde abajo hacia arriba, permiten que cada empresa sea gestionada de un modo directo y sin burocracias externas por sus propios técnicos y trabajadores, pero, a la vez, crea canales solidarios de redistribución de los beneficios generales para apoyar a aquellas cooperativas obreras asociadas que, por diversas razones, tienen que sufrir desventajas objetivas ajenas al trabajo o la gestión de su colectivo laboral: implantación en provincias alejadas del circuito comercial, catástrofes naturales... Hay que resaltar que, como detalla Perón el 13 de octubre de 1952 en una exposición ante representantes de las cooperativas agropecuarias, esas Federaciones de Cooperativas no engloban sólo a una rama económica sino que participan de un modo directo en todo el proceso productivo y de comercialización. En el caso de esas mismas cooperativas agrarias, Perón propugna concretamente los siguientes campos de acción: "El gobierno aspira a que las cooperativas agropecuarias constituyan las unidades básicas de la economía social agraria y participen, primero: en el proceso colonizador y en la acción estatal tendiente a lograr la redistribución de la tierra en unidades económicas sociales adecuadas. Segundo: que participen en el proceso productivo mediante la utilización racional de los elementos básicos del trabajo agropecuario: maquinaria agrícola, galpones ferroviarios, silos, elevadores de granos, semillas, etc., etc. Tercero: que participen también en el proceso interno de comercialización de las cosechas de sus asociados, para lo cual el Estado auspiciará el acceso de los productores organizados a los centros de consumo, mercados oficiales, proveedurías, etc. Cuarto: que participen en el proceso de la industrialización regional primaria de la producción agropecuaria de sus asociados. Sexto: que participen en la acción estatal tendiente a suprimir toda intermediación comercial innecesaria. Séptimo: que participen en la fijación de precios básicos y precios diferenciales que se fijarán a favor de las cooperativas agropecuarias. Octavo: que participen en la redistribución de los márgenes de utilidad que se obtengan con motivo de la comercialización. Noveno: que participen en la acción social directa a cumplirse en forma integral en beneficio de los productores agropecuarios; y, décimo: el Estado auspicia la organización de un sistema nacional unitario de cooperativas de productores agropecuarios que represente a todos los productores del país y defienda sus intereses económicos y sociales." [19]. Se trata, por lo tanto, de una estructuración integral de la economía que, partiendo de las cooperativas autónomas y descentralizadas, engloba el proceso de producción en su conjunto, racionalizando ese mismo proceso productivo, abaratando costos e impidiendo que cada sector de la cadena productiva y de comercialización compita con los otros. Con decir que para el Líder Justicialista "el gobierno está dispuesto a prestar la ayuda más extraordinaria para que las cooperativas instalen sus propias fabricaciones de herramientas y maquinarias agrarias" [20], está todo dicho. Cada Federación de Cooperativas o "Sistema Nacional Unitario de Cooperativas" además de englobar a todas las cooperativas de ese sector económico, coordina el proceso de producción en su conjunto: desde la producción propiamente dicha a la comercialización, pasando por el transporte y hasta la fabricación de bienes y elementos necesarios. Empresas sindicales Las cooperativas federadas no son el único método de socialización impulsado por el Peronismo. En la antes citada entrevista concedida por el General Perón a Carlos María Gutiérrez, el creador del Peronismo menciona un tipo especial de cooperativas: la cooperativa de sindicatos. En éstas, la coordinación de las distintas empresas cooperativizadas se da mediante la organización sindical que, de un modo natural, alcanza a toda la rama de producción. Se alcanza así la vieja tesis del sindicalismo revolucionario, que tanta influencia tuviera en el Movimiento Obrero pre-peronista, y que desde la Carta de Amiens (1916) había proclamado que "el sindicato actualmente nada más que un grupo de resistencia, será en el futuro responsable de la producción y distribución, bases de la organización social" [21]. Como ese modelo de cooperativización sindicalista es más fácil de aplicar en la industria, sector más importante de la economía argentina, es por ello lógico que sea ese mismo modelo el que tienda a predominar en el ideario peronista de tal manera que Perón llega a definir al Estado Peronista futuro como un "Estado Sindicalista" [22]. Las cooperativas o empresas sindicales han sido denominadas a veces también como "Empresas Comunitarias". En "Fundamentos de Doctrina Nacional Justicialista", texto de la "Escuela Superior de Conducción Política del Movimiento Nacional Justicialista" (entre paréntesis, entidad nada sospechosa de "desviaciones izquierdistas") se define de la siguiente forma a la Empresa Comunitaria: "Considerada en su aspecto funcional, la empresa es una comunidad jerarquizada de productores, diversamente especializados, que aúnan esfuerzos para fabricar determinado artículo o prestar determinado servicio, valiéndose para ello de las herramientas o máquinas que impone la técnica moderna. Considerada, por el contrario, en su aspecto legal, esta misma empresa no pasa, hoy en día, de un mero capital que compra máquinas, materias primas y trabajo. Pura ficción. Pues si con un golpe de varita mágica se suprimieran los dueños del capital, la empresa seguiría funcionando sin la menor perturbación, mientras que pararía y desaparecería si se eliminasen los productores. No basta, por lo tanto, mejorar el nivel de vida del proletariado. No basta dar al productor el lugar que le corresponde en la Comunidad. No resuelve nada cambiar el sistema capitalista sustituyendo la oligarquía burguesa por una oligarquía burocrática. Lo que hace falta es suprimir el salariado, devolviendo a la empresa, aprehendida en su realidad orgánica, la posesión y, de ser posible, la propiedad de su capital, así como la libre disposición del fruto de su trabajo. Cualquier ente social -individuo, grupo o comunidad- tiene el derecho natural de poseer los bienes que le son imprescindibles para subsistir y realizarse plenamente. El municipio, por ejemplo, tiene naturalmente derecho a la propiedad de la vía pública o de la red de alumbrado. El municipio en sí, no la suma de sus habitantes. Cuando alguien viene a instalarse en una ciudad, no tiene que comprar su parte de calle ni de usina; ni la vende cuando se va. La empresa es también un ente social independiente de sus integrantes individuales del momento. Es ella la que tiene que ser dueña de su capital, al que encontrará y usufructuará el productor entrante y dejará para sucesor el productor saliente. Esto vale tanto para la empresa industrial como para la empresa agropecuaria. Los reformistas pequeños burgueses que quieren lotear las unidades orgánicas de nuestro campo fomentan el minifundio y la miseria. La tierra debe ser de quienes la trabajan, como las máquinas de quienes trabajan con ellas. Tal principio no supone, en absoluto, el parcelamiento de la propiedad de los instrumentos de la producción, sino la supresión de la propiedad individualista de bienes que otros -individuos o grupos- necesitan. O sea la supresión del parasitismo en todas sus formas. Eliminado el parasitismo capitalista, las clases desaparecerán 'ipso facto'. No habrá más burgueses ni proletarios, sino productores funcionalmente organizados y jerarquizados en sus empresas. El gremio perderá entonces el carácter clasista que le ha impuesto una lucha necesaria cuya responsabilidad no lleva y volverá a convertirse en una federación de empresas comunitarias, con el patrimonio asistencial que necesita y los poderes legislativo y judicial que definirán sus fueros. En cada gremio, un banco distribuirá el crédito entre las empresas, dentro del marco de la planificación y conducción económica del Estado nacional. La Revolución Justicialista no busca, pues, llegar a una componencia entre capitalismo individualista y capitalismo estatal, ni 'mejorar las relaciones entre capital y trabajo'. Repudia íntegramente cualquier forma de explotación del hombre por el hombre y quiere volver, en todos los campos, al orden social natural. Es éste el sentido de nuestra Tercera Posición." [23]. Las cooperativas sindicales o empresas comunitarias, por lo tanto, coinciden con las cooperativas "tradicionales" en que la propiedad no pertenece a un capitalista individual burgués o al Estado-patrono, pero, a la vez, se diferencian de esas mismas cooperativas en que la propiedad no es divisible ya que pertenece íntegramente a la comunidad laboral de técnicos y trabajadores que las componen. Además, volvemos a recalcarlo, la solución peronista no es sólo a nivel microeconómico (socialización de la empresa) sino también a nivel macroeconómico (socialización global de la economía). Conducción económica de la Nación Lo que denominamos socialización "global" o "integral" de la economía es otro de los rasgos que diferencia al Peronismo tanto del capitalismo como del comunismo. Para el General Perón: "La doctrina económica que sustentamos establece claramente que la conducción económica de un país no debe ser realizada individualmente, que esto conduce a la dictadura económica de los trusts y monopolios capitalistas. Tampoco debe ser realizada por el Estado, que convierte la actividad económica en burocracia, paralizando el juego de sus movimientos naturales. El Justicialismo, siempre en su tercera posición ideológica, sostiene que la conducción económica de la Nación debe ser realizada conjuntamente por el gobierno y por los interesados, que son los productores, comerciantes, industriales, los trabajadores y aun los consumidores; ¡vale decir, por el gobierno y por el pueblo organizado! Mientras esto no se realice plenamente, el gobierno cometerá los errores propios de toda conducción unilateral y arbitraria por más buena voluntad que tenga." [24]. Estas indicaciones, que se refieren a la etapa de transición del Peronismo (cuando aún existe un importante sector económico privado), no suponen, ni mucho menos, que el Líder de la Revolución Nacional argentina oculte el objetivo final anticapitalista de su proyecto. De ahí que, a continuación de lo anterior, aclare: "Nosotros queremos compartir con los intereses privados la conducción económica de la República, pero exigimos que esos intereses se coloquen en la línea peronista que apunta a nuestros dos grandes objetivos económicos: la economía social y la independencia económica, porque ellos son mandato soberano que el pueblo nos ha impuesto y que nosotros tenemos que cumplir de cualquier manera: con la colaboración de las fuerzas económicas si es posible, o enfrentándolas, si ellas no quieren compartir con nosotros el mandato del pueblo soberano. En esta tierra no reconocemos, señores, más que una sola fuerza soberana: la del pueblo. Todas las demás están para servirla. Cualquiera que intente invertir este valor fundamental está, por ese solo hecho, atentando contra el primero, básico y esencial principio del peronismo; atenta, por lo tanto, contra el pueblo y está, por otra parte, fuera de la Constitución Nacional que rige el derrotero de la República (...) Es necesario que nadie se llame a engaño: la economía capitalista no tiene nada que hacer en nuestra tierra. Sus últimos reductos serán para nosotros objeto de implacable destrucción." [25]. La conclusión es que, ya sea con la participación de las organizaciones empresariales (en la etapa de transición) o sin ellas (cuando el Peronismo ha logrado su objetivo económico de entregar los medios de producción a los propios trabajadores autoorganizados), existe una planificación democrática e indicativa en la que participan el gobierno, los trabajadores (mediante los sindicatos, federaciones de cooperativas y de empresas comunitarias), organizaciones de usuarios de servicios y consumidores y todo tipo de organizaciones libres del Pueblo. Se evitan así los errores burocráticos de una planificación burocrática y ultracentralizada como la comunista y, por otro lado, se da un margen de maniobra relativamente grande al mercado [26]. Estado Sindicalista Pero no sólo el Estado Justicialista va delegando gradualmente funciones económicas en las organizaciones de trabajadores. De hecho el Peronismo apunta a la socialización de la economía y del poder por lo que esas mismas organizaciones de trabajadores, federadas democráticamente desde la empresa hasta subir a nivel nacional, acaban asumiendo la representación y control político gradual del país: "La representación política tiene una función esencial que cumplir en el juego de la verdadera democracia que nosotros propugnamos. Pero también sostengo, como un principio indiscutible que emana de la experiencia política de los últimos tiempos, entre nosotros y en el mundo entero, que tan esenciales como las organizaciones políticas son, en el juego de la verdadera democracia, las organizaciones sindicales. No existe contradicción en nuestra doctrina cuando afirmamos que éste indudablemente es un momento de transición de los Estados políticos a los Estados de estructura sindical (...) La afirmación del derecho a la cooperación con el gobierno del país que nosotros reconocemos, propugnamos y realizamos para las organizaciones sindicales no excluye el derecho de ningún otro argentino; pero en la misma medida en que todos los ciudadanos del país vayan integrando la única clase de argentinos que debe existir en esta tierra: la clase de hombres que trabajan, la representación política dejará de serlo en el antiguo y desprestigiado sentido de la palabra, para adquirir el nuevo sentido peronista de su dignidad." [27]. La socialización de la economía y del poder, por lo tanto, van íntimamente ligadas y, como sagazmente afirmará Perón en un texto de 1968, ambos aspectos no se pueden jamás desligar ya que, en última instancia, los partidos demoliberales (instrumentos burgueses de deformación y control de la voluntad popular) son una consecuencia del capitalismo y, por lo tanto, sin acabar con el capitalismo es imposible sustituirlos por un nuevo y más efectivo tipo de democracia de los trabajadores: "Los que saben 'tomar el rábano por las hojas' y son partidarios de erradicar la política, suelen intentar hacerlo por decreto, sin percatarse que es muy difícil 'matar a nadie por decreto' cuando las causas siguen generando sus efectos, porque poca importancia tiene la existencia legal cuando está sometida la existencia real. Para que desaparezcan las entidades demoliberales, es preciso que antes desaparezca el demoliberalismo. En el mundo de nuestros días, al desaparecer paulatinamente el sistema capitalista, vienen desapareciendo también los partidos demoliberales, que son su consecuencia. Resulta lo más anacrónico cuando se atenta contra esas formaciones políticas mientras por otro lado se trata de afirmar por todos los medios el sistema que los justifica. La intención de dejar a los pueblos sin ninguna representación no es nueva ni es original porque todas las dictaduras lo intentan, pero la Historia demuestra elocuentemente que, cuando ello se produce, las consecuencias suelen ser funestas para las mismas dictaduras que lo promueven." [28]. Al contrario que el demoliberalismo capitalista y burgués, el Peronismo busca "una democracia directa y expeditiva" [29], pero a ella no se llega por dictaduras totalitarias de tipo fascista o marxista, sino por la profundización de esa misma democracia política y su extensión al terreno económico mediante la socialización directa (y no estatista) de los medios de producción. Se trata evidentemente, de un proceso largo, complejo y gradual del que, con sincera modestia, Perón reconoce haber iniciado tan sólo los primeros pasos: "Entre lo político y lo social el mundo se encuentra en un estado de transición. Tenemos la mitad sobre el cuerpo social y la otra mitad sobre el cuerpo político. El mundo se desplaza de lo político a lo social. Nosotros no estamos decididamente ni en un campo ni en el otro; estamos asistiendo al final de la organización política y al comienzo de la organización social (...) Es decir, todo ese proceso se va realizando. Yo no puedo abandonar el partido político para reemplazarlo por el movimiento social. Tampoco puedo reemplazar el movimiento social por el político. Los dos son indispensables. Si esa evolución continúa, nosotros continuaremos ayudando a la evolución. Cuando llegue el momento propicio le haremos un entierro de primera, con seis caballo, al partido político y llegaremos a otra organización. Pero estamos en marcha hacia el Estado Sindicalista, no tengan la menor duda." [30]. La democracia fabril y la autogestión de la economía irá, por lo tanto, sustituyendo gradualmente a los partidos políticos que no tienen porqué ser prohibidos o ilegalizados ya que, dejados de lado por los ciudadanos-productores, lanquidecerán y desaparecerán como cáscaras vacías. ¿Utopía Peronista? ¿Hasta qué punto puede llegar esa socialización de la economía y el poder propugnada por el Peronismo? De hecho el General Perón, y con él la mayoría de teóricos justicialistas, se han negado siempre a elaborar complejísimas elucubraciones al respecto por ser revolucionarios y no utopistas o futurólogos. Además: "La apelación a la utopía es, con frecuencia, un cómodo pretexto cuando se quiere rehuir las tareas concretas y refugiarse en un mundo imaginario; vivir en un futuro hipotético significa deponer las responsabilidades inmediatas. También es frecuente presentar situaciones utópicas para hacer fracasar auténticos procesos revolucionarios. Nuestro modelo político propone el ideal no utópico de realizar dos tareas permanentes: acercar la realidad al ideal y revisar la validez de ese ideal para mantenerlo abierto a la realidad del futuro." [31]. Desde esa perspectiva, desde la visión de un modelo "ideal" al que acercar la realidad y a revisar a la luz de esa misma realidad, puede ser de cierto interés la descripción que del socialismo nacional peronista hace, en la década de los 70, la hoy desaparecida "Tendencia Nacional y Popular del Peronismo": "El socialismo nacional es el proyecto dentro del cual el pueblo argentino ejercerá un poder decisivo por sí y ante sí en los niveles del Estado, la empresa y la universidad a través del control obrero de los medios de producción, de comunicación y de educación. Es un socialismo de autogestión en el que cada fábrica, cada taller, cada laboratorio, aula o biblioteca se transforma en una célula política con poder de crítica y de control sobre la planificación nacional y la acción política interior y exterior. El socialismo nacional es la democratización absoluta del aparato informativo y la apertura integral de la capacitación técnica a la masa obrera. Es la formación de un partido capaz de emitir todos los impulsos ideológicos necesarios para que en cada momento del proceso el pueblo esté presente, real e intensamente, en la elaboración de las supremas decisiones nacionales. Es la asamblea del pueblo que transforma esos impulsos en leyes populares. Es el Estado técnico-planificador que concierta toda la actividad informativa y prospectiva desde y hacia las estructuras sociales y económicas descentralizadas. Socialismo nacional significa plena vigencia de la opinión comunitaria a través de consejos de producción, servicios y educación. Es la empresa bajo control del colectivo obrero. Es la universidad gobernada por profesores revolucionarios, investigadores y estudiantes. Es la alianza de la universidad y la empresa socializada y sometida al régimen de autogestión. Socialismo nacional es, en suma, participación total, justicia para los trabajadores y dominio del pueblo de todos los resortes de acción política." [32]. Peronismo de los trabajadores Críticas de detalle al margen, el texto anterior puede considerarse una interesante aproximación a una economía peronista plenamente realizada aunque, volvemos a repetirlo, si en el Peronismo no abundan descripciones detalladas de ese tipo es porqué, a imitación de su fundador, la tarea esencial es imponer en la práctica un modelo político, económico y social que parta de la realidad actual para crear esa realidad nueva. Una realidad que, en un principio, no es aún socialista sino nacional y popular ya que la Argentina preperonista (como reconoce el propio Lenin en su célebre "El Imperialismo, Etapa Superior del Capitalismo" [33]) era una virtual "colonia comercial" británica. Por ello mismo, y sin necesidad de basarse en textos extranjeros, Perón afirma tajantemente que la tarea previa de cualquier revolucionario no era y no es otra que lograr quebrar esas cadenas imperialistas y recuperar la autodeterminación nacional, ya sea frente al imperialismo inglés del pasado o el imperialismo yanqui actual, que recolonizó la Argentina precisamente a partir del derrocamiento militar del Gobierno Popular Peronista en 1955: "La felicidad de nuestro Pueblo y la felicidad de todos los pueblos de la tierra, exigen que las naciones cuya vida constituyen sean socialmente justas. Y la justicia social exige, a su vez, que el uso y la propiedad de los bienes que forman el patrimonio de la comunidad se distribuyan con equidad. Pero mal puede distribuir equitativamente los bienes de la comunidad un país cuyos intereses son manejados desde el exterior por empresas ajenas a la vida y al espíritu del Pueblo cuya explotación realizan. ¡La felicidad del Pueblo exige, pues, la independencia económica del país como primera e ineludible condición!" [34]. Consecuencia lógica del carácter antiimperialista de la revolución argentina durante su primera etapa es que la contradicción central no es "socialismo o capitalismo" sino "Patria o colonia", "Nación o Imperio", "Liberación o Dependencia". Sectores patrióticos y antiimperialistas, aunque no necesariamente defensores de un socialismo nacional tal cual lo entendía el General Perón, pueden y deben participar activamente en ese verdadero Movimiento Nacional de Liberación que es el Peronismo. Más aún, toda la historia del Peronismo puede reducirse a un esfuerzo doble, genialmente ejemplificado por la conducción de Perón: de un lado ampliar al máximo el Peronismo y su campo político y social de influencia; de otro lado generar los "anticuerpos" organizativos e ideológicos de masas suficientes como para que esa misma amplitud no acabe generando desviacionismos de "derecha" o de "izquierda", o frenando el impulso revolucionario del Movimiento de masas. Y aquí viene como anillo al dedo recordar una de las más conocidas cartas del General Perón a la Juventud Peronista: "No intentamos de ninguna manera sustituir a un hombre por otro; sino un sistema por otro sistema. No buscamos el triunfo de un hombre o de otro, sino el triunfo de una clase mayoritaria, y que conforma el Pueblo Argentino: la clase trabajadora. Y porque buscamos el poder, para esa clase mayoritaria, es que debemos prevenirnos contra el posible 'espíritu revolucionario' de la burguesía. Para la burguesía, la toma del poder significa el fin de su revolución. Para el proletariado -la clase trabajadora de todo el país- la toma del poder es el principio de esta revolución que anhelamos, para el cambio total de las viejas y caducas estructuras demoliberales. (...) Si realmente trabajamos por la Liberación de la Patria, si realmente comprendemos la enorme responsabilidad que ya pesa sobre nuestra juventud debemos insistir en todo lo señalado. Es fundamental que nuestros jóvenes comprendan, que deben tener siempre presente en la lucha y en la preparación de la organización que: es imposible la coexistencia pacífica entre las clases oprimidas y opresoras. Nos hemos planteado la tarea fundamental de triunfar sobre los explotadores, aun si ellos están infiltrados en nuestro propio movimiento político." [35]. La Tercera Posición justicialista no es, por lo tanto, un pálido capitalismo reformista "de rostro humano" ni una mezcla arbitraria de capitalismo y marxismo. Es una solución revolucionaria e integral: "El objetivo central de la 'Tercera Posición' puede resumirse así: 'Socializar sin disolver la personalidad, socializar sin extinguir la independencia de la conciencia individual frente al estado, socializar sin confundir totalmente individuo y sociedad, sociedad y estado." [36]. El General Perón, con su lenguaje siempre más sencillo y comprensible, lo sabrá decir de otra forma: "No todo es pan en esta vida. El trabajador debe no sólamente sembrar el trigo y amanasar el pan sino conquistar una posición, desde la cual puede dirigir la plantación y la fabricación del pan." [37]. Vigencia revolucionaria del Peronismo En 1983, a poco de recuperar la democracia política en la Argentina, un estudioso del Justicialismo aseguraba con notable perspicacia sobre el Movimiento Peronista: "En el aspecto ideológico se presentan, en términos sintéticos, tres grandes opciones: a) la de la alvearización bajo el modelo de un partido de inspiración social-cristiana o laborista, ésta última con cierta tradición en el Movimiento; b) la opción por el partido de vanguardia, contenida en las formulaciones del proyecto foquista guerrillero; c) la orientación hacia una democracia autogestionaria de los trabajadores que parte de las experiencias de lucha del justicialismo para articular democracia, lucha obrera y cuestión nacional." [38]. Dichas opciones, a grosso modo, se corresponden con tres interpretaciones históricas diferentes sobre la Doctrina Peronista: a) Aquellos que se conforman con una reedición más o menos actualizada del periodo 1944-55, es decir: un capitalismo nacional autónomo, independiente con respecto al imperialismo, con fuertes rasgos democrático-populares y altamente distributivo. En esta visión que podríamos denominar "histórica" o "tradicional" del Peronismo deben ubicarso no sólo las fracciones "social-cristiana", "socialdemócrata" o "laborista", sino también ciertas corrientes "nacionalistas", incluso "fascistizantes" (que desdeñan los aspectos democráticos del pensamiento de Perón) o el autodenominado "nacionalismo popular revolucionario peronista", formalmente más "izquierdista" y en la práctica más combativo pero que, respecto a sus objetivos finales, no supera los límites de todo este espacio peronista. b) El Peronismo fuertemente "heterodoxo" continuador de la pequeña burguesía peronizada en la decada del '60 y que, en diferentes grados y proporciones intenta amalgamar Peronismo y elementos ideológicos extraños a la tradición justicialista: planteamientos filocastristas o maoizantes, foquismo, "nueva izquierda" de los '60, etc. Esta corriente, hoy muy debilitada tras la derrota montonera, intenta ir más allá de la experiencia de 1945-55 pero el Socialismo Nacional que propugna tiene excesiva influencia marxista por lo que choca con la "lógica" del grueso del Peronismo que, generalmente con razón, tiende a visualizarlo como excesivamente en los bordes del Peronismo, con un pié dentro y otro en dirección a las sectas antiperonistas. c) Quienes entienden que el desarrollo natural del Peronismo es una "democracia autogestionaria de los trabajadores" surgida no por introducción de una ideología o construcción teórica ajena al Peronismo sino como desarrollo de los planteamientos teóricos del propio General Perón y de la experiencia y memoria histórica del conjunto del Movimiento (y no sólo de fracciones internas "de vanguardia"). Esta corriente, por su mismo apego al "sentido común" de las bases y cuadros históricos del Peronismo y, además, ante la bancarrota histórica del marxismo (que salpica a la "izquierda peronista") neo o postmoderna, es la única que, hoy por hoy, puede hegemonizar a la militancia más combativa y consecuente del Movimiento, impidiendo la reedición de enfrentamientos fraticidas internos como los de la década del '70. Más aún, como esta corriente "revolucionaria ortodoxa" o "revolucinaria tercerista" (por reivindicar explícitamente el anticapitalismo del Peronismo, pero también su antimarxismo) surge de la "profundización" del Peronismo "tradicional" y no, como en el caso del montonerismo, de su negación, su posibilidad de desarrollo es enorme; en especial porqué ante una camarilla liberal que usurpa la conducción del Justicialismo pero niega todos sus postulados históricos (nos referimos, obviamente al menemismo) todos los sectores del Peronismo pueden actuar en conjunto durante un largo tiempo más allá de sus matices: "laboristas", "social-cristianos", "socialdemócratas", "nacionalistas", "nacionalistas populares revolucionarios" y "terceristas revolucionarios". El crecimiento de esta última tendencia depende, por lo tanto, más que de la prédica diferenciadora e ideologista, de la conducción práctica de todas y cada una de las luchas y su resultado organizativo. Notas 1. Este Preámbulo puede consultarse en Julio Godio, El Movimiento Obrero Argentino (1943-1955), Ed. Legasa, Bs. As., 1990, pp. 211 y ss. 2. Juan Domingo Perón, Mensaje del Presidente de la Nación Argentina General Juan Domingo Perón al inaugurar el 86º Periodo Ordinario de Sesiones del Honorable Congreso Nacional, Subsecretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación, 1952, pp. 125-126. 3. Julio Meinville, Política Argentina 1949-1956, p. 284 (artículo del 29 de junio de 1951). 4. Juan Domingo Perón, op. cit., p. 47. 5. El término "autogestión" fue introducido en Francia a fines de los años 60 para designar un modo de socialismo no estatista, caracterizado por la "gestión directa" de la empresa por sus propios trabajadores, y no por los capitalistas privados o el Estado. Junto a esa concepción "restringida" de la autogestión (económica y reducida a nivel de empresa) existe otra concepción más amplia, y también más próxima al pensamiento del General Perón, que entiende la autogestión no sólo en el plano económico sino también, y a la vez, en el terreno político; socialización de la economía y el poder. La autogestión "integral" tiene entre sus antecedentes a diversas expresiones no marxistas del Movimiento Obrero europeo (asociacionismo de Proudhon, socialismo utópico de Fourier, anarcosindicalismo y sindicalismo revolucionario español, italiano y francés, guildismo inglés), corrientes marxistas diferenciadas del stalinismo y el trotskismo (consejistas, "titismo" yugoeslavo), pensadores revolucionarios cristianos (Mounier, Lebret) y ciertos Movimientos de Liberación del Tercer Mundo (el Frente de Liberación Nacional argelino durante la etapa de Ben Bella, la "Ujamaa" de Nyerere en Tanzania, la Revolución Nacional de Velasco Alvarado en Perú, determinados planteamientos del General Torrijos en Panamá, etc.). Se tratan, en todo caso, de diversos modelos nacionales que, hasta el momento, no se han consolidado por razones de orden político: relación de fuerzas nacional e internacional, etc. 6. Cristián Buchrucker, Nacionalismo y Peronismo, Ed. Sudamericana, Bs. As., 1987, p. 318. 7. J.D. Perón, La Fuerza es el Derecho de las Bestias, 1958, p. 14. 8. Eva Perón, "Historia del Peronismo" (curso de 1951), en Clases y Escritos Completos (1946-1955), Ed. Megafón, Bs. As., 1987, Tomo III, p. 98. 9. Juan Domingo Perón, Breve Historia de la Problemática Argentina, Ed. Claridad, Bs. As., 1989, p. 151 (transcripción de una serie de entrevistas concedidas a Eugenio P. Rom en 1967). 10. Juan Domingo Perón en Carlos María Gutiérrez, Reportaje a Perón. Diálogo sobre la Argentina Ocupada, Schapire Editor, Bs. As., 1974, p. 79. 11. Juan Domingo Perón, Mensaje del Presidente..., op. cit., p. 83. 12. Ibid., pp. 82-83. 13. Ibid., p. 57. 14. Ibid., p. 38. 15. Juan Domingo Perón, discurso ante horticultores bonaerenses en la Casa de Gobierno, 21 de septiembre de 1951. 16. Juan Domingo Perón, Los Vendepatria. Las pruebas de una Traición, Ed. Freeland, Bs. As., 1974, p. 166 (la primera edición es de 1957) 17. 2º Plan Quinquenal, Subsecretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación, Bs. As., 1953, p. 89. 18. Juan Domingo Perón, discurso ante representantes de cooperativas agrarias, 13 de octubre de 1952. Reproducido íntegramente en Mundo Peronista, Bs. As., n. 33, 15 de noviembre de 1952, p. 44. 19. Ibid., pp. 44-45. 20. Ibid., p. 45. 21. La progresiva "nacionalización" del Movimiento Obrero Argentino en el periodo de la "Década Infame" y su posterior influencia en el naciente Peronismo puede comprobarse en Hiroshi Matsushita, Movimiento Obrero Argentino (1930- 1945), Hyspamérica, Bs. As., 1983. 22. Sobre la influencia de la doctrina sindicalista revolucionaria en el Peronismo y el concepto de "Estado Sindicalista" en el General Perón ver la segunda parte del presente estudio: Sindicalismo Revolucionario Peronista, Ed. Guerra Gaucha, Bs. As. 23. Escuela Superior de Conducción Política del Movimiento Nacional Justicialista, Fundamentos de Doctrina Nacional Justicialista, Eds. Realidad Política, Bs. As., 1985, pp. 103-104. 24. Juan Domingo Perón, Mensaje del Presidente..., op. cit., p. 67. 25. Ibid. pp. 68-69. 26. No se trata, obviamente, del delirio liberal-menemista de la "economía popular de mercado", versión disfrazada de la "economía social (?) de mercado" del infame Alsogaray. Sin embargo, en experiencias socialistas autogestionarias bastante desarrolladas, como es el caso de la Yugoslavia de Tito, la práctica demostró la imposibilidad de una planificación total y la necesidad, dentro de una planificación indicativa, de ciertas formas de mercado libre que, al no existir grandes monopolios ni diferencias económicas destacadas, es realmente eso: libre. Ver D. Bilandzic y S. Tokovic, Autogestión (1950-1976), El Cid Editor, Bs. As., 1976. 27. Juan Domingo Perón, Mensaje al Presidente..., op. cit.. pp. 122-123. 28. Juan Domingo Perón, La Hora de los Pueblos, Ed. Distribuidora Baires, Bs. As., 1974, p. 130 (la primera edición es de 1968). 29. "Por otra parte, la democracia de nuestro tiempo no puede ser estática, desarrollada en grupos cerrados de dominadores por herencia o por fortuna, sino dinámica y en expansión para dar cabida y sentido a las crecientes multitudes que van igualando sus condiciones y posibilidades a las de los grupos privilegiados. Esas masas ascendentes reclaman una democracia directa y expeditiva que las viejas ya no pueden ofrecerles", Ibid., p. 14. 30. Juan Domingo Perón, discurso ante escritores asociados a la Confederación Argentina de Intelectuales, reproducido por Hechos e Ideas, Bs. As., n. 77, agosto de 1950. 31. Juan Domingo Perón, Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, Ediciones Realidad Política, Bs. Aires, 1986, p. 88 (esta obra es el discurso pronunciado el 1º de mayo de 1974 por el General Perón ante la Asamblea Legislativa al inaugurar el 99º periodo de sesiones ordinarias del Congreso, así como el proyecto que presentó al mismo). 32. Este manifiesto, de junio de 1972, se encuentra reproducido como anexo en varios autores, Peronismo: de la Reforma a la Revolución, A. Peña Lillo Editor, Bs. As., 1972, pp. 187 y ss. 33. "No sólo existen los dos grupos fundamentales de países -los que poseen colonias y las colonias-, sino también, es característico de la época, las formas variadas de países dependientes que desde un punto de vista formal, son políticamente independientes, pero que en realidad se hallan envueltos en las redes de la dependencia financiera y diplomática. A una de estas formas de dependencia, la semicolonia, ya nos hemos referido. Un ejemplo de otra forma lo proporciona la Argentina.", V. I. Lenin, El Imperialismo, Etapa Superior del Capitalismo, Ed. Anteo, Bs. As., 1975, pp. 105-106. La edición original es de 1916. 34. Juan Domingo Perón, Mensaje del Presidente..., op. cit., p. 31. 35. Carta de Juan Domingo Perón a la Juventud Peronista, octubre de 1965. Reproducida en Roberto Baschetti, Documentos de la Resistencia Peronista (1955-1970), Puntosur Eds., Bs. As., 1988, pp. 222-223. 36. Salvador Ferla, La Tercera Posición Ideológica y Apreciaciones Sobre el Retorno de Perón, Ed. Meridiano, Bs. As., 1974, p. 23. 37. Juan Domingo Perón, discurso ante representantes obreros, 24 de febrero de 1949. Citado en Habla Perón (selección de textos), Ed. Realidad Política, Bs. As., 1984, p. 106. 38. Jorge Luis Bernetti, El Peronismo de la Victoria, Ed. Legasa, Bs. As., 1983, pp. 210-211. Por "alverización" se entiende un proceso de "domesticación" e integración al Sistema, similar al que Alvear realizará con la Unión Cívica Radical a la muerte de Hipólito Yrigoyen.