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Identidad y Comunidad

La hegemonía intelectual de la izquierda progresista

Alberto Buela

Una tipología elemental de lo que se entiende por izquierda progresista se apoya en cuatro o cinco rasgos fundamentales.

1. - La creencia de una existencia en sí de la igualdad humana, cuando los seres humanos sólo somos iguales en dignidad, pero en sí mismos diferentes unos de otros.

2. - La igualdad humana acompañada del rechazo a toda distinción de clase, género o raza.

3. - Hostilidad a todo lo que confiere poder desde el mundo económico, llámese empresas, negocios o mercado.

4. - Desprecio a los sentimientos patrióticos y a todo aquello que huela a militarismo u orden cerrado.

5. - Buena disposición a creer en la buena fe de todos aquellos que hablan de lucha y de liberación.

6. - Sentimiento de culpabilidad por el pasado de su país si ha intervenido en guerras de conquista o colonización.

En definitiva, el intelectual de izquierda progresista tiende a repudiar el mismo orden social que le permite tiempo libre para estudiar, pensar, enseñar e incitar al cambio.

La paradoja de nuestros días es que por primera vez en la historia existe una hegemonía cultural del progresismo a escala completa, en las universidades, academias, colegios, iglesias, prensa y televisión. Pero al mismo tiempo el proletariado industrial ha desaparecido, dejando de formar parte del imaginario colectivo y la opinión popular se aleja más y más de las ideas denominadas "progresistas".

El fracaso mundial de la socialdemocracia en el poder ha hecho que este pase a manos de los ejecutores de políticas liberales en casi todo el mundo.

La hegemonía intelectual de la izquierda progresista se da en todo el ámbito de la cultura y en la creación de la opinión pública, pero el manejo de los hechos políticos y económicos está en manos de los ejecutores liberales.

El intelectual progresista a través de una hermenéutica de la sospecha siente la persecución obsesiva del poder y de la opresión del discurso tradicional, pues éste se maneja a través de la balanza equilibrada entre orden y libertad o autoridad y espontaneidad popular.

Pero, ¿cómo funciona esta hegemonía? Como un grupo de interés unido por la ideología dominante de la igualdad, que se asegura un cargo rentado en una actividad de servicios respaldada por el Estado.

El intelectual progresista de izquierda adquiere de por vida una renta estable como garantía contra el desastre social.

El obtener una renta por actividades cuyos riesgos no caen sobre sus hombros, hace que su principal preocupación sea conseguir nuevos fondos para alimentar el grupo de interés para asegurar a cada uno de sus miembros la permanencia en el cargo.

¿Cómo reacciona ante la crítica o la disidencia interna? Con el complot del silencio, sostenía Arturo Jaureche. A lo que habría que agregar: Con la demonización y la denuncia de incompetencia intelectual de aquel que piensa distinto.

La crítica a lo políticamente correcto encarnado por el progresismo paga un precio costoso. Criticarlo, sea al enquistado en las universidades como al de las Iglesias, la prensa o la televisión es perder prestigio intelectual por carecer del reconocimiento de los pares que en su mayoría guardan silencio ante el disidente.

La ideología igualitaria es tranquilizadora, se instala y se extiende suavemente en los ámbitos comentados, pero tiene un grave inconveniente la amenaza que representa el talento y la excelencia humana. El músico Salieri al no poder ser más que Mozart, le reclama al crucifijo antes de echarlo al fuego: "Tu me distes la vocación pero no los talentos". Este es el gran drama de la izquierda progresista, la esterilidad en la producción de sentido y en el orden de la investigación. La Universidad de Buenos Aires bajo el rectorado del judeo-argentino Oscar Schuberoff en estos últimos 16 años es el más claro ejemplo de lo que queremos decir: Raleó a los pocos profesores talentosos y no permitió el acceso a ningún sapiente. Hoy el descrédito internacional de la UBA está generalizado.

En el fondo es un ataque sostenido al concepto de mérito y aunque postula apoyar los estándares generales de educación y cultura, lentamente los socava. Porque no cree en la importancia de ningún criterio universal, salvo el de la igualdad de los hombres, es por ello que rechaza viceralmente la larga tradición del pensamiento tradicional que hunde sus raíces en la filosofía griega, la religión católica y el derecho romano.

Este pensamiento tradicional tan íntimamente vinculado a la vida de los pueblos occidentales y especialmente a los iberoamericanos se le torna incomprensible al intelectual progresista de izquierda, porque en las elecciones no cuenta nunca con los votos y jamás sintió el placer de participar de sus fiestas.

La ideología igualitaria lo lleva, irremediablemente, al resentimiento en la moral que tan magistralmente caracterizara el filósofo Max Scheler(1875-1928) "Propio del resentimiento es la falsificación de los valores pues como no puede ver con alegría valores superiores,(los talentos en el genio, las virtudes en el santo y las proezas en el héroe) oculta su verdadera naturaleza bajo la exigencia de igualdad. En realidad lo que quiere es la decapitación de los que poseen esos valores superiores que le indignan". (op.cit.p.188

Entrevista a Greg Palast

FMI: EL VERDADERO PLAN
Transcripción de la entrevista radial realizada a GREG PALAST, Periodista de la BBC y del London Observer, por Alex Jones.en el Show de Radio de Alex Jones, la tarde del lunes 4 de marzo de 2002


ALEX JONES: Esta información raja la tierra. ¿Puede explicarla para nosotros y decirnos qué es lo que han hecho los economistas?
GREG PALAST: Bien. Le diré dos cosas. Uno: hablé con el ex-economista en jefe, Joe Stiglitz que fue despedido por el Banco Mundial. En la BBC y con The Guardian. Pasé algún tiempo haciéndole preguntas. Era como una de las escenas de Misión imposible. Usted sabe: ésas en dónde el tipo viene del otro bando y uno lo interroga durante horas. Así obtuve la informacion "interna" de lo que pasaba en el Banco Mundial. Además, algunas otras cosas que no me dijo las obtuve de otras fuentes. Stiglitzno me iba a dar documentos internos del Banco pero hubo otra gente me entregó una pila gigantesca de documentos secretos del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional.
ALEX JONES: Para no comprometerlo a él, lo hizo otra persona.
GREG PALAST: No. Él no quiere hablar de eso, pero obtuve realmente un montón de documentos de fuentes completamente independientes.
ALEX JONES: Así como obtuvo el documento W199I, de la misma gente que lo obtuvimos nosotros.
GREG PALAST: Y una de las cosas que pasó es que, de hecho, yo iba a estar en una entrevista en la CNN con el director del Banco Mundial Jim Wolfensen y él dijo que no aparecería jamás en la CNN si ellos me ponían al aire. Y la CNN hizo la cosa más loca del mundo y me sacó del aire.
ALEX JONES: Entonces ahora ellos amenazan con el boicot total.
GREG PALAST: Si, así es. Lo que encontramos fue lo siguiente: Encontramos dentro de estos documentos que, básicamente, ellos exigen a las naciones firmar "acuerdos secretos", en los cuales los gobiernos acuerdan vender sus activos claves. Los gobiernos acuerdan tomar pasos económicos que devastan realmente a las naciones implicadas (había un promedio para cada nación de ciento once puntos a firmar). En el caso de que los gobiernos no sigan esos pasos se les corta el acceso a todo el crédito internacional. En un caso así, Usted no podría pedir prestado dinero en el mercado internacional. No puede sobrevivir sin pedir prestado, si es una persona o una corporación o un país, sin pedir prestado algún dinero y tener algún crédito y...
ALEX JONES: Por la deuda inflada que ellos mismos han creado...
GREG PALAST: Si. Bien, mire: una de las cosas que sucedieron es que obtuvimos ejemplos de esto. He obtenido recientemente documentos internos de la Argentina, Del plan secreto argentino. El documento está firmado por Jim Wolfensen, el presidente del Banco Mundial. A propósito, para que sepa, están muy enojados conmigo por haber obtenido los documentos, pero no han desmentido la autenticidad de los documentos. Aunque, al principio sí. Al principio dijeron "Esos documentos no existen". Los mostré en televisión. Y puse algunos en la web. Realmente tengo copias de algunos...
ALEX JONES: ¿En gregpalast.com?
GREG PALAST: Si, gregpalast.com . Entonces se retractaron y dijeron: “sí; esos documentos son auténticos pero no los discutiremos con usted y de todos modos lo mantendremos fuera del aire”. Así fue. Pero lo que decían los documentos es: mire, usted toma un país como la Argentina, el cual está, usted sabe, en llamas. Ya han tenido cinco presidentes en cinco semanas porque su economía ha sido destruida completamente...
ALEX JONES: ¿No son seis ahora?
GREG PALAST: Sí. Es como si hubiera un presidente por semana porque no pueden mantener a la nación de una pieza. Y esto sucedió porque Argentina empezó a fines de los '80, por órdenes del FMI y del Banco Mundial a vender todos sus activos, los activos públicos. Me refiero a cosas que nosotros ni locos haríamos en los EEUU, como vender el sistema de agua potable.
ALEX JONES: Entonces ponen nuevos impuestos a la gente. Crean un gobierno enorme, todo estatizado y luego pasan las empresas del gobierno a los privados, al FMI y al Banco Mundial. Cuando volvamos de la pausa, quiero llegar a la parte en que usted habla de los cuatro pasos que elegantemente describe, donde sobornan por miles de millones a los políticos pagándoles en cuentas Suizas para hacer esta transferencia de activos.
GREG PALAST: Así es.
ALEX JONES: Esta es una de las historias más grandes que he oído, señor. Disculpe, por favor continúe.
GREG PALAST: Entonces eso era lo que pasaba.Y este es apenas uno de los casos. Y por cierto, no es un caso cualquiera. El sistema de agua potable de Buenos Aires se vendió por monedas a una compañía llamada Enron. También un gasoducto que corre entre Argentina y Chile fue vendido a una compañía llamada Enron.
ALEX JONES: Y luego los globalizadores desarman Enron después de transferir los activos a otra corporación falsa y así borran las pistas del robo.
GREG PALAST: Ud. lo ha entendido bien. Y a propósito:¿sabe usted por qué vendieron el oleoducto a Enron? Fue porque recibieron una llamada de alguien llamado George W. Bush en 1988.
ALEX JONES: Increíble, señor. Quédese en el dial. Hablamos con Greg Palast.
ALEX JONES: Estamos hablando con Greg Palast. Es un periodista premiado, un Americano quién ha trabajado para la BBC, El Guardián de Londres, y otros importantísimos medios. Greg ha obtenido y difundido documentos que son una bomba para la actividad criminal de los globalizadores. No hay otra palabra para nombrarlo. Usted puede acceder por inforwars.com, o a su sitio en la web - gregpalast.com, o a cualquiera de los otros informes magníficos que ha estado publicando. Ahora tiene los documentos secretos. Hemos visto como actúan el FMI y el Banco Mundial por años. Llegan, sobornan a los políticos para transferir los sistemas de agua potable, las vías férreas, las compañías telefónicas, las compañías nacionalizadas de petróleo, las companías de gas. Los gobiernos las regalan por nada. Los globalizadores les pagan los sobornos individualmente. Miles de millones por cabeza en cuentas bancarias suizas. Y el plan es la esclavitud total para toda la población. Lo anticipamos en esta radio. Era una corporación falsa para lavar dinero, el dinero de la droga, y lo que se imagine. Esto es muy grande y difícil de creer. Pero está sucediendo actualmente. Greg Palast ahora ha difundido la historia mundialmente. Ha entrevistado al ex-economista en jefe del Banco Mundial. Continúe por favor señor Palast con todos estos puntos. Para nuestros oyentes, en resumen, ¿Cuál es el sistema que usted está desenmascarando?
GREG PALAST: Estamos desenmascarando que están sistemáticamente destrozando a las naciones, sea Ecuador o Argentina. El problema es que algunas de estas malas ideas están llegando a los EE.UU. En otras palabras, se les acaban los países para desangrar. Y el problema es que quien lo dice es el ex-economista en jefe del Banco Mundial. No es algún tipo de segunda línea. A propósito: unos meses después de que fue despedido del Banco Mundial, le fue otorgado el Premio de Nobel en Economía. Por lo que está claro que no es ningún tonto. Me contó que fue a los países donde estaban hablando acerca de privatizar y vender los activos. Y básicamente, ellos sabían. Sabían, y miraron para otro lado cuando se entendió que los líderes de estos países y los ministros principales se quedarían con centenares de millones de dólares.
ALEX JONES: Pero eso ni siquieran es una privatización. Simplemente se lo robaron a la gente y se lo entregaron al FMI/Banco Mundial.
GREG PALAST: Se lo entregaban generalmente mediante pantallas, como el Citibank que era muy grande y absorbió la mitad los bancos argentinos. También tenemos a la British Petroleum tomando los oleoductos en Ecuador. Y lo que le conté de Enron tomando los sistemas de agua potable en todo el mundo. El problema es que destruyen estos sistemas también.(...) Esto va más allá que un caso de corrupción, es más grave que alguien haciéndose rico en con el gasto público.
ALEX JONES: Y el FMI obtuvo hace poco el control sobre los Grandes Lagos (N del T: al norte de EEUU). Ahora tienen el control total sobre el abastecimiento de agua. Eso apareció en diario "Tribune” de Chicago.
GREG PALAST: Bien, el problema que tenemos es que el FMI y el Banco Mundial son, en un 51% , propiedad del Tesoro de Los Estados Unidos. Entonces la pregunta es: ¿Qué obtenemos por el dinero que ponemos allí? Y parece ser que lo que obtenemos es desastres en varias naciones. Indonesia está en llamas. El Economista en Jefe del Banco Mundial, Stiglitz, me decía que él comenzó preguntando qué estaba sucediendo. Usted sabe: a todos los lugares adonde vamos, en cada país en que nos metemos, destruimos toda su economía y acaban en llamas. Y él decía que hizo este tipo de preguntas y por eso lo echaron del Banco Mundial. Dijo que incluso planean los disturbios sociales. Saben que cuando aprietan a un país y destruyen su economía, obtendrán disturbios sociales en las calles. Pero dicen, "bien ese es el disturbio social del FMI". En otras palabras: al tener un disturbio social, usted pierde. Todo el capital se fuga de su país y eso le da la oportunidad al FMI para sumar luego más condiciones.
ALEX JONES: Y eso los hace aún más desesperados. Entonces esto realmente es una guerra económica imperial para destruir países. Y ahora lo están haciendo aquí con Enron. Se han vuelto tan codiciosos que se están preparando para tomar este país (los EEUU).
GREG PALAST: He hablado recientemente en California con los investigadores principales del Estado de California por el caso Enron. Ellos me comentaron algunos de los juegos que estos tipos hacen. Nadie está consciente de eso. No es sólo que algunos accionistas hayan perdido su dinero. Se han succionado millones, miles de millones de dólares del bolsillo público en Texas y en California.
ALEX JONES: ¿Dónde están los activos? Vea; todos dicen: “no quedan activos dado que Enron era una corporación falsa “. Eso me dijeron los peritos que he entrevistado. Han transferido todos los activos a otras corporaciones y bancos.
GREG PALAST: Bien sí, este tema parece un juego de cartas y engaños de apostadores y mafiosos. Quiero decir: recuerde que en el fondo se mueve dinero. Por ejemplo, se pagaron las facturas de electricidad de California, y según las investigaciones, dicen que recibieron innecesariamente electricidad por un costo de 9 a 12 mil millones de dólares. Y no sé como van a recuperar ese dinero ahora.
ALEX JONES: Bueno, sé que atraparon al Gobernador comprando electricidad por $137 el megawatt y vendiéndolo a Enron por $1 por megawatt y haciéndolo una y otra vez.
GREG PALAST: Sí. El sistema se había salido completamente fuera de control y estos tipos sabían exactamente lo que estaba sucediendo. Usted tiene que entender que algunos de los tipos que diseñaron el sistema en California para la desregulación de la electricidad fueron después a trabajar para la Enron. De hecho, yo estoy en Londres ahora y tenemos la noticia de que la Corona Británica tiene alguna responsabilidad aquí. El tipo que estaba en el comité de revisión de Enron era Lord Wakeham. Y este tipo es muy especial, no hay un conflicto de intereses en el cual el tipo no haya estado implicado.
ALEX JONES: Y él es la cabeza visible de N.M. Rothschild.
GREG PALAST: No hay ningún negocio en el que no esté metido. Está en algo así como cincuenta directorios de distintas empresas. Y uno de los problemas consiste en que era, supuestamente, el titular del comité auditor encargado de la revisión de los libros contables de Enron. Y de hecho, le estaban pagando honorarios de consultoría por debajo de la mesa. Estuvo en el gobierno de Margaret Thatcher y es uno de los que autorizó a Enron para venir a Gran Bretaña y asumir el control de centrales eléctricas en Gran Bretaña. Además, tomaron el control de un sistema de agua potable en el centro de Inglaterra. Para ser más claros: este tipo les aprobó la entrada y en contrapartida ellos le dieron un puesto en el directorio. Pero, además de ponerlo en el directorio, le dieron un contrato de consultor con enormes honorarios. Así que ya ve: este sujeto estaba supuestamente a cargo del comité de revisión que controlaba cómo manejaban sus cuentas.
ALEX JONES: Bueno, también preside el comité que regula los medios.
GREG PALAST: Sí, es él. Por eso he tenido grandes problemas. Porque él me regula a mí.
ALEX JONES: Están tratando también de hacer aprobar leyes en Inglaterra por las cuales, si usted tiene sobre su propiedad, por ejemplo, un pozo de agua de 800 años de antigüedad, o en algunos casos un pozo de 2000 años construido por los romanos, ellos vienen y le dicen "le ponemos un medidor de agua en el pozo". Usted ni siquiera puede tener su propia agua.
GREG PALAST: Si. Y ese es el Lord Wakeham. Es un empleado de Enron. Es un tipo muy particular. No se lo puede tocar, porque como usted ha dicho, regula los medios. Si usted lo critica, le impedirá escribir sobre el tema.
ALEX JONES: Investiguen en N.M.Rothschild, encontrarán todo allí. Ahora, vamos por esos cuatro puntos. Quiero decir, los que usted ha obtenido de los documentos. Los cuatro puntos de la receta del FMI/Banco Mundial para poner un país de rodillas y destruir los recursos de la gente.
GREG PALAST: De acuerdo. Primero usted abre los mercados de capital. Esto es: vende sus bancos locales a bancos extranjeros. Luego implanta lo que se llama "precios de mercado". Esto es lo que pasó en California donde todo fue "mercado libre" y terminó con facturas por el servicio de agua potable. Aún no nos imaginamos vendiendo compañías de agua en los Estados Unidos de América, pero imagínese a una compañía privada como Enron siendo propietaria de su agua. Los precios se irían por las nubes. Luego usted abre sus fronteras para comerciar. Libre comercio total . Y recuerde que Stiglitz que era el economista en jefe. Recuerde que él dirigía este sistema. Él era el hombre que hacía los números. Y fue él quien me dijo que esto era como las "guerras del opio". Fue él quien me dijo "esto no es libre comercio; esto es comercio a la fuerza". Esto es la guerra. Con esto, están destruyendo las economías de los países.
ALEX JONES: Bueno, mire: China tiene un 40% de tarifa sobre nosotros. Nosotros tenemos un 2% sobre ellos. Eso no es comercio libre y justo. Esto es forzar completamente a toda la industria hacia un país que los globalizadores controlan.
GREG PALAST: Bien, usted conoce lo de Walmart. Escribí un trabajo sobre eso. No sé si usted leyó mi libro. Permítame mencionar que he publicado un libro: “La mejor democracia que el dinero puede comprar”. Es acerca de cómo, desgraciadamente, América se ha puesto en venta. “La mejor democracia que el dinero puede comprar” sale esta semana. Tengo una historia allí acerca de cómo Walmart tiene 700 plantas en China. Pero no hay casi nada en una tienda de Walmart que venga de los Estados Unidos de América, a pesar de todas las banderas colgadas en la pared.
ALEX JONES: Exactamente, como en la novela 1984 de Orwell. Tienen las banderas que dicen "Compre Americano" pero no hay nada americano para comprar. Es el doble discurso orwelliano.
GREG PALAST: Lo que es aún peor es que ponen una fábrica y al lado construyen una fábrica melliza que por dentro es una prisión. Puede imaginarse las condiciones de estos trabajadores que producen esos hermosos artículos para Walmart. Es realmente...
ALEX JONES: Y si alguien de la élite necesita un hígado, sólo tienen que hacer un pedido telefónico.
GREG PALAST: (Risas) Lo sé. Es cruel. De hecho, hablé con un sujeto. Harry Wu, ese es su nombre. Realmente, él estuvo adentro. Estuvo en prisiones chinas por 19 años. Como nadie creyó en sus horribles historias, se introdujo nuevamente en la prisión, llevó una cámara con él y sacó fotografías de las condiciones de detención y dijo: “estas son las condiciones de las fábricas donde Walmart obtiene sus artículos. Es todo...
ALEX JONES: A mí me amenazaron con no salir nunca más en la televisión aquí en Austin (Texas) cuando puse al aire un video de unas niñas pequeñas de 4 años, encadenadas, más flacas que los judíos en los campos de concentración, a punto de morir. Me amenazaron: "Si usted vuelve a poner al aire eso otra vez, será arrestado".
GREG PALAST: Bueno, es cierto. El material que me ha sido entregado, por desgracia, también horroriza. Por el otro lado, Stiglitz fue muy valiente al salir y hacer esas declaraciones. Como dije, él no me proporcionó los documentos. Los documentos sellaron la historia porque decían lo que realmente estaba sucediendo. En ellos realmente se decía "firme en la línea punteada para acordar las 111 condiciones para cada nación". Y el público no sabe nada. El público no tiene ni idea de qué diablos está sucediendo. Todo ellos saben...
ALEX JONES: Volviendo a la privatización. Vamos a esos cuatro puntos. Esa es la clave. Les daban miles de millones a los políticos para entregar todo.
GREG PALAST: Si, él — Stiglitz — lo llamó "sobornización". Esto es: usted vende la compañía de agua y eso vale, por diez años..., digamos que eso vale cerca de 5 mil millones de dólares. Diez por ciento de eso son 500 millones. Usted se puede imaginar cómo funciona. Hablé con un senador argentino hace dos semanas. Le hice una entrevista en vivo. Él dijo que recibió una llamada de George W. Bush en 1988 diciendo que se entregara el gasoducto argentino a Enron. Me refiero a nuestro actual presidente. Mi entrevistado dijo que, después de la llamada. lo que le pareció realmente espeluznante fue que Enron pagaría un quinto del precio mundial por el gas. Cuando preguntó “¿cómo puede ser que ustedes nos hagan una oferta tan ridícula?” le dijeron: — no directamente Bush pero sí un socio en el trato — "Bueno, si nosotros sólo pagamos un quinto del precio, eso deja una pequeña porción para usted que podría ingresar en su cuenta bancaria suiza". Así es como se hace.
ALEX JONES: Esto es el ....
GREG PALAST: Tengo la película. Mi entrevistado es muy conservador. Conoce bien a la famila Bush. Fue ministro de obras públicas en Argentina y me dijo: "Sí, yo recibí esa llamada". Yo le pregunté: “¿De George W. Bush?”. Y me contestó : “Sí, en noviembre de 1988”. El tipo lo llamó y le dijo que le dé el gasoducto a Enron. Ahora este es el mismo George W. Bush quien dijo no conocer a Ken Lay (presidente de Enron) hasta 1994. Entonces, usted sabe...
ALEX JONES: Y ahora tenemos estas audiencias por lavado de dinero. Usted sabe que yo estuve en Enron ayer en Houston porque ahora vivo aquí en Austin. Estábamos como a 9 metros de la puerta, en la vereda — lo tengo en video — y unos guardias salieron y dijeron: “usted no puede filmar”. Yo les dije, "entonces arréstenme". Quiero decir, estaba hablando en la vereda, Greg.
GREG PALAST: Bueno, yo estuve allí en mayo, informando al público de Inglaterra que nunca había oído hablar de Enron, pero... Y éstos son los tipos que han descubierto cómo engañar a este gobierno. De hecho, nosotros vimos algunos documentos interesantes, un mes antes de que Bush asumiera. Bill Clinton — pienso que para desquitarse con un sponsor de la campaña de Bush — sacó a Enron fuera del mercado de California. Puso un tope a los precios que podrían cobrar. No podrían cobrar más que cien veces el precio normal de la electricidad. Eso trastornó a Enron. Entonces Ken Lay escribió personalmente una nota a Dick Cheney para que sacara el tope de Clinton a los precios. Dentro de las 48 horas de la asunción de George W. Bush, su departamento de Energía derogó el tope para Enron... OK, ¿Cuánto vale eso para esos tipos? Usted sabe cuanto debe valer eso. Compensó en sólo una semana todos los donativos para la campaña.
ALEX JONES: ¡Escuche las bombas que está soltando!. Usted entrevista a estos ministros, la cabeza anterior del FMI, el economista del Banco Mundial, ha obtenido los documentos, las cuentas bancarias suizas de gente sobornada, todo esto. Pero, en fin:... pasemos a la Parte 2. A lo que hacen después de que comienza la destrucción de un país.
GREG PALAST: Bien. Les dicen que deben comenzar a hacer recortes presupuestarios. Un quinto de la población de Argentina está desempleada, y ellos les dicen que corten drásticamente los beneficios a los desempleados. Que saquen los fondos de pensiones. Que corten el presupuesto de la educación. Me refiero a cosas horriblemente perversas. Ahora, si usted recorta la economía en el medio de la recesión creada por estos tipos, va a demoler absolutamente a toda la nación. Después de que fuimos atacados el 11 de septiembre, Bush salió y dijo: “debemos gastar $50 a $100 mil millones de dólares para salvar nuestra economía”. Nosotros no comenzamos por recortar el presupuesto. Al contrario: empezamos por tratar de salvar esta economía. Pero ellos le dicen a estos países: “usted tiene que recortar, y recortar, y recortar”. Y ¿por qué?. Según los documentos, es para que puedan hacer los pagos a los bancos extranjeros. Los bancos extranjeros cobran entre el 21% y el 70% de interés. Esto es usura. De hecho, ha sido tan nefasto que le exigieron a Argentina que derogue las leyes contra los créditos usurarios. Porque cualquier banco sería un usurero según la ley Argentina.
ALEX JONES: Pero Greg, lo dijo usted mismo y los documentos lo muestran. Primero destruyen la economía para crear esa atmósfera. Crean el clima completo que genera esta situación.
GREG PALAST: Si, y entonces dicen, "bien amigo, no le podemos prestar dinero a menos que acepte estas tasas usurarias". Nosotros no permitimos que la gente cobre 75% de interés en los Estados Unidos. Eso es usura pura.
ALEX JONES: Vamos a la Parte 3 y a la Parte 4. ¿Qué hacen después de eso?
GREG PALAST: Como dije, se abren las fronteras para el comercio. Es la nueva Guerra del Opio. Una vez que han destruido una economía para que no pueda producir nada, una de las cosas más terribles es que fuerzan a las naciones a pagar precios horrendos por cosas como las drogas. Las drogas legales. Y a propósito: así es cómo se acaba por tener un comercio de drogas ilegales. Es que lo único que les queda para sobrevivir es vendernos drogas... y eso es cómo...
ALEX JONES: Y la misma CIA, la dictadura nacional de la seguridad, ha sido atrapada comerciando droga.
GREG PALAST: Usted sabe....: "solo estábamos ayudando a nuestro aliados...."
ALEX JONES: Esto es asombroso. Entonces, hunden a todo el mundo, destrozan la economía y luego compran lo que queda por monedas. ¿Cual es la Parte 4 del Plan del FMI y el Banco Mundial?
GREG PALAST: Bien. En la Parte 4, usted termina por desarmar el gobierno. Y a propósito: la verdadera Parte 4 es el golpe de estado. Eso es lo que no dicen. Y estoy enterándome de ello en Venezuela. Acabo de recibir una llamada del presidente de Venezuela.
ALEX JONES: Y ellos instalan su propio gobierno privado corporativo.
GREG PALAST: Lo que dijeron es: "Aqui tiene usted un presidente elegido por el pueblo" y el FMI ha anunciado, escuche esto, "que apoyarían un gobierno de transición si el presidente Chávez fuera derrocado". No dicen que se están involucrando en la política interna del país. Sólo dicen que apoyarían a un gobierno de transición. Lo que efectivamente están diciendo es: "pagaremos por el golpe de Estado si los militares derrocan al presidente actual, porque el presidente actual de Venezuela le ha dicho no al FMI". Chávez le dijo a los tipos del FMI que hagan las valijas. Ellos trajeron sus equipos y dijeron: “usted tiene que hacer esto y aquello otro”. Y él contestó: “Yo no tengo que hacer nada”. Y les agregó: “Lo que haré es esto: voy a duplicar los impuestos a las petroleras porque tenemos mucho petróleo en Venezuela. Y si duplico los impuestos sobre las corporaciones petroleras entonces tendré todo el dinero que necesito para los programas sociales y para el gobierno; y seremos una nación muy rica”. Bien, apenas dijo eso, le comenzaron a fomentar problemas con el ejército. Le advierto: preste atención a ese país: el presidente de Venezuela será derrocado (...) o será asesinado. No le van a permitir el aumento del impuesto a las petroleras.
ALEX JONES: Greg Palast, aquí está el problema. Usted lo dijo cuando salió al aire. Estan hambrientos. Están por hacer lo mismo con los EEUU. — Enron, por toda la evidencia que he visto hasta ahora, era una pantalla. Roban los activos y luego los transfieren a otras compañías globales más antiguas. Lego limipian todo y roban los fondos de pensiones. Ahora nos dicen que el terrorismo puede atacar en cualquier momento. Dicen: “sucederá si usted no cede sus derechos civiles”. Bush no incluyó al Congreso y a los otros que se supone debieran estar en el gobierno paralelo en el caso de un ataque nuclear. Según el Washington Post: -"El Congreso no fue informado sobre el Gobierno en las Sombras". Tenemos al Presidente del Senado que no estaba enterado . Esto se parece a un golpe de estado aquí en los EEUU. Me estoy dando cuenta de ello. Mejor difundamos esta información o estas hambientas criaturas se quedarán con todo.
GREG PALAST: Estoy muy preocupado por una cosa. He informado esto en los medios principales de Gran Bretaña. Estoy en la BBC a pesar del Lord Wakeham. Sé que él no me quiere allí. Pero estoy en la BBC. Estoy en el diario principal, que es el equivalente del New York Times, y podemos publicar la información. Me da mucha pena que aquí (en EEUU) tengamos que usar una prensa alternativa, una red alternativa de radio para poder sacar la información que realmente importa. Quiero decir que la información debiera estar disponible para cada Americano. Después todo, es nuestro gobierno.

Referencias:
Primera versión en castellano: www.NuevasBases.org
El original en inglés se encuentra en: www.gregpalast.com
Ver también: www.InfoWars.com

Fundamentos de la doctrina justicialista

I
EL HOMBRE

El ser humano nace de la familia, grupo social básico que constituyen sus padres y del cual recibe la vida y cuidados de toda naturaleza. Se desarrolla en el seno de una Comunidad más amplia que se constituyó a lo largo de los siglos y que le proporciona la herencia del pasado, sin la cual no se diferenciaría de la fiera: no sólo los bienes materiales, sino también y sobre todo sus caracteres biopsíquicos y la civilización y cultura de su tradición.
De ahí que el hombre sea un animal social: depende de la sociedad que le da la vida y los medios de aprovecharla plenamente, conforme con su derecho natural de individuo. Tiene, por lo tanto, la obligación, no menos natural, de aportar a la Comunidad todo lo que es capaz de darle y, eventualmente, de sacrificarse por ella.
Sólo en el marco social el ser humano se realiza plenamente, mandando si tiene las cualidades requeridas, obedeciendo si lo necesita para afirmarse en grado máximo; pero nunca aceptando pasivamente la existencia. La Comunidad no es ningún rebaño: para progresar en toda la medida de lo posible, necesita que todos sus miembros, cada uno en el lugar que su capacidad le asigna, luchen constantemente. No se transforma la naturaleza con gozadores; no se vencen los obstáculos con cobardes. El heroísmo es la virtud primera del hombre. Vivir peligrosamente es vivir como ser humano; vivir tranquilamente es subsistir como vaca destinada al matadero. Los hombres Heroicos hacen los pueblos fuertes. Y sólo los pueblos fuertes hacen la historia.



II
LA COMUNIDAD

Natural o voluntariamente, el ser humano forma parte de distintos grupos sociales y asociaciones de naturaleza diversa, cada uno de los cuales tiene su orden propio que se opone en alguna medida al de los otros y que permanecen unidos, sin embargo, por vínculos de solidaridad más fuertes que sus antagonismos. El hombre es miembro de una familia, de un taller, de una parroquia, de un club deportivo, etc., fuera de los cuales no podría ni procrear, ni producir, ni rezar, ni divertirse. Las familias agrupadas en cierto territorio constituyen un municipio; varios municipios, una provincia; varias provincias, una nación. Y lo mismo ocurre, o debería ocurrir, con los demás grupos de función común.
La Comunidad se presenta, pues, como una pirámide de federaciones diferenciadas que desempeñan cada una su papel particular en el seno del organismo social. No se trata de un mero conglomerado, sino de un conjunto unitario que nace, se desarrolla y muere como un individuo. Surgida del pasado, la Comunidad crea su historia afirmándose en el presente por adaptación a condiciones de vida siempre cambiantes y se proyecta en el futuro con una masa de posibilidades que le corresponderá a ella hacer reales o rechazar en el olvido.
Para afirmarse cada vez más, la Comunidad nacional tiene que ser dueña de su destino. Esclavizada por una potencia extranjera o proletarizada por la finanza internacional, la nación no puede sino sobrevivir, humillada y explotada. Pero tampoco puede dar lo mejor de sí misma cuando una fracción de sus integrantes la gobierna en provecho propio o explota el trabajo ajeno. No hay Comunidad nacional sin soberanía política, independencia económica ni justicia social.



III
EL ESTADO

Los grupos federados que constituyen la Comunidad no sólo están destinados a coexistir, sino también a colaborar, en el sentido preciso de la palabra, como los miembros de una familia. Tienen que desempeñar cada uno su papel particular en el seno del organismo social. Sus funciones respectivas son complementarias. No se puede concebir una harmonización de tantas actividades diversas e interdependientes sin un orden jerárquico, que implica el mando. Es ésta la razón primordial por la cual toda Comunidad posee un órgano especializado en conducción política: el Estado. A él corresponde dar a la multiplicidad necesaria de los grupos y federaciones la unidad sin la cual no habría sino el caos.
Para conducir a la Comunidad, el Estado necesita conocerla, y no sólo en su realidad presente. No puede crear la historia sin saber de dónde vienen los elementos de que dispone, o sea sin aprehenderlos en su evolución. Para poder proyectar la intención histórica de la nación, el Estado debe interpretarla y, más aún, encarnarla.
También debe dar a las fuerzas internas del cuerpo social la unidad y continuidad que no poseen espontáneamente. De los grupos, asociaciones y comunidades intermedias surgen dinamismos que constituyen la “materia prima” de la duración comunitaria. Pero tales dinamismos tienden a desgastarse en antagonismos estériles que el Estado tiene que superar, haciendo que las fuerzas hostiles concurran a la afirmación nacional.



IV
LA SUBVERSIÓN BURGUESA

A fines del siglo XVIII o principios del XIX el orden social natural fue quebrado por un fenómeno patológico cuyas consecuencias seguimos padeciendo. Grupos marginales de la sociedad comunitaria, que se dedicaban al comercio de ultramar y, clandestinamente, al préstamo a interés, se habían enriquecido sin conseguir con ello más que comodidades materiales. Aspiraban al poder y, después de un largo proceso de subversión ideológica, lograron apoderarse del Estado francés y posteriormente, por la fuerza o la propaganda, de los demás Estados del mundo occidental.
La burguesía adaptó entonces a sus necesidades las estructuras del Estado, convirtiéndolo de órgano rector de la Comunidad en instrumento de su propia dominación. Pero las “fuerzas de ocupación” estaban divididas en numerosos grupos competidores, debido a su misma naturaleza mercantil. Con el fin de que ninguno de dichos grupos pudiera desplazar a los demás, la burguesía triunfante dividió al Estado en tres poderes autónomos e hizo depender los cargos públicos más importantes de un proceso electoral individualista. Cada grupo constituyó su propio partido. Reservado, en un primer momento, a los burgueses mediante el sufragio censal, el derecho de voto fue extendiéndose paulatinamente a medida que se conseguía adoctrinar al pueblo gracias al monopolio de los medios de difusión: escuela y prensa. Si una elección daba, a pesar de todo, resultados insatisfactorios, siempre se la podía anular.
Así quebradas su unidad y su continuidad, el Estado ocupado por la burguesía era sumamente débil. No podía, pues, tolerar la existencia de comunidades intermedias poderosas, a las cuales no estaba seguro de poder imponer su voluntad. De ahí que disolviera los gremios, avasallara la iglesia y hasta, en algunos países, dividiera las provincias históricas. Su meta era convertir al pueblo organizado en una masa de individuos aislados, “nacidos expósitos y destinados a morir solteros”, como dijo Renan. Pues, por débil que fuera, el Estado burgués siempre podía dominar a un rebaño de seres humanos indiferenciados. En nombre de una Libertad mítica e irreal, la burguesía se empeño en quitar al hombre los fueros y libertades de que gozaba anteriormente en virtud de su función. Y lo consiguió en gran medida.



V
EL CAPITALISMO

Con el régimen demoliberal, el dinero se convierte en la fuente exclusiva del poder. La disolución de los gremios y la legalización del préstamo a interés eliminaban todo obstáculo al enriquecimiento mediante la explotación del hombre por el hombre: del hombre pobre por el hombre rico; del productor al parásito.
Prometiendo a los demás la libertad política, la burguesía se aseguró la libertad económica, que utilizó para anular la primera. Pues la Libertad era indivisible, absoluta para todos: para el fuerte y para el débil, para el rico y para el pobre. O sea, como dijo Julio Guesde, para el zorro y para la gallina: ¿por qué la gallina se quejaría de que el zorro se la comiera si ella tiene plena libertad de tragarse al zorro?
Con su riqueza hasta entonces inutilizada, los burgueses abrieron manufacturas y el libre artesano de antaño se convirtió en un asalariado. No fue más dueño de sus herramientas ni del producto de su labor. Se limitó a vender su trabajo al capitalista, quien fijaba el precio en función de la “ley” de la oferta y de la demanda. Claro que el obrero tenía absoluta libertad de no aceptar el trato y en consecuencia, como también lo dijo Julio Guesde, de morirse de hambre.
Así se dividió la sociedad en clases: por un lado, el conjunto de los detentadores de los medios de producción, o sea, la burguesía capitalista; por otro, el conjunto de los asalariados, o sea, el proletariado; entre las dos, el conglomerado de todos aquellos que no revistaban en ninguno de los bandos, o sea, la clase media. Otrora estamental, vale decir funcional, la estratificación de la Comunidad se hacía económica: los explotadores, los explotados y, en el medio, los que no eran netamente ni lo uno ni lo otro.



VI
EL CAPITALISMO DE ESTADO

Carlos Marx preveía, a mediados del siglo pasado, que el capital se iría concentrando en un número de manos cada vez más reducido y que la clase media sería absorbida por el proletariado. Tales predicciones no se han cumplido en el mundo liberal. Por el contrario, los dueños del capital se han ido multiplicando y las clases medias se amplían constantemente, absorbiendo a sectores cada vez más importantes de la clase obrera. La minoría burguesa, que había sabido conquistar el poder a sangre y fuego en los decenios que siguieron a 1789, evidentemente ya no era la misma. Se había ablandado con la vida fácil y se manifestaba incapaz de llegar al soñado monopolismo integral.
De repente, en 1917 y en un país, Rusia, donde el capitalismo, embrionario, aún no había logrado imponerse, una minoría insurrecta, muy semejante por su composición a los jacobinos, se adueño del poder y, a través del Estado ocupado por ella, se convirtió en el único detentador–colegiado- de los medios de producción, de difusión y de represión. A lo largo de los años, esa minoría combatiente se fue transformando en una oligarquía tecnoburocrática cerrada, que supo realizar un capitalismo perfecto, evitando los escollos del liberalismo. Fuera de ella, sólo había proletarios indefensos, cuyos sindicatos no eran sino instrumentos de poder del Estado-patrón.
Entre el capitalismo liberal y el capitalismo estatal no existía, pues, -ni existe- otra diferencia que la que procede de distintos grados de cohesión y eficacia. Tal diferencia era más marcada que hoy en vísperas de la segunda guerra mundial. Desde aquel entonces, y especialmente en los últimos años, el sistema soviético se ha ido liberalizando hasta reintroducir el lucro y la competencia entre las empresas, mientras que el sistema liberal se iba endureciendo como consecuencia de la guerra, con intervención cada vez mayor del Estado en la conducción de la vida económica.



VI Bis
EL SINDICALISMO

No se podía esperar, por supuesto, que los asalariados aceptaran pasivamente la situación que se les imponía. Muy pronto, proletarios más conscientes y más valientes que los demás empezaron a organizarse para la lucha. No constituían sino una minoría ínfima, pero dura y decidida. Con un heroísmo digno de los tiempos homéricos, como muy bien dijo Jorge Sorel, supieron interpretar a la clase obrera y alzarse contra el sistema democapitalista. Como un ejercito en guerra, en medio de la incomprensión y, a menudo, de la hostilidad de sus compañeros de miseria, subieron al asalto del Estado burgués, con la única arma de que disponían: la huelga. Arma insuficiente, ésta, por cierto. Pues los patronos, dueños del poder comunitario, recurrieron a la policía y, de ser preciso, al Ejército. El sindicalismo revolucionario, como tal, fracasó.
Paradójicamente, los héroes de la lucha de clases consiguieron, sin embargo, una serie de victorias en el terreno en que menos las buscaban. Las huelgas aisladas –pues la misma condición proletaria nunca permitió llevar a cabo los grandes proyectos de huelga general- no inquietaban sobre manera al Estado burgués, pero sí perjudicaban a los patrones contra los cuales se hacías. Para quitar a los líderes revolucionarios el apoyo de la masa de los asalariados, basta con ceder ante sus reivindicaciones materiales y aumentar un tanto los salarios. Las condiciones de vida y de trabajo de los obreros empezaron así a mejorar. No faltaron entonces dirigentes sindicalistas para pensar que más valía abandonar un combate sin esperanza y negociar con la burguesía la incorporación pacífica del proletariado al sistema vigente, a cambio de ventajas cada vez mayores. Los héroes dejaron el lugar a mercaderes que sustituyeron la lucha por el regateo y la componenda. El sindicalismo reformista no representaba ningún peligro para la burguesía. Antes al contrario, garantizaba la permanencia del régimen demoplutocrático. Entonces, los sindicatos mediatizados fueron autorizados por ley, ya meros apéndices, ruidosos pero tranquilizadores, del sistema imperante.
Con el tiempo, la clase obrera de los países más industrializados se fue aburguesando. En cuanto a sus condiciones de vida, se diferencia muy poco, hoy en día, de las clases medias. Pero sus integrantes siguen siendo asalariados, subesclavos bien alimentados. Sus dirigentes han llegado a constituir una oligarquía capitalista, no sólo la buena vida, sino también, directa o indirectamente, el poder. Son empresarios como los demás, mancomunados como los demás para la defensa del sistema.



VII
EL PODER SUPRANACIONAL

El más craso error que se pueda cometer al estudiar el mundo de hoy es el de creer que capitalismo liberal y capitalismo estatal son enemigos irreconciliables. En realidad, no pasan de competidores, como podían serlos potencias demoliberales del siglo pasado. Rivalizan por el dominio de colonias y mercados, pero se encuentran solidarias cuando el sistema común está en peligro. Lo demostró a las claras la segunda guerra mundial como también, en nuestro país, el contubernio de liberales y comunistas en 1945 y 1955.
Más aún, todo parece indicar que existe, por encima de los bloques demoplutocrático y soviético, una potencia supranacional que los maneja a su guisa. Está probado que un consorcio bancario internacional subvencionó abundantemente a Trotsky en 1917. No fue, evidentemente, un hecho accidental. La gran finanza no tiene patria, sino solamente intereses. Guerra fría y conflictos localizados no son sino episodios de mutua conveniencia, que permiten a los Estados Unidos mantener a flote su tambaleante economía y a la Unión Soviética reforzar la tensión interna sin la cual su imperios correría serio peligro de desintegrarse. Lo más probable es que quienes atienden, en Washington y en Moscú, el teléfono que une la Casa Blanca al Kremlin hablen un mismo idioma, y que este idioma no sea ni el ruso ni el inglés.



VIII
EL MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO

No faltaron, en el siglo XIX, grupos revolucionarios que se alzaran contra el poder burgués. Pero su enfoque del problema era parcial. Unos, salidos de las clases medias, luchaban por la liberación del Estado y, a través del Estado, de la Nación. Otros, formados en el seno del proletariado, buscaban liberar a la clase obrera de la opresión capitalista. No se daban cuenta que su enemigo era el mismo: la minoría burguesa que, dueña del poder político, avasallaba la Comunidad y explotaba a los productores. A menudo, por mutua incomprensión, nacionalistas y socialistas se enfrentaban, neutralizándose, debidamente incitados al efecto por agitadores a sueldo.
Para que la revolución auténtica se hiciera factible, fue preciso que los grupos nacionalistas tomaran conciencia de la opresión capitalista que ellos sufrían exactamente como el proletariado, y que los grupos obreros tomaran conciencia del avasallamiento de la Comunidad histórica por la oligarquía burguesa. Entonces sí surgieron movimientos revolucionarios nacionales que supieron realizar la síntesis del nacionalismo y del socialismo, del espíritu de tradición y del espíritu de revolución. Negando los antagonismos anticuados, estos movimientos constituyeron verdaderos Estados supletorios que se hicieron los instrumentos de la intención directriz de sus respectivas Comunidades.
Las revoluciones nacionales de nuestro siglo se realizaron en dos estadios. El primero consistió en la liberación del Estado de la ocupación burguesa, lo que implicaba la reestructuración funcional. El segundo, en la liberación de la Comunidad y, en especial, del proletariado, de la explotación económico-social que padecían, lo que implicaba la transformación total del sistema capitalista de producción y distribución. Lo segundo era más difícil de realizar que lo primero: la historia reciente lo prueba.



IX
LA REVOLUCION NACIONAL JUSTICIALISTA

En nuestro país, el proceso revolucionario se desarrollo de un modo un tanto diferente. El golpe militar del 4 de junio de 1943 ya había liberado el Estado, con un enfoque exclusivamente político, cuando surgió el peronismo, integrado por grupos nacionalistas civiles y por la gran masa obrera. El movimiento revolucionario no se había constituido, depurado ni fogueado en la lucha. Carecía de doctrina y de cuadros y hasta, dividido en partido y gremios, de unidad orgánica. No supo endurecerse ni unificarse desde el poder. Antes al contrario, cometimos el error de permitir –y a veces imponer- la afiliación indiscriminada al partido, debilitándolo así aun más. Sólo los gremios constituían una fuerza coherente, pero incompleta por su mismo carácter clasista,
Por otro lado, la revolución nacional justicialista estalló y se desarrollo en el momento internacional más difícil. Vencida en el país, la Unión Democrática dominaba el resto del mundo con el nombre de Naciones Unidas. La presión política y militar de los aliados había sido muy seria –en algunas oportunidades, irresistible- en los años anteriores y permanecia latente. Cambiar brutalmente las estructuras políticas y económicas hubiera sido considerado una verdadera provocación, con posibles consecuencias sumamente peligrosas para nuestra misma soberanía.
El Estado justicialista tuvo, por lo tanto, que actuar dentro del marco institucional creado por la oligarquía, o sea con instrumentos inadecuados a sus propósitos. Se limitó a dar un nuevo sentido a formas caducas. En el campo político, la mayoría electoral que lo respaldaba le permitió gobernar sin suprimir el régimen de partidos. En el campo económico, el macizo apoyo de los gremios le permitió instaurar la justicia social sin destruir el capitalismo. Sólo en los últimos tiempos de nuestra primera época de gobierno, un tanto relajadas las tensiones internacionales, pudimos empezar a quitarnos la careta. Las constituciones de La Pampa y El Chaco hicieron su lugar a la representación sindical y se socializaron algunas empresas. Pero, salvo estas pocas excepciones, por lo demás incompletas, la revolución nacional justicialista se limitó a eliminar efectos de causas estructurales que permanecían, constitucional y legalmente, en vigencia. Bastó, en 1955, un intrascendente golpe insurreccional para que el régimen demoliberal volviera a funcionar como si nada, o casi nada, hubiera cambiado desde 1943.



X
HOY: DOCTRINA Y MOVIMIENTO

Hay que aprender las lecciones de la batalla perdida. Muchos entre nosotros, pero no todos, han sabido hacerlo a través de diez años de persecución y de lucha. Sin embargo, nuestro movimiento sigue siendo gregario, cuando sólo las minorías operantes, expresión legítima del pueblo, son capaces de hacer revoluciones. Tenemos a millones de electores; no tenemos a los pocos miles de militantes organizados que nos son imprescindibles para dar victoriosamente el asalto al poder burgués.
No se puede organizar a fuerzas revolucionarias sin darles previamente la formación doctrinaria sin la cual no hay disciplina ni conciencia de los objetivos a alcanzar. Mucho se ha hecho, en los últimos años, para precisar las grandes líneas ideológicas del justicialismo. Nuestros historiadores revisionistas ya han ganado la batalla, en su campo, y la mitología liberal ya no engaña a nadie entre nosotros. Nuestros sociólogos y economistas han profundizado científicamente nuestra doctrina, especialmente en sus aspectos estructurales. Hoy, la Escuela Superior de Conducción Política del Movimiento está dando a esta tarea una orientación orgánica y normativa y empieza a formar nuestros militantes.
Queda por constituir, en el seno del Movimiento, una milicia combatiente que sepa encarnar, con espíritu heroico, al pueblo revolucionario todo, al margen de la estratificación clasista que nos impuso el capitalismo burgués y que sueñan en hacer perdurar los ideólogos marxistas, fieles a esquemas superados.



XI
MAÑANA: EL ESTADO COMUNITARIO

Volveremos, muy pronto, a liberar el Estado. No deberá, entonces, permanecer ningún resabio institucional de la ocupación burguesa. El Estado debe responder a nuestra realidad y a nuestras necesidades, no solamente en sus intenciones y sus obras, sino también en sus estructuras.
La nueva Constitución Justicialista asegurará la unidad y continuidad del Estado en la persona de su Jefe, situado por encima de los tres poderes institucionales. Garantizará una auténtica representación popular a través de las comunidades intermedias y cuerpos constituidos de la nación: provincias, gremios, Iglesia, universidades, fuerzas armadas, etc. Respetará y fomentará la autoconducción y los fueros de los grupos sociales y comunidades intermedias.
Así el Estado estará en condiciones de desempeñar satisfactoriamente sus funciones: todas sus funciones, y sólo sus funciones.
Esto supone, naturalmente, la supresión total y definitiva de los partidos políticos que constituyen los instrumentos del engaño demoliberal. Ni la Comunidad está hecha orgánicamente de partidos, ni una parte de la nación, en pugna con las demás, puede expresar validamente la intención histórica del todo, unitario y complejo a la vez. Sólo en Estado soberano, librado de la ocupación clasista y partidista, tiene por misión conducir a la Comunidad con vistas a su cada vez mayor afirmación.



XII
MAÑANA: LA EMPRESA COMUNITARIA

Considerada en su aspecto funcional, la empresa es una comunidad jerarquizada de productores, diversamente especializados, que aúnan esfuerzos para fabricar determinado artículo o prestar determinado servicio, valiéndose para ello de las herramientas o máquinas que impone la técnica moderna.
Considerada, por el contrario, en su aspecto legal, esta misma empresa no pasa, hoy en día, de ser un mero capital que compra máquinas, materias primas y trabajo. Pura ficción. Pues si con un golpe de varita mágica se suprimieran los dueños del capital, la empresa seguiría funcionando sin la menor perturbación, mientras que pararía y desaparecería si se eliminasen los productores.
No basta, por lo tanto, mejorar el nivel de vida del proletariado. No basta dar al productor el lugar que le corresponde en la Comunidad. No resuelve nada cambiar el capitalista sustituyendo la oligarquía burguesa por una oligarquía burocrática. Lo que hace falta es suprimir el salariado, devolviendo a la empresa, aprehendida en su realidad orgánica, la posesión y, de ser posible, la propiedad de su capital, así como la libre disposición del fruto de su trabajo.
Cualquier ente social –individuo, grupo o comunidad- tiene el derecho natural de poseer los bienes que le son imprescindibles para subsistir y realizarse plenamente. El municipio, por ejemplo, tiene naturalmente derecho a la propiedad de la vía pública o de la red de alumbrado. El municipio en sí, no la suma de sus habitantes. Cuando alguien viene a instalar en una ciudad, no tiene que comprar su parte de calle ni de usina; ni la vende cuando se va. La empresa es también un ente social independiente de sus integrantes individuales del momento. Es ella la que tiene que ser dueña de su capital, al que encontrará y usufructuará el productor entrante y dejará para su sucesor el productor saliente. Esto vale tanto para la empresa industrial como para la empresa agropecuaria. Los reformistas pequeños burgueses que quieren lotear las unidades orgánicas de nuestro campo fomentan el minifundio y la miseria. La tierra debe ser de quienes la trabajan, como las máquinas de quienes trabajan en ellas. Tal principio no supone, en absoluto, el parcelamiento de la propiedad de los instrumentos de la producción, sino la supresión de las propiedad individualista de bienes que otros –individuos o grupos- necesitan. O sea la supresión del parasitismo en todas sus formas.
Eliminado el parasitismo capitalista, las clases desaparecerán ipso facto. No habrá más burgueses ni proletarios, sino productores funcionalmente organizados y jerarquizados en sus empresas.
El gremio perderá entonces el carácter clasista que le ha impuesto una lucha necesaria cuya responsabilidad no lleva y volverá a convertirse en una federación de empresas comunitarias, con el patrimonio asistencial que necesita y los poderes legislativos y judicial que definirán sus fueros. En cada gremio, un banco distribuirá el crédito entre las empresas, dentro del marco de la planificación y conducción económica del Estado Nacional.
La revolución justicialista no busca, pues, llegar a una componenda entre capitalismo individualista y capitalista estatal, ni “mejorar las relaciones entre capital y trabajo”. Repudia íntegramente cualquier forma de explotación del hombre por el hombre y quiere volver, en todos los campos, al orden social natural. Es éste el sentido de nuestra TERCERA POSICIÓN.




Escuela Superior de Conducción Política
del Movimiento Nacional Justicialista

Decano: Tte. Gral. JUAN PERON

Secretario Nacional: Licenciado Hugo Petroff

DEPARTAMENTO DE DIFUSIÓN
ESCUELA CENTRAL

¿Qué es la identidad de los pueblos?

Juan Carlos Arroyo González
(Artículo publicado en el Boletín n.4, 1997)

Sin duda alguna la cuestión de la Identidad cultural es uno de los temas pendientes de este fin de siglo, y una de las ideas centrales sobre las que girará el debate intelectual y político del próximo milenio.

No es de ninguna manera una cuestión que se haya planteado por primera vez en nuestra época, sino que indudablemente ha consituido un fenómeno constatable a lo largo de los tiempos históricos.Todos los pueblos han conocido una etapa de expansión cultural, de difusión de sus modos de vida y valores, y todos los pueblos también han pretendido en todo momento mantener su peculiaridad, sus formas, su contenido vital y cultural como garantía de su pervivencia en la historia, cuestión además paralela-y no excluyente-a un proceso de simbiosis con otros contextos culturales.

Pero lo que caracteriza esos otros momentos históricos del presente, es la dimensión que toma el problema cultural en nuestras sociedades. Una dimensión que no se reduce a continentes y lugares geográficos determinados, sino que toman el cariz de mundial, global, y por tanto total.

La cuestión de la Identidad se plantea cuando entran en contacto-pacífico o violento-grupos humanos de muy distinto origen étnico y cultural, y que se han visto en la necesidad de desplazarse buscando nuevas tierras, mejores climas, en definitiva, mejores condiciones de vida.

La diferencia reside en que la emigración o inmigración de los Pueblos se ha convertido hoy en una "cuestión política" y que al estar sometida a los dictados de los intereses ideológicos y económicos, pierde, en su análisis, toda objetividad llenandose de cargas subjetivas y pasionales.

Ésto es justamente lo que, en gran medida, ha ocurrido con el fenómeno de la inmigración hacia Europa, ya que su tratamiento informativo en los medios de comunicación, ha resaltado el dramatismo sensacionalista en detrimento de las causas y problemática de fondo de la inmigración.

La identidad es, por definición, la cualidad de lo idéntico, pero en un mundo en constante evolución, donde la realidad tiende hacia una constante diversificación, lo "idéntico" puede resultar un concepto equívoco y más bien habría que hablar de afinidades y no de igualdades.

El análisis de la Identidad ha ido parejo con dos cuestiones culturales y sociales de plena actualidad.

En primer lugar la mundialización y standardización del patrón cultural occidental-o lo que se entiende hoy dia por occidental-ha dado lugar a una abierta actitud de rechazo de otros pueblos ante el temor de ver una tradición secular absorbida por valores radicalmente distintos a los suyos, y cuyo resultado radicará en su mayor o menor capacidad de respuesta. Evidentemente el peligro de desaparición de culturas practicamente "testimoniales" (caso de las tribus del Amazonas y el Orinoco por poner un ejemplo) es inmensamente mayor que el de enclaves culturales "disidentes" y de gran fuerza ideológica como es el Islam.

En segundo lugar los fenómenos migratorios que han ocurrido en las últimas décadas, migraciones realizadas desde paises en vias de desarrollo (de subdesarrollo más bien) a los paises industrializados del norte, ha puesto sobre la mesa el problema-aparte de la pobreza y el hambre-de las características culturales, nacionales, étnicas, etc., tanto de las poblaciones emigradas como de las autóctonas.

Esta situación ha despertado un debate social e intelectual en el seno de la sociedad europea que va desde el planteamiento de la asimilación igualitaria de los inmigrantes, a posiciones que ponen en cuestión la viabilidad de la sociedad multicultural y los peligros de disolución de las identidades culturales que puede suponer.

Ámbas manifestaciones han dado lugar a posiciones radicales entre los partidarios de un cosmopolitismo nivelador que sostiene una abierta defensa del mestizaje (cultural, étnico) y la actitud de sectores xenófobos que defienden mediante la violencia la exclusión social de los inmigrantes. Sin embargo la integración no es una cuestión que afecte en cuanto a sus resultados finales a la población autóctona, sino que implica de igual manera a la población recién llegada. Sin ir más lejos el caso de los inmigrantes norteafricanos en Francia, es un ejemplo;su oposición a la idea de la asimilación cultural contraria al mantenimiento de sus tradiciones(como la conocida polémica sobre el velo de las niñas musulmanas en las escuelas), ha desembocado incluso en abiertas críticas contra las asociaciones antirracistas del país vecino.

Una sociedad en crisis.

El debate sobre la xenofobia y la xenofilia esconde una realidad más profunda en la que radica la disgregación social que viven las sociedades humanas del fin de este milenio. Sin duda la pérdida de unos referentes culturales claros, de unos valores tradicionales, la sustitución de un comunitarismo social por la idea de una sociedad de masas anónima, la extensión del "modo de vida" norteamericano, constituyen las notas esenciales que definen el momento actual en una perspectiva social y cultural.

El individualismo que informa la sociedad occidental desde la Revolución Francesa, la primacia de la técnica como garante del bienestar social, el consumismo como único estímulo social, el poder de las élites económicas y políticas, son las claves para entender los cambios sociales que han ocurrido en las últimas décadas, cambios que han incidido en una mayor desestructuración de las sociedades, donde las relaciones interpersonales se miden en términos puramente contractuales. La desorientación de las masas, alienadas de su pasado y carentes de un futuro cierto, han creado episodios de violencia social de las cuales han sido en parte víctimas los inmigrantes.

Hablando en propiedad, habría que decir que el fenómeno de la inmigración ha sido el revulsivo que ha mostrado a "Occidente" su propia decadencia como civilización y como rector del mundo, si se me permite utilizar la terminología de Spengler. Lo que hoy conocemos como civilización occidental no tiene absolutamente nada que ver con los orígenes: aquella extraordinaria, fecunda y tolerante cultura pagana de griegos, romanos o celtas. Realmente Occidente es el resultado final de la soberbia del pensamiento ilustrado, de aquel racionalismo totalitario que pretendía ser universal, del mito del progreso ilimitado.

La alteridad, la vista del "otro", ha hecho que nos demos cuenta de este auténtico "desarme cultural" en que vive Europa. La pérdida de una Identidad, no por la venida de gentes de otros paises, sino por el olvido de una Tradición propia. La comparación entre culturas, con vistas a sentar nuestra propia diferenciación, no ha resistido la prueba.

El arraigo.

Ante todo la Identidad colectiva no puede ser definida en términos de exclusión o
marginación del otro, sino de reencuentro con uno mismo. De igual manera no puede ser entendida como algo inmutable, invariable, que resiste todos los cambios, sino como un contenido vivo que se renueva constantemente, aceptando y enriqueciéndose con el entorno, pero a la vez manteniendo su peculiaridad. Es una circunstancia perfectamente histórica que se evidencia en el contacto entre los Pueblos y la perduración de su idiosincrasia.

Así la Identidad vendría marcada por la existencia de una tensión y equilibrio entre un factor de permanencia y un factor de cambio, factores que, más que diverger en direcciones opuestas, suponen presupuestos necesarios para la pervivencia de las realidades culturales de los pueblos.

En efecto, todo cambio cultural sería-o debería ser-no la pérdida de una Tradición
originaria como conjunto de costumbres, leyes o visión del mundo, sino la adecuación de una manera de ser a un determinado momento histórico. Es por ello que el concepto de Identidad englobaría estabilidad y dinamismo a la vez. Todo proceso de cambio parte del núcleo mismo de toda cultura como un reflejo adaptativo.

Aferrarse por tanto a la "originalidad" de una realidad cultural, supone conducirla a un camino sin salida, a una via muerta. Lo contrario, es decir, la necesidad de buscar "fuera" un estímulo, un patrón, que haga posible un cambio cultural, puede suponer a la larga la destrucción de la Identidad propia. Es éste el dilema al que se enfrentan las culturas minoritarias, "atrasadas" y, en diferente medida, las culturas "civilizadas" aquejadas de mala conciencia por un pasado de imperialismo colonial.

El arraigo por tanto supone el proceso de aprehensión y transmisión constante de los contenidos vivenciales que hacen que un pueblo, nación o étnia se definan como una Identidad diferenciada. Y ese arraigo se presenta tanto con más fuerza, cuanto que se quiere revalorizar o recuperar esa Identidad.

Es por eso que el próximo milenio se nos aparece marcado por el signo del deseo del hombre de buscar su Identidad. Ahora que la aldea global nos amenaza con convertirnos a todos en esclavos de las multinacionales;que los medios de (des)información pretenden convencernos de que seamos idénticos consumidores globales;cuando quieren presentarnos como sociedad ideal lo que no es más que un agregado masificado de individuos dominados por intereses individualistas, ahora, digo, es necesario que llegue la hora de los Pueblos.

Ni izquierda ni derecha: Pensamiento popular

El lúcido pensador italiano Marcello Veneziani comienza un bello artículo sobre el antiglobalismo con la siguiente observación: "Si te fijas en ellos, los anti-G8 son la izquierda en movimiento: anarquistas, marxistas, radicales, católicos rebeldes o progresistas, pacifistas, verdes, revolucionarios. Centros sociales, monos blancos, banderas rojas. Con el complemento iconográfico de Marcos y del Ché Guevara. Luego te das cuenta de que ninguno de ellos pone en discusión el Dogma Global, la interdependencia de los pueblos y de las culturas, el melting pot y la sociedad multirracial, el fin de las patrias. Son internacionalistas, humanitarios, ecumenistas, globalistas. Es más: cuanto más extremistas y violentos son, más internacionalistas y antitradicionales resultan". [1]

Se da cuenta que la oposición desde la izquierda a la globalización es sólo una postura que se agota en una manifestación. Seattle, Génova, Nueva York, Porto Alegre, pero no pasa nada, "el mundo sigue andando" como decía Discepolín. Es que la política del " progresismo" como ha observado agudamente el filósofo, también italiano Massimo Cacciari, ordena los problemas pero no los resuelve [2]

De esto mismo se percata el sociólogo marxista más significativo de Iberoamérica, Heinz Dieterich Steffan quien en un reciente artículo señala: "Si la tarea actual de todo individuo anticapitalista es, por lo tanto, absolutamente clara: ¿Por qué "la izquierda" y sus intelectuales no la encaran? ¿Por qué repiten en foro tras foro la misma letanía sobre la maldad del neoliberalismo y se contentan con sus ritualizadas propuestas terapéuticas inspiradas en Keynes, Tobin y Stiglitz? ¿Por qué no convierten la realidad capitalista en objeto de transformación antisistémica, en lugar de mantenerla como muro de lamentaciones?" [3].

El fracaso rotundo de la izquierda, hoy rebautizada "progresismo", es que, además de no haber elaborado, deglutido sería el término exacto, la derrota del "socialismo real" con la implosión soviética y la caída del Muro, no reelaboro sus categorías de lectura, y se quedó anclado al mundo categorial de Marx, Engels, Lenín, Rosa Luxemburgo y eventualmente Trotsky, haciendo arqueología política.

Lo más significativo del siglo XX, la escuela neomarxista de Frankfurt, luego de los esfuerzos de Adorno, Apel, Cohen y Marcuse, termina con el publicitado Habermas y su teoría del consenso (sin percatarse que el consenso siempre ha sido de los poderosos entre sí) y sus discípulos aventajados James Bohman y Leo Avritzer con su teoría de la democracia deliberativa o "chamuyera", que como un nuevo nominalismo pretende arreglar las injusticias políticas, económicas y sociales con palabras. Conversando en una especie de asambleísmo permanente.

Si la izquierda está liquidada, ¿qué queda de la derecha? ¿Se puede esperar algo de ella?

De la derecha clásica, tanto del nacionalismo orgánico o integral al estilo de Charles Maurras, como del fascista de Mussolini o del católico de Oliveira Salazar no queda nada. Sólo trabajos de investigación históricos y pequeños grupos políticos sin peso en sus sociedades respectivas.

Eso sí, queda como derecha el neo conservadorismo estadounidense y los gobiernos que le son afines. Y de esta derecha liberal, la única que existe con peso político, solo se puede esperar que las cosas empeoren para la salud y el bienestar de los pueblos.

Si esto es así, denunciamos una vez más de entre las cientos de veces que lo hemos intentado mostrar, que la dicotomía izquierda-derecha es estrecha, por no decir falsa, para encarar una lectura adecuada de la realidad.

Hoy situarse a la izquierda o a la derecha es no situarse, es colocarse en un no-lugar, sobre todo para el pensador (rechazo de plano el término intelectual) que pretende elaborar un pensamiento crítico. Y el único método que hoy puede crear pensamiento crítico es el disenso. Disenso no sólo con el pensamiento único y políticamente correcto sino también y sobre todo, con el orden constituido, con el statu quo vigente.

El disenso es estructuralmente una categoría del pensamiento popular, en tanto que el consenso, como vimos, es una apropiación de la izquierda progresista para lograr la democracia deliberativa que tiene mucho de ilustrada, y también, aunque en otro sentido, propiedad del liberalismo como acuerdo de los que deciden, de los poderosos (G8, Davos, FMI, Comisión trilateral, Bildelbergers, etc.).

El disenso que se manifiesta como negación tiene distinto sentido en el pensamiento popular que en el culto. En este último, regido por la lógica de la afirmación, la negación niega la existencia de algo o alguien, en tanto que en el pensamiento popular lo que se niega no es la existencia de algo o alguien, sino su vigencia. La vigencia puede ser entendida como validez, como sentido. El disenso niega el monopolio de la productividad de sentido a los grupos o lobbys de poder, para reservarla al pueblo en su conjunto, más allá de la partidocracia política.

La alternativa hoy es situarse más allá de la izquierda y la derecha. Consiste en pensar a partir de un arraigo, de nuestro genius loci dijera Virgilio. Y no un arraigo cualquiera sino desde las identidades nacionales, que conforman las ecúmenes culturales o regiones que constituyen hoy el mundo. Con esto vamos más allá incluso de la idea de estado-nación, en vías de agotamiento, para sumergirnos en la idea política de gran espacio y cultural de ecúmene.

Desde estas grandes regiones es desde donde es lícito y eficaz plantearse el enfrentamiento a la globalización o americanización del mundo. Hacerlo como pretende el progresismo desde el humanismo internacional de los derechos humanos, o desde el ecumenismo religioso como ingenuamente pretenden algunos cristianos, es hacerlo desde un universalismo más. Con el agravante que su contenido encierra un aspecto de loable, pero vacuo, inverosímil y no eficaz a la hora del enfrentamiento político.

Pero este enfrentamiento se está dando igual, a pesar de la falencia de los pensadores en no poder elaborarlo aún, a través del surgimiento de los diferentes populismos, que más allá de los reparos que presentan a cualquier espíritu crítico, están cambiando, como observa Robert de Herte [4] las categorías de lectura. Así la oposición entre burgueses y proletarios de la izquierda clásica va siendo reemplazada por la de pueblo vs. oligarquías, sobre todo financieras y las de izquierda y derecha por la de justicia y seguridad.

Así, mientras que desde la izquierda progresista la crítica a la globalización queda limitada a la no extensión de sus beneficios económicos a la humanidad sino sólo a unos pocos. Porque la izquierda, por su carácter internacionalista no puede denunciar el efecto de desarraigo sobre las culturas tradicionales y sobre las identidades de los pueblos. Su denuncia se transforma así, en un reclamo formal para que la globalización vaya unida a los derecho humanos.

En cambio, es desde los movimientos populares que se realiza la oposición real a las oligarquías transnacionales [5]. Es desde las tradiciones nacionales de los pueblos donde mejor se muestra la oposición a la sociedad global sin raíces, a ese imperialismo desterritorializado del que hablan Hardt y Negri. Es desde la actitud no conformista que se rechaza la imposición de un pensamiento único y de una sociedad uniforme, y se denuncia la globalización como un mal en sí mismo.

Es que el pensamiento popular, si es tal, piensa desde sus propias raíces, no tienen un saber libresco o ilustrado. Piensa desde una tradición que es la única forma de pensar genuinamente según Alasdair MacIntayre [6], dado que "una tradición viva es una discusión históricamente desarrollada y socialmente encarnada". Por lo que les resulta imposible a los pueblos y a los hombres que los encarnan situarse fuera de su tradición. Cuando lo hacen se desnaturalizan, dejan de ser lo que son. Son ya otra cosa.

Notas

[1] El antiglobalismo de derecha. Marcello Veneziani (1955) periodista del Giornale y del Menssaggero y colaborador con la Rai, es autor de varios ensayos entre los que se destacan: La rivoluzione conservatrice in Italia (1994), Processo all´Occidente (1990) y L´Antinovecento (1996). Podemos inscribirlo dentro de la corriente de pensamiento no-conformista.

[2] Massimo Cacciari(1944). Filósofo, diputado del PC y Alcalde de Venecia hasta 1993. Autor de varios ensayos: L´Angelo necesario (1986), Dell´Inicio (1990), Dran: Meridianos de la decisión en el pensamiento contemporáneo (1992), Geo-filosofia dell´Europa (1995). Pensador disidente de la izquierda europea.

[3] La bancarrota de la izquierda y sus intelectuales (31-3-04). Heinz Dieterich Steffan, es sociólogo y profesor en la UNAM de Méjico y columnista del diario El Universal. Predicador itinerante en todos los países de Nuestra América de un nuevo proyecto histórico del marxismo. Es autor de una treintena de libros entre los que se destacan: El fin del capitalismo global (1999) y La crisis de los intelectuales en América Latina (2003)

[4] Robert de Herte es el seudónimo de Alain de Benoist (1943). Editor de las revistas Eléments y Krisis y autor de innumerables trabajos entre los que cabe recordar Vu du droite (1977), Orientations pour des années décisives (1982), L´empire intérieur (1995), Au-dela des droits de l´homme (2004). Es el más significativo pensador de una corriente de pensamiento no conformista, alternativa y antiigualitarista en donde se destacan, entre otros, Guillaume Faye, Robert Steuckers, Julien Freund, Alessandro Campi, Claude Karnoouh, Tarmo Kunnas, Thomas Molnar, Domminique Venner, Pierre Vial, Javier Esparza, Giorgio Locchi, etc.

[5] Sobre la relación entre pensamiento popular y negación puede consultarse con provecho el libro La negación en el pensamiento popular (1975) del filósofo argentino Rodolfo Kusch (1922-1979), así como nuestro trabajo: Papeles de un seminario sobre G.R.Kusch (2000).
Entre los no pocos filósofos originales que ha dado la Argentina (Taborda, de Anquín, Guerrero, Cossio, Rougés) Gunther Rodolfo Kusch ocupa un destacado lugar. No sólo por la originalidad de sus planteamientos filosóficos sino además porque los mismos han generado toda una corriente de pensamiento a través de la denominada filosofía de la liberación en su rama popular.

[6] Alasdaire MacIntyre (1929) es un filósofo escocés que vive y enseña en los Estados Unidos y que se destacó por su crítica a la situación moral, política y social creada por el neoliberalismo. Sus trabajos son el basamento de todo el pensamiento comunitarista norteamericano. Sus libros más destacados son: After Virtue (1981), Whose Justice? Which Rationality? (1988), Three rival versions of moral enquiry (1990).
Alberto Buela [Argentina]
23.VI.2004

Comunidad y Sociedad

Alain de Benoist
Publicado en Elementi, nº 1, otoño 1978
(Traducción: Santiago Rivas)
A pesar de su primera y única traducción italiana en la tardía fecha de 1963, la obra principal de Ferdinand Tönnies, "Comunidad y Sociedad", no deja de constituir uno de los más válidos puntos de referencia para todo aquel que quiera aproximarse al mundo de la ciencia política. Publicado por vez primera en 1887, este libro -que ya fue presentado como tesis en 1881- comprende tres partes: "Determinación general de los conceptos principales", "Voluntad orgánica y voluntad reflexiva", "Fundamentos sociológicos del derecho natural". A la vez que ofrece un minucioso análisis de las nociones de "comunidad" (Gemeinschaft) y de "sociedad (Gesellschaft), Tönnies va desarrollando su teoría aplicándola a las entidades sociales (grupos o relaciones) y a las normas sociales (códigos de comportamiento). Desde los primeros choques, Tönnies -al contrario de tantos sociólogos contemporáneos- se niega a reemplazar la incógnita X por la incógnita Y: en otros términos, despliega la sociología por medio de la sociología. Entiende que todo estudio sociológico debe iniciarse como un "estudio del hombre", concebido al mismo tiempo bajo los ángulos de la sociología, de la biología y de la etnología (tesis querida por Hobbes y Schopenhauer).
Este principio de salida lo conduce a distinguir la "sociología general" de la "sociología especial". La primera comprende "la sociología propiamente dicha", "la biología social" (que es la antropología social, excepción hecha de la psicología, que no engloba la genética y la etnología), la psicología social y la demografía. La segunda cubre la sociología pura, la sociología aplicada y la sociología empírica. Es en la "sociología pura" donde reside la oposición comunidad/sociedad; nociones fundamentales de las cuales se deduce una teoría de las referencias sociales, que es lo mismo que decir de las normas y de los valores sociales. La "sociología aplicada" consiste en la observación de los fenómenos reales de la vida social.
Pasando revista a las bases psicológicas de la sociología, Tönnies declara que todas las relaciones sociales del hombre dependen de su voluntad: es solamente a través de ella que pueden existir en cuanto hecho social. Existen dos tipos fundamentales de "voluntad": la voluntad natural u orgánica, de la cual depende la comunidad, y la voluntad racional o reflexiva, de la cual depende la sociedad (...)
En el interior de la voluntad reflexiva, Tönnies distingue la reflexión, cuyo rol es el de estabilizar la diferencia entre intención y medios, y la decisión, que hace intervenir los medios definitivos como necesarios para alcanzar la intención.
Esta distinción entre los fines y los medios está presente constantemente en Tönnies. Mientras la voluntad reflexiva separa netamente las dos nociones, la voluntad orgánica tiende a confundirlas. Es este el motivo por el cal los modos elementales de vida se unen a la última. El trabajo del campesino, del cazador, del artista, encuentra en sí su propio fin, antes que constituir los medios específicos para alcanzar un fin del cual estaría disociado. En la vida rural, los campos, el ganado, los aparejos, etc., representan los medios menos diferenciados para su fin en cuanto que no lo son los objetos utilizados por el comerciante, el ingeniero o el técnico. Están más estrechamente integrados en el modo de vida. En la sociedad desarrollada, al contrario, la máquina rompe la unidad de los tres elementos: el hombre, el instrumento y el trabajo. Además, el hombre es a un tiempo un medio y un fin. Pero es sobretodo la voluntad reflexiva la que usa a los hombres como medios -los utiliza como "objetos". Para Tönies, el mundo moderno ha conducido a su extremo la reducción e los hombres y las cosas a la dimensión de instrumentos, con el advenimiento del tipo del especulador (que recurre a todos los medios para enriquecerse), del hombre político (que recurre a todos los medios para tomar el poder) y del científico (que, por necesidades de su discurso, reconduce la realidad entera a conceptos lógicos abstractos) (...)
La distinción voluntad orgánica/voluntad reflexiva no puede dejar de evocar aquella de Schopenhauer entre el "mundo como voluntad" y el "mundo como representación". También recuerda, en parte, otra antítesis desarrollada por Keyserling, Klages, Spengler, etc: la que existe entre el alma y el espíritu, entre la cultura y a civilización, entre la conciencia y el conocimiento ("Mientras que la conciencia es el reconocimiento de aquello que es sentido como tal, -escribe Tönnies- el conocimiento es la negación de aquello que es falso y pensado como tal"). La relación "cronológica" entre las dos formas de voluntad es igualmente comparable a la relación entre lo innato y lo adquirido: mientras la voluntad orgánica expresa el pasado (la herencia recibida), la voluntad reflexiva expresa el futuro (el objeto al que se mira).
Como algo inmediato, Tönnies coloca en relación la voluntad reflexiva con la causalidad científica, o bien con el estudio de las leyes generales bajo las cuales es posible clasificar los fenómenos de una misma especie; y la voluntad orgánica con la causalidad "filosófica", que él identifica con el para-determinismo de la potencialidad orgánica y psicológica.
En el campo de las estructuras sociales, la voluntad orgánica desarrolla la comunidad, mientras la voluntad reflexiva desarrolla la sociedad; estas dos nociones (Gemainschaft y Gesellschaft), en cuanto "conceptos normales" (Normalbegriffe), corresponden muy aproximadamente, en Tönnies, a aquello que Max Weber llamaba "die idealtypus".
Para Tönnies, la comunidad (Gemeinschaft) se define como un grupo humano viviendo en común, unido por los mismos orígenes, los mismos sentimientos, las mismas aspiraciones fundamentales, etc. La Gemeinschaft es un verdadero ser orgánico, un todo que posee, en cuanto todo, las características que le son propias, una forma social cuya unidad resulta de la relativa homogenidad de cuantos la integran. Tönnies distingue diferentes formas de comunidad, desde la más simple hasta la más compleja: la familia, las relaciones de vecindad o amistad, el pueblo, la pequeña ciudad, la región, etc. En la base de estas diversas formas, encontramos siempre la misma noción de herencia común, sea ésta la herencia de sangre (filiación, parentesco), la herencia cultural, histórica o étnica. Por ello, la comunidad es un organismo viviente, donde la voluntad natural es el motor de las relaciones sociales, donde los individuos, por obra de aquello que les une, pueden ser netamente percibidos como diferenciados de sus pertenencias respectivas.
La sociedad (Gesellschaft), al contrario, reúne a los individuos que, por vivir los nos en disputa con los otros, no tienen entre sí ninguna unión real, no son globalmente pertenecientes de alguna forma de herencia específica. Mientras la comunidad es un organismo verdadero, regido por las leyes de la vida, la sociedad es una construcción abstracta, regida por un "contrato social", no es un todo que posea una particularidad propia, sino una simple adición de factores que no tienen otra cosa en común mas que el anónimo e impersonal campo al cual hacen referencia: el dinero y los objetos materiales que permiten procurarlo, convirtiéndose, de este modo, el "standing" en el medio principal de diferenciación social.
En el seno de la Gesellschaft, el carácter "vivo" de las relaciones humanas tiende a cancelarse. Cada uno vive para sí. El anonimato se convierte en regla -y, con ello, la "dificultad para comunicar"". El hombre se determina esencialmente en función de la propia voluntad reflexiva. Es así que toda su acción debe tener una intención, que le otorgue un fundamento "racional".
Toda cesión implica la recesión de unos valores equivalentes. "A la separación de los individuos -escribe J. Leif en el prólogo de la edición francesa del libro- corresponde la separación de los bienes, cuya consecuencia esencial es el cambio y la transacción". Según Tönnies, es en este cambio donde reside todo el contenido de la Gesellschaft. Ahora, quien dice "cambio" dice valor necesario y suficiente para cambiarlo. Este valor es una cualidad racional objetiva, que sólo puede resultar de la voluntad reflexiva, que, por definición, debe ser idéntica e igual para todos, y que, en consecuencia, comporta y tiende a acentuar la igualdad de todos a los que hace referencia, en la medida en que pueden acabar por definirse únicamente en función de este valor. Este valor es, evidentemente, el dinero, y más específicamente el papel-moneda, e cuanto contrapartida de todas las formas de mercancía. El valor-moneda deviene en la sociedad el único cambio susceptible de ser aplicado a todo.
Al igual que Marx, Tönnies otorga una gran importancia al factor económico. Pero en vez de ver en la evolución de las formas y de las estructuras de producción la causa esencial de la mutación histórica, insiste sobre todo en la importancia del desarrollo y de la transformación de las formas comerciales (Al igual que Max Weber ve en el nacimiento del capitalismo mercantil la razón principal del aniquilamiento de las formas sociales medievales). Tönnies se aleja expresamente de Marx para contraponerlo a los teóricos del "socialismo alemán" (Lassalle, Sombart, Spengler), de esencia comunitaria y "humanista".
En el seno de la sociedad, constata, los valores mercantiles son los valores reinantes porque son dotados del más alto coeficiente de rendimiento. Al tiempo que se realiza el traspaso de la economía doméstica a la economía comercial e industrial, la sociedad se transforma poco a poco en mercado, donde todo puede venderse y adquirirse, incluidos los seres humanos. El "comerciante" deviene el tipo mismo del hombre social, del hombre liberado de todas las leyes del sentimiento y de la comunidad, y que no tiene otra intención que el beneficio. La propiedad adquirida (Besitz) pasa a definirse sobre el bien heredado (Eigentum). El oficio deja de ser un arte -donde el aspecto del cambio no dejaba de ser una consecuencia importante, pero secundaria. El trabajador pasa a ocupar la categoría de obrero que, vendiendo su trabajo en un mercado implacable, renuncia sin percatarse a su propio valor y a su libertad real. La fuerza-trabajo no es más que un medio para la realización del beneficio, cuya contrapartida es el aumento del poder adquisitivo. Los resultados del trabajo son adquisitivos, utilizados y vendidos bajo formas de productos fabricados y acabados; pero el trabajador sólo participa en la producción como una máquina más; mejor, como un servidor de la máquina.
La hipertrofia de la ciudad mundial y el predominio de la moral mercantil, prosigue Tönnies, destruyen todas las solidaridades profundas y acaban por destruir también la misma noción de pueblo. El socialismo marxista y la lucha de clases son una consecuencia ineludible de esta completa disolución de las unidades orgánicas. Mientras que la comunidad orgánica) se alimentaba con un aumento constante de la heterogeneidad y la diferenciación, la disgregación del consenso se alimenta con la homogeneidad que proporciona el dinero, una norma que los que lo manejan se empeñan en demostrar como "natural". El egoísmo se convierte en el motor y el centro de la acción social. Los intereses individuales van adquiriendo constantemente predominio sobre los intereses colectivos. El ejercicio, libre de todo obstáculo, de la voluntad reflexiva, del saber racional y del cálculo, monopoliza peligrosamente las decisiones. Paralelamente, la especulación mina las bases implícitas de la moral, sustituyendo los fundamentos orgánicos de la sociedad por el desarraigo y el anonimato. Al final, la "inmoralidad" encuentra todas las puertas abiertas, porque no hay nada que motive en sentido de una conciencia de los deberes que debe adquirir la persona en el interior de un cuerpo social. Los valores mercantiles, directa o indirectamente, justifican el hecho de que todos los medios son buenos para enriquecerse. Con Hobbes, Tönnies caracteriza la sociedad moderna como "la guerra de todos contra todos". La historia reciente, dice, consagra la desaparición del espíritu de la comunidad, y la instauración de la sociedad. (...)
Tönnies divide los valores sociales en tres grupos: los valores económicos, los valores políticos y los valores intelectuales o espirituales. Aunque en este caso, la verdadera naturaleza de los valores sociales está determinada por la voluntad, colectiva o individual. Cuando un objeto cultura, por ejemplo una obra de arte, es producido y utilizado simplemente como un medio para alcanzar un fin, la voluntad reflexiva que condiciona una producción similar y un tal uso se diferencia netamente de la voluntad orgánica, que conduce a la producción por el simple juego de crear. En una sociedad de tal género la tierra no será más que una simple mercancía, susceptible de ser cambiada y vendida en cada momento; sólo será en cuanto tal número de dinero. En otro tipo de colectividad la tierra será la propiedad común de un grupo y representará los valores espirituales íntimamente ligados a la integridad del grupo, y su cesión aparecerá como impensable o, cuando menos, excepcional.
Más grande es la comprensión, la armonía o la simpatía entre los individuos, más grande es la posibilidad de que sus valores sean comunes, y que lo poseído por uno sea también, en cierta medida, lo poseído por otro. Es en este sentido que los ideales y los valores sociales encuentren su punto de punto de referencia en la "entidad social" (Verhältnisse), la "colectividad" (Samtschaften) y las "organizaciones sociales" o "corporaciones" (Körperschaften). Las relaciones sociales son los comportamientos inducidos por las relaciones psíquicas voluntariamente instituidas. Tales relaciones son en gran parte condicionadas por la existencia de terceros no directamente implicados en ellas. Así se generan los juicios del tipo: "debo hacer esto porque es mi hermano"; "no debo hacer aquello porque X es amigo de Y", etc. La colectividad corresponde a los conjuntos (pueblos, grupos étnicos o lingüísticos, clases, etc.) que existen como tales, pero que no poseen los medios para permitir a la voluntad colectiva de los individuos que la componen expresarse a través de una persona física o moral representativa. Las organizaciones sociales son los conjuntos que, poseyendo estos medios, pueden ser vistos por las personas que los componen como tales: sus miembros tienen una clara conciencia del hecho de que el grupo al que pertenecen es capaz de tomar decisiones y obrar en consecuencia. Las más importantes organizaciones sociales son los Estados.
En la época de la publicación de "Gemeinschaft und Gesellschaft", en 1887, Ferdinand Tönnies tenía 32 años. En el curso de los quince años que siguieron, la obra se difundió en círculos muy restrictivos. A partir de la segunda edición, el autor comenzó a adquirir notoriedad. Hacia 1920 su fama ya tenía un carácter internacional.
Henri Arvon ("La filosofía alemana") coloca a Tönnies entre los representantes del "pensamiento neo-vitalista", junto a Hans Driesh, Othmar Spann y Edgar Jung. Pero la relación es un tanto forzada. En la exposición de su teoría, Tönnies rompe netamente con la visión histórica ingenua (y políticamente inconsistente) del "evolucionismo" de Spengler, así como con el organicismo primario de Schaeffle. Influenciado por Nietzsche, Schopenhauer y la filosofía griega, lo fue al mismo tiempo por Hobbes, Möser, Stein, Riehl, Fichte, Savigny, Schleiermacher, Arndt... Su originalidad consiste en el hecho de situarse en el cruce entre el idealismo alemán y el positivismo empírico, entre Hume y Kant, logrando una síntesis sorprendente y fructífera.
Tönnies aportó a la escuela sociológica alemana un poco de su admiración por el positivismo anglosajón (cfr. Hans Freyer, "Ferdinand Tönnies und seine Stellung in der deutschen Soziologie, in Weltwirtschaftliches Archiv"), del que supo, de forma viceversa, desprenderse de sus peores argumentos.
Como ha especulado acertadamente Pitirim A. Sorokin (prefacio a "Comunity and Society"), ciertas ideas de Tönnies sobre la comunidad y la sociedad estaban ya presentes en Confucio, particularmente su concepción de la relación gobernados/gobernantes como una extensión del hecho familiar. Se recordará una relación similar en Platón (República ideal = Gemeinschaft), en Aristóteles, en Cicerón, al igual que en san Agustín (ciudad de Dios/ciudad de los hombres), en los grandes místicos del medievo (Alberto magno, Nicolás de Cusa, Joaquín de Fiore), en el pensamiento islámico de Ibn Khaldun ("prolegómenos a la historia universal"), y, en fin, en la época moderna, en los autores románticos que se dan cita en Hegel con su oposición entre la "sociedad-familia" y la "sociedad-cívica".
Recibida en un primer momento con la indiferencia, la obra de Tönnies ha ejercido a su vez una profunda influencia sobre Alfred Vierkandt -que ve en Tönnies el verdadero fundador de la sociología alemana-, Staudinger ("Kulturgrundlagen del Politik"), Metzger ("Gesellschaft, Recht und Staat"), Max Weber, Rumpf, Plenge, etc. Esto ha suscitado interpretaciones y "correcciones" diversas, sobe todo por parte de Simmel y Schmalenbach. Éste último, en particular, ha introducido una tercer noción, intermediaria entre la Gemeinschaft y la Gesellschaft: la noción del "Bund", la "liga", la "confederación", que define como una fuerza social en la cual domina la exaltación colectiva, y cuyos sentimientos comunes provienen de una circunstancia dada. Desde luego, la tradición de las "Bundes" es parte de la particularidad del temperamento político alemán, pero difícilmente exportable al resto europeo.
El interés por las teorías de Tönnies no puede negarse, aunque siempre se puede lanzar algún defecto, como el no haber reservado en sus explicaciones un lugar para la noción de "conflicto": su sociología particular y general silencia los comportamientos negativos o conflictivos.
Es necesario precisar que Tönnies no condena la sociedad de un modo formal. Reconoce que siendo fundamentalmente una "ruptura" con la "naturaleza", sigue siendo específicamente humana. En concreto cabe dirigir la atención hacia el peligro que presenta de la mentalidad "comunitaria". Para él -y en esto se muestra muy "positivista"- la Gemeinschaft corresponde a un estado de "infancia" en el devenir humano, mientras que la Gesellschaft representa la edad adulta (cfr. Spengler y su oposición cultura/civilización). Así como existe una cierta complementariedad entre voluntad orgánica y voluntad reflexiva, es también necesario encontrar un equilibrio en una suerte de "sociedad orgánica", tanto en las relaciones entre hombre y hombre como entre hombre y naturaleza.
En su última obra, incompleta, "El espíritu de los tiempos nuevos" (1935), Tönnies dibuja la posibilidad de una "regeneración" del tiempo histórico, afirmando que será posible un retorno a la "comunidad", a través de diversas vías (en las que queda excluido los discursos de la romantización del pasado). Vivimos, asegura, en el tiempo de los "dinosaurios": la Gesellschaft morirá por su propio crecimiento, tiene un cuerpo demasiado grande para un cerebro tan pequeño; el estado de la sociedad terminará ineludiblemente, por grado o por fuerza, por ser destruido mediante el desarrollo de sus propios principios, a través de la parálisis y la negatividad que él mismo habrá generado.

Tusk

TUSK: CREADOR DE UN MOVIMIENTO DE JUVENTUD RADICALMENTE ANTIBURGUES
Entre los movimientos de juventud hay uno que ha destacado particularmente por su radicalismo antiburgués: la DJ.1.11. o la Deutsche Jungenschaft 1. 11. (1º de noviembre, fecha de su fundación). El radicalismo de ese movimiento es debido esencialmente a la personalidad de su jefe y fundador: Eberhard Koebel, llamado "Tusk". Nacido en 1907 en Stuttgart hijo de un elevado funcionario, Eberhard se adhiere muy joven al Wandervögel, más tarde pasa a la Freischar de la que será "Gaufuhrer" por Wurtember en 1928. Este hombre pequeño, nervioso y enérgico no fue en modo alguno un teórico. Fue sobre todo un artista que revoluciona el "estilo" de los movimientos de juventud dando un aspecto moderno a sus revistas confiriéndoles un grafismo osado, moderno y depurado.
Su celebridad en el movimiento y en toda Alemania la debe sobre todo a sus innovaciones. Y estas no eran solo de orden gráfico. Infatigable viajero Koebel había visitado y vivido con los lapones, surcado el norte de la Rusia europea, desembarcado en nueva Zembla. De sus inéditos y francamente originales viajes trae, además de su mote "Tusk" ("el alemán" en escandinavo), la Kohte (tienda lapona), la Balalaika y el banjo. Esta tienda negra y estos instrumentos de música serán adoptados con entusiasmo por los jovenes. "Viviendo con intensidad" Koebel recorre su país en moto (otro rasgo de modernismo) para reclutar nuevos miembros. Los wutenburgueses de Tusk se escinden de la Freischar y el 1 de noviembre de 1929 se reunen tras la bandera de la DJ.1.11. Tusk posee su propio movimiento al cual da un estilo original y una ética nueva. Ese estilo y esa ética marcarán el campo que organizará en 1931 (Sühlager).
Un estilo nace: frío y hierático en sus aspectos exteriores, incandescente y loco en su dimensión interior. Tusk elimina el romanticismo trasnochado del antiguo Wandervögel que idealizaba en exceso la Edad Media con riesgo de degenerar en menudencias, en kitsch a lo hollywood. Koebel es en esto contemporáneo de los futuristas italianos y de Ernst Junger profeta anunciador del advenimiento de la era "metálica". Paralelamente a este culto al "homo metalicus", los grupos animados por Tusk idealizan la figura del Samurai anticipando así la ola occidental por Mishima. Koebel/Tusk, alemán de Weimar, encarna también las contradicciones de su tiempo, políticamente actúa en una encrucijada. hasta 1932 su acción no esta apenas politizada. Pero desde esta fecha fatídica en que la crisis alcanza su apogeo Koebel se lanzará a la aventura política. Sus posiciones hasta entonces habían sido bastante convencionales, era un nacionalista alemán no extremista que contestaba sobre todo la anexión de Posnania y del corredor por Polonia El ideal del soldado en Tusk no esta al servicio de una causa nacional precisa, como en Junger y Drieu, es sobre todo religioso y ético.
El nacionalismo de Tusk no es hostil a Rusia. Ese inmenso país, para él como para Niekisch no ha sido pervertido por las luces que han hecho envejecer a los pueblos de occidente. El romanticismo rusofilo triunfa en las filas de la DJ.1.11.. Confusamente, sin aprioris ideológicos, los jovenes de este movimiento cantan el gesto de Stalin y de los ejércitos rojos y las proezas de los soldados blancos de Koltchaak. Lanzan a través de Alemania la moda de las canciones cosacas. En el Sühnelager de 1931 Tusk dirigirá su tropa vestida con una pelliza cosaca y un gorro de piel.
Con este estilo, que implica una ruptura total con el mundo adulto y burgués, Tusk realiza radicalmente los votos iniciales del movimiento de juventud. Un día dirá: "La juventud es el valor en si y la madurez es casi a priori una mala cosa". Para Tusk, platónico sin saberlo hay que separar a la juventud de los compromisos que impone el mundo adulto. Hay que preservarla de las miasmas del burguesismo. Tusk luchará en ese sentido contra los movimientos cuyo estilo no provoque esta ruptura terapéutica. los ideologemas del pueblo (Volk), de la Patria (Heimat) y del Reich que movilizan también al mundo de los adultos deben ceder el paso al concepto radical de la Orden. "En la Orden escribe Tusk concebida como comunidad libre de todo compromiso con las cosas pasadas, el hombre joven encontrara el asiento de su ser".
Con la voluntad de crear una orden impermeable a las influencias deletéreas de la sociedad liberal, Tusk opone dos modelos antropológicos antagonistas; uno constituye el ideal a alcanzar, el otro representa la negación del primero, el polo negativo. A este último lo bautiza como el modelo repetitivo. "Es el modelo del hombre que parasita y vegeta en el máximo de confort posible, no estar jamás enfermo, vivir el mayor tiempo posible, no sufrir físicamente, no expresar jamás las ideas, le gusta repetir lo que ya se ha dicho, ser feliz cuando la rutina cotidiana se desarrolla sin mayores problemas. Frente a los borregos de lo repetitivo se erige el hombre de la Orden libre de todo tipo de obligación con respecto a las visiones del mundo caducas, libre de no repetir los slogans conformistas, libre de adoptar sus formas de vida y sus ideas". Símbolo de esta actitud ante la vida es el "Ersbrecher", el rompehielos.
Para "romper el Hielo" que fija a las sociedades, las formas y las ideas, la Orden debe crear una disciplina de hierro. Hay que saludar a los superiores, obedecerlos sin discutir pues esta obediencia da nacimiento a la libertas, provoca la ruptura. Las ropas del miembro de la orden deben ser impecables y su lenguaje depurado de vulgaridades y tacos.
Pero la Orden no subsistirá intacta bajo la presión de las pasiones políticas. Tusk escogerá primero el NSDAP, luego el partido comunista para finalmente abandonar la quimera de querer transponer sus ideales a una formación política. Los comunistas no dejaran nunca de desconfiar de él. Tusk intentará crear células en las hitlerjugend pidiendo a sus subordinados que ocupen puestos de mando. El fracaso no debía hacerse esperar. El itinerario político de Tusk le lleva más allá de la izquierda y de la derecha al igual que a los nacional bolcheviques y nacional revolucionarios de Niekisch y Paetel.
Esta posición entre dos fuegos es difícil de mantener. En Enero de 1934 Tusk es arrestado por la Gestapo, pero huye y en el intento se fractura el cráneo. Puesto en libertad se refugia en Suecia donde acabará su vida pública. La enfermedad se apodera de él y ya no le abandonará. En Londres, segunda etapa de su exilio intenta ganarse el pan como fotógrafo y profesor de lenguas orientales. Los exiliados comunistas aceptan oírle pero no aceptan su candidatura como miembro. Todas sus tentativas de reemprender el combate fracasan. Tras la guerra no tendrá mas éxito en Berlín Oriental. Morirá en 1955 a los 48 años.
Tusk: una figura a redescubrir. Una figura que resume en el fondo toda una filosofía alemana desde Herder. Una filosofía que privilegia en sus exploraciones de la aventura humana los balbuceos primordiales antes de las producciones de las edades maduras. Una filosofía que se lanza a cuerpo perdido en los mundos homéricos y rechaza las delicadezas helenísticas... El culto de Rusia y el del Samurai se reunen en esta vieja opción. Tusk: una figura más allá de la derecha y de la izquierda, más allá de las insuficiencias políticas.
Bertrand Eeckhout.

La técnica, devoradora de hombres

[Ernst Niekisch]
I
La eclosión del individualismo y el perfeccionamiento de la técnica conforman dos fenómenos paralelos. En un principio, de una forma apenas perceptible, tímida, el hombre corre —ingenuamente— el velo que cubría los secretos sin que ello le cueste la vida. Y descubre cosas impensables. Aquello que era misterioso pasa a ser de orden natural y explicable. No tuvo respeto por lo desconocido y esa falta de respeto dio frutos. Los éxitos obtenidos le espolearon a seguir. Su escrutadora mirada se dirigía al fondo de las cosas. Completa experimentos e investigaciones. Pero todo nuevo conocimiento constituye una nueva servidumbre impuesta a la naturaleza. El perfeccionamiento acrecienta el rendimiento general. El aumento de bienes de consumo y el atractivo de las ilimitadas posibilidades que ello conlleva exigen un cambio de organización económica. A un determinado estadio del desarrollo técnico corresponde siempre una forma pa rticular de estructura económica. El individuo quema etapas. La sensación de superioridad y la seguridad en sus propias fuerzas se consolidan. Pone en discusión las relaciones tradicionales y llega a la conclusión de que, dado lo avanzado de sus conocimientos, aquéllas carecen de justificación. Se revuelve, vence finalmente la partida y transforma los vínculos sociales.
La tendencia al rechazo de todo límite señala, en suma, esta evolución. La técnica está ya a la altura de todas las manifestaciones humanas. La producción industrial excita un desmesurado crecimiento. El individuo se siente libre. Por principio, ya no reconoce barrera alguna. Reglas, orden y armonía no surgen de las cosas. En la medida en que aún se respetan las fronteras, ello se acepta desde un mero punto de vista externo; esto es, desde el punto de vista de la pura conveniencia. La técnica vuelve su mirada hacia otro objetivo cuando su actividad resulta baldía. Tiene necesidad de capitales puestos a su disposición con la esperanza de obtener los correspondientes intereses. La producción de bienes está regulada desde la perspectiva del provecho. Cuando existen oportunidades de beneficio, los capitales afluyen. Cuanto más trabaja el capital, más se expande el reino de los hombres sobre lo que les rodea. En general, el individuo utiliza su libertad en la medida en que obtiene frutos. Tanto más "libre" en cuanto que es poseedor de un capital, que es "rico".
A fin de cuentas, la intensidad del proceso de desarrollo económico y técnico se nos muestra como una simple función del beneficio del capital previamente destinado a inversión. Además, la importancia social del individuo no será otra que el indicador de beneficios que sea capaz de conseguir; esto es, su renta. Como consecuencia de ello, el dinero pasará a convertirse en la medida de todo. El moderno reino del dinero es la forma constitucional de la política de poder que corresponde a la edad de la técnica. El sistema de provisión de bienes de consumo gracias a la sociedad del individuo, se basa en la economía capitalista. El individualismo es la expresión de su desarrollo moral y mental.
La técnica, al remover por doquier las barreras impuestas a la capacidad humana que reprimen las fuentes de su energía natural, abre las puertas a transformaciones de gran calado. Acorta distancias, nos acerca a lo lejano y hace accesible la tierra. En esta atmósfera florecen metrópolis, imperios, producciones en serie, monopolios económicos y organizaciones multinacionales. El individuo, que comienza a sentirse como en su propia casa, entre sus obras y construcciones, entre sus máquinas, sus instrumentos y sus ondas invisibles, acaba por pensar con mentalidad continental, y a la larga, en términos de universo.
II
Cuando ya no quedan enigmas por desvelar, por explicar, ya no ha lugar ni siquiera al respeto. La veneración por los santos cristaliza, convirtiéndose en una simple convención. Aunque el individuo se persigne como hábito, creer en lo sagrado se ha convertido en una forma de engañarse a sí mismo. El sentido del rango y de la distancia social se extinguen. El individuo se convierte en un ser democrático que se sitúa a un mismo nivel con quienes le rodean. Se tienden la mano a fuerzas capaces de hacer saltar el universo. Y se las bordea todos los días. Los niños juegan con los astros. Se conoce y se sabe todo. Nada inspira ya reverencia. Todo es situado ante los focos de los proyectores más perfeccionados.
No sentir respeto, ser atrevido, significa no conocer límites. Pero quien no conoce límites ignora qué es responsabilidad. Gira el mundo y el hombre abandona a la propia suerte aquello que le era propio, la galaxia de sus orígenes, los lugares de la infancia: suceda lo que suceda. Va más allá de lo consentido y todo paso se convierte en un acto de profanación y destrucción. Mudando las fronteras, hiere todo aquello que se ha desarrollado de forma orgánica, por la sencilla razón de que lo orgánico es limitado. Los límites son la cárcel de la vida. Demoliéndolos, pretende recuperar sustancia viva. Pero la técnica viola la naturaleza, aunque ello carezca en principio de importancia. El progreso técnico desgarra la naturaleza, que tiene sus propias leyes, un palmo de tierra tras otro. Lo que para la técnica es un triunfo, para la naturaleza es saqueo y violencia. La t&ea cute;cnica, al remover poco a poco los límites fijados por la naturaleza, acaba por destruir la vida. La máquina suplanta al organismo, que sí posee un sentido. La función de la máquina consiste en dar un rendimiento calculable. El sentido de lo orgánico requiere, por contra, la realización en una existencia. La técnica abusa siempre del respeto por la vida. Devora a los hombres y todo aquello que es humano. Aquélla se calienta con los cuerpos y la sangre es su líquido refrigerador. En consecuencia, en la era de la técnica, la guerra asume la forma de una mortífera carnicería. El individuo, conquistado para el espíritu de la técnica, preso y ávido de récords, posee las más perfeccionadas armas de aniquilación. Lanza sin pestañear bombas de gas tóxico y no le produce escrúpulo asfixiar a miles de mujeres y niños en la retaguardia enemiga. La concepción de la guerra moderna se nos muestra de una manera tan formidable como terrible en el genio mortífero de la técnica. En su apogeo, su capacidad de destrucción es tal que, en un determinado momento, podrá exterminar rápida y radicalmente cualquier ser viviente allá donde se encuentre.
III
Naturalmente, esta terrible revelación se muestra sólo al final. El espíritu de la técnica revela su propia naturaleza con una violencia tal cuando ya ha penetrado toda existencia y sometido toda resistencia. Antes de poder extender los pliegues tóxicos de su furor homicida sobre todo lo vivo, es menester que supere varias etapas en su propagación.
En el ámbito más íntimo, en la más pequeña célula, en cada individuo, el espíritu de la técnica inicia su propia labor, secreta y subterránea, de destrucción de la substancia viva. La pérdida de dicha substancia conduce a la proletarización, cuya consecuencia final no es otra que el obrero especializado. En pocas horas, éste aprende el manejo rudimentario de las máquinas y, gracias a ello, puede ser utilizado y cambiado de puesto, sin apenas preparación, en cualesquiera ramas de la producción. El proletariado no tiene una esfera de trabajo bien definida, no precisa de una particular actitud que lo diferencie y dé un sentido a su vida. No es nada en sí y para sí. Es un ser anónimo, móvil e intercambiable. Es una función de la máquina, una pequeña cantidad de energía en el seno del vasto proceso de la producción. Entre él y el bien producido hay exclusivamente una relación de causa-efecto. Entre él y las cosas no se crea en absoluto una trabazón psicológica, cuya profundidad y abundancia constituye la riqueza del alma humana. Él tan sólo vende su potencial laboral. Cercano está el tiempo en que no habrá más que su fuerza-trabajo. Esta carencia de relaciones psicológicas conlleva una falta de responsabilidad. El proletario se siente poco responsable del sentido de su trabajo en la medida en que el patrón no se hace cargo de la suerte de sus empleados.
La producción artesanal fue la primera en caer bajo el dominio de la técnica. El declive del artesanado ha sido la consecuencia inevitable. El artesano ha acabado por convertirse en un trabajador. Los maestros artesanos combatieron desesperada y vanamente contra esta decadencia.
Asimismo, somos cautivos de todo un proceso de mecanización de la agricultura. El drama vivido por el artesanado se repite en el mundo agrario. Es verdad que la intervención de la maquinaria agrícola que se apresta a segar la independencia del campesino europeo aparece ya en 1833. Pero hasta ahora no había sido utilizada contra el agricultor. Los animales de tiro no le daban opción. En relativamente pocos años el instrumento de tracción que le era necesario, el "tractor", ha sido construido. De ahora en adelante, ha dado comienzo la transformación total de la agricultura. En América del norte y del sur, en Australia, ya se usa la maquinaria agrícola. El costo de producción del grano ha bajado a más de la mitad. El farmer ha suplantado al campesino, tal y como sucedió con el trabajador respecto al artesano. El farmer es un campesino proletarizado. Las estructuras de la ag ricultura cambian. El campesino retrocede. Las bases de su existencia libre han sufrido una gran sacudida. Se somete. La técnica lo ha cazado en su propio terreno. El campo pasa a ser un sueño romántico como el templo para el artesano. Ninguna política aduanera puede frenar este proceso. El Crédito Financiero Internacional, fundado el 3 de marzo [de 1931] en Basilea, hará tarde o temprano su labor contra los campesinos, como un ángel exterminador. No será sino la punta de lanza del espíritu de la técnica en el ámbito de nuestra agricultura alemana. El campesino autónomo está a punto de desaparecer.
Con la disgregación de los oficios, todas las formas tradicionales de vida están transformándose. En la medida en que el hombre cesa de ser o representar algo por sí mismo, se convierte en un ser público, que encontrará su comodidad en todas partes y en ningún sitio. Al final, esta metamorfosis consolidará los fundamentos del Estado. Pierde éste su carácter orgánico, siguiendo sus propias leyes. Se convierte en parte integrante de un espacio económico más amplio, cuyas ramas de producción son racionalizadas según las normas impuestas por las últimas conquistas de la propia técnica.
El hombre ha partido a la conquista de la naturaleza. No percibe que pisoteando la naturaleza se destruye en la medida en que forma parte de la misma. En el clima frío de la técnica, las últimas reservas biológicas se fosilizan. La energía natural de reproducción y de crecimiento se agota. Y así es como la naturaleza se venga: castiga el estupro que la técnica ha cometido induciéndola al suicidio. La técnica festejará su victoria sobre montañas de cadáveres hasta el día en que sucumba bajo su peso.
IV
Las doctrinas y teorías, los programas y dogmas, de los que se sirve el movimiento histórico para darse a conocer en el planeta, no son ni importantes ni decisivos en sí. Aunque no se conozca el contenido, ello no significa que no captemos su esencia, su sentido y su verdadera misión histórica. Solo quien es capaz de observar, más allá de la letra de la teoría, los movimientos subterráneos que aspiran a transformaciones substanciales, es capaz de aprehender los cambios radicales del mundo.
El marxismo es algo más que una bandera roja, un movimiento que permite arrastrar a las masas, incultas y poco exigentes, haciéndolas entrar en una suerte de ciega agitación. El marxismo es el presentimiento de las cosas que suceden. Ciertamente, no lo es en el sentido de poder mostrar lo que será a la luz de su realidad futura. Pero, en cierto sentido, sí conforma una suerte de idealización del futuro. Marx ha sido un profeta que ha transformado un destino cruel y una necesidad opresora en una religión salvadora. Sin duda alguna, alberga en sí el espíritu de la técnica. Fue el pionero y anunció la mecanización de la vida. Aceleró dicho proceso dando esperanza a los destinados a ser víctimas. Convirtió en fe una maldición. Así, se esperaba con impaciencia el paraíso que estaba destinado, en realidad, a convertirse en su infierno. Esta locura autodestructiva fu e provocada con la ayuda del pensamiento del filósofo alemán Hegel. El dinamismo dialéctico fue la fórmula mágica del gran brujo. Bajo su luz sobrenatural se produjo la transvaloración de la vía sin piedad del progreso técnico en un camino de gracia hacia la salvación. Era necesario acelerar al máximo la mecanización, la racionalización, la concentración y la proletarización. Era el único modo para llegar a la "expropiación de los expropiadores". En el seno de la sociedad capitalista se barrunta la maduración del fruto de la bienaventuranza socialista. La fuerza persuasiva de la dinámica dialéctica se debía al hecho de que la idea parecía ser cualquier cosa además de un divertido juego que se hacía reconocible como la imagen fiel de una realidad futura. Los muros y los engranajes del matadero brillaban a lo lejos, empero, entre brumas sangui nolentas, como una aurora. Su perfil se parece al de un castillo encantado. Irresistiblemente atrae a sus víctimas, que además tienen prisa por llegar a su objetivo.
El antimarxismo no es, en absoluto, una fuerza que frene, que ofrezca soluciones. Se trata, antes al contrario, de una protesta de quienes, aprovechando la mecanización del mundo, temen por sus privilegios cuando alguna voz contestataria se alza. Dicho de otro modo: el antimarxismo no es el miedo a las consecuencias, sino el miedo a ser explicadas con claridad. El marxismo forja ilusiones y provoca entusiasmos en lugar de crear recelos. El antimarxismo, por el contrario, es hipócrita. Lanza acusaciones mientras se aprovecha claramente de la situación y la favorece entre bastidores. Pero por la fuerza de su desarrollo, la humanidad se deja llevar por la corriente. El viento de la historia lleva en sí vórtices lejanos. La sombra de los despojos amenazantes se dibuja en el horizonte. El marxismo los saluda desde su posición afortunada, mientras el antimarxismo trata de anclarse y ponerse a resguardo; trata de asegurarse la exclusiva. En consecuencia, e mplea todos los medios para que la humanidad, arrastrada por la corriente, trate de resguardarse. El marxismo aprovecha el sentido de la historia y acelera con furia. La doctrina marxista, sin embargo, es ingenua. Glorifica el progreso que saciará a sus adeptos. Y el antimarxismo es pura hipocresía: loa los viejos templos mientras los saquea y aprovecha los tiempos modernos en su exclusivo provecho.
V
La fundamentación individualista está en la base del desarrollo técnico que se expresa obviamente en el hecho de que la dirección de todos los organismos, racionalmente estructurados, interdependientes los unos de los otros, se encuentra en manos de un reducido grupo de personas. Esta minoría, que no conoce otros intereses fuera de sí, ignora todo tipo de responsabilidades de orden metafísico y piensa exclusivamente en términos de conveniencia. Sus componentes conforman la función técnica del sistema económico, mientras que las masas conforman la función técnica de las máquinas que manipulan. En Des Tieres Fall (Georg Müller), la genial visión técnica del futuro de Reck-Malleczewen, el personaje Grant es un formidable símbolo de estos "señores del mundo" que la técnica ha llevado al poder. Sojuzgado por el ritmo y la fuerza de la má ;quina que ha inventado, obsesionado por la técnica al tiempo que rechaza la vida, se ha convertido en un gran constructor y en un miserable. Hecatombe de cuerpos humanos. Cantidades ingentes de sustancia biológica derrochada. Comunidad orgánica que se volatiliza. La fraternidad humana se lleva a cabo bajo la forma de un inmenso rebaño de proletarios a cuya cabeza se encuentran unos jefes con un corazón de hielo.
¿Será este el porvenir del mundo americano-europeo, del mundo occidental? El hombre occidental, armado de técnicas para someter el orden natural, deberá expiar su crimen sometiéndose a las leyes de la técnica, capaces de triturar todo atisbo de vida.
No es posible parar la ruta victoriosa de la técnica. Los pueblos "atrasados" se sitúan en una posición de dependencia, de tal modo que caen en el juego de las naciones "industrialmente más avanzadas". En estos últimos años, alguno de estos pueblos, hasta hoy "subdesarrollados", se han posicionado frente a tal estado de cosas. Los primeros en darse cuenta del peligro han sido los rusos, a los que han seguido turcos y chinos.
Dado el carácter particular de tales pueblos, la situación ha cambiado completamente, produciéndose formas de desarrollo autónomas. Estos pueblos —Rusia a la cabeza— no se limitan a imitar a Occidente. No han asimilado ni su mentalidad ni su manera de ser, haciendo abstracción de sí mismos.
Rusia, como China y Turquía, naciones relativamente jóvenes, ha entrado en contacto con la técnica. Pero el resultado ha sido sorprendente. El pueblo ruso puede aún oponer al constreñimiento de la mecanización su propio peso y una gran fuerza plástica y orgánica. No ha usado su propia sustancia viva sacrificándola al perfeccionamiento del aparato técnico. Se subordinó la técnica en lugar de hacer lo contrario. El poder de la materia orgánica reina sobre el proceso de mecanización, mostrando el camino y la meta, avanzando al mismo tiempo que se seguían las propias normas. Era un poder impregnado de la instintiva sabiduría de la sustancia biológica del pueblo ruso. Esta potencia orgánica ha sido valorada por el Estado ruso y por la autoridad que ejercita. Con mucha energía, mano firme y sin titubeos, se han hecho sólo las concesiones inevita bles al espíritu de la técnica. Ello ha traído consecuencias concretas, de forma corajuda e imperturbable, sabiendo rechazar otros aspectos negativos. El colectivismo se ha llevado a la agricultura, antes que nada, como el sacrificio que era necesario asumir, considerando los efectos revolucionarios que se derivaban de la mecanización. Este acto arbitrario, que eliminaba todo razonamiento ilusorio, permite hoy una autoridad sobre cualesquiera decisiones futuras.
Situando un poder organizativo vivo sobre toda tendencia mecánica de la técnica, la mecanización de Rusia puede llevarse a término bajo las reglas del colectivismo. El empuje individualista del espíritu técnico ha sido frenado y hecho añicos. Nada queda al arbitrio de una minoría anónima. El Estado navega viento en popa. El principio individualista de la técnica está, pues, en absoluta contradicción con la forma colectivista de la vida en Rusia. El arriesgado trabajo de los ingenieros es un buen testimonio de esta oposición. El colectivismo es la forma social que la voluntad orgánica debe adoptar si quiere afirmarse frente a la influencia mortífera de la técnica y limitarla a su mínima expresión. Rusia conservará esta forma de vida colectivista hasta que tenga suficientes reservas de fuerzas vitales capaces de poner freno a las peligrosas tenden cias de la técnica. El odio que América y Europa dispensan a Rusia es la protesta del espíritu técnico-individualista que choca contra las barreras de autodefensa orgánicas que impiden completar su labor de destrucción biológica. El mundo occidental, en su irresponsabilidad individualista, se siente afrentado y provocado por la existencia de un pueblo que se ha impuesto a través de la severa disciplina de la responsabilidad. El demonio de la técnica se siente defraudado: le hubiera gustado que la humanidad entera se inmolara a los pies de su altar. Se retuerce de rabia porque los pueblos del Este no se han puesto a su servicio, obedeciendo a su genio particular. Los sacerdotes católicos, los pastores protestantes y los apóstoles de la civilización hacen de coro a los horribles gruñidos de este demonio.
[Hespérides, primavera 1995, pp. 83-93]