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Identidad y Comunidad

Liberalismo

Francis Parker Yockey

El liberalismo es uno de los más importantes subproductos del racionalismo y sus orígenes e ideología deben ser claramente expuestos.

El período de "Ilustración" de la historia occidental que se inició después de la contrareforma puso cada vez más énfasis en el intelecto, la razón y la lógica según iba desarrollándose. A mediados del siglo XVIII esta tendencia produjo el racionalismo. El racionalismo consideraba todos los valores espirituales como sujetos suyos y procedió a evaluarlos desde el punto de vista de la razón. La lógica inorgánica es la facultad que los hombres han utilizado siempre para resolver problemas de matemáticas, ingeniería, transporte, física y en otras situaciones no evaluables. Su insistencia en la identidad y el rechace de, la contradicción son útiles en actividades materiales. También producen satisfacción material en asuntos de pensamiento puramente abstracto, como las matemáticas y la lógica, pero si se llevan demasiado lejos se convierten en meras técnicas, simples presunciones cuya única justificación es empírica. El fin, del racionalismo es el pragmatismo, el suicidio de la razón.

Esta adaptación de la razón a problemas materiales es causa de que todos los problemas se conviertan en mecánicos cuando son analizados a "la luz de la razón", sin ningún aditamento místico de pensamiento o tendencia de ninguna clase.

Descartes estudió a los animales como si fueran autómatas, y aproximadamente una generación más tarde, el mismo hombre era racionalizado como un autómata, o, igualmente como un animal. Los organismos se convirtieron en problemas de química y física, y los organismos suprapersonales simplemente dejaron de existir, pues no pueden someterse a la razón al no ser visibles ni mensurables. Newton proporcionó al universo de las estrellas una fuerza no espiritual auto-regulada; el siguiente siglo arrebató el espíritu al hombre, a su historia, y a sus asuntos.

La razón detesta lo inexplicable, lo misterioso, la media luz. En un problema práctico de maquinaria o de construcción de buques, uno debe sentir que todos los factores se encuentran bajo su conocimiento y control. Nada debe quedar fuera de previsión y control. El racionalismo, que es el sentimiento de que todo está sujeto a la razón. y es explicable por ésta, rechaza todo lo que no es visible ni calculable. Si una cosa no puede ser verdaderamente calculada, la razón meramente dice que los factores son tan numerosos y complicados que el cálculo es imposible desde un punto de vista práctico, pero no lo hace imposible desde un punto de vista teórico. Así, la razón tiene también su voluntad de poder; lo que no se somete a ella es declarado recalcitrante, o su existencia es simplemente negada.

Cuando volvió su mirada hacia la historia, el racionalismo creyó ver en ella una tendencia hacia la razón. El hombre "energía" durante varios milenios, luego "progresaba" desde la barbarie y el fanatismo hasta la Ilustración, desde la "superstición" hasta la "ciencia", desde la violencia hasta la "razón", desde el dogma hasta la crítica, desde la oscuridad hasta la luz. Ya no más cosas invisibles, no más espíritu, no más alma, no más Dios, no más iglesia y Estado. Los dos polos del pensamiento son "el individuo” y “la humanidad". Todo lo que los separe es "irracional".

Esa costumbre de llamar irracionales a las cosas es, de hecho, correcta. El racionalismo debe mecanizarlo todo, y lo que no puede ser mecanizado es, por necesidad, irracional. Así, toda la historia se convierte en irracional: sus crónicas, sus procesos, su fuerza secreta, el destino. El mismo racionalismo, como subproducto de una cierta etapa en el desarrollo de una gran cultura, es también irracional. Por qué el racionalismo sigue una fase espiritual, por qué ejercita su breve predominio, por qué se desvanece una vez más dentro de la religión... esas preguntas son históricas, luego irracionales.

El liberalismo es racionalismo en política. Rechaza al Estado como organismo y solamente puede concebirlo como resultado de un contrato entre individuos. El objeto de la vida no tiene nada que ver con los Estados, ya que estos no tienen una existencia independiente. Así la "felicidad" del individuo llega a ser el objeto de la Vida. Bentham formuló esta idea colectivizándola de la manera más vasta posible, con la frase "la mayor felicidad para el mayor número". Si un rebaño de animales pudiera hablar utilizaría este eslogan contra los lobos. Para la mayoría de humanos, que no son más que material para la historia y no actores en el escenario de la misma, "felicidad" significa bienestar económico. La razón es cuantitativa, no cualitativa, y así convierte al hombre medio en "el hombre". El "hombre" es algo que necesita alimentos, vestidos, hogar, vida social y familiar, y ratos libres. La política, a veces, exige el sacrificio de la vida por cosas invisibles. Esto va "contra la felicidad” y no debe existir. La economía, en cambio, no va "contra la felicidad” sino que casi coincide con ella. La religión y la iglesia desean interpretar la totalidad de la vida basándose en cosas invisibles, militando, de esta manera, contra la "felicidad". La ética social, por otra parte, asegura el orden económico, promocionando, así, la "felicidad".

Aquí, el liberalismo encuentra sus dos polos de pensamiento: la economía y la ética. Corresponden al individuo. y a la humanidad. La ética, naturalmente, es puramente social, materialista; si la vieja ética se conserva sus antiguos fundamentos metafísicos se abandonan, y se promulga como un imperativo social, no religioso. La ética es necesaria para mantener el orden necesario como marco de la actividad económica. Dentro de esa marco, no obstante, el “individuo" debe ser "libre". Este es el gran grito del liberalismo, "libertad". El hombre no es más que sí mismo, y no está ligado a nada, excepto por propia elección. Así "la sociedad" es la "libre" asociación de hombres y grupos. Por consiguiente el Estado es contrario a la libertad, es obligación, es violencia. La iglesia es esclavitud espiritual.

Todas las cosas en el terreno espiritual fueron transmutadas por el liberalismo. La guerra fue transformada, ya en una competición vista desde el polo económico, ya en una diferencia ideológica, vista desde el polo ético. En vez de la mística alternativa rítmica de la guerra y la paz, sólo ve la concurrencia perpetua de competencia o contraste ideológico, que en ningún caso puede devenir hostil o sangriento. Desde un punto de vista ético, el Estado se convierte en sociedad o humanidad; desde el económico, en un sistema de producción y comercio. La voluntad de cumplir una finalidad política se transforma en la realización de un programa de “ideales sociales" en el plano ético, y de cálculo en el plano económico.
Éticamente hablando, el poder se convierte en propaganda, y en reglamento, hablando económicamente.

La más pura expresión de la doctrina del Liberalismo fue probablemente la de Benjamín Constant. En 1814 publicó sus ideas sobre el “progreso" del "hombre".

Consideró a la Ilustración del siglo XVIII con sus tendencias intelectuales e humanitarias como los simples preliminares de la verdadera liberación, la del siglo XIX. La economía, la industria y la técnica representaban los "medios, de la libertad.

El racionalismo era el aliado natural de esa tendencia. Feudalismo, reacción, guerra, violencia, Estado, política, autoridad... todo fue superado por la nueva idea, suplantado por la razón, la economía, la libertad, el progreso y el parlamentarismo.

La guerra, al ser violenta y brutal era irracional, y fue reemplazada por el comercio, que es inteligente y civilizado. La guerra es condenada desde todos los puntos de vista: económicamente hablando es una derrota, incluso para el vencedor. Las nuevas técnicas bélicas -la artillería- convierten al heroísmo personal en algo sin sentido, y así el encanto y la gloria de la guerra se van del brazo de su utilidad económica. En tiempos pretéritos, los pueblos belicosos subyugaban a los pueblos mercantiles, pero esto ya no sucedía así. Ahora los pueblos mercantiles emergían como los dueños de la tierra.

Un momento de reflexión demuestra que el liberalismo es enteramente negativo. No es una fuerza formativa sino siempre, y exclusivamente, una fuerza desintegradora. Desea destronar a las autoridades gemelas de la Iglesia y el Estado, substituyéndolas por la libertad económica y la ética social. Sucede que las realidades orgánicas no permiten más que dos alternativas: el organismo es fiel a sí mismo, o cae enfermo, es distorsionado y se convierte en presa para otros organismos. Así, la polaridad natural de dirigentes y dirigidos no puede ser abolida sin aniquilar el organismo. El liberalismo nunca tuvo un éxito total en su lucha contra el Estado, a pesar del hecho de que se comprometió en actividades políticas a lo largo de todo el siglo XIX en alianzas con toda clase de fuerzas desintregradoras del Estado. Así, hubo Nacional-Liberales, Social-Liberales, Libres Conservadores, Liberal-Católicos. Incluso se aliaron con la democracia, que no es Liberal, sino irresistiblemente autoritaria cuando está en el poder. Simpatizaron con los anarquistas cuando las fuerzas de la Autoridad intentaron defenderse contra ellos.

En el siglo XX el liberalismo se alió con el bolchevismo en España, y los liberales europeos y americanos simpatizaron con los bolcheviques rusos.

El liberalismo sólo puede ser definido negativamente. Es una mera crítica, no una idea viva. Su gran palabra "libertad" es una negación: de hecho, significa libertad contra la autoridad, es decir, desintegración del organismo. En sus últimas consecuencias produce atomismo social, en el cual no solamente es combatida la autoridad del Estado, sino incluso la autoridad de la comunidad y la familia. El divorcio tiene el mismo rango que el matrimonio, los hijos que los padres. Este constante pensamiento negativo engendró activistas políticos como Marx, Lorenz von Stein y Ferdinand Lasalle que, para desesperación de los liberales, utilizaron el liberalismo como vehículo político. Sus actitudes fueron siempre contradictorias, siempre en busca de un compromiso. Siempre buscó lanzar a la democracia contra la monarquía, a los empresarios contra los obreros manuales, al Estado contra la sociedad al poder legislativo contra el judicial. En una crisis, el liberalismo como tal nunca apareció. Los liberales se pusieron siempre a uno u otro lado de una contienda revolucionaria, según la consistencia de su liberalismo y su grado de hostilidad hacia la autoridad.

De manera que el liberalismo en acción fue exactamente tan político como cualquier Estado. Obedeció a la necesidad orgánica por sus alianzas políticas con grupos e ideas no-liberales. A pesar de su teoría del individualismo, que lógicamente excluiría la posibilidad de que un hombre o un grupo pidiera a otro hombre o grupo el sacrifico o riesgo de su vida, apoyó ideas "anti-liberales" como la democracia, el socialismo, el bolchevismo, el anarquismo, todas las cuales exigen el sacrificio de la vida.


II

Partiendo de su antropología de la verdad básica de la naturaleza humana en general, el racionalismo engendró el enciclopedismo del siglo XVIII, la Franc-Masoneria, la democracia y el anarquismo, así como el liberalismo, cada uno con sus diversas variantes. Cada uno desempeñó su papel en la historia del siglo XIX y, a causa de la distorsión crítica de toda la civilización occidental motivada por las dos primeras Guerras Mundiales, incluso en el siglo XX, donde el racionalismo se encuentra grotescamente fuera de lugar lentamente se transformó en irracionalismo.

El cadáver del liberalismo no había sido aún enterrado a mediados del siglo XX. Por consiguiente, todavía es preciso diagnosticar la seria enfermedad de la civilización occidental como Liberalismo complicado con envenenamiento extranjero.

Como el liberalismo considera a la mayoría de los hombres como razonables o buenos, se deduce que deberían ser libres para hacer lo que quisieran. Como no existe ninguna unidad superior a la cual se sientan ligados y cuya vida supra-personal domine las vidas de los individuos, todo campo de la actividad humana sólo se sirve a sí mismo - siempre y cuando no desee convertirse en autoritario - y permanece dentro del marco de la "sociedad". Así, el arte deviene "el arte por el arte, l´Art pour l´Art. Todas las zonas del pensamiento y la acción devienen igualmente autónomas. La religión se convierte en mera disciplina social, ya que trascender ese concepto significa asumir autoridad. La ciencia, la filosofía, la educación, sólo existen para sí mismas, no están sujetas a nada más elevado. La literatura y la técnica poseen idéntica autonomía. La función del Estado consiste simplemente en protegerlas mediante patentes y derechos de autor. Pero, por encima de todo, la economía y el derecho son independientes de la autoridad orgánica, es decir, de la política.

Los lectores del siglo XXI encontrarán difícil de creer que una vez prevaleció la idea de que cada uno debiera ser libre para hacer lo que quisiera en asuntos económicos, aunque su actividad personal causara el hambre de centenares de miles de personas, la devastación de campos y zonas mineras y el debilitamiento del poder del organismo; que fue posible que un individuo se levantara por encima de la débil autoridad pública y dominara, por medios privados, los pensamientos más recónditos de poblaciones enteras, por su control de la prensa, la radio y el drama mecanizado.

Todavía les resultará más difícil que tal persona pudiera recabar y obtener el apoyo de la Ley para materializar su voluntad destructiva. Así, un usurero puede, a mediados del siglo XX, invocar con éxito la ayuda de la Ley para desposeer de su propiedad a campesinos y granjeros. Es difícil de imaginar qué daño mayor podría infringir un individuo a un organismo político que convertir la tierra en polvo en frase del gran Freiherr von Stein.

Pero todo esto se deducía inevitablemente de la idea de la independencia de la economía y el derecho con respecto a la autoridad política. No hay nada más elevado, no hay Estado; sólo hay individuos, unos contra otros. Es perfectamente natural que los individuos económicamente más astutos acumulen en sus manos la mayor parte de la riqueza. Pero, si son auténticos Liberales, no querrán que la autoridad acompañe a esa riqueza, pues la autoridad presenta dos aspectos: poder y responsabilidad. El individualismo, psicológicamente hablando, es egoísmo. "Felicidad" es Egoísmo. Rousseau, el abuelo del liberalismo fue un verdadero individualista, y mandó a sus cinco hijos al asilo de niños expósitos.

El derecho, como campo del pensamiento y la conducta humanas, tiene tanta independencia, y también tanta dependencia como cualquier otro campo. Dentro de su marco orgánico es libre para pensar, idear y organizar su material. Pero, igual que otras formas de pensamiento, puede ser enrolado al servicio de ideas externas.

Así, el derecho, que fue originariamente el sistema de codificar y mantener la paz interna del organismo mediante la conservación del orden y la prevención de disputas privadas, fue transmutado por el pensamiento liberal en un sistema para mantener el desorden interno y permitir a individuos económicamente fuertes liquidar a los más débiles. A esto se le llamó "el gobierno de la Ley", el "Estado Legal" la “independencia del poder judicial”. La idea de utilizar la Ley[33] para convertir en sacrosanto un determinado estado de cosas no fue una invención del liberalismo. Ya en tiempos de Hobbes otros grupos lo intentaron, pero la incorruptible mente de Hobbes patentizó con la máxima claridad que el gobierno de la Ley significaba el gobierno de los que determinan y administran la Ley, que el gobierno de un "orden más elevado" es una frase vacía, y sólo recibe contenido a través del gobierno concreto de determinados hombres y grupos sobre un orden más bajo.

Esto era pensamiento político, cuya finalidad es la distribución y el movimiento del poder. También es política denunciar la hipocresía, inmoralidad y cinismo del usurero que imprudentemente exige el gobierno de la Ley, que significa riqueza para él y pobreza para millones de personas, y todo ello en el nombre de algo más elevado, con validez sobrehumana. Cuando la autoridad resurge contra las fuerzas del racionalismo y la economía procede a demostrar que el complejo de ideales trascendentales con que el liberalismo se equipó a sí mismo es tan válido como el Legitimismo de la era de la monarquía absoluta, y nada más. Los monarcas eran los más fuertes protagonistas del legitimismo, los financieros del liberalismo. Pero el monarca estaba ligado al organismo enteramente y durante toda su vida; él era orgánicamente responsable incluso donde no lo era de hecho. Tal fue el caso de Luis XVI y Carlos I. Incontables monarcas y gobernantes absolutos han debido enfrentarse con su responsabilidad simbólica. Pero el financiero sólo tiene poder pero no responsabilidad, ni siquiera simbólica, porque, por lo general, su nombre es desconocido. La historia, el destino la continuidad orgánica, la fama, ejercen su poderosa influencia sobre un gobernante político absoluto, y, además su posición le coloca enteramente aparte de la esfera de la baja corruptibilidad. El financiero, en cambio, es privado, anónimo, puramente económico, irresponsable. No puede ser altruista en nada; toda su existencia es la apoteosis del egoísmo. No piensa en la historia, en la fama, en la continuidad de la vida del organismo en el destino, y, además, es eminentemente corruptible por medios viles, Ya que su deseo principal es el dinero; dinero y más dinero.

En su contienda contra la Autoridad, el Liberal financiero desplegó una teoría según la cual el poder corrompe a los hombres. Sin embargo, lo que los corrompe es la vasta riqueza anónima, toda vez que en la misma no hay limitaciones supranacionales, tales como poner al verdadero estadista completamente al servicio del organismo político, y colocarle por encima de la corrupción.

Fue precisamente en el terreno de la Economía y el Derecho donde la doctrina Liberal produjo los más destructivos efectos en la salud de la civilización occidental. No importó mucho que la Estética se independizara, ya que la única forma artística en Occidente que todavía tenía un futuro, la Música occidental, no se ocupó de las teorías y continuó su gran curso creador hasta su final en Wagner y sus epígonos. Baudelaire es el gran símbolo de l´art pour l´art: la enfermedad como belleza. Baudelaire es, pues, Liberalismo en literatura, enfermedad como principio de Vida, crisis como salud, morbosidad como vida espiritual, desintegración como propósito. El hombre como individualista, un átomo sin relaciones, el ideal liberal de la personalidad. Fue en el terreno de la acción más que en el del pensamiento donde el daño fue más grave.

Al permitirse que la iniciativa en asuntos económicos y técnicos quedara en manos de individuos sujetos a escaso control político, se creó un grupo cuyos deseos personales eran más importantes que el destino colectivo del organismo y sus millones de habitantes. La ley que refrendaba este estado de cosas estaba completamente divorciada de la moralidad y el honor. Para desintegrar al organismo, toda moral reconocida estaba divorciada de la metafísica y la religión, y sólo se ocupaba de la "sociedad". El derecho penal reflejó la idiosincrasia del liberalismo al castigar los crímenes de violencia, y los pasionales, pero olvidándose incluso de mencionar casos tales como la destrucción de los recursos nacionales, dejando a millones de personas en la miseria, o la usura a escala nacional.

La independencia de la esfera económica fue un dogma de fe para el liberalismo.

Esto no estaba sujeto a discusión. Incluso se ideó una abstracción denominada "hombre económico" cuyas acciones podían ser predichas como si la economía fuera el vacío. La ganancia económica era su única motivación, sólo la codicia le excitaba. La técnica del éxito consistía en concentrarse en las propias ganancias e ignorar todo lo demás. Pero este "hombre económico" era el hombre en general para los Liberales. Él era la unidad de su concepción del mundo. La "Humanidad" era la suma de esos granos de arena económicos.

III

El tipo de mente que cree en la "bondad" esencial de la naturaleza humana advino al liberalismo. Pero hay otra antropología política, que reconoce que el hombre es inarmónico, problemático, dual, peligroso. Esta representa la general sabiduría del género humano, y es reflejada por el número de guardias, vallados, cajas fuertes, cerraduras, cárceles y policías. Toda catástrofe, incendio, terremoto, erupción volcánica, inundación, evoca el saqueo. Incluso una huelga de policías en una ciudad americana fue la señal para el saqueo de las tiendas por los respetables y bondadosos seres humanos.

Así, este tipo de pensamiento parte de los hechos. Esto es pensamiento político en general, opuesto al mero pensar sobre política, o racionalizar. Ni siquiera la gran ola del racionalismo pudo sumergir esta clase de pensamiento. Los pensadores políticos difieren enormemente en creatividad y en profundidad pero están de acuerdo en que los hechos son normativos.

La palabra “teoría" ha sido llevada al descrédito por intelectuales y liberales que la han usado para describir su punto de vista favorito sobre cómo les gustaría que fueran las cosas. En un principio, teoría significó explicación de los hechos. Para un intelectual ignorante en política, una teoría es un fin, para un verdadero político, su teoría es un límite.

Una teoría política busca para encontrar en la historia los límites de lo políticamente posible. Esos límites no pueden ser hallados en el terreno de la razón. La época de la razón nació en un baño de sangre, y pasará de moda a través de más baños de sangre. Con su doctrina contra la guerra, la política y la violencia, presidió las mayores guerras y revoluciones habidas en cinco mil años y desembocó en la época de la política absoluta. Con su evangelio de la hermandad humana, llevó a cabo el hambre provocado en gran escala, la humillación la tortura y el exterminio contra poblaciones de la civilización occidental después de las dos primeras Guerras Mundiales. Al poner fuera de la ley el pensamiento político y convertir la guerra en una contienda moral en vez de una lucha por el poder arrojó en el polvo la caballerosidad y el honor de un milenio. La conclusión de todo ello es que la razón también se convirtió en política cuando entró en el terreno político, aún cuando empleara su propio vocabulario. Cuando la razón arrebataba un territorio a un enemigo vencido después de una guerra, lo llamaba "desanexión". El documento que consolidaba la nueva posición era llamado "Tratado" aun cuando hubiera sido dictado en medio de un bloqueo por hambre. El derrotado enemigo político debía admitir en el "Tratado" que él era el único "culpable" de la guerra, que no estaba moralmente preparado para poseer colonias, que sus soldados fueron los únicos en cometer "crímenes de guerra". Pero por complicado que fuera el disfraz moral, por consistente que fuera el vocabulario ideológico, no era más que política, y la época de la política absoluta vuelve de nuevo a la clase de pensamiento político que parte de los hechos, reconoce el poder y la voluntad de poder de los hombres y los organismos más elevados como hechos, y considera cualquier tentativa de describir la política en términos morales como sería describir la química en términos teológicos.


Existe toda una tradición del pensamiento político en la cultura occidental, algunos de cuyos principales representantes son Montaigne, Maquiavelo, Hobbes, Leibnitz, Bossuet, Fichte, de Maistre, Donoso Cortés, Hippolyte Taine, Hegel, Carlyle. Mientras Herbert Spencer describía la historia como el "progreso" desde la organización militar-feudal, hasta la comercial-industrial, Carlyle enseñaba a Inglaterra el espíritu prusiano del socialismo ético, cuya superioridad interna debería ejercer sobre toda la civilización occidental en la venidera edad política una transformación igualmente fundamental que la que ejerció el capitalismo en la edad económica. Esto era pensamiento político creador, pero desgraciadamente no fue comprendido, y la ignorancia resultante permitió que influencias distorsionadoras arrojasen a Inglaterra a dos Guerras Mundiales sin sentido, de las que emergió arruinada y con casi todo perdido.

Hegel propuso un desarrollo en tres etapas de la humanidad desde la comunidad natural, a través de la burguesía hasta el Estado. Su teoría del Estado es profundamente orgánica, y su definición del burgués es completamente apropiada para el siglo XX. Para él el burgués es el hombre que no desea abandonar la esfera de la seguridad política interna, que se sitúa a sí mismo, con su sagrada propiedad privada, como un individuo contra la totalidad, que encuentra un substitutivo para su nulidad política en los frutos de la paz, en sus posesiones y en la perfecta seguridad de su gozo, y que, por consiguiente, desea dispensarse del coraje y permanecer seguro contra la posibilidad de una muerte violenta. Con estas palabras, Hegel describe al verdadero liberal.

Los pensadores políticos mencionados no gozan de la popularidad de las grandes masas de seres humanos. Mientras las cosas marchan bien, la mayoría de la gente no desea hablar de luchas por el poder, de violencias, de guerras, o de teorías relativas a ello. Así, por ejemplo, en los siglos XVIII y XIX se puso en boga la actitud de que los pensadores políticos - y Maquiavelo fue la primera víctima - eran hombres malvados, atávicos, sedientos de sangre. La simple aseveración de que siempre habrían guerras bastaba para describir al que lo decía como una persona que quería que las guerras continuaran. Llamar la atención sobre el vasto e impersonal ritmo de la guerra y la paz era prueba de poseer una mente enferma, con deficiencias morales y corrupción emocional. Describir los hechos fue considerado como desearlos e incluso crearlos. En el mismo siglo XX todo el que denunciara la nulidad política de las "ligas de naciones" era un profeta de la desesperación. El racionalismo es anti-histórico; el pensamiento político es historia aplicada. En la paz es impopular mencionar la guerra; en la guerra es impopular mencionar la paz. La teoría que más rápidamente llega a ser popular es la que enaltece las cosas existentes y la tendencia que se supone que ilustran como la mejor, predeterminada por toda la historia previa. Así, Hegel fue anatema para los intelectuales a causa de su orientación estatal, que hizo de él un "reaccionario", y también porque rehusó unirse a la muchedumbre revolucionaria.

Como la mayoría de la gente desea oír solamente soporíferas charlas sobre política, que no exijan llamadas a la acción, y como en condiciones democráticas a la técnica política le interesa lo que a la mayoría de la gente le gusta oír, los políticos democráticos desplegaron en el siglo XIX una dialéctica completa de política partidista. La idea consistía en examinar el terreno de la acción desde un punto de vista "desinteresado", moral, científico o económico, y descubrir que el oponente era inmoral, anticientífico, antieconómico... de hecho, que era político. Esto era algo diabólico que debía ser combatido. El punto de vista propio era enteramente "no político". La palabra política era un término de reproche en la edad económica. No obstante, curiosamente, en ciertas situaciones generalmente relacionadas con asuntos exteriores la palabra “impolítico" podía ser también un término despreciativo, significando que el hombre así descrito carecía de habilidad negociadora. El político partidista debía también fingir desgana en aceptar el cargo. Finalmente, una demostración cuidadosamente preparada de la "voluntad popular" vencía su resistencia, y consentía en aceptarlo en acto de "servicio". A esto se le llamó maquiavelismo, pero evidentemente Maquiavelo fue un pensador político, y no un experto en "camouflages". Un político partidista no escribiría un libro como "El Príncipe" sino que elogiaría a toda la especie humana, exceptuando a ciertas gentes perversas: Los oponentes del autor.

De hecho, el libro de Maquiavelo es defensivo en su tono, justificando políticamente la conducta de ciertos estadistas citando ejemplos extraídos de las invasiones extranjeras de Italia. En el siglo en que vivió Maquiavelo, Italia fue invadida en diferentes ocasiones por franceses, alemanes, españoles y turcos. Cuando las tropas revolucionarios francesas ocuparon Prusia y unieron los sentimientos humanitarios de los Derechos del Hombre con brutalidades y robos en gran escala, Hegel y Fichte tributaron de nuevo a Maquiavelo el respeto debido como pensador.
Él representaba un medio de defensa contra la chusma armada con ideología humanitaria. Maquiavelo mostró el verdadero papel desempeñado por los sentimientos verbales en política. Uno puede decir que existen tres actitudes posibles con respecto a la conducta humana, al evaluar sus motivaciones: la sentimental, la realista y la cínica. La sentimental atribuye un motivo bueno a todo el mundo; la cínica un motivo malo, y la realista simplemente se ocupa de los hechos. Cuando un sentimental, es decir, un liberal, se ocupa de política se convierte forzosamente en un hipócrita. La última consecuencia de esa hipocresía crea el cinismo. Una parte de la enfermedad espiritual que siguió a la Primera Guerra Mundial fue una oleada de cinismo que surgió de la transparente, asquerosa e increíble hipocresía de los hombrecillos que se hallaban en los puestos de mando en esa época. Maquiavelo, en cambio, poseía un intelecto incorruptible y no escribió su libro en un espíritu cínico. El sólo deseó plasmar la anatomía de la política con sus peculiares tensiones y problemas, internos y externos. Para la fantástica enfermedad mental del racionalismo, los hechos duros son cosas lamentables, y hablar de ellos es crearlos. Un politiqueo, del tipo Liberal incluso intentó prohibir hablar de la Tercera Guerra Mundial, tras la Segunda. El liberalismo es, en una palabra, debilidad. Quiere que cada día sea un cumpleaños, y la vida una larga fiesta. El movimiento inexorable del tiempo, el destino, la historia, la crueldad de la realización, la energía, el heroísmo, el sacrificio, las ideas suprapersonales: he aquí el enemigo. El liberalismo es una evasión de la dureza hacia la blandura, de la masculinidad hacia la feminidad, de la historia hacia el pastoreo de los rebaños, de la realidad hacia los sueños herbívoros, del destino hacia la felicidad. Nietzsche, en su última y principal obra, designó al siglo XVIII como el siglo del feminismo y denunció a Rousseau como líder de la evasión masiva de la realidad. El mismo feminismo, ¿qué es, sino un medio para feminizar al hombre? Si hace a las mujeres iguales a los hombres, sólo lo consigue al transformar primeramente al hombre en una criatura que únicamente se preocupa por su economía personal y por su relación con la "sociedad" es decir, una mujer. La "sociedad" es el elemento de la mujer, es estática y formal, sus contiendas son puramente personales, y se ven libres de la posibilidad del heroísmo, y la violencia. Conversación, no acción; formalismo, no hechos. ¡Cuán diferente es la idea de rango si se usa en un asunto social o si se aplica en un campo de batalla! Ahí depende del hado, mientras en el salón es vano y pomposo. Una guerra se lleva a cabo por control, mientras que las contiendas sociales están inspiradas por la vanidad femenina y por los celos y tienden a demostrar que uno es "mejor" que otro.

Y, sin embargo, ¿que hace, finalmente el liberalismo con la mujer?: la viste con uniforme y la llama "soldado". Esta ridícula hazaña no sirve más que para ilustrar el eterno hecho de que la historia es masculina, de que sus austeras exigencias no pueden ser escamoteadas, que las realidades fundamentales son irrenunciables y no pueden dejarse de lado ni siquiera con la ayuda del más elaborado artificio. El manosear de los liberales con la polaridad sexual sólo sirve para desatar la cólera en las almas de los individuos, confundiéndolos y distorsionándolos, pero el hombre-mujer y la mujer-hombre que crea están ambos, sujetos al más alto destino de la historia.

[Extraido de Imperium (1948) de Francis Parker Yockey (Traducción de Joaquín Bochaca), Ediciones Bausp, 1976]

La filosofía del 98 un siglo después

[Carlos Martínez-Cava Arenas]

INTRODUCCIÓN
Hace diez años, quizá nadie, ningún español, podía imaginar que poco tiempo después el problema de España, la profunda pregunta sobre el ser de España, se iba a plantear con toda su crudeza.
La sombra de la decadencia y del pesimismo se ha ido extendiendo en los últimos tiempos, acariciando, con pesadumbre, la certeza del infortunio de España en su capacidad para organizar una forma de existencia pujante, vigorosa y justa.
La ausencia de intelectuales al margen del Poder y Cultura oficiales ha producido una lamentable sensación de orfandad espiritual en todos los que, habiendo nacido en la segunda mitad de este siglo, adquirimos la mayoría de edad con esta Democracia.
Muchos de nosotros nos hemos preguntado, en numerosas ocasiones, si es que el Poder todo lo compraba o que, por el contrario, la fuerte marea globalizadora del mundialismo americano estaba entonteciendo la conciencia de nuestra generación.
Estas y muchas otras preguntas nos hicieron volver a formular de nuevo aquella lacerante pregunta: "¡Dios mío! ¿Qué es España?".
Desde la aprobación de la Constitución de 1978 han transcurrido ya 18 años, casi 20. Estamos cercanos, pues, a un aniversario constitucional que coincidirá con otro, y éste centenario: 1998.
Esta fecha nos convoca a una reflexión obligada, y es la de si el modelo de convivencia vigente refleja nuestro modo de ser y nos garantiza Justicia, Libertad y Proyección Universal como Comunidad Nacional.
Javier Esparza escribía, hace ahora tres años, en la revista Razón Española (1), que "nuestro problema es fundamentalmente interior: porque, hasta ahora, no se nos ha dicho para qué estamos juntos ni qué tenemos en común. De ahí la debilidad de nuestras estructuras sociales y culturales. Y quien crea que es posible modificar las estructuras sociales y culturales de un país desde una simple posición política, se equivoca."
1898 nos plantea un escenario: el de la Catástrofe. El desastre militar de Cavite y de Santiago de Cuba, por el que España pierde sus últimas colonias ultramarinas, avivó un descontento general que ya existía, y que dio lugar al grito de protesta de lo que más tarde hemos conocido como "Generación del 98". El grupo no podía permanecer inerte, decía Azorín, inerte ante la dolorosa realidad española. "Había que intervenir".
El Desastre agudiza en unos y otros la repulsa hacia el estado de cosas que lo han hecho posible, y surge, como un torrente, un anhelo de cambio rotundo en la realidad española. Un anhelo cuyo objetivo era dar fin a esa larga agonía, esa decadencia sentida durante tantos años, y que, en ese momento, atenazaba a todos como un formidable estertor de moribundo.
Podíamos hablar claramente y decir que en 1898 se produjo un colapso nacional. Decía Toynbee (2) que el problema de los colapsos de las civilizaciones es más evidente que el problema de su crecimiento, pero pese a esa dificultad no dudó en señalar que la naturaleza de los colapsos de civilizaciones podía resumirse en tres puntos:
1) Una pérdida de poder creador de la minoría;
2) Un retiro, como respuesta, de la mimesis por parte de la mayoría, y
3) Una pérdida consiguiente de unidad social en la sociedad como un todo.
No vamos a hablar hoy de la decadencia de las civilizaciones, pero sí nos centraremos, como punto de partida, en la agonía de una Cultura, de una forma de vivir y contemplar el Mundo que predominó durante siglos: la Cultura Hispánica.
Los últimos años del siglo XIX marcan con fuego y de manera decisiva la memoria histórica de un pueblo, el nuestro, que durante mucho tiempo había estado en permanente conquista más allá del "Finis Terrae".
La pérdida de energías y de las últimas colonias hizo considerar, de acuerdo con las doctrinas positivistas entonces imperantes, que la Sociedad era un ser vivo y, como tal, susceptible de enfermar y de, hasta incluso, morir.
Esta visión de la sociedad, de acuerdo a esta concepción filosófica, vino a España traída de manos de la clase médica, y ello canalizó de manera decisiva el que la preocupación por la decadencia nacional de España, hubiera de tener una decisión clínica.
España, decían los positivistas, en cuanto organismo vivo, era una sociedad enferma o degenerada; el médico positivista debía situarse con actitud científica ante el paciente y determinar los tres momentos del análisis clínico: diagnóstico, pronóstico y terapéutica. Es obvio decir que la aplicación correcta de la terapéutica adecuada habría de producir, como resultado inmediato, la regeneración del país.
Desde este punto de vista, el regeneracionismo no sería sino una sucesión de recetas médicas, lo que nos llevaría a relacionar este movimiento a la tradición española del arbitrismo.
Pero no existió un único regeneracionismo, el profesor José Luis Martínez Sanz, en un excelente trabajo que he tenido el honor de estudiar (3), habla de 4 líneas de "regeneracionismo":
1) La primera es la de los "hombres de acción". En ella era más importante la acción que la reflexión (mañana podría ser tarde podría ser su lema). Tenía como protagonistas a militares y civiles inquietos, que originaron la "gloriosa" de 1868. Estos hombres querían cambiar España mediante la revolución, y por ello crearon la Constitución de 1869.
2) Una segunda línea, la menos conocida, es la de aquellos sabios, intelectuales y profesores que querían la regeneración de España a través de la ciencia y la cultura. Esta es la de aquellos que pretendían un mayor progreso en las ciencias y en la educación, buscando no imponer un dogmatismo diferente, sino servir de utilidad a la sociedad española.
3) La tercera es la del regeneracionismo político, surgido tras la Restauración alfonsina de 1875, formulada por hombres que querían la estabilidad y una reforma de las instituciones. Esta línea estaba escindida en dos grupos: por un lado, los hombres del sistema (Silvela, Maura, Canalejas), que buscaban un "regeneracionismo institucional"; por el otro, los partidarios de una "regeneración republicana y socialista", que pretendían sustituir el orden político nuevo por otro nuevo.
La cuarta línea era la del regeneracionismo populista. Su exponente máximo era Joaquín Costa, quien pretendía cambiar el estancamiento económico y el atraso de nuestro país acabando con la oligarquía y el caciquismo entonces existente.
Laín Entralgo considera a los regeneracionistas como "la versión del arbitrismo que corresponde a los supuestos del nacionalismo democrático" (4), a la vez que señala como notas del regeneracionismo: la política de realidades, la fe en la revitalización de España y la autarquía de la Nación.
Numerosos autores han coincidido en señalar que el regeneracionismo es la "negación de un sistema socio-económico precapitalista y de su sistema político de valores".
Una de las figuras más representativas de este período es Joaquín Costa, al que diversos "presuntos" historiadores de filiación marxista no dudaron en colgar el sambenito de "prefascista".
Indudablemente Joaquín Costa pudo ser muchas cosas, aparte de un notable español, pero no fue ni pre, ni pos-fascista, porque si bien criticó el partidismo y propugnó la figura del "Cirujano de Hierro" (en un presidencialismo que recordaba al ejercido por Bismarck en Alemania), siempre defendió la separación entre Gobierno y Parlamento.
La Filosofía jurídico-política de Costa, fue novedosa en lo siguiente:
— Redujo el Derecho Público Social a las condiciones del privado, convirtiendo al individuo en autoridad única de sí mismo.
— "Cada individuo es un estado, lo mismo que la familia, lo mismo que el municipio o la Nación"
De aquí arranca el neo-liberalismo costiano, que supuso dos cosas al mismo tiempo: una crítica del liberalismo doctrinario en que se basaba la Monarquía restaurada y una defensa de la "Revolución desde arriba".
La fórmula de Costa era novedosa. El mismo la definía con las siguientes palabras: "Yo conservo un Parlamento independiente del supuesto Dictador; instauro al lado de él un Poder Judicial más independiente que el que así se llama ahora, que no es independiente ni es poder; acentúo la personalidad del Municipio, declarándole soberano para todo lo suyo."
Pero es en lo Social donde Costa realiza sus declaraciones de principios más "Ibéricas", pues ni Marx, que poco debía conocer de gastronomía española, dijo aquello de que: "La libertad sin garbanzos no es libertad", y "el que tiene la llave del estómago, tiene la llave de la conciencia".
Esto significaba un neo-liberalismo garante de la soberanía popular y no la mera declaración formal de principios que suele hacer el Liberalismo de corte clásico.
¿QUÉ SIGNIFICÓ LA GENERACIÓN DEL 98?
El nombre de "generación del 98" es una etiqueta aceptada por el uso literario para designar el grupo de autores que sufrieron un fuerte impacto histórico y psicológico como consecuencia del llamado "desastre".
El 98 fue el movimiento que tomó el testigo abierto por los regeneracionistas, y su eje central ideológico fue el problema nacional y sus juicios sobre España y lo español. Esa búsqueda la realizan desde la rebeldía, con un inconformismo de base que parte tras las raíces de la Patria, afanándose en encontrarlas en sus continuos viajes por las tierras, los pueblos, las ciudades y sus viejos monumentos.
Las dos preocupaciones máximas de la Generación del 98 eran:
A) Encontrar y restablecer el Alma de España, y
B) Fundamentar un sentido a la Vida, darle un sentido.
Todos muestran un entrañable amor a España, pero, por lo menos al principio, nadie acepta su tradición, lo que les lleva a buscar una imagen de España distinta de la consagrada por los tópicos. La auténtica alma de España no es, según ellos, la que se manifestó en las grandes gestas o en los ideales de la época de los Austrias.
La Generación del 98, a través del estudio del paisaje, de la literatura y de la historia de España, llega a un nuevo concepto del alma y de la vida patria. Y consideran esto como un mero punto de partida. Lo importante, el destino, era lograr una fórmula que les diera un sentido de la vida, en su acepción más universal. Así lo afirmaba Unamuno:
"Lo que el pueblo español necesita es … tener un sentimiento y un ideal propios acerca de la vida y de su valor."
Sobre el pensamiento del 98 pesa una losa de prejuicios ideológicos que han minusvalorado, e incluso despreciado, el mensaje de todo un renacimiento del pensar español. Con frecuencia estas críticas han venido del campo materialista, en su vertiente marxista. El porqué es fácil; la Generación del 98 representa una clave de regeneración nacional en sentido idealista, y con unas bases filosóficas que chocaban abiertamente con la concepción del mundo del entonces pujante ya marxismo.
El Profesor Francisco Javier González Martín (5) ha comentado sobre esta cuestión que en si en la Europa de entonces triunfa la materia sobre la idea, en España triunfa la idea sobre la materia. Y que uno de los mejores exponentes de este fenómeno es el discurso de "El Quijote" acerca del Humanismo de las Armas y de las Letras. Poesía, mística, aventura y una concepción caballeresca, aristocrática o de hidalguía se contraponen a La ética protestante y al espíritu del capitalismo estudiada por Max Weber.
No es ningún atrevimiento el afirmar que el pensamiento del 98 constituye ahora mismo un fuerte y sólido pertrecho para el siglo venidero que se nos presenta en clave de lucha cultural y con claros exponentes del resurgimiento de lo sagrado.
Todas las ideas, los sentimientos de aquella generación, sin duda alumbraron a muchos españoles de entonces, y a su luz e influencia se intentaron, con fracasos, en algunos casos sonados, diversas soluciones políticas.
Estoy pensando, con ello, en el período del General Primo de Rivera, (que, por cierto, contó con la colaboración entusiasta de la U.G.T.), en el sueño republicano de 1931, y en aquél novedoso intento poético y apasionante de la primera Falange del 33.
Tiempo después, la grandilocuencia y la ostentosidad teatral de un régimen artificialmente mantenido durante cuarenta años, terminó por difuminar y llevar al cajón del olvido el sueño de esa "Otra España". Esa España que no estuviera invertebrada, con predominio de los empeños culturales. La España de la economía más para las necesidades del pueblo que para el lucro de la gran finanza. Una España, en fin, aristocrática y social, arraigada en su Cultura y defensora de la diversidad. Esa España está por conquistar y, por ello, la generación del 98 deviene, con el paso de este tiempo decadente, plenamente actual.
MITOLOGÍA DEL 98
Una cuestión muy significativa en la que quisiera detenerme unos instantes, es en el origen geográfico de los miembros del 98. Fijemos en nuestra mente un mapa de España, y situemos los siguientes nombres:
— Azorín: Levante
— Machado: Sevilla
— Baroja: Guipúzcoa
— Unamuno y Maeztu: Vizcaya
— Valle-Inclán: Galicia
— Menéndez Pidal: La Coruña
Todos ellos, desde la periferia de España, descubren y provocan un Mito Fundacional: CASTILLA.
Y con el mito de Castilla, como génesis de España, una Figura: EL QUIJOTE.
El Héroe castellano, lo sitúa en el Cid Campeador, a quien adscriben los valores de una ética personal e Ibérica: Valentía, Lealtad, Honradez, Entereza, Piedad, Arrogancia, etc.
Menéndez Pidal logró restaurar la figura del Cid como símbolo de Castilla, primero, y como expresión de la unidad Nacional, después.
Para Ganivet, D. Quijote es el Ulises español, un ser que idealiza cuanto toca y en quien aparece personificado el individualismo español.
El mito de la España ideal nos lleva al sentimiento de la España imperfecta e inacabada. Baroja decía que "La obra de España es hermosa, pero hay que coronarla, y no está coronada."
Ganivet propugna, para conseguir esa España ideal, la interiorización, y parafraseando el lema agustiniano dice: "Noli foras ire; in interiore Hispaniae habitat veritas".
En todos estos autores latía un profundo españolismo, nacido desde la periferia, como nunca desde entonces se ha vuelto a sentir en toda una generación de intelectuales. Un españolismo que llevaba a Pío Baroja a expresar esta confesión, tan simple pero tan anhelada hoy en muchos momentos:
"Tengo normalmente la preocupación de desear el mayor bien para mi país, pero no el patriotismo de cuentos. Yo quisiera que España fuera el mejor país del mundo, y el País Vasco el mejor rincón de España."
En todos los autores del 98 vemos un deseo de interiorización en nuestra Historia y en nuestros mitos, en aquello que nos hace reconocernos como españoles cuando miramos atrás.
Ese empeño es de gran importancia en quien desee, hoy, plantar cara al Nuevo Orden Mundial de Clinton y el etílico Yeltsin. Sólo se producirá una fractura en el corsé financiero e ideológico que nos han impuesto si comenzamos a tomar conciencia de qué somos, quiénes hemos sido, y nos proyectamos hacia lo que queremos ser. Y en ese combate es fundamental que exista lo que Mircea Eliade llamaba mito fundacional, una estructura, una figura poético-histórico-religiosa que cumpla esa función antigua y tradicional de "re-ligare", de unión en lo horizontal y vertical y que vertebre todo un proyecto colectivo.
LA INFLUENCIA DE NIETZSCHE
Dentro del pensamiento y mitología de la Generación del 98 existe una Figura cuya importancia e influencia ha sido de notabilísima importancia, pues introdujo su savia en todas las plumas. Hablamos de Federico Nietzsche.
El genial pensador alemán pertrechó de nervio y de vida a los intelectuales de aquel momento, frente a la laxitud y desidia del pueblo ante uno de los eternos problemas patrios: la corrupción.
Esa corrupción administrativa que parece perseguir la historia de España fue muy acentuada en los finales del pasado siglo; ello produjo en la Generación del 98 un inequívoco desdén hacia la clase política que Azorín, en "La Voluntad", expuso brillantemente:
"No hay cosa más abyecta que un político: un político es un hombre que se mueve mecánicamente, que pronuncia inconscientemente discursos, que hace promesas sin saber que las hace, que estrecha manos a personas a quienes no conoce, que sonríe siempre con una estúpida sonrisa automática…"
Este desdén por la Política, que con frecuencia se extendía al mismo sistema democrático, es en realidad un rechazo al ambiente de ramplonería y penuria espiritual que ven a su alrededor, traducido frecuentemente en un "cambio de valores" que nos recuerda el postulado nietzscheano de la "transmutación de los valores."
Nietzsche es, con su filosofía, la más profunda inspiración de la Generación del 98. De él heredaron algunos de los temas que van a constituir referencias constantes y reiteradas de su producción literaria:
— El Eterno Retorno.
— Su actitud religiosa ante el Cristianismo.
— La valoración de la Vida y de la Voluntad frente a la Razón y la Ciencia.
— Sus criterios estéticos y sociales.
— Su Moral de la Fuerza.
— Su defensa y exaltación de la Guerra.
— La predilección por el Super-Hombre, ya sea bajo la figura ganivetiana de Pío Cid, el Cristo-Quijote de Unamuno, el "Caballero de la Hispanidad" de Maeztu, o el César Moncada de Baroja.
Pero será en Pío Baroja donde el pensamiento y la concepción del mundo del pensador alemán arraigue con más fuerza. En 1901 le conoció personalmente, y de sus conversaciones con él, en el Monasterio de El Paular, surgió la novela "Camino de perfección".
De la obra de Baroja surge un torrente de Fuerza y de Vida que exalta el ánimo del lector que queda inmerso en la luz nórdica que emanan sus pensamientos:
"En el fondo no hay más que un remedio, y un remedio individual: la acción. La acción es todo, la vida, el placer.
Convertir la vida estática en vida dinámica; éste es el problema.
La lucha siempre, hasta el último momento."
Es en "César o Nada" donde resume su idea de regeneración patria:
"Este brío español que en sus dos impulsos, espiritual y material, dio nuestro país a la Iglesia —institución no sólo extraña, sino contraria a nosotros—, debía intentar España hoy en beneficio de sí misma. La obra de España debería ser el organizar el individualismo extrarreligioso.
Somos individualistas; por eso, más que una organización democrática, federalista, necesitamos una disciplina férrea de militares.
Planteada esa disciplina, debíamos propagarla por los países afines, sobre todo por Africa. La democracia, la República, el Socialismo, en el fondo no tienen raíz en nuestra tierra. Familias, pueblos, clases se pueden reunir con un pacto; hombres aislados, como somos nosotros, no se reúnen más que por la disciplina.
Además, nosotros no reconocemos prestigios, ni aceptamos con gusto ni rey, ni gran sacerdote, ni gran mago.
Lo único que nos convendría es tener un Jefe…para tener el gusto de devorarlo."
Baroja vió la Cultura como una GUERRA contra la decadencia y la debilidad burguesa. En sus "Divagaciones sobre la cultura" (1920) llega a escribir: "Los españoles hemos sido grandes en otra época, amamantados por la guerra, por el peligro y por la acción; hoy no lo somos. Mientras no tengamos más ideal que el de una pobre tranquilidad burguesa, seremos insignificantes y mezquinos.
Hay que atraer el rayo, si el rayo purifica; hay que atraer la guerra, el peligro, la acción, y llevarlos a la cultura y a la vida moderna."
El carácter nietzscheano de Baroja se dibuja con claridad en "Paradox, Rey":
"La moralidad no es más que la máscara con que se disfraza la debilidad de los instintos. Hombres y pueblos son inmorales cuando son fuertes."
Otro autor del 98 marcadamente influido por el pensador alemán es Azorín, que desde posturas anarco-libertarias abogó por la desaparición del capitalismo. De ahí evolucionaría a un individualismo favorable a las soluciones políticas de fortaleza histórica.
La corrupción y la decadencia españolas aumentaron esa influencia de Nietzsche, y provocaron, como ha estudiado González Sobejano (6), alegaciones de Fe:
"Fe en la autoridad enérgica y unificadora, contrapuesta al caciquismo y a los desordenes del sistema parlamentario; Fe antigua en Azorín y aumentada al contacto con Nietzsche, en cuyas ideas, con mayor o menor margen de error, hubieran de ver muchos españoles un incentivo para su ideal político."
Otro español del 98 profundamente influido por Nietzsche es Ramiro de Maeztu. Pero, en general, en todos ellos, hay que señalar la significativa evolución que experimentaron sus pensamientos políticos. La mayoría apuestan de inicio, por el socialismo o por el anarquismo, en su peculiar versión ibérica. Y van evolucionando hacia caminos de fuerte individualismo, aumentando su Fe en soluciones enérgicas, pero sin olvidarse, en ningún momento, de la preocupación social.
Yo soy de la opinión, de que nuestra Generación del 98 fue una avanzada en el tiempo a lo que en la Europa de entreguerras, de los años 20, significaron las conocidas "Revoluciones Conservadoras", en sus manifestaciones culturales, y de las cuales la Alemana tiene mayor significación europea por la profundidad de su significado y proyección histórica.
Se pueden encontrar puntos en común, incluso de origen. Tanto en España, como en la Revolución Conservadora Alemana, se parte de un desastre militar y de una situación interna caótica. Y en ambos casos, los sucesos políticos posteriores llegaron incluso a dar con la cárcel o muerte de sus componentes. Recordemos en España a Maeztu o a Machado, y en Alemania a Niekisch o Jünger.
Del mismo modo que dentro de ambas corrientes no existió la homogeneidad, al existir diversas tendencias, la comparación entre ambas tampoco es unívoca, pero sí permite establecer puntos de conexión en común que las une para el proyecto colectivo de la resurrección de Europa como potencia.
Puntos de Unión:
1) Eterno Retorno. En ambas corrientes se percibe la historia desde una perspectiva esférica, por oposición a la concepción lineal común.
2) Nihilismo y Regeneración. Se tiene la consideración de vivir en un interregno, de que el viejo orden se ha hundido, pero el nuevo todavía no es visible.
3) Creencia en el individuo que lleva a propugnar un sobrehumanismo aristocrático y una concepción jerárquica de la Sociedad.
4) Renovación religiosa. La Revolución Conservadora Alemana tuvo un carácter marcadamente pagano, esta sensibilidad no fue ajena en España, como es el caso de Azorín y Baroja. Y de signo diferente, marcadamente católica, en el caso de Maeztu.
5) Lucha contra el espíritu burgués. Las adversas condiciones militares y la gran corrupción administrativa, como reacción el nacimiento de un espíritu aguerrido y fuerte para barrer viejas actitudes.
6) Comunitarismo. Se busca una referencia en la historia popular para dar vida a nuevas formas de convivencia. Esa Comunidad del Pueblo no obedecería a principios constitucionales clásicos ni mecanicistas, sino a leyes orgánicas.
7) Nuevas formas de Estado. Alemanes y españoles, con diferencias en el tiempo, rechazaron las formas políticas al uso y propugnaron un decisionismo y el establecimiento de la soberanía económica como garantía de efectiva Libertad.
¿QUÉ NOS QUEDA DEL 98? ¿PARA QUÉ NOS SIRVE HOY EL 98?
Muchos han sido los que, con mayor autoridad intelectual que yo, han contado en lo literario y en lo filosófico lo que fue la Generación del 98 en España. No tratemos, pues, de mimetizar discursos ni de dar lecciones de historia, ya que no era ésa mi intención cuando hoy me he sentado a hablaros.
Sí puede ser interesante reflexionar sobre la herencia de esa forma de pensar la vida y de pensar a España, y si todo ello nos puede servir para mejorar nuestra existencia ahora y en los años venideros.
No cabe duda que muchos de los rasgos estéticos, de las afirmaciones de los autores del 98 nos suenan ya con otra música, con un ritmo que ya no es de ahora. Pero, hay que contestar con una afirmación cuando sentimos esa nueva forma de encarar la Vida que Baroja, Azorín, Maeztu o Unamuno nos propusieron.
El sentir de España de Costa, o de Picavea o de Ganivet, lleva consigo semillas de un futuro que está todavía por venir, porque representa una actitud gallarda, sencilla, noble y caballeresca de organizar la convivencia en este pueblo bendecido y maltratado por el Destino.
Todos sabemos ya que el Mundo no se divide en dos polos irreconciliables, y que, tras 1989, un Nuevo Orden se ha ido imponiendo a lo que hubiera sido la organización de la diversidad en otras circunstancias.
Sabemos igualmente que Derecha e Izquierda no son más dos manifestaciones de un mismo fenómeno igualitario y nivelador, y que en aras, al llamado cínicamente "progreso económico", se está dejando sin empleo a millones de hombres y mujeres en Europa.
Urge, por tanto, reflexionar sobre qué nos pasa, por qué nos pasa, y cómo podríamos evitar lo que nos pasa. En ello, el pensamiento del 98 es un acicate, un ejemplo de análisis de la realidad desde una posición de beligerancia espiritual.
En un mundo que quiere empequeñecerse, que quiere organizarse en único Supermercado, la búsqueda del arraigo, la afirmación de la propia identidad cultural y la defensa de la soberanía histórica es un derecho que hemos de ejercer desde todas las tribunas que nos sean brindadas.
Porque hoy, lejos de haber llegado al tan discutido "Fin de la Historia", las sociedades occidentales contemplan el enfrentamiento de concepciones del mundo muy diversas en relación con los problemas sociales y políticos de nuestro tiempo; la polémica afecta a los fundamentos jurídicos y filosóficos de ideales tales como la libertad, la justicia y la igualdad.
Desde hace algunos años se discute, en distintos foros, sobre los límites del individualismo frente a los derechos de la comunidad popular. Ha surgido desde la misma entraña del Liberalismo Mundialista, en EE.UU. una polémica de honda trascendencia entre liberales clásicos y comunitaristas. Estos últimos defienden la primacía de la comunidad frente a los exacerbados derechos del individuo como sujeto de derecho. Derechos que han llevado a primar sobre identidades colectivas y garantías de supervivencia de culturas autóctonas.
Este discurso que en Occidente parece novedoso, por su compleja formulación jurídica, no lo es tanto en el campo filosófico, pues viene a ofrecer un rostro posmoderno de la antigua polémica entre nominalistas y universalistas. Polémica que tiempo después Nietzsche convirtió en el alumbramiento de una nueva visión aristocrática de la existencia, en detrimento de aquéllas que, bajo la excusa de ser "morales", arrasan con la diferencia.
Nuestros pensadores del 98 son la toma de conciencia de una España decadente e injusta y la propuesta de un futuro mejor. Fueron dignos herederos y continuadores de la tradición regeneradora que Costa inició. Esta corriente regeneradora ha aparecido y se ha ocultado en España, como el Guadiana.
En el reciente "tempo" político inaugurado, se advierte una intención que se dice "reformista". Tenemos otra muestra de esa tendencia, aunque pecaré de pesimista si os digo que poco regeneracionismo cabe en estos momentos si no transformamos antes la conciencia cultural de todo un pueblo.
Hace cien años se planteó una grave crisis en España: la de la idea misma de su supervivencia. Hoy, en 1996, cercano ya ese aniversario, nuestro sistema de convivencia respira enfermo porque España está dejando de ser la Patria que hemos conocido. Ello nos obliga a una tarea de enorme trabajo para saber qué España vamos a transmitir a nuestros hijos. Para Joaquín Costa, el problema de España era un problema de educación:
"Un artículo de la Constitución declara que todo español está obligado a defender la patria con las armas en la mano, y lo que ahora hay que decir es que todo español está obligado a servir y defender la patria con los libros en la mano…España tiene que encerrarse en la escuela y en la Universidad como en un nuevo claustro materno… y no salir hasta que se haya dado una cabeza nueva."
Sabemos que nuestro trabajo es más difícil y menos lucido que el del mitinero de turno o el poltronero de ocasión, pero en el Proyecto Aurora nos sentimos ilusionados porque es una tarea, una Empresa, una idea, a la que merece la pena consagrar la existencia.
Nuestra batalla, que es la vuestra, no se libra en los Parlamentos, ni en la calle, ni en Bruselas. Es un combate espiritual que se ha de librar con el espíritu numantino, con la espartanidad de un centurión, pero con la esperanza de encontrar no muy tarde los trozos perdidos de la espada del Almirante Cervera, y fundirlos en una sola pieza, en el amanecer luminoso y Hesperial de una nueva Iberia.
NOTAS
(1) José Javier Esparza Torres, "De la España del 78 a la del 98", Razón Española, 61, IX-1993.
(2) Arnold J. Toynbee, "Estudio de la Historia", Compendio I/IV, Alianza Editorial, p. 363.
(3) José Luis Martínez Sanz, "Los Proto-Regeneracionistas".
(4) Pedro Laín Entralgo, "España como problema", Madrid, 1956, p. 110.
(5) Francisco Javier González Martín, "El problema filosófico de la europeización de España en 1898".
(6) González Sobejano, "Nietzsche en España", Madrid, 1971.

Dossier Mc Donald´s

Gerardo Iglesias

BigMac I: El Nuevo Laborismo inglés, calidad... McDonald's

En una carta abierta remitida al Primer Ministro del Reino Unido (R.U.), Tony Blair, la UITA cuestionó el haber aceptado el patrocinio de McDonald's en una recepción de la conferencia anual del Partido Laborista. Remitida el pasado 10 de setiembre, la carta expresa, entre otros términos que: "...para la gerencia empresarial de McDonald's y sus concesionarios en el R.U. y a nivel internacional, la presencia de la compañía en la conferencia del Partido será vista como un aval positivo de la política de McDonald's. Es decir, como un aval de las mismas políticas que el movimiento laboral ha procurado siempre combatir. Para la UITA, y para nuestros miembros, partidarios y amigos en todo el mundo, McDonald's simboliza todo lo que está equivocado en el capitalismo global de la comida rápida. El sistema McDonald's está basado en bajas remuneraciones, horarios antisociales, puestos de empleo sin oportunidad de progresar y la evasión de la responsabilidad social empresarial mediante la concesión de sistemas explotadores de trabajo. La filosofía empresarial de McDonald's consigna una oposición fundamental a los derechos humanos y a la dignidad de sus empleados/as..."
"...McDonald's se ha distinguido por su intimidación empresarial e implacable dedicación a sofocar el debate público sobre sus prácticas, tal como fue recientemente ejemplificado por el ´Mc Juicio´ por difamación en el R.U. (en el cual, quizás usted recordará, el juez que lo presidía estuvo de acuerdo sustancialmente con los acusados en su descripción de la compañía antisindical). Si el Nuevo Laborismo fuera serio respecto a combatir la exclusión social, uno hubiera pensado que la conferencia del partido debatiría vigorosamente las medidas para impedir las clases de prácticas en los lugares de trabajo por las cuales McDonald's se ha hecho notorio", se enfatiza en la misiva de marras.
Por lo visto, el Nuevo Laborismo anda de la mano con los modernos enemigos de los sindicatos, y al hacerlo, se alía con aquellos que en la génesis del Partido Laborista estaban en la vereda del frente. Con todos esos datos, una pregunta: Tony Blair, ¿futuro candidato a integrar la banda de muñequitos de la "cajita feliz"? Una oportunidad: los trabajadores de McDonald's en el R.U. serán perseguidos -como en el resto del mundo- si pretenden constituir un sindicato, pero de ahora en más, podrán ser miembros del Labour Party. ¡Un amigo, un cliente de la casa!

BigMac II: La cajita infeliz: Niños brasileños trabajan para McDonald's

El pasado año un cronista del diario pequinés Sunday Morning Post, relató lo que vió en la fábrica de juguetes de Shajing, en la zona económica de Shenzen, donde se producían los juguetes de las cajitas felices de McDonald's. Una quinta parte de los trabajadores -mayoritariamente mujeres- tenían entre 12 y 15 años, que por trabajar 16 horas continúas los siete días de la semana, recibían aproximadamente ochenta dólares mensuales. Máquinas ruidosas, el aire irrespirable, un infierno que McDonald's tuvo que reconocer rompiendo el contrato con City Toys. "Los niños chinos, superexplotados durante meses, quedaron en la calle sin explicaciones y, lo que es peor, sin recibir indemnización alguna por despido ni por daños. Pero el prestigio de McDonald's quedó a salvo" (1).
Debido a los problemas en China, parte de la producción de trasladó a Brasil. A un año del escándalo en City Toys, un artículo publicado por la revista CartaCapital, (2) denuncia que en la región de Maranhão, cosiendo los muñequitos de McDonald's, trabajan menores en condiciones lamentables.
El 12 de octubre se celebra en Brasil el "Día del Niño", para esta ocasión se fabricaron cuatro millones de muñequitos para ser comercializados en cada uno de los 500 locales McDonald's del país. Según CartaCapital, el proceso de producción involucra a cuatro empresas: "McDonald's, la fabricante de juguetes Estrela, Confecciones El Charro, con sede en São Paulo, y la cooperativa de Rosário". En la cooperativa, la jornada de trabajo comienza a las 7.30 y se extiende hasta las 17.30, con una hora para el almuerzo. En los tres galpones ocupados por los trabajadores, la ventilación y la iluminación no son las adecuadas. El agua es de muy mala calidad y se carece de comedor. De acuerdo con testimonios dados por los trabajadores, se registran de cuatro a cinco desmayos por día. Sobre las retribuciones, se supo que al final del mes de julio, por las dos primeras semanas de trabajo, hubo empleados que ganaron R$ 30 (US$ 12 aproximadamente). "Yo prometí a las personas que recibirían, como mínimo, R$ 100. Pero creo que no va a ser", confesó a CartaCapital la presidenta de la cooperativa, sin saber que conversaba con un periodista de la citada publicación.
El polo industrial de Rosário, donde se sitúa la cooperativa, es parte de un proyecto financiado por el Banco Mundial y el Banco del Nordeste, que inicialmente preveía la construcción de cinco galpones. La zona, que nos recuerda las maquilas centroamericanas, fue inaugurada en 1996 por el presidente de la República, Fernando Enrique Cardoso. Hoy, en la cooperativa seleccionada por McDonald's, trabajan más de 10 menores de entre 12 y 15 años, según Vania Maria da Silva Marques, del consejo tutelar local.

BigMac III: Argentina: Una deliciosa hamburguesa de escherichia coli

Hace algunas semanas cuatro locales de McDonald's fueron clausurados en Buenos Aires, al comprobarse que los Mc Pollo estaban infectados con la peligrosa bacteria. No obstante, el 13 de setiembre, el Instituto Malbrán envió al ministerio de Salud nuevos informes donde se determinó que cuatro hamburguesas, tres de carne vacuna -dos de ellas cocidas- y una nueva muesttra de Mc Pollo, también cocida, estaban contaminadas con escherichia coli, una bacteria que, además de causar graves trastornos digestivos y renales, puede llegar a provocar la muerte.
La publicación VENTRITRÉS (3), informó que en "los locales en lo que se detectó la contaminación fueron tres de los cuatros clausurados el 27 de agosto pasado". El semanario también consignó que "a diferencia de la publicidad que el Gobierno de la Ciudad decidió hacer sobre la detección de escherichia coli en los preparados de pollo, no se advirtió de la misma manera sobre las hamburguesas" vacunas. "Si esto hubiera ocurrido, concluye el artículo, las autoridades sanitarias porteñas tendrían que haber tomado la misma determinación que con los productos de pollo sospechados: además de clausurar los locales y prohibir la venta en todo el país de esos productos hasta determinar su calidad".
McDonald's tuvo que reconocer que sus hamburguesas de pollo estaban contaminadas con bacterias fecales, tal como había determinado el Instituto Malbrán. "Según el Código Alimentario Nacional (argentino), el hecho quedó implícitamente establecido a partir del momento en que la empresa norteamericana desistió de realizar las ´contrapruebas´o ´contra verificación´sobre las ocho muestras de los medallones de pollo precocidos supercongelados, elaborados por la firma Mc Key Argentina S.A. y secuestrados en los cuatro locales clausurados".
Por su parte la revista Imagen, analizó la actitud asumida por McDonald's ante la clausura de cuatro de sus locales. El artículo denominado "El factor Lanata" (4) destaca como algo positivo "la celeridad que tuvo la empresa a la hora de retirar de la venta los productos de pollo que el gobierno porteño decía que podían estar contaminados con la bacteria escherichia coli. Sin embargo criticó su estrategia de dividir "al periodismo entre aliados y enemigos". La publicación consultó a Federico Rey Lennon, Director master en Comunicación de la Universidad Austral, quien afirmó "que los periodistas que la empresa utilizó como ´defensores´ eran poco creíbles". Entre los McDonald's fans, se destacó Daniel Hadad, quien en el programa "Después de hora", comió una hamburguesa de pollo ante las cámaras. ¡Otro que quiere ser muñequito de la "cajita feliz"!

BigMac IV: "Si vas para Chile... "

...te ruego viajero", ¡cuídate de los BigMacs! Noticias de prensa dieron cuenta, a principios de octubre, de que las autoridades sanitarias chilenas habían clausurado un local de McDonald's, al descubrirse que las hamburguesas que elaboraba contenían la bacteria que provoca el Síndrome Hemolítico Urémico (SHU), que puede causar la muerte en los niños. La bacteria fue descubierta en la carne de pollo utilizada para preparar hamburguesas, luego de la denuncia de que un niño de cuatro años que comió una hamburguesa, permaneciera en estado grave en la sala de cuidados intensivos de una clínica privada de Santiago. El Servicio de Salud Metropolitano del Ambiente (Sesma) decidió aplicar al local en cuestión, además del cierre, una multa equivalente a US$ 60.635, luego de haber detectado la presencia de la bacteria Escherichia Coli Enterohemorrágica. El concesionario de McDonald's Chile, una administradora de franquicias que lleva el emblemático nombre de Renacimiento Ltda., apeló esta decisión ante los tribunales. Una interesante cronología de las reacciones que desencadenó este caso, pudo seguirse a través de sucesivas ediciones del El Mercurio de Santiago.
Con la evidente intención de ocultar lo realmente acontecido, luego del cierre, el local de McDonald's lucía un cartel donde podía leerse: "Cerrado por reparación". Días más tarde, el ministro de Trabajo, Ricardo Solari, y el subsecretario de Salud, Ernesto Benkhe, dieron una conferencia de prensa para señalar que era seguro comer en las sucursales de McDonald's, en esa oportunidad Solari comió una Mc Pollo (como puede verse, los aspirantes a muñequitos de la "cajita feliz", son cada vez más). La reacción de diversas organizaciones sociales fue inmediata, respaldando la actuación del Sesma por un lado, y criticando el apoyo de los mencionados representantes gubernamentales a la transnacional por otro.
Esta reacción de las organizaciones sociales tuvo dos consecuencias inmediatas: Por un lado, el ministro Solari reconoció que se equivocó al apoyar públicamente a McDonald's, admitiendo que, cuando las críticas "son unánimes, tengo la sensación de que ha habido una equivocación en nuestra actuación". Por otro, McDonald's dándose cuenta que con el cartelito de "Cerrado por reparación" y la presión ante funcionarios del gobierno no alcanzaba, el 11 de octubre emitió un comunicado público, donde, entre otras cosas, expresa: En el punto 1, que "la posición científica de McDonald's ha sido ratificada". Por nuestra parte, ignoramos cuál es esa posición científica y que universidad o academia se la otorgó. Y en el punto 6, "lamenta profundamente que su política mundial -aplicada también en Chile- de apoyo a instituciones de beneficencia en las áreas de educación, deportes y salud, sean interpretadas maliciosamente". Junto al de grasa frita, percibimos también un tufo a chantaje barato. Más adelante agrega: "la Corporación y todos sus empleados se sienten orgullosos de ejercer su responsabilidad social y seguirán ejerciéndola en beneficio de los grupos más necesitados".
Como se desprende de lo anterior, McDonald's se toma la libertad de hablar en nombre de sus empleados, pero no permite que sus empleados hablen por ellos mismos, al negarles el derecho a organizarse sindicalmente.
McDonald's es un problema, pero el peligro mayor radica en que el neoliberalismo nos está llevando, cada vez más aceleradamente, a la macdonaldización del trabajo y de la sociedad.

Notas

(1) Niños chinos trabaja(ba)n para McDonald's. Brecha, Montevideo 22.09.00.
(2) A Turma do Ronald. 12.09.01
(3) De Carne Somos. VENTITRÉS. Buenos Aires, 20.09.01
(4) Jorge Lanata, Director de VENTITRÉS.

El pueblo Ibero

Cuando las primeras oleadas de pueblos indoeuropeos llegan a la península, se encuentran ya con unas tierras densamente pobladas, que se mantienen con una alta estabilidad política y poseen un estatus cultural altísimo, como lo prueba la existencia del imperio de Tartessos. El posterior aporte celta va a ser muy importante, pero no hasta el extremo de que se hubiese realizado un solapamiento racial. ¿Qué sabemos de nuestros antecesores en pisar las hermosas tierras de España? Por ellos mismos nada, porque de la literatura tartésica milenaria de que nos habla la tradición nada conservamos, exceptuando aproximadamente un centenar de inscripciones sin traducción.
El conocimiento étnico de los iberos, su fisonomía y configuración nos es muy difícil por la práctica del rito funerario de la cremación. Sin embargo el estudio de los restos óseos recuperado de las cremaciones, en un notable trabajo médico, ha dado ya sus primeros frutos. Los iberos debían tener algunos rasgos suficientemente característicos, puesto que los griegos distinguían entre los iberos puros y la mezcla de iberos y ligures. En un origen lejanísimo en el tiempo puede aceptarse que existiese un elemento africano occidental muy mezclado con aportes mediterráneos, pero la población ibera anterior a la llegada de los romanos es totalmente indígena.

Sin un mapa de fronteras exacto, aproximadamente podría parcelarse así la península: - La base del valle medio y bajo del Guadalquivir correspondería al primitivo elemento tartésico, a los que también llama Polibio turdetanos o túrdulos. En cambio, Estrabón sitúa a los turdetanos sólo en Sevilla y parte de Cádiz.
- Hacia el oeste se encontrarían los olbisinos de Huelva. También de estirpe íbera, situados al lado de los tartesios, estaban los ilergetes, ileates y etmaneos. Más al oeste encontramos a los cinetas, y junto a la costa los cilbicenos y kelkianos.
- Entre el Estrecho y Alicante, siguiendo la línea de la costa, están los mastienos, en los que probablemente podemos identificar a los primeros cartagineses, que más tarde serán llamados bastetanos; hacia arriba, los deitanos y contestanos.
- En la zona montañosa del alto Guadalquivir se encuentran los oretanos, que evidencian una gran influencia libio-fenicia apoyada por las colonias comerciales. - En la zona de Levante encontramos a los esdetes, deitanos y contestanos.
- Al norte del Júcar, a los edetanos.
- Pasada la línea del Ebro la localización se va haciendo más complicada. En el nordeste hay dos grupos principales: los ilergetes en Huesca y Lérida y los indiketas en Gerona. Se van a unir a ellos los ilercavones en Tortosa, los cosetanos y lacetanos en Tarragona, los layetanos en Barcelona, los ceretanos en Cerdaña y los ausetanos en Vich y Gerona.

Y en las zonas pirenaicas encontramos a los bergistanos, surdaones, andosinos en Andorra y arenosios en el Valle de Arán.
Todos los historiadores griegos y romanos se han ocupado de las tierras de Iberia. Hecateo da a sus habitantes el nombre de iberos confundido con los tartesios, igual que hace Polibio. Estrabón, en cambio, diferencia ya perfectamente las diversas tribus. Avieno incluye a los íberos de la costa en su Ora Marítima. Hemos de ver lógico el interés por nuestro pueblo, pues en él se ha situado la morada de Hades, la tierra de Occidente, el lugar misterioso donde muere el sol y a donde le siguen las almas de los muertos.

Las aportaciones exteriores durante el Bronce primitivo proceden en su mayor parte del Próximo Oriente y, del horizonte Egeo-Anatólico. Avanzada la Edad del Bronce, ya en el periodo de El Argar, es la época en que debió ocurrir el cambio del ritual funerario y con él el de las creencias religiosas, ya que ambos conceptos van emparejados en todas las civilizaciones.

Estrabón dice que los íberos tenían cantos y leyes escritas con más de seis mil años de antigüedad, en verso, para facilitar su aprendizaje por el pueblo, lo cual nos habla de una participación del mismo, no de una mera implicación de las leyes sobre un pueblo inculto y sojuzgado. Nos han llegado documentos de una cierta extensión, como los llamados plomos de Gádor y La Bastida, y algunos platos que llevan como ornamentación pequeñas inscripciones, pero en la mayoría de los casos se trata sólo de algunas palabras sueltas, inútiles para cualquier intento de traducción, ya que respecto al idioma escrito íbero, se ignora incluso en que punto se separan los vocablos. Algunas palabras enlazan directamente con el alfabeto fenicio en su vertiente más arcaica, pero también se le han añadido vocales griegas y se pueden encontrar coincidencias con algunos testimonios escritos del Asia Menor. Hay también un curioso dato que indica la separación de culturas dentro de la península: los íberos escriben de izquierda a derecha, y los tartesios de derecha a izquierda, con el añadido de que algunas veces se encuentran escrituras en espiral y por el sistema bustrofedónico, "como ara el buey", alternando el sentido de las líneas.

Pero dejemos la escritura y continuemos con el pueblo. Hay tradiciones que nos cuentan cómo Túbal, hijo de Jafet y nieto de Noé, fue atraído en uno de sus viajes por las aguas de un río misterioso. Lo siguió a través de tierras desconocidas y llegó hasta Bares. Esta tradición de un lejano viajero es la más antigua, y curiosamente es también la mejor documentada: Plinio, Estrabón y Tolomeo la citan en sus escritos. Y desde luego, la toponimia gallega está llena de recuerdos de ese abuelo viejísimo que Túbal se dejó atrás: Noega, Noeda, Noya...

La Biblia cita a Tartessos como Tarschisch, pródiga en riquezas y en belleza, a la que acuden para comerciar las naves fenicias, y con las cuales va a mantener relaciones el quizá no tan mítico rey Gerión, que más tarde va a ser sometido por ellos. Gerión, que va a apacentar sus inmensos rebaños de toros rojos en las praderas del Guadalquivir hasta que el periplo trabajador de Hércules se los lleve.

Los fenicios han comerciado mucho tiempo con Iberia, y luego la han dominado; pero cuando Salmanasar V y Sargón I, en 724-720, ocupan Fenicia, tiene lugar la liberación de las tierras tartésicas de que habla Isaías: "Tú, pueblo de Tarschisch, al que ya no oprimen más ligaduras." Ligaduras que volverán a atarse con la restauración del poder fenicio entre 660-680.

Es el celtíbero Marcial quien por primera vez utiliza la expresión Hispania-Nostra", abarcando la totalidad de la península, por encima de la división territorial provincial organizada por la administración romana. Y no es ya un escritor de raigambre hispana, sino que va a ser una constante en los escritores latinos la exaltación sin límites del valor de los guerreros de la tierra íbera. Trogo Pompeyo dice:

"Tienen los íberos las más excelentes virtudes castrenses: prestos a la lucha, resistentes a la abstinencia y a la fatiga, fieles a su jefe hasta el punto de juzgar honroso no sobrevivir a su caudillo muerto. Pero son hombres inquietos, individualistas e indisciplinados".

Éste va a ser el retrato constante que de los españoles hacen cuantos les conocen. Les asombra la ferocidad y el valor que demuestran en el combate, su ciego orgullo: cuando cierto general romano les insta a abandonar sus armas y rendirse a cambio de su vida, no hay un segundo de duda, se lanzan a una batalla perdida de antemano. El arma del íbero es quemada con el cuerpo del guerrero, porque sólo ante los dioses es rendida. Sus amigos les quieren como aliados, porque saben que son incapaces de traición y su fidelidad sólo se romperá con la muerte, del mismo modo que su valor va a ser baza muy importante en las batallas. Y por los mismos motivos prefieren no tenerlos como enemigos. Por eso se van a valer muchas veces del engaño, ofreciendo una amistad que es solo un señuelo, unas hermosas palabras, porque el ibero es a ello extraordinariamente sensible. Nunca dejó de aceptar una mano tendida.

Tal carácter determinó un movimiento de simpatía de la misma Roma, de modo que al cónsul Cepión se le negaron los honores del triunfo al estimársele conseguido mediante la traición. La crueldad con que Escipión arrasó Numancia se criticó duramente como símbolo de la decadencia de Roma frente, al heroísmo de los defensores. Y cuando los hispanos llegan al gobierno de Roma en las figuras de los Balbo, Trajano, Arriano, la Historia los va a situar al nivel de los más grandes.

Los pueblos que vienen de Oriente hacia 1150 a.C., se mezclan con los nativos. Y con ellos todo se desarrolla: los hombres que hacía siglos costeaban en busca de la pesca para su sustento, se convierten ahora en expertos marinos. En Andalucía surge una aristocracia dirigente, los Tartesios, en la desembocadura del Guadalquivir. Y junto a ellos se establecen los massienos.

Los escritores griegos recogen su antiquísima mitología. Incluso hay alusiones a ellos en los viajes de Ulises de regreso a Itaca. Hesiodo pone a Gerión en las costas tartésicas. Y Hércules se llevará sus toros hasta Micenas, para que allí Teseo baile con ellos su danza mortal de poder a poder. La cronología está de acuerdo, puesto que el reinado de Gerión coincide con la llegada a Micenas de los dorios, los cuales se manifiestan como adoradores de Hércules. De este rey Gerión, gobernador de un territorio rico y pacifico, desciende su nieto Nórax, gran navegante, que lleva sus naves hasta la Cerdeña y funda la ciudad de Nora. Después su descendencia se pierde en la oscuridad.

Sin embargo conocemos otra dinastía legendaria, de la que habla Justino: unos reyes que gobernaron a los curetes, tribu tartésica en la que se inician los Pueblos del Mar. Justino menciona a dos de sus reyes, Gárgoris y Habis, cultos y civilizadores. Gárgoris inventa la agricultura y enseña a recoger la miel. Pero su nieto, Habis, es fruto de un incesto por lo que, para ocultar la vergüenza del viejo rey, es abandonado a las fieras. No muere, sino que una cierva lo amamanta. Gárgoris, enterado del prodigio que indica una protección de los dioses, acepta su destino y le reconoce como sucesor suyo. La historia habla de Habis como de un gran gobernante: inventó el arado tirado por bueyes, legisló sabiamente y organizó la sociedad en siete clases.

Los autores clásicos han insistido en repetidas ocasiones en que Tartessos era, en su época, el pueblo más culto de Occidente. La sociedad está bien estratificada, encabezada por el rey y la corte, en terratenientes y poderosos dueños de minas e industrias, comerciantes, obreros libres y esclavos. Dada la riqueza del reino, y los restos arqueológicos hallados en tumbas, así como los testimonios escritos, pensamos que el nivel de vida debía ser bastante igualitario. El espacio físico que ocupaba Tartessos no lo conocemos con exactitud. Debería llegar por España al Guadiana y al Júcar, y por Portugal hasta el Algarve.

Sobre quien sí tenemos datos históricos es sobre el rey Argantonios, que debió vivir de 630 a 550 aproximadamente. Herodoto le supone 120 años de vida, y de ellos, 80 de reinado. Lo cual evidentemente nos induce a pensar que existe una exageración o un error de fechas. Lo cierto es que se le da como prototipo de la Edad de Oro de la humanidad. Su propio nombre significa Rey de la Plata, en referencia a las enormes riquezas de su reino. Según testimonios clásicos, éste pudo comprender no menos de 200 ciudades.

El final de Tartessos podría hacerse coincidir con la batalla de Alalia, en el año 535, al mismo tiempo que su aliada Mainake, víctimas ambas de Gadir y de los cartagineses. La gran rival de Tartessos va a ser la otra joya de Iberia, Gadir. Su fundación nos la relata Estrabón, en texto copiado de Posidonio. Nos dice que primeramente hubo dos viajes de tanteo: en la primera expedición llegaron hasta antes del comienzo del estrecho. Un oráculo había ordenado a los tirios la fundación de un establecimiento en las Columnas de Hércules, y habían salido en su busca. Creyeron que los promontorios de Calpe eran el confín del trabajo del semidiós, tomaron tierra e hicieron un sacrificio, el cual no resultó favorable, por lo que regresaron a sus tierras. Poco tiempo después hicieron un segundo intento y llegaron cerca de Huelva: nuevo sacrificio, nuevas señales infaustas en la respuesta de los dioses, y nuevo regreso.

Pero la tercera expedición sí fue bendecida por la respuesta del oráculo. La tierra firme que rodea a Gadir era rica en pastos, con aguas suficientes para mantenerlos verdes y posibilidad de tener en ellos numerosos rebaños, además de contar con la proximidad de los grandes centros metalúrgicos tartésicos.

Estrabón no habla de la fecha de fundación de Gadir, pero Veleyo dice que ocurre ochenta años después de la caída de Troya, así que sería en 1104. Plinio se acerca mucho, porque dice que ocurre 1178 años antes de escribir él esto, a lo que se está refiriendo, lo cual da el 1101 (a.C.).

Son los primeros, pero no los únicos fundadores de Gadir. Tiempo después la van a refundar los fenicios. Son muchas las colonias cuyo nombre nos ha llegado: Sexi, Abdera, Malaka, Ebysos, Almuñécar, Villaricos, Carteya, Trayamar. Magníficas obras de arte halladas en las tumbas nos hablan de su influencia. Pero cuando creció la ambición empezó a decrecer la hermandad. Los fenicios quieren extender a toda costa sus centros de salazón, y sobre todo obtener la púrpura. Y Gadir termina por ahogar a Tartessos, colapsando primero su comercio, y luego con las armas. Imponen su población y su lengua, aunque esto no debió ocurrir hasta la definitiva caída de Tartessos, en el 500 a.C.

Mª Ángeles Fernández

Proudhon and Anarchism

Proudhon's Libertarian Thought and the Anarchist Movement
by L. Gambone, Red Lion Press - 1996

INTRODUCTION
It took me twenty years to get around to reading the works of Pierre Joseph Proudhon. Bakunin, Kropotkin, Malatesta and Goldman were all familiar to me, so why was I reticent about the "Father of Anarchism"? Some of this may be attributed to the general influence of Marx's writings on public opinion. Marx did a hatchet job on Proudhon and Marxists such as Hal Draper took quotes out of context or dug up embarrassing statements that made Proudhon look authoritarian or proto-fascist. There are also anarchists who claim he is "inconsistent" or "not quiet an anarchist".[1] Among English speaking libertarians, P.J. is renown for his statement "property is theft" and his condemnation of government and little else.
When I finally read his works, far from appearing "inconsistent" or "not quite an anarchist", the "Sage of Besancon" had created a practical and anti-utopian anarchism - An anarchism based upon a potential within actually existing society and not a doctrine or ideology to be imposed from outside. Since Proudhon's conception of anarchism was the original, and the others were derived from it, if the later varieties differed significantly from the original, perhaps there was a necessity to question whether these differences were of a positive or "progressive" nature. The history of anarchism is usually treated as a linear progression from the formative period of Proudhon to Bakunin's collectivism, then on to anarchist communism and syndicalism. But not everything which occurs at a later time in history is necessarily better or an improvement over what went before.

For the popular mind anarchism is an irrational doctrine of fanatics and terrorists. Yet, Proudhon's anarchism was rational, non-violent and anti-utopian. However, the "propaganda of the deed" period did provide grounds for the negative conception. Anarchism, as it was originally conceived, had been turned into its opposite. This is not unusual in history, think only of the original Christians and the Inquisition and of Nietzsche and the "Nietzscheans".

That anarchism changed into something very different from the original conception is not just of academic interest. We face greatest challenges in our history from the Leviathan State and the New World Order. Only a mass popular movement can save us. A people divided will never succeed in this endeavor. Proudhon's philosophy provides a foundation on which to build such a movement. He is one of those rare thinkers who provides a bridge between populism and libertarianism and between "left" and "right" libertarianism.

A NOTE TO NORTH AMERICAN READERS

Most people in North America are unaware of Proudhon, but he did have an influence here. The newspaper editors Charles Dana and Horace Greely were sympathetic to his ideas and he influenced the American individualists, most especially Benjamin Tucker, who translated and published some of his most important writings. Proudhon's criticisms of the credit and monetary systems were an influence upon the Greenback Party. His concept of mutual associations and the People's Bank were forerunners of the credit union and cooperative movements.

WHAT DID PROUDHON MEAN BY ANARCHY?
The public thinks anarchy means chaos or terrorism. But many people who claim to be anarchists are also confused as to its meaning. Some think anarchism is a doctrine espousing the right to do what ever you want. Others dream that one day a pure anarchist utopia, a kind of earthly Paradise of peace and freedom will come to be. Neither of these conceptions were Proudhon's. "Anarchy" did not mean a pure or absolute state of freedom, for pure anarchism was an ideal or myth.
[Anarchy] ... the ideal of human government... centuries will pass before that ideal is attained, but our law is to go in that direction, to grow unceasingly nearer to that end, and thus I would uphold the principle of federation.[2]
...it is unlikely that all traces of government or authority will disappear...[3]
Proudhon wanted people to minimalize the role of authority, as part of a process, that may or may not lead to anarchy. The end was not so important as the process itself.
By the word [anarchy] I wanted to indicate the extreme limit of political progress. Anarchy is... a form of government or constitution in which public and private consciousness, formed through the development of science and law, is alone sufficient to maintain order and guarantee all liberties... The institutions of the police, preventative and repressive methods officialdom, taxation etc., are reduced to a minimum... monarchy and intensive centralization disappear, to be replaced by federal institutions and a pattern of life based upon the commune.[4] NB. "Commune" means municipality.
In the real world, all actual political constitutions, agreements and forms of government are a result of compromise and balance. Neither of the two terms, Authority and Liberty can be abolished, the goal of anarchy is merely to limit authority to the maximum.
Since the two principles, Authority and Liberty, which underlie all forms organized society, are on the one hand contrary to each other, in a perpetual state of conflict, and on the other can neither eliminate each other nor be resolved, some kind of compromise between the two is necessary. Whatever the system favored, whether it be monarchical, democratic, communist or anarchist, its length of life will depend to the extent to which it has taken the contrary principle into account.[5]
...that monarchy and democracy, communism and anarchy, all of them unable to realize themselves in the purity of their concepts, are obliged to complement one another by mutual borrowings. There is surely something here to dampen the intolerance of fanatics who cannot listen to a contrary opinion... They should learn, then, poor wretches, that they are themselves necessarily disloyal to their principles, that their political creeds are tissues of inconsistencies... contradiction lies at the root of all programs.[6]

In rejecting absolute anarchy and favoring an open-ended process, Proudhon criticized all forms of absolutism and utopianism. He saw that utopianism is dangerous, and was a product of absolutism - the sort of thought which fails to distinguish between concrete reality and the abstract products of the mind. Anarchist theory should be open-ended, or "loose". No hard-edged determinism or "necessary stages of history" for Proudhon.
...writers have mistakenly introduced a political assumption as false as it is dangerous, in failing to distinguish practice from theory, the real, from the ideal... every real government is necessarily mixed...[7]
...few people defend the present state of affairs, but the distaste for utopias is no less widespread.[8]

Not only was utopia a dangerous myth, the working people were too practical and too intelligent to bother with such pipe dreams.
The people indeed are not at all utopian... they have no faith in the absolute and they reject every apriori system...[9]
There was no easy way out - no Terrestrial Paradise, things might improve, but we still have to work. Such was his hard-headed realism in contrast to all the fancy dreaming and system-mongering of the intellectuals. Poverty, by which he meant lack of luxury, not destitution, was the foundation of the good life.
In rejecting absolutism, Proudhon never waffled on the question of freedom. As opposed to the modern left which pits equality against liberty, and demands the restriction of the latter for the sake of the former, Proudhon was a resolute libertarian:

Lois Blanc has gone so far as to reverse the republican motto. He no longer says Liberty, Equality, Fraternity, he says, Equality, Fraternity, Liberty!... Equality! I had thought that it was the natural fruit of Liberty, which has no need of theory nor constraint.[10] ...the abolition of taxes, of central authority, with great increase of local power. There lies the way of escape from Jacobinism and Communism.[11]
PROUDHON'S REVOLUTION
How would Proudhon introduce the anarchist society? Not through utopian schemes or a wipe-the-slate-clean revolution but,
to dissolve, submerge, and cause to disappear the political or governmental system in the economic system, by reducing, simplifying, decentralizing and suppressing, one after another, all the wheels of this giant machine... the State.[12]
We should not put forward revolutionary action as a means of social reform because that pretended means would simply be an appeal to force, or arbitrariness, in brief a contradiction. I myself put the problem this way; to bring about the return to society by an economic combination, of the wealth drawn from society...[13]

We desire a peaceful revolution... you should make use of the very institutions which we charge you to abolish... in such a way that the new society may appear as the spontaneous, natural and necessary development of the old and that the revolution, while abrogating the old order, should nevertheless be derived from it...[14]

Proudhon was a revolutionary, but his revolution did not mean violent upheaval or civil war, but rather the transformation of society. This transformation was essentially moral in nature and demanded the highest ethics from those who sought change. Nor did his desire for revolution make him sneer at reforms:
There are no such things as minor reforms, or minor economies or minor wrongs. The life of man is a battle, that of society a perpetual reformation; let us therefore reform and go on reforming unceasingly.[15]
His self-image was that of a moderate. he saw no need to engage in holier-than-thou, more millitant-that-thee attitudes.
I am one of the greatest artifers of order, one of the most moderate progressionists, one of the least Utopian and one of the most practical reformers that exist.[16]
FEDERALISM
The way to achieve self-government or anarchism on a large scale was through federation. Proudhon wished to dissolve authority and the State with the aid of the federal system. Note in the following quotations how the State is still assumed to exist, yet is being set on the path of abolition.
The contract of federation, whose essence is always to reserve more powers for the citizen than the state, and for municipal and provincial authorities than for the central power, is the only thing that can set us of the right path.[17] ...the citizen who enters the association must 1. have as much to gain from the state as he sacrifices to it. 2. retain all his liberty... except that he must abandon in order to attain the special object for which the contract is made... the political contract is called federation.[18] Free association... the only true form of society.[19] The system of contracts, substituted for the system of laws, would constitute the true government, true sovereignty of the people, the REPUBLIC.[20]
NO BLACK AND WHITE
Since all systems of government, including anarchy, are of mixed nature, Proudhon was able to visualize the types of government along a continuum. Not all governments were necessarily as authoritarian as others.
...the constitutional monarchy is preferable to the qualified monarchy: in the same way that representative democracy is preferable to [monarchical] constitutionalism.[21]
Nonetheless, he did divide governments into two types, the Regime of Liberty and the Regime of Authority. Note that anarchy and democracy are placed under the same libertarian roof. No doubt he had the USA and Switzerland in mind. It would be unlikely that present-day elite democracy would still deserve to be placed there.
Regime of Authority
1. Government of all by one - monarchy
2. Government of all by all - communism
Regime of Liberty
1. Government of all by each - democracy
2. Government of each by each - anarchy or self-government.[22]

PROUDHON'S ECONOMICS
Proudhon's interests were not limited to the political organization of society. In his earliest works, such as What is Property? he analyzed the nature and problems of the capitalist economy. While deeply critical of capitalism, he also objected to contemporary socialists who idolized association. There were some things better left independent or private. There was also the important question of what kind of association one should organize. He was suspicious of all systems, whether Fourierist colonies or communist utopias. Note how he pins the socialists to the wall as believers in a secular religion.
Association is a dogma... a utopia... a SYSTEM... with their fixed idea they were bound to end... by reconstructing society upon an imaginary plan... Socialism under such interpreters, becomes a religion...[23]
Association is a bond which is naturally opposed to liberty, and which nobody consents to submit, unless it furnishes sufficient indemnification... Let us make a distinction between the principle of association, and the infinitely variable methods, of which a society makes us...[24] ...association applicable only under special conditions...[25]

Association formed without any outside economic consideration, or any leading interest, association for its own sake is... without real value, a myth.[26]

MUTUALISM
Proudhon proposed mutualism as an alternative both to capitalism and socialism. Mutualism was not a scheme, but was based upon his observation of existing mutual aid societies and co-operatives as formed by the workers of Lyon. But the co-operative association in industry was applicable only under certain conditions - large scale production.
...mutualism intends men to associate only insofar as this is required by the demands of production, the cheapness of goods, the needs of consumption and security of the producers themselves, i.e., in those cases where it is not possible for the public to rely upon private industry... Thus no systematized outlook... party spirit or vain sentimentality unites the persons concerned.[27]
In cases in which production requires great division of labour, it is necessary to form an ASSOCIATION among the workers... because without that they would remain isolated as subordinates and superiors, and there would ensue two industrial castes of masters and wage workers, which is repugnant in a free and democratic society. But where the product can be obtained by the action of an individual or a family... there is no opportunity for association.[28]

Proudhon was in favor of private ownership of small-scale property. He opposed individual ownership of large industries because workers would lose their rights and ownership. Property was essential to building a strong democracy and the only way to do this on the large-scale was through co-operative associations.
Where shall we find a power capable of counter-balancing the... State? There is none other than property... The absolute right of the State is in conflict with the absolute right of the property owner. Property is the greatest revolutionary force which exists.[29]
...the more ground the principles of democracy have gained, the more I have seen the working classes interpret these principles favorably to individual ownership.[30]

[Mutualism] ...will make capital and the State subordinate to labor.[31]

Alienation and exploitation in large-scale industry was to be overcome by the introduction of workers' co-operative associations. These associations were to be run on a democratic basis, otherwise workers would find themselves subordinated just as with capitalist industry. A pragmatist, Proudhon thought all positions should be filled according to suitability and pay was to be graduated according to talent and responsibility.
That every individual in the association... has an undivided share in the company... a right to fill any position according to suitability... all positions are elective, and the by-laws subject to approval of the members. That pay is to be proportional to the nature of the position, the importance of the talents, and the extent of responsibility.[32]
Proudhon was an enemy of state capitalism and state socialism. At the very most, government could institute or aid the development of a new enterprise, but never own or control it.
In a free society, the role of the government is essentially that of legislating, instituting, creating, beginning, establishing, as little as possible should it be executive... The state is not an entrepreneur... Once a beginning has been made, the machinery established, the state withdraws, leaving the execution of the task to local authorities and citizens.[33]
[Coinage] ...it is an industry left to the towns. That there should be an inspector to supervise its manufacture I admit, but the role of the state extends no farther than that.[34]

The following quote is a good summary of Proudhon's economic and political ideas:
All my economic ideas, developed over the last 25 years, can be defined in three words, agro-industrial federation; all my political views... political federation or decentralization, all my hopes for the present and future... progressive federation.[35]
PROUDHON THE PATRIOT
Unlike the anarchists and socialists who espoused an abstract Internationalism, (workers have no country) Proudhon was a patrot. People share a common geography, history, culture and language. Normally, they have positive feelings for these aspects of their lives and with to preserve them. This is something the abstract internationalists did not understand.
My only faith, love, and hope lie in Liberty and my country. I am systematically opposed to anything that is hostile to Liberty... to this sacred land of Gaul.[36]
But France was not an abstract entity or nation state as nationalists believed. France was the land, the people and their language, history and culture. Proudhon dispised nationalism, well aware his country was composed of many different regions and cultures. Only decentralization of political power and a federal union would allow these different groups and localities to thrive. Later generations of anarcho-syndicalist workers would share these sentiments which combined liberty and patrie. For the syndicalists the patrie was represented by the working people and not the ruling elite whom they regarded as parasites and traitors.
WHY DID ANARCHISM CHANGE?
Even though Proudhon wrote about "anarchy", he did not lead an anarchist movement. Libertarians saw themselves as socialists or even social democrats. (The individualist, Benjamin Tucker even went so far as to call himself a "scientific socialist") The term "socialist" had a much different meaning then - at that time it meant co-operative production. Socialism as collectivism or statism was a later development, largely a result of the hegemony of the German Social Democratic Party. The name "anarchist" was not adopted until 1876, some eleven years after Proudhon's death. This new anti-authoritarianism was quite different from its predecessor by espousing violence, conspiracy and communism. There are identifiable stages in the process by which Proudhon's anarchism changed. The first of these was the rejection of mutualism in favor of collectivism.
Proudhonists were instrumental in forming the International Working Men's Association (First International) which was not collectivist. However, the rising working class militance in 1868-9 radicalized many members. During the Brussels Congress of the International in 1868, a resolution endorsing collectivism (including that of land) was passed. The Proudhonists objected and many left the International. Bakunin, soon to be the major leader of the "anti-authoritarians", favored the resolution. Collectivism was not communism, but it was a step along the way - a mid point between mutualism and the communist utopia. Proudhon, had he been alive, may well have considered collectivism and anarchist-communism as a reversion to what he had condemned as a "cult of association."

Mutualism and collectivism have little in common. Mutualism seeks to maintain individual ownership of farm land and small scale production. Large scale industry is composed of voluntary organizations (workers' co-ops). Collectivism seeks to collectivise all property and industry, and for revolutionary collectivists this is done by force.

The dividing line which separates Proudhon from later forms of anarchism was the Paris Commune. Prior to 1871, relations between the classes, which had been so brutal at the beginning of the century, had become almost gentlemanly. Support for labor and even "socialism" was found among the upper classes. The British Prime Minister, Disraell, expressed sympathy for the workers, Lincoln corresponded with the International and the editor and publisher of the world's largest newspaper, the New York Tribune, Charles Dana and Horace Greely, were followers of Proudhon and Charles Fourier. The spectre of the armed seizure of power and the execution of hostages by the Parisian workers undermined this sentiment.

While Proudhonism was the dominant form of French working class radicalism in the decade prior to the Paris Commune, the failure of the Commune weakened faith in Proudhonist gradualism and peaceful change. The aftermath of the Commune was the major cause of this decline. Reprisals - 30,000 executed and an equal number sent to prison or deported to New Caledonia - gave rise, as one might expect, to a "profound mistrust at any co-operation with the bourgeoisie... [and] a premium was placed on the expression of extreme revolutionary and even revengeful sentiments... [this]... rhetoric would become the indispensable tool of the socialist militant."[37]

Even though the Commune had failed, it was considered the example to follow. for both Bakunin and Marx, the armed seizure of power and a revolutionary communal government seemed the way to liberate the working classes. Bakuninists attempted new "Paris Communes" in Lyon and Barcelona, both of which failed miserably. Yet the idea of the revolutionary Commune persisted.

The failure of the Commune was a disaster for the International, which was wrongly blamed for the event. In an attempt to save the organization and to offset the growing influence of Bakunin (whom Marx thought was conspiring to take over the Int.) the marxist faction sought greater powers for the London-based General Council. Many were opposed to this operation, but hostility toward the Council had little to do with anarchism per se. This was more of a fight to maintain the autonomy of the national federations against what was seen as a power-grab by Marx and his supporters. The "St. Imier International" of oppositionists organized by the Jura Federation included Bakuninists, Proudhonists and many non-anarchists. It was from this core group, (the St. Imierists) that anarchist communism was to evolve.

With the failure of the communes of Paris, Lyon and Barcelona and Europe-wide repression of the International, prospects for revolution seemed truly hopeless. For Bakunin and his supporters, the only hope was to keep the idea alive through the actions of a "conscious elite". Thus was born the "propaganda of the deed" as "the very hopelessness of the European situation demanded exaggerated deeds."[38] Outside events were also influential. The Narodnik assassinations in Russia were an important factor in making the new anarchists sympathetic to violence.

The economic crisis in the watch making industry of 1874 had an impact as well. The Jura Federation was composed of moderate collectivists and proto-syndicalists such as James Guillaume. Its decline meant increasing influence of the militant Italian Internationalists who supported insurrectionism and propaganda of the deed. The Swiss movement finally dissolved in the 1880's. As a result, the emphasis of the movement shifted from the most advanced sector of continental Europe, (France and Switzerland) to the most backward areas, Italy and Russia. These changes could not help but influence the development of anarchist doctrine, most particularly in the direction of violence and conspiracy.

The democratic countries were, in spite of the massacre of the commune, fundamentally liberal. There existed a concept of citizenship and law and thus the possibility for relatively peaceful social change. In the backward countries, the lower classes were regarded as human cattle and few, if any, civil liberties existed. Conspiracy and violence were, with some justification, considered necessary. The problem arose when such ideas were transposed to countries like France, Britain, and the USA.

A shift in leadership from self-educated artisans to aristocrats and bourgeois also occurred. In many instances this led anarchism away from the concrete and practical to the abstract and utopian. It is the nature of the upper class radicals, so distant from the realities of working class life, to look at the world through abstractions and self-created ideologies. This is also the very group which tends to glorify and romanticise violence.

Along with the cult of violence came the change in economics. Collectivism was replaced with communism. In opposition to this new development, James Gullaume stated that "it is up to the community to determine the method... for the sharing of the product of labor."[39] and did not lay down a hard line on mutualism, collectivism, or communism. By 1876 the Italian anarchists had abandoned collectivism in favor of communism, believing it the only way to prevent an accumulation of wealth and therefore inequality. For Cafiero, "One cannot be... anarchist without being communist... For the least idea of limitation contains already... the germs of authoritarianism."[40] The Anarchist Declaration of 1883 stated, "We demand for every human being the right and means to do whatever pleases him."[41]

So Anarchism was absolutized into a pure utopia - a far cry from Proudhon's realistic conception. Less than 15 years after his death, solid, practical mutualism had been replaced by communist utopianism, non-violence with a cult of violence, a horror of absolutist thinking with a new absolutism and moderation with intolerant rhetoric.

Given the brutal repression of the Commune, was Proudhon ultimately naive? Did his theory deserve supercession by Bakuninism and anarchist-communism? No one should blame Bakunin's followers for becoming violent in the aftermath of the Commune. Such brutal repression is traumatizing and the undermining of Proudhon's influence is understandable. That an event is understandable, is one thing, but the long-term judgement of history is another. Society did not become more brutal in the developed democratic nations. The repression of the Commune was so far (in the democracies) the first and last event of its type. During the following century, greater freedoms were won and people saw their incomes increase thirty-fold, the work-week cut by half and life-expectancy double. (Even though the tendency seems to be the reverse, of late) For the Revolutionary anarchist-communists (no less for the Marxists) there was a major problem - there was no revolution.

Marx attacked Proudhon as a "petty bourgeois anarchist", yet France was to remain fundamentally a country of petite bourgeois well into the 1940's. Success for any movement meant incorporating this group. To ignore or condemn the petty bourgeoisie would only drive them into the hands of the monarchists or fascists. Proudhon's anarchism appealed to the peasant, artisan and professional as well as the industrial worker. And as workers incomes increased, they too began to purchase property. Having once done so, they were most unwilling to relinquish their hard-earned gains to the sticky hands of the Socialist State. Proudhon the peasant had a much better grasp on reality than the bourgeois Marxists with all their abstract thoughts and dreams.

The Bakuninists and anarcho-communists could not forsee this, nor should we expect them to have done so. Thus, 120 years later, by the great gift of hindsight, we realize society evolved in a direction more suitable to Proudhonism, than the doctrines of violence and communism.[42] One should also not ignore the fact that Proudhonism existed throughout this time period and is still around today. Mutualist and federalist movements thrive and have an influence upon French society.[43]

Anarchism took more than twenty years to get back on its feet after the disasterous "propaganda of the deed" period. (some might say it never never fully recovered.) Recovery consisted in going back to Proudhon and moderate collectivists like Guillaume. A more moderate and realistic anarchism arose - known as anarcho-syndicalism. With syndicalism, anarchism became a popular movement for the first, and so far, the last time. The concept spread around the world and by the mid 1920's millions of workers were members of syndicalist unions. That syndicalism was destroyed by communism and fascism in the 1930's should not cause one to ignore its earlier successes. For three decades a mass libertarian movement of peasants and workers existed. Considering the overwhelmingly totalitarian direction of the Twentieth Century, this is not something to scoff at.

FOOTNOTES
1. The charge of inconsistency is a common fallacious means of attacking someone. What is ignored is the development of a persons thought. Who doesn't see things differently at age 50 compared to their youth? Hence, everyone is guilty of being "contradictory." Furthermore, life itself is complex and full of contradictions. If one wishes to mirror reality rather than invent an ideology, one's thought will at times appear contradictory. Consistency may be aesthetically appealing, but life isn't as simple.
2. Woodcock, George. P.J. Proudhon, p. 249

3. Selected Writings p. 105

4. Ibid 92

5. Ibid 103

6. The Federal Principle, p. 21

7. Ibid 21

8. op cit 56

9. General Idea of Revolution in the 19th Century, Freedom, 1927, p. 76

10. Ibid 95

11. Ritter, Alan, Political Thought of P.J. Proudhon, p 280

12. General Idea 173

13. George Woodcock, Anarchist Reader, p. 139

14. General Idea... 174

15. Ritter 280

16. DeLubac, Henri, The Unmarxian Socialist, p. 31

17. Federal Principle... 45

18. Ibid 38

19. P.J. Proudhon... 71

20. General Idea... 206

21. Ibid 135

22. Federal Principle... 9

23. op cit 80

24. Ibid 83

25. Ibid 85

26. Ibid 87

27. Selected Writings... 62

28. op cit 216

29. Theory of Property in Lubac p. 177

30. General Idea... 210

31. Selected Writings... 57

32. op cit 222

33. Federal Principle... p. 45

34. Ibid 46

35. Ibid 74

36. Selected Writings... 195

37. Stafford, David, From Anarchism To Reformism p. 20

38. Ibid 39

39. Cahm, Caroline, Kropotkin and the Rise of Revolutionary Anarchism, p. 39

40. Ibid 57

41. Ibid 63

42. Proudhonism, while more successful than Bakuninism, did not triumph either. The reasons for this are beyond the scope of this paper, but have much to do with the dominance of statism during the 20th Century. No libertarian of populist movement was able to overcome this power.

43. More than 20 million French belong to mutual aid societies, mainly in health care. Mutuals are important in many other countries.

La experiencia de lo sagrado entre los griegos

Leandro Pinkler



Ponencia realizada en el Congreso internacional de Filosofía y Religión: la mirada del Otro en la Academia del Sur de Buenos Aires, el 29 de septiembre del 2000

El titulo de esta ponencia alude a la observación del gran estudioso de las religiones M. Eliade respecto de la pobreza de las lenguas modernas ,en las que para la experiencia de lo sagrado sólo contamos con la palabra religión. Desde esta perspectiva se desprende la posibilidad de plantear una experiencia no religiosa de lo sagrado - es decir no determinada por las prácticas, dogmas, creencias de ninguna de las religiones oficiales-. Puede confrontarse la discusión de este problema en la reciente obra del doctor García Bazán, presente en este congreso , Aspectos Inusuales de lo Sagrado (Madrid, ed. Trotta).

Nos convoca ante todo la pregunta acerca de las condiciones de posibilidad de una sacralidad actual y efectiva - no una discusión arqueológica - respecto de los testimonios de la religiosidad helénica. Digamos ante todo - como aclaración metodológica - que no enfrentamos en este momento el problema teórico de qué es lo sagrado, y para ello referimos a la obra de Eliade, como una aproximación; y si en todo caso tomamos una síntesis de la noción de lo sagrado, éste aparece en la experiencia como plenitud de significado y de intensidad. Ahora bien, el tratar del espíritu religioso de los griegos en términos contemporáneos necesita una aclaración. En primer lugar porque ninguna de la religiones vivas, actuales, oficiales, organizada, de ningún país, mantiene, por cierto, los cultos y creencias de la antigua Grecia. Pero como segundo punto, -y en oposición a este primero que muestra la ausencia de una práctica de “cultos paganos”, de culto de dioses griegos - sostenemos que la antigua experiencia griega y latina - la de los llamados por los cristianos pagani - ha sido y es, una fuente permanente del modo en que los occidentales, en tanto individuos, hemos vivenciado o intentado vivenciar lo sagrado: como arte, como misterio del universo y exuberancia de la naturaleza, como erotismo, como realización heroica del destino personal. Todos estos elementos fueron plasmados desde la construcción civilizatoria del mundo helénico. En la profunda interpretación histórica de O. Spengler, en su magnifica obra La Decadencia de Occidente, se muestra que Occidente es la reunión y la lucha permanente entre dos espíritus opuestos de difícil conciliación, el levantino (semita, mágico) y el grecolatino y clásico. Las denominaciones de mágico y clásico corresponden a la nomenclatura spengleriana. Nuestra religiosidad judeocristiana, levantina ha soterrado a esa antigua sensibilidad pagana, pero – como los Titanes que fueron enviados por Zeus al Tártaro – se trata de una dimensión en la que nada muere sino que se sumerge en la latencia, para retornar con más ímpetu. La dirección de las ciencias, del arte y de la filosofía, siempre reconocieron su origen en Grecia. El Renacimiento, es la continuación, en parte, de elementos helénicos y no de judeocristianos. Pero ¿qué pasa con lo sagrado?. Ya el gran estudioso de la religión griega, Walter Otto, uno de los más inspirados interpretes de esta cultura, mostró en su obra Teofanía la falta de comprensión del estilo religioso helénico entre los estudiosos del siglo XIX. Mientras se valora el aspecto racional de los griegos, escribe W: Otto, no ocurre lo mismo con su religiosidad; sin embargo sus dioses nos siguen fascinando.

En este punto, volviendo a la primera observación de M. Eliade, hay que diferenciar la religión de la experiencia de lo sagrado. Observemos que así como ocurre entre algunos pueblos en los que se carece del nombre para decir pájaro, pero existen numerosos nombres para las distintas especies de aves, entre los griegos no hay una, sino varias palabras para decir religión .

Existe por ejemplo la palabra sebas ,que indica temor, veneración, de donde vienen tantos nombres cristianos como Eusebio, y de ahí también la denominación con la que a Sócrates se lo acusa de impiedad, asébeia. La palabra sebas es habitualmente traducida al latín por pietas. También religión en griego se dice eulábeia. Eulabeia es el correlato especifico del término latino religio, que significa originariamente atención, recogimiento,cuidado, precaución . Y esta atención cuidadosa se da respecto de las manifestaciones mismas del kosmos , que es divino. También religión en griego se dice threskeia, como el conjunto de actos rituales, de normas, de especificidad de las prácticas de culto de la colectividad. También, en cierto sentido, la palabra theoría ,de donde deriva teoría , es una palabra del grupo semántico de la religión. La palabra theoria - de la misma raíz de théatron,teatro - tiene como significado básico contemplar, y designa la festividad, el tiempo especial en donde lo sagrado realiza su manifestación. Ya Karl Kerenyi, ha señalado que la noción de theoría como fiesta, resulta esencial para la comprensión de la religiosidad antigua ( se puede ver de Kerényi una reciente reedición de la tradución de La religión antigua en ed. Herder ).

Y en esta dirección es menester señalar que en términos de la visión antigua del mundo lo sagrado inunda muchos aspectos que parecerían profanos al punto de identificarse con la cultura en su conjunto. Por eso más que intentar – en la presente aproximación – dar una definición de lo sagrado, nos importa verificar cómo se presintificó en la aurora de nuestra civilización. El mismo Walter Otto, señala en este punto, algo que es menester considerar para realizar esta distinción entre religión y sagrado:
en todas partes en donde religión y cultura se encuentran todavía con su fuerza original, religión y cultura son en el fondo una misma cosa, la religión no es un valor que se agregue a los bienes culturales, sino más bien, la más profunda revelación en su contenido y esencia ( tomado de Teofanía ).

Esta unión inescindible - subrayada por Otto - entre religión y cultura, entiéndase bien, no es una interpretación filosófica, sino la atestiguación de un echo concreto. En el mundo antiguo, antes de la irrupción del Cristianismo, religión es sinónimo de cultura, pues sólolo desde el Cristianismo se accede a una religión de índole universal, a una religión que trasciende justamente los elementos específicos de una cultura particular.
En segundo lugar, y para profundizar en la especificidad de la sensibilidad religiosa del mundo antiguo, hay que partir de la consabida característica esencial de la religión griega, lo que se denomina religión epifánica. La palabra epifanía viene de la raiz phan que significa manifestarse de donde viene por supuesto fenómeno . Hablar de una religión epifánica significa que los dioses se manifiestan continuamente en el mundo,que el mundo mismo, como cosmos eterno, es una continua epifanía. Esto es, los dioses griegos, todo el conjunto del panteón, no son dioses trascendentes, no son dioses fuera del mundo. Todos los dioses representan aspectos sagrados de éste mundo. Así, Zeus es el cielo, es el padre, es la ley, es la justicia. Hades es la muerte. Afrodita es el sexo. No existe entonces en el mundo helénico la concepción de una divinidad trascendente. Esto, además de estar atestiguado en la religiosidad popular, en la literatura homérica, en el literatura de la tragedia, aparece como un elemento siempre presente en la Weltanschauung lavisión del mundo de los filósofos antiguos. Así se puede citar el fragmento treinta de Heraclito, trasmitido por Clemente de Alejandría, que dice
a este cosmos (...) ninguno de los hombres ni de los dioses lo creó, sino que fue por siempre y es y será fuego siempre vivo que se enciende según medidas y se apaga según medidas

Este fragmento (Fr. 30 de la ordenación más habitual )atestigua específicamente la creencia de que no hay una creación. Es un cosmos no creado, eterno,se niega la poiesis ,la llamada creación ex nihilo . Ni por ninguno de los hombres,ni por ninguno de los dioses. El universo es eterno, pero está sometido a ciclos se enciende según medida y se apaga según medida Por eso, en la misma dirección, Karl Kerenyi, el estudioso relacionado estrechamente con la psicología de la profundidad de Karl C.Jung, entiende que la religión griega es una religión de la positividad del mundo, la religión griega es un canto permanente a que el mundo existe, y que no hay otra cosa más que el mundo. En este sentido, respecto de ciertas afirmaciones acerca de los dioses como elementos sobrenaturales en el mundo antiguo, nos interesa enfatizar que la palabra sobrenatural es incorrecta y anacrónica respecto de los griegos, porque es de creación cristiana. Para los griegos no existe nada, digámoslo así, hyperphýsios, sobrenatural, más allá de la physis . Pero la naturaleza - como traducción de physis abarca todo lo real, y tiene sus misterios. Como dice el mismo Herálito:
la naturaleza - physis - ama ocultarse .
Todo el universo, todo lo que es la physis, es sagrado. No existe la concepción de algo sobrenatural. Hay en todo caso una dirección de la filosofía platónica y aristotélica de trascender los limites de la physis - lo que posteriormente se llamará justamente metafísica -con una elaboración teórica pero esto no forma parte del conglomerado de las creencias de la colectividad antigua de Grecia.
Por esta misma razón hay que decir, como parte de estas mismas características de la religión griega, que coherentemente no se plantea en el mundo antiguo el problema de la fe. Es decir no existe la dimensión de la fe en algo de lo que no se tiene experiencia. No tiene sentido asímismo la pregunta de si alguien cree en Dios. Estamos hablando de la fe en el sentido del testimonio de una afirmación del sujeto más allá de lo que se da en el registro de los sentidos, y no coincide con la esencialidad de una religión epifánica. En el mundo griego no se pregunta si alguien cree en Afrodita o en Hades, simplemente la muerte y el sexo son partes del mundo. Nadie duda de que el sexo existe De este modo, lo que sí se preguntan los griegos, que es el equivalente de creer en Dios , se manifiesta en la expresión toús theoús nomízein,lo que significa considerar a los dioses, tenerlos presentes, venerarlos y respetarlos,vivir en un universo sagrado. El tener presene a los dioses caracteriza a un ser humano que vive en la esfera de lo sagrado. En cambio, nuestra sociedad moderna es - según la expresión de Max Weber - el lugar del que los dioses han huído . Y en relación a famosa acusación contra Sócrates de asébeia, de impiedad dice justamente que no considera a los dioses que la ciudad considera.
Todo el mundo antiguo habla de la presencia efectiva y continua de los dioses. La palabra ateo -del griego atheos - tiene originariamente en el mundo antiguo el sentido de estar desprovisto de dioses, de tal modo que ateo no significa originariamente que uno no cree en los dioses,sino, digámoslo así, que los dioses no creen en uno, que uno está desprovisto de dioses, que no tiene ciudad, que no tiene un lugar de arraigo en el mundo.
En fin, como síntesis de estas consideraciones entendemos que en orden de volver a pensar todo lo que de la sensibilidad religiosa de los griegos puede haber en este mundo contemporáneo, es menester diferenciar tres dimensiones diferentes :en primer lugar el conjunto de normas y observancias propias de una religión organizada , lo que en el mundo musulmán se llama la Sharya ;en segundo lugar, el imaginario cultural o Weltanschauung de una época y sociedad ,como plexo de símbolos, creencias, valores.

Insisto, hay que diferenciar, entiendo, entre las normas y observancias propias de una religión organizada -en la que los griegos actualmente no tienen ninguna influencia -y el imaginario cultural o visión del mundo de una cultura como un plexo de símbolos, creencias y valores. Y en tercer lugar, la necesidad individual de experiencias y las búsquedas de vida que se desarrollan necesariamente en los ámbitos anteriores. Diferenciados estos tres marcos que pueden ser útiles para intentar alguna compresión de lo sagrado en el mundo contemporáneo, entendemos que la experiencia de lo sagrado helénica es activa en los últimos dos marcos, tanto en el imaginario cultural de nuestro mundo occidental como en la necesidad individual de experiencia de vida. Existen algunos textos de los últimos años, como por ejemplo el de Teresa Oñate el Retorno de lo Divino Griego en la Posmodernidad, o el libro de Marc Augé Genio del Paganismo, que retoman algunos elementos del pensamiento helénico, pero no llegan a una comprensión profunda, ni siquiera trabajan directamente con testimonios griegos, sino más bien entre enredos teóricos. Distinto es, por supuesto, cuanto del pensamiento de Nietzsche ha tomado del mundo antiguo en su conjunto. Pues hay en el estilo de la religiosidad occidental diversos modos que podemos especificar con aquellos famosos determinantes de la filosofía de Nietzsche, como lo apolineo y lo dionisiaco, que configuran maneras en que lo sagrado aparece para el hombre de Occidente. Lo sagrado, entendámoslo en el sentido de M. Eliade, como un modo de estar en el mundo, como una manera de valoración que da sentido a nuestros actos cotidianos. En éste sentido lo apolineo como sensibilidad de lo sagrado se desarrolla en diversas manifestaciones artísticas,en la afirmación solar de la belleza de las formas y en la búsqueda heroica de la realización individual. Lo dionisiaco, a su vez, se desarrolla asimismo en las búsquedas de experiencias extáticas, en la percepción de un sentido no racional de la existencia - que nos habla de nuestra pertenencia a un plano que excede lo individual y lo social - . Hay en la experiencia dionisíaca la certeza de una vida que más allá de la sobrevivencia y la autoconservación. En fin una condensación de significado que tiene un estilo especial, particularísimo. Pero hay otro estilo de búsqueda de lo sagrado que es específicamente griego - y que no podemos dejar de mencionar - es aquél que Platón en el Teeteto, denomina homoíosis theo, que podemos traducir por hacerse semejante al dios, hacerse idéntico al dios. Esta forma, de estilo platónico, resulta especialmente operante en toda una dirección de la búsqueda de lo sagrado en Occidente, que se retoma desde el Renacimiento en la figura de Marsilio Ficino, y después sigue viva en toda la búsqueda del esoterismo occidental, en cierta fusión Rosacruciana que asociará la Cábala con el Hermetismo, el Neoplatonismo,toda una dirección que se puede ver presente en el pensamiento del gran poeta Goethe . Ahora bien, en qué medida son legítimas o no estas búsquedas, hasta qué punto no son sino extravíos, es ésta una cuestión que marca el límite de nuestra competencia. No somos quién para juzgar pero sostenemos que más allá de las religiones oficiales, hay una búsqueda de los individuos de experiencias, de la intensidad vital, del sentido de la existencia en el que la vida es lo sagrado, por eso Nietzsche y Hölderlin entre otros, nos hablan de un dios venidero, el dios Dioniso, con el que se celebra la sacralidad del mundo, y nos llaman a seguir creando dioses...el mismo Nietzsche se lamenta en el “Anticristo” del monótono.teísmo judeocristiano.Dice : dos mil años y ningún dios nuevo, qué aburrimiento, un pueblo se celebra a sí mismo y celebra a la vida en sus dioses.

Los amigos de Durruti

Fragmento del próximo cuaderno num. 30 de la revista
BALANCE.
http://www.esfazil.com/kaos/noticia.php?id_noticia=6771

INTRODUCCIÓN
La Agrupación de Los Amigos de Durruti fue una organización
anarquista, fundada en marzo de 1937. Sus miembros eran milicianos de la
Columna Durruti opuestos a la militarización, y/o anarquistas, críticos
respecto a la entrada de la CNT en el gobierno republicano y de la
Generalidad.

La importancia histórica y política de Los Amigos de Durruti radica en
su intento, surgido, en 1937, del propio seno del movimiento libertario, de
constituir una Junta revolucionaria, que pusiera fin al abandono de los
principios revolucionarios, y al colaboracionismo con el Estado capitalista;
de forma que la CNT defendiera y profundizara las "conquistas" de julio de
1936, en lugar de cederlas poco a poco a la burguesía. Sin embargo
laAgrupación nunca se propuso llegar a ser, durante las jornadas de mayo del
37, una auténtica alternativa revolucionaria a la dirección de la CNT-FAI
gubernamental, que tenía varios ministros en el gobierno de la República y
en el de la Generalidad.

LA AGRUPACION DE LOS AMIGOS DE DURRUTI DESDE SU FUNDACION HASTA LOS
HECHOS DE MAYO.
En octubre de 1936 el decreto de militarización de las Milicias
Populares produjo un gran descontento entre los milicianos anarquistas de la
Columna Durruti, en el Frente de Aragón. Tras largas y enconadas
discusiones, en marzo de 1937, varios centenares de milicianos voluntarios,
establecidos en el sector de Gelsa, decidieron abandonar el frente y
regresar a la retaguardia. Se pactó que el relevo de los milicianos opuestos
a la militarización se efectuaría en el transcurso de quince días.
Abandonaron el frente, llevándose las armas.

Ya en Barcelona, junto con otros anarquistas (defensores de la
continuidad y profundización de la revolución de julio, y opuestos al
colaboracionismo confederal con el gobierno) los milicianos de Gelsa
decidieron constituir una organización anarquista, distinta de la FAI, la
CNT o las Juventudes Libertarias, que tenía por objetivo encauzar el
movimiento ácrata por la vía revolucionaria. Así pues, la Agrupación se
constituyó formalmente en marzo de 1937, tras un largo período de gestación
de varios meses, iniciado en octubre de 1936. La Junta directiva fue la que
decidió tomar el nombre de "Agrupación de Los Amigos de Durruti", nombre que
por una parte aludía al origen común de los ex-milicianos de la Columna
Durruti, y que como bien decía Balius, no se tomó por referencia alguna al
pensamiento de Durruti, sino a su mitificación popular.

La sede central de la Agrupación estaba situada en Las Ramblas,
esquina a la calle Hospital. El crecimiento de los miembros de la Agrupación
fue rápido y notable. Se llegaron a repartir entre cuatro y cinco mil
carnets de adheridos a la Agrupación. Una de las condiciones indispensables
para formar parte de la Agrupación era la de ser militantes de la CNT. El
crecimiento de la Agrupación era consecuencia del descontento de un amplio
sector de la militancia anarquista ante la política claudicante de la CNT.

La actividad y el dinamismo de la Agrupación fueron frenéticos. Desde
su constitución formal, el 17 de marzo, hasta el 3 de mayo, la Agrupación
efectuó diversos mítines (en el Teatro Poliorama el 19 de abril y en el
Teatro Goya el 2 de mayo), lanzó diversos manifiestos y octavillas, saboteó
la intervención de Federica Montseny en el mitin de la Monumental del 11 de
abril, y llenó los muros de Barcelona con carteles que explicaban su
programa.

En este programa destacaban dos puntos: 1.- Todo el poder para la
clase obrera. 2.- Órganos democráticos de obreros, campesinos y
combatientes, como expresión de ese poder obrero, al que llaman Junta
Revolucionaria.

También propugnaban que los sindicatos asumieran la plena dirección
económica y política del país. Y cuando hablaban de sindicatos se referían a
los sindicatos confederales, con exclusión de la estalinizada UGT. De hecho
algunos de los miembros de la Agrupación habían abandonado su militancia en
la UGT, para afiliarse acto seguido a la CNT, y cumplir así el requisito
indispensable para pertenecer a Los Amigos de Durruti.

En realidad, aunque el origen obrero de los componentes de la
Agrupación hacía que todos estuviesen afiliados a la CNT, la mayoría eran
militantes de la FAI, por lo que bien puede decirse que la Agrupación de Los
Amigos de Durruti eran un grupo de anarquistas que, desde un purismo
doctrinal ácrata, se oponían a la política colaboracionista y estatal de la
dirección de la CNT, y de la propia FAI.

Tenían cierta fuerza dominante en el Sindicato de la Alimentación,
ramificado por toda Cataluña, así como en las cuencas mineras de Sallent,
Suria, Fígols y Cardona, en la comarca del Alto Llobregat. Influían también
en otros sindicatos, en los que eran minoritarios. Algunos de sus adherentes
formaban parte de las Patrullas de Control.

No podemos caracterizar a la Agrupación como un grupo plenamente
consciente y organizado que planeara una acción metódica. Eran, tanto desde
el punto de vista numérico como ideológico y organizativo, mucho más que un
grupo de afinidad constituido más o menos informalmente, en torno a unas
determinadas coincidencias ideológicas y unas inquietudes comunes, aunque no
eran ni mucho menos una rama del movimiento libertario (ML) como CNT, FAI, o
Juventudes Libertarias. Se aproximaban más a lo que en aquellos momentos era
Mujeres Libres: una organización con finalidades propias, no encuadrada
plenamente en las tres grandes ramas organizativas del ML. Eran un amplio
grupo de militantes que sentían la imperiosa necesidad instintiva de
enfrentarse a la política claudicante de la CNT y al proceso
contrarrevolucionario en auge.

Sus portavoces más destacados fueron Jaime Balius y Pablo Ruiz. El
domingo 18 de abril la Agrupación convocó un mitin en el Teatro Poliorama,
que quiso ser una presentación pública de su existencia y de su programa. En
el mitin intervinieron Jaime Balius, Pablo Ruiz (delegado de la Agrupación
de Gelsa de la Columna Durruti), Francisco Pellicer (del Sindicato de la
Alimentación), y Francisco Carreño (miembro del Comité de guerra de la
Columna Durruti). El acto tuvo un gran éxito y los conceptos expresados por
los oradores fueron ampliamente aplaudidos.

El primer domingo de mayo (el día 2) la Agrupación convocó en el
Teatro Goya otro mitin de presentación, que llenó el teatro a rebosar y
provocó un entusiasmo delirante entre los asistentes. Se proyectó el
documental titulado "Diecinueve de julio", en el que se revivieron los
instantes más emotivos de las jornadas revolucionarias de julio del 36.
Intervinieron Pablo Ruiz, Jaime Balius, Liberto Callejas y Francisco
Carreño. En el acto se advirtió que era inminente un ataque de la reacción
contra los trabajadores.

Los Comités dirigentes de la FAI y de la CNT descalificaron
inmediatamente a Los Amigos de Durruti, a quienes calumniaron como
marxistas.

El programa expresado por Los Amigos de Durruti ANTES DE MAYO DEL 37
se caracterizaba por el énfasis puesto en la gestión de la economía por los
sindicatos, la crítica a todos los partidos y sindicatos por su
colaboracionismo estatal, así como cierto retorno a la pureza doctrinal
ácrata.

Los Amigos de Durruti expusieron su programa en el cartel con el que
cubrieron los muros de Barcelona a finales del mes de abril de 1937. En esos
carteles, que propugnaban ya, ANTES DE LOS HECHOS DE MAYO, la necesidad de
SUSTITUIR al gobierno burgués de la Generalidad de Cataluña por una Junta
Revolucionaria, se decía lo siguiente:

"Agrupación de Los Amigos de Durruti. A la clase trabajadora:

1.- Constitución inmediata de una Junta Revolucionaria integrada por
obreros de la ciudad, del campo y por combatientes.

2.- Salario familiar. Carta de racionamiento. Dirección de la economía
y control de la distribución por los sindicatos.

3.- Liquidación de la contrarrevolución.

4.- Creación de un ejército revolucionario.

5.- Control absoluto del orden público por la clase trabajadora.

6.- Oposición firme a todo armisticio.

7.- Una justicia proletaria.

8.- Abolición de los canjes de personalidades.

Atención trabajadores: nuestra agrupación se opone a que la
contrarrevolución siga avanzando. Los decretos de orden público,
patrocinados por Aiguadé no serán implantados. Exigimos la libertad de
Maroto y otros camaradas detenidos.

Todo el poder a la clase trabajadora.

Todo el poder económico a los sindicatos.

Frente a la Generalidad, la Junta Revolucionaria."

El cartel de abril de 1937 anticipaba y explicaba la octavilla lanzada
durante las jornadas de mayo, además de otros muchos de los temas y
preocupaciones tratados por Balius en los artículos publicados en
Solidaridad Obrera, La Noche e Ideas (sobre la justicia revolucionaria, el
canje de prisioneros, la necesidad de que la retaguardia viva para la
guerra, etcétera). Se planteaba por primera vez la necesidad de una Junta
Revolucionaria que sustituyera al gobierno burgués de la Generalidad. Esa
Junta Revolucionaria era definida como un gobierno revolucionario formado
por todos los obreros, campesinos y milicianos que habían luchado en la
calle durante las jornadas revolucionarias de julio del 36 (y eso excluía al
PSUC y ERC).

Pero lo más importante era la expresión conjunta de las tres consignas
finales. La sustitución del gobierno burgués de la Generalidad por una Junta
Revolucionaria aparecía junto a la consigna de "Todo el poder para la clase
trabajadora" y "Todo el poder económico a los sindicatos".

El programa político expresado en ese cartel, inmediatamente antes de
las jornadas de mayo, era sin duda el más avanzado y lúcido de todos los
grupos proletarios existentes, y convertía a la Agrupación, en la vanguardia
revolucionaria del proletariado español en ese momento crítico y decisivo. Y
así lo reconocieron el POUM y la Sección bolchevique-leninista de España.

LOS HECHOS DE MAYO.
El sábado primero de mayo no hubo ninguna manifestación en Barcelona.
La Generalidad había declarado laborable la jornada, en beneficio de la
producción de guerra, aunque el motivo real era el temor a un enfrentamiento
entre las distintas organizaciones obreras, a causa de la tensión creciente
en diversas comarcas y localidades catalanas. Ese mismo sábado el consejo de
la Generalidad se reunió para examinar la situación preocupante del orden
público en Cataluña. El citado consejo aprobó la eficacia demostrada en las
últimas semanas por los consejeros de seguridad interior y defensa, a
quienes se acordó otorgar un voto de confianza para resolver las cuestiones
de orden público todavía pendientes.

El Presidente de la Generalidad el lunes día 3 estuvo, muy
oportunamente, de viaje en Benicarló, para entrevistarse con Largo
Caballero, lo cual le permitió desvincularse de los primeros
acontecimientos. Sea como fuere, la acción política de Companys, con su
cerradanegativa a destituir a Artemio Aiguadé (conseller de Seguridad
Interior) y a Eusebio Rodríguez Salas (comisario general de Orden Público),
como exigió la CNT el mismo día 3, fue uno de los más importantes detonantes
de los enfrentamientos armados de los días siguientes.

El lunes, 3 de mayo de 1937, hacia las tres menos cuarto de la tarde,
tres camiones de guardias de asalto, fuertemente armados, se detuvieron ante
la sede de la Telefónica en la Plaza de Cataluña. Estaban dirigidos por
Rodríguez Salas, militante de la UGT y estalinista convencido, responsable
oficial de la comisaría de orden público, y pretendían nombrar un
interventor de la Generalidad. El edificio de Telefónica había sido
incautado desde el 19 de julio por la CNT. El control de las comunicaciones
telefónicas, el control de las fronteras y las patrullas de control eran el
caballo de batalla, que desde enero había provocado diversos incidentes
entre el gobierno republicano de la Generalidad y la masa confederal. Era
una lucha inevitable entre el aparato estatal republicano, que reclamaba el
dominio absoluto sobre todas las competencias que le eran "propias", y la
defensa de las "conquistas" del 19 de julio por parte de los cenetistas.

Rodríguez Salas pretendió tomar posesión del edificio de la
Telefónica. Los militantes cenetistas de los pisos inferiores, tomados por
sorpresa, se dejaron desarmar; pero en los pisos superiores se organizó una
dura resistencia, gracias a una ametralladora instalada estratégicamente en
el último piso. La noticia se propagó rápidamente. Inmediatamente se
levantaron barricadas en toda la ciudad. No debe hablarse de una reacción
espontánea de la clase obrera barcelonesa, porque la huelga general, los
enfrentamientos armados con las fuerzas de policía y las barricadas fueron
fruto de la iniciativa tomada por Escorza, que fue rápidamente secundada y
realizada gracias a la existencia del descontento y la enorme tensión
existente en la base militante confederal, constituida sobre todo por los
comités de defensa de los barrios (y sólo parcial y secundariamente por
algún sector de las patrullas de control, ya que éstas estaban compuestas
por militantes de distintas organizaciones antifascistas). Que no existiera
una orden de los comité superiores de la CNT, que ejercían de ministros en
Valencia, o de cualquier otro partido o sinidcato, para movilizarse
levantando barricadas en toda la ciudad, no significa que éstas fueran
espontáneas, sino resultado de las consignas lanzadas por los comités de
defensa.

La huelga general no fue fruto de un "espontáneo instinto de clase".
La toma de la Telefónica era la ruptura brutal de las conversaciones que
durante todo el mes de abril habían mantenido directamente Companys, que
había excluido expresamente a Tarradellas, con Manuel Escorza y Pedro
Herrera, en representación de la CNT. Escorza respondió inmediatamente a la
provocación de Companys desde los comités de defensa. Ese fue el inicio de
las Jornadas de Mayo, y el terreno propicio para la acción que se presentó a
Los Amigos de Durruti. Ellos supieron atenerse inmediatamente a lo que las
circunstancias pedían. Mientras los obreros lucharon con las armas en las
manos, la Agrupación intentó dirigirlos, darles un objetivo revolucionario.
Pero enseguida encontraron sus límites. Criticaron a los líderes de la CNT,
a los que llegaron a calificar de traidores, en el Manifiesto del día 8,
pero no supieron contrarrestar sus consignas de abandono de las barricadas.
Tampoco se plantearon desbordar a la dirección confederal, que
inmediatamente quiso detener la insurrección iniciada desde los comités de
defensa. Los Amigos de Durruti no hicieron nada efectivo para conseguir que
su consigna de constitución de una Junta revolucionaria se hiciera realidad.
Sabían que sus críticas a la dirección anarcosindicalista no serían
suficientes para arrebatarle el dominio de la organización cenetista.

Por otra parte, la Agrupación era joven, falta de experiencia y
carente de prestigio entre la masa confederal. Sus ideas no habían logrado
calar en profundidad entre los militantes de base.

Inmersos en esta situación de impotencia recibieron una nota del
Comité ejecutivo del POUM, para que una representación autorizada de la
Agrupación se entrevistara con ellos. Acudieron Jaime Balius, Pablo Ruiz,
Eleuterio Roig y un tal Martín. A las siete de la tarde del día 4 se
entrevistaron en el Principal Palace, en Las Ramblas, con Gorkin, Nin y
Andrade. Examinaron conjuntamente la situación, y llegaron a la conclusión
unánime de que, dada la oposición al movimiento revolucionario de las
direcciones de la CNT y la FAI, éste estaba condenado al fracaso. Se acordó
que era necesaria una retirada ordenada de los combatientes y que éstos
conservaran las armas. Que la retirada se hiciera previo abandono de las
posiciones por las fuerzas opuestas. Que era preciso encontrar garantías
para evitar una represión de los combatientes en las barricadas. Al día
siguiente, por la noche, los máximos dirigentes y responsables
anarcosindicalistas hablaron de nuevo por la radio, llamando al abandono de
la lucha. Y ahora los militantes de base en las barricadas ya no se burlaban
de los "bomberos" de la CNT-FAI, ni de los besos a los guardias de García
Oliver.

El miércoles, día cinco de mayo, Los Amigos de Durruti distribuyeron
en las barricadas la conocida octavilla que les dio fama, cuyo texto decía
así:

"CNT-FAI. Agrupación "Los Amigos de Durruti".

¡TRABAJADORES¡ Una Junta revolucionaria. Fusilamiento de los
culpables. Desarme de todos los Cuerpos armados. Socialización de la
economía. Disolución de los Partidos políticos que hayan agredido a la clase
trabajadora. No cedamos la calle. La revolución ante todo. Saludamos a
nuestros camaradas del POUM que han confraternizado en la calle con
nosotros.¡VIVA LA REVOLUCIÓN SOCIAL. ¡ABAJO LA CONTRARREVOLUCIÓN¡"

Esta octavilla fue confeccionada la noche del cuatro al cinco de mayo
bajo amenaza armada, en una imprenta del barrio chino. La improvisación y la
falta de infraestructura de la Agrupación eran evidentes. El texto fue
redactado tras la reunión con la Ejecutiva del POUM, celebrada a las siete
de la tarde del díacuatro,cuandoentre la Agrupación y elPOUMsehabía acordado
ya una postura defensiva de retirada, sin abandono de las armas, y con la
exigencia de pedir garantías contra la represión. La octavilla, aprobada por
el POUM, y reproducida en el número 235 (del 6 de mayo) de La Batalla, no
tenía tras de sí ningún plan de acción, no era más que una declaración de
intenciones y un llamamiento a la espontaneidad de las masas confederales
para que perseverara en su acción ante los avances de la contrarrevolución.
Todo estaba condicionado en realidad a la decisión que tomara la dirección
cenetista. Era absurdo e ilógico creer que las masas confederales, pese a su
reticencia inicial, o a sus críticas, no seguiría a los líderes del 19 de
julio. Sólo si la dirección de la CNT era desbordada por otra dirección
revolucionaria podía darse el caso, aún así muy difícil, de que la masa
siguiera las consignas y el plan de acción de una nueva dirección. Pero ni
la Agrupación, ni el POUM, intentaron desbancar a la dirección confederal,
ni tenían preparado ningún plan de acción. Tanto unos como otros impulsaron,
en la práctica, una política seguidista respecto a las decisiones de la
dirección cenetista. El Comité ejecutivo del POUM rechazó el plan de Josep
Rebull de tomar la Generalidad y los edificios que aún resistían en el
centro de la ciudad, argumentando que no se trataba de una cuestión militar,
sino política.

Ese mismo día 5 se mantuvo una entrevista entre el Comité Local de
Barcelona del POUM y Los Amigos de Durruti, que los poumistas calificaron
como negativa, porque:

"Ellos [Los Amigos de Durruti] no quieren intervenir directamente
dentro de los medios confederales para desplazar la dirección, nada más
quieren influenciar el movimiento sin ninguna más responsabilidad"

En la octavilla, lanzada el día 5 de mayo, Los Amigos de Durruti
propusieron una acción común POUM-CNT-FAI. Como objetivo inmediato para
dirigir la revolución propugnaron la formación de una Junta Revolucionaria.
PERO JAMAS PUDO SER LLEVADA A LA PRÁCTICA. Eran gente de barricada, más que
organizadores. La propuesta de acción común CNT-FAI-POUM no pasó de ser un
saludo a los militantes de otras organizaciones, que combatieron codo a codo
con ellos en las barricadas. Nunca se pasó de la letra de la octavilla a un
acuerdo concreto. No hicieron prácticamente nada para desbordar a la
dirección cenetista y arrebatarle el control de la masa confederal, que
desoyó en repetidas ocasiones las órdenes de abandonar la lucha en las
calles.

Los Amigos de Durruti fueron los combatientes más activos en las
barricadas, y dominaron completamente Las Ramblas y la calle Hospital en
toda su longitud. En el cruce Ramblas/calle Hospital, bajo un enorme retrato
de Durruti colocado en la fachada del piso donde estaba la sede de la
Agrupación, levantaron una barricada donde establecieron su centro de
operaciones. El absoluto control de la calle Hospital enlazaba con la sede
del Comité de Defensa del centro en Los Escolapios de la Ronda San Pablo, y
de allí con la Brecha de San Pablo, tomada por una cuarentena de milicianos
de la Rojinegra, que al mando del durrutista Máximo Franco habían "bajado a
Barcelona" en labor de "observación e información", después que tanto la
Columna Rojinegra como la Lenin, mandada por Rovira, hubieran cedido a las
presiones recibidas para que sus respectivas unidades regresaran al frente,
a instancias de Isgleas, Abad de Santillán y Molina, esto es, de los
cenetistas que daban las órdenes del departamento de Defensa de la
Generalidad.

El bastión contrarrevolucionario del centro de la ciudad hubiera
cedido al asalto decidido de los trabajadores barceloneses, como insistía en
demostrar Josep Rebull al comité ejecutivo del POUM con un plano de
Barcelona en mano. Pero los discursos radiofónicos de los ministros y demás
jerifaltes anarquistas, tuvieron un poderoso efecto desmovilizador. Aunque
al principio hubo quien disparó al aparato de radio, cuando García Oliver
decía que había que besar a los policías muertos, porque eran hermanos
antifascistas, pronto se notó su efecto desmoralizador en las barricadas,
con la deserción lenta, pero constante, de los militantes anarquistas.
Escorza y Herrera se sometieron inmediatamente a sus superiores jerárquicos,
escudándose en el hecho "evidente" de que la insurrección había sido la
respuesta "espontánea" frente a la provocación que supuso la ocupación de la
Telefónica por orden de la Generalidad.

En la Generalidad los jerarcas de la CNT, protegidos por los cañones
de Montjuic apuntando sobre el Palacio, los estalinistas y los burgueses
catalanistas hacían lo único que podían hacer: otro gobierno igual con
nombres distintos. Los dirigentes del POUM se reunieron con el Comité
Regional de la CNT para ¡pedir prudencia! En las barricadas surgieron unos
Comités de defensa de la Revolución que no consiguieron materializar la
formación de una Junta Revolucionaria.

Balius, el teórico más destacado de la Agrupación, inválido a causa de
una encefalitis progresiva con hemiplegia izquierda espasmódica, que se
manifestaba en la inmovilización de la pierna izquierda y la torsión y
temblor del brazo del mismo costado, apoyado en sus muletas, leyó una
proclama desde la barricada de Las Ramblas/Hospital en la que hizo un
llamamiento a la solidaridad revolucionaria del proletariado europeo, y
sobre todo francés, con la lucha del proletariado español. Era una
formidable estampa revolucionaria del momento, tan bella como inútil.

La distribución de la octavilla en las barricadas no fue fácil, ni
ajena a la desconfianza de muchos militantes, e incluso a la represión
física.

El día cinco, por la tarde, los bolchevique-leninistas Carlini y
Quesada sostuvieron una entrevista informal con Balius, sin más acuerdo ni
perspectivas que continuar la lucha en las barricadas[1]. También hubo un
encuentro entre Balius y Josep Rebull, secretario de la célula 72 del POUM
que, dado el escaso peso numérico de ambas organizaciones, no tuvo ningún
resultado práctico. Los Amigos de Durruti rechazaron la propuesta de Josep
Rebull de lanzar un Manifiesto conjunto.

El jueves 6 de mayo los militantes de la CNT, como prueba de buena
voluntad para conseguir la pacificación de la ciudad, abandonaron el
edificio de la Telefónica, origen del conflicto, que fue inmediatamente
ocupado por las fuerzas de seguridad, que garantizaron a losmilitantes de
UGT la seguridad en sus puestos de trabajo, para reanudar el servicio
telefónico. Ante la protesta de los dirigentes anarquistas, la Generalidad
respondió que "se trataba de un hecho consumado", y los dirigentes
confederales optaron por no informar sobre la nueva "traición", para no
encrespar los ánimos. En lenguaje coloquial a esto se le llama hacer de
bomberos, esto es, apagar fuegos y/o conflictos.

Cuando se conoció la noticia de que venía de Valencia un contingente
de tropas para pacificar Barcelona, Balius propuso formar una columna
confederal que saliera a su encuentro. Formada la columna en Barcelona, ésta
se engrosaría por el camino y se le sumarían además no pocos milicianos del
frente de Aragón: se podía llegar hasta Valencia ¡y después asaltar el
cielo...! Se formaron comisiones para consultar a los militantes en los
sindicatos y en la calle, pero la proposición no tuvo ya eco alguno. Era ya
absolutamente irreal.

El sábado ocho de mayo las tropas de Valencia desfilaron por la
Diagonal y el Paseo de Gracia. Días después sólo quedaban en pie las
barricadas que el PSUC había querido conservar para mostrarse y demostrar a
los demás quien había ganado. El orden volvía a reinar en Barcelona.
Aparecieron los cadáveres de Camilo Berneri, Alfredo Martínez y tantos otros
que habían sido torturados y ejecutados por los estalinistas. Los comités
superiores de la CNT-FAI exigieron la expulsión de Los Amigos de Durruti,
aunque no consiguieron que ninguna asamblea sindical ratificara tal
decisión.

Y las masas confederales desorientadas por el llamamiento de sus
dirigentes, ¡los mismos del 19 de julio¡ optaron al fin por abandonar la
lucha, pese que al principio se burlaban de los llamamientos de la dirección
de la CNT a la concordia y el abandono de la lucha en aras de la unidad
antifascista.

El Manifiesto distribuido el 8 de mayo por la Agrupación, en el que se
hacía un balance de las Jornadas de Mayo, fue impreso en la imprenta de La
Batalla. La Agrupación, denunciada como organización de provocadores por la
CNT, carecía de prensas donde imprimirlo. Un miliciano del POUM, Paradell,
líder del sindicato mercantil, al tener conocimiento del problema que se
planteaba a la Agrupación de Los Amigos de Durruti, planteó la cuestión a
Josep Rebull, administrador del órgano del POUM, y éste en cumplimiento del
más elemental deber de solidaridad revolucionaria, sin consultar a ningún
órgano superior de su partido, ofreció la imprenta a Los Amigos de Durruti.

En ese Manifiesto Los Amigos de Durruti relacionaban la toma de la
Telefónica con provocaciones anteriores. Señalaban como provocadores de los
Hechos de Mayo a la Esquerra Republicana, PSUC, y cuerpos armados de la
Generalidad. Los Amigos de Durruti afirmaban el carácter revolucionario de
julio del 36 (no sólo de oposición al levantamiento fascista) y de mayo del
37 (no se contentan con un simple cambio de gobierno):

"Nuestra Agrupación que ha estado en la calle, en las barricadas,
defendiendo las conquistas del proletariado propugna por el triunfo total de
la revolución social. No podemos aceptar la ficción, y el hecho
contrarrevolucionario, de constituir un nuevo gobierno con los mismo
partidos, pero con distintos representantes."

Frente a las componendas que la Agrupación califica de engaño, Los
Amigos de Durruti oponen su programa revolucionario, ya expuesto en la
octavilla lanzada el día 5:

"Nuestra Agrupación exige la constitución inmediata de una junta
revolucionaria, el fusilamiento de los culpables, el desarme de los cuerpos
armados, la socialización de la economía y la disolución de todos los
partidos políticos que han agredido a la clase trabajadora."

La Agrupación de Los Amigos de Durruti no dudaba en afirmar que la
batalla había sido ganada por los trabajadores, y que por lo tanto había que
acabar de una vez por todas con una Generalidad que no significaba nada. La
Agrupación acusaba de TRAICION a los dirigentes y comité superiores de la
CNT, que habían paralizado una insurrección obrera victoriosa:

"La Generalidad no representa nada. Su continuación fortifica la
contrarrevolución. La batalla la hemos ganado los trabajadores. Es
inconcebible que los comités de la CNT hayan actuado con tal timidez que
llegasen a ordenar "alto el fuego" y que incluso hayan impuesto la vuelta al
trabajo cuando estábamos en los lindes inmediatos de la victoria total. No
se ha tenido en cuenta de dónde ha partido la agresión, no se ha prestado
atención al verdadero significado de las actuales jornadas. Tal conducta ha
de calificarse de traición a la revolución que nadie en nombre de nada debe
cometer ni patrocinar. Y no sabemos como calificar la labor nefasta que ha
realizado Solidaridad Obrera y los militantes más destacados de la CNT."

El calificativo de "traición" fue utilizado de nuevo cuando se comentó
la desautorización que el CR de la CNT había hecho de Los Amigos de Durruti,
así como el traspaso de las competencias (no las ejercidas por la
Generalidad, sino las controladas por la CNT) de seguridad y defensa al
gobierno central de Valencia:

"La traición es de un volumen enorme. Las dos garantías esenciales de
la clase trabajadora, seguridad y defensa, son ofrecidas en bandeja a
nuestros enemigos."

El Manifiesto finalizaba con una breve autocrítica de algunos fallos
tácticos durante las Jornadas de Mayo, y con una optimista perspectiva de
futuro, que la inmediata oleada represiva iniciada el 28 de mayo demostraría
como vana e inconsistente. Mayo del 37 no acabó en tablas, sino que fue una
severa derrota del proletariado.

Pese a la mitificación existente sobre los Hechos de Mayo del 37 lo
cierto es que se trató de una situación muy caótica y confusa, caracterizada
por el afán negociador de todas las partes implicadas en el conflicto. Mayo
del 37 no fue en ningún momento una insurrección revolucionaria, y se inició
en defensa de una "propiedad sindical" conquistada en julio. El detonador
del conflicto fue el asalto a la Telefónica por las fuerzas de seguridad de
la Generalidad. Y esta acción se encuadraba dentro de la lógica del gobierno
de Companys de asumir paulatinamente todas las competencias que, la
situación "anómala" de la insurrección obrera del 19 de julio, le había
arrebatado momentáneamente. Los recientes éxitos obtenidos en la Cerdaña,
abrían la vía para pasar a una acción definitiva en Barcelona y en toda
Cataluña. Era evidente que Companys se sentía respaldado por Comorera (PSUC)
y por Ovseenko (el cónsul soviético), con quienes venía colaborando muy
estrecha y efectivamente desde diciembre, cuando se produjo la expulsión del
POUM del gobierno de la Generalidad. La política estalinista coincidía con
los objetivos de Companys: la debilitación y anulación de las fuerzas
revolucionarias, esto es, del POUM y de la CNT, eran un objetivo de los
soviéticos, que sólo podía pasar por el fortalecimiento del gobierno burgués
de la Generalidad. La larga crisis abierta en el gobierno de la Generalidad,
tras la no aceptación por la CNT del decreto del 4 de marzo sobre la
disolución de las Patrullas de Control, tuvo su inevitable solución violenta
tras varios episodios de enfrentamientos armados en Vilanesa, La Fatarella,
Cullera (Valencia), Bellver, entierro de Cortada, etcétera, en el asalto a
la Telefónica y las sangrientas jornadas de mayo en Barcelona. La estúpida
ceguera, la fidelidad inquebrantable a la unidad antifascista, el grado de
colaboración con el gobierno republicano de los principales dirigentes
anarcosindicalistas (desde Peiró hasta Federica Montseny, de Abad de
Santillán a García Oliver, de Marianet a Valerio Mas) no eran un dato
irrelevante, ni desconocido, para el gobierno de la Generalidad y los
agentes soviéticos. Se podía contar con su cretina santidad, como
demostraron colmadamente durante las Jornadas de Mayo.

Respecto a la actividad de Los Amigos de Durruti, durante los Hechos
de Mayo, no cabe tampoco una engañosa mitificación de su participación en
las barricadas y de su octavilla. Como ya hemos expuesto, Los Amigos de
Durruti no se propusieron en ningún momento desbordar a la dirección
confederal, se limitaron a efectuar una dura crítica de sus dirigentes y de
su política de traición a la revolución. Quizás no podían hacer otra cosa,
dado su número y su escasa influencia en la masa cenetista. Pero cabe
destacar su participación en la lucha callejera, con el dominio de varias
barricadas en Las Ramblas, especialmente frente a su sede social (a la
altura de la calle Hospital), y su intervención en las luchas de Sants, La
Torrassa y Sallent. Hay que subrayar, por supuesto, su intento de dar una
dirección y unas reivindicaciones políticas mínimas, en la octavilla lanzada
el día 5. La distribución de la octavilla no fue fácil, costó la vida de
varios miembros de la Agrupación, y su distribución en las barricadas contó
con la ayuda de los militantes cenetistas. Entre las acciones a señalar
durante las Jornadas de Mayo no debe olvidarse el llamamiento efectuado por
Balius, desde la barricada situada en la esquina de Las Ramblas con la calle
Hospital, a la solidaridad activa de todos los trabajadores de Europa con la
revolución española. Los Amigos de Durruti, ante la noticia de la formación
de una columna de guardias de asalto, que venía desde Valencia para sofocar
la rebelión, reaccionaron con el intento de formar una columna anarquista
que fuera a su encuentro. Pero no pasó de una vana propuesta, que ya no
halló eco alguno entre los militantes cenetistas, que empezaron a abandonar
las barricadas.

Cabe por fin destacar, desde unpunto de vista político, el acuerdo
alcanzado con el POUM de hacer un llamamiento a los trabajadores para que,
antes de abandonar las barricadas, pidieran garantías de que no habría
ninguna represión; y sobre todo señalando que la mejor garantía era
conservar las armas, que no debían entregarse nunca.

Desde un punto de vista teórico, el papel de Los Amigos de Durruti fue
mucho más destacado después de las Jornadas de Mayo, cuando iniciaron la
publicación de su órgano, que tomó el nombre del periódico publicado por
Marat durante la Revolución Francesa: El Amigo del Pueblo.

DESPUÉS DE MAYO.
La dirección de la CNT propuso la expulsión de los miembros de la
Agrupación, pero no consiguió nunca que esta medida fuera ratificada por
ninguna asamblea de sindicatos. Gran parte de la militancia confederal
simpatizaba con la oposición revolucionaria que encarnaba la Agrupación.
Ello no significaba que compartiese ni la acción ni el pensamiento de Los
Amigos de Durruti, pero sí que comprendiera sus posiciones y respetara, e
incluso respaldara, sus críticas a la dirección cenetista.

La dirección confederal usó y abusó a conciencia de la acusación de
"marxistas", máximo insulto concebible entre anarquistas, que lanzó en
repetidas ocasiones contra la Agrupación, y muy concretamente contra Balius.
Por supuesto, Balius y la Agrupación se defendieron de tan inmerecido
"insulto", no sin razón. No hay nada en la tesis teóricas de la Agrupación,
y mucho menos en El Amigo del Pueblo, o en los diversos manifiestos y
octavillas, que permita calificar a la Agrupación de marxista. Sólo fueron
una oposición a la política colaboracionista de la dirección confederal,
desde el seno de la organización y la ideología anarcosindicalista.

El primer número de El Amigo del Pueblo, fue publicado legalmente el
19 de mayo, con una gran cantidad de galeradas censuradas. La portada, en
color rojo y negro, de gran formato, reproducía un dibujo en el que aparecía
un sonriente Durruti, sosteniendo la bandera rojinegra. El número 1 no está
fechado, la redacción y administración se situaban en Rambla de las Flores
número 1- 1º. El diario aparecía como portavoz de Los Amigos de Durruti. Se
citaba a Balius como director, y a Eleuterio Roig, Pablo Ruiz y Domingo
Paniagua como redactores. El artículo más interesante, firmado por Balius,
se titulaba "Por los fueros de la verdad. No somos agentes provocadores", en
el que éste se lamentaba de los insultos y ataques procedentes de las
propias filas confederales. Citaba la octavilla y el manifiesto lanzados en
mayo, que afirmaba no reproducir para evitar su segura e inevitable censura.
Atacaba directamente a Solidaridad Obrera por su ensañamiento con Los Amigos
de Durruti, y negaba la calumnia vertida por la dirección cenetista: "no
somos agentes provocadores".

Para evitar la censura, desde el segundo número, El Amigo del Pueblo
fue editado clandestinamente.

El número 5 es uno de los más interesantes de El Amigo del Pueblo. En
primera página aparece un artículo titulado: "Una teoría revolucionaria".
Sólo este editorial sería suficiente para destacar la importancia política e
histórica de Los Amigos de Durruti, no sólo en la historia de la guerra
civil, sino de la ideología ácrata. En el editorial, Los Amigos de Durruti
atribuían el avance de la contrarrevolución y el fracaso de la CNT, tras su
triunfo innegable y absoluto de julio del 36, a una sola razón: la ausencia
de un PROGRAMA REVOLUCIONARIO. Y esa había sido también la causa de la
derrota de Mayo del 37. La conclusión a la que habían llegado es definida
con una enorme claridad:

"La trayectoria descendente [de la revolución] ha de atribuirse
exclusivamente a la ausencia de un programa concreto y de unas realizaciones
inmediatas y que por este hecho hemos caído en las redes de los sectores
contrarrevolucionarios en el preciso momento en que las circunstancias se
desenvolvían netamente favorables para una coronación de las aspiraciones
del proletariado. Y al no dar libre cauce a aquel despertar de julio, en un
sentido netamente de clase, hemos posibilitado un dominio pequeño-burgués
que de ninguna de las maneras podía producirse si en los medios confederales
y anarquistas, hubiese prevalecido una decisión unánime de asentar el
proletariado en la dirección del país.

[...] cometiéndose la simpleza de que una revolución de tipo social
podía compartir sus latidos económicos y sociales, con los factores
enemigos. [...]

En mayo se volvió a plantear el mismo pleito. De nuevo se ventilaba la
supremacía en la dirección de la revolución. Pero los mismos individuos que
en julio se atemorizaron por el peligro de una intervención extranjera, en
las jornadas de mayo volvieron a incurrir en aquella falta de visión que
culminó en el fatídico "alto el fuego" que, más tarde, se traduce, a pesar
de haberse concertado una tregua en un desarme insistente y en una
despiadada represión de la clase trabajadora. [...]

De manera que, al despojarnos de un programa, léase comunismo
libertario, nos entregamos por entero a nuestros adversarios que poseían y
poseen un programa y unas directrices [...] a los partidos pequeño-burgueses
había que aplastarlos en julio y en mayo. Opinamos que cualquier otro
sector, en el caso de disponer de una mayoría absoluta como la que poseíamos
nosotros, se hubiera erigido en árbitro absoluto de la situación.

En el número anterior de nuestro portavoz precisábamos un programa.
Sentamos la necesidad de una Junta revolucionaria, de un predominio
económico de los Sindicatos y de una estructuración libre de los Municipios.
Nuestra Agrupación ha querido señalar una pauta por el temor de que en
circunstancias similares a julio y mayo, se proceda de una manera idéntica.
Y el triunfo radica en la existencia de un programa que ha de ser
respaldado, sin titubeos, por los fusiles. [...]

Las revoluciones sin una teoría no siguen adelante. "Los Amigos de
Durruti" hemos trazado nuestro pensamiento que puede ser objeto de los
retoques propios de las grandes conmociones sociales, pero que radica en dos
puntos esenciales que no pueden eludirse. Un programa y fusiles."

Este texto es fundamental, marca un hito en la evolución del
pensamiento anarquista. Los conceptos teóricos aquí vertidos, sólo esbozados
muy confusamente con anterioridad, se expresan ahora con una claridad
cegadora. Y estas conquistas teóricas serían, más tarde, repetidas y
razonadas en el folleto de Baliu

La esencia del neoliberalismo

Pierre Bourdieu

Como lo pretende el discurso dominante, el mundo económico es un orden puro y perfecto, que implacablemente desarrolla la lógica de sus consecuencias predecibles y atento a reprimir todas las violaciones mediante las sanciones que inflige, sea automáticamente o —más desusadamente— a través de sus extensiones armadas, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y las políticas que imponen: reducción de los costos laborales, reducción del gasto público y hacer más flexible el trabajo. ¿Tiene razón el discurso dominante? ¿Y qué pasaría si, en realidad, este orden económico no fuera más que la instrumentación de una utopía —la utopía del neoliberalismo— convertida así en un problema político? ¿Un problema que, con la ayuda de la teoría económica que proclama, lograra concebirse como una descripción científica de la realidad?
Esta teoría tutelar es pura ficción matemática. Se fundó desde el comienzo sobre una abstracción formidable. Pues, en nombre de la concepción estrecha y estricta de la racionalidad como racionalidad individual, enmarca las condiciones económicas y sociales de las orientaciones racionales y las estructuras económicas y sociales que condicionan su aplicación.
Para dar la medida de esta omisión, basta pensar precisamente en el sistema educativo. La educación no es tomada nunca en cuenta como tal en una época en que juega un papel determinante en la producción de bienes y servicios tanto como en la producción de los productores mismos. De esta suerte de pecado original, inscrito en el mito walrasiano (1) de la «teoría pura», proceden todas las deficiencias y fallas de la disciplina económica y la obstinación fatal con que se afilia a la oposición arbitraria que induce, mediante su mera existencia, entre una lógica propiamente económica, basada en la competencia y la eficiencia, y la lógica social, que está sujeta al dominio de la justicia.
Dicho esto, esta «teoría» desocializada y deshistorizada en sus raíces tiene, hoy más que nunca, los medios de comprobarse a sí misma y de hacerse a sí misma empíricamente verificable. En efecto, el discurso neoliberal no es simplemente un discurso más. Es más bien un «discurso fuerte» —tal como el discurso siquiátrico lo es en un manicomio, en el análisis de Erving Goffman (2). Es tan fuerte y difícil de combatir solo porque tiene a su lado todas las fuerzas de las relaciones de fuerzas, un mundo que contribuye a ser como es. Esto lo hace muy notoriamente al orientar las decisiones económicas de los que dominan las relaciones económicas. Así, añade su propia fuerza simbólica a estas relaciones de fuerzas. En nombre de este programa científico, convertido en un plan de acción política, está en desarrollo un inmenso proyecto político, aunque su condición de tal es negada porque luce como puramente negativa. Este proyecto se propone crear las condiciones bajo las cuales la «teoría» puede realizarse y funcionar: un programa de destrucción metódica de los colectivos.
El movimiento hacia la utopía neoliberal de un mercado puro y perfecto es posible mediante la política de derregulación financiera. Y se logra mediante la acción transformadora y, debo decirlo, destructiva de todas las medidas políticas (de las cuales la más reciente es el Acuerdo Multilateral de Inversiones, diseñado para proteger las corporaciones extranjeras y sus inversiones en los estados nacionales) que apuntan a cuestionar cualquiera y todas las estructuras que podrían servir de obstáculo a la lógica del mercado puro: la nación, cuyo espacio de maniobra decrece continuamente; las asociaciones laborales, por ejemplo, a través de la individualización de los salarios y de las carreras como una función de las competencias individuales, con la consiguiente atomización de los trabajadores; los colectivos para la defensa de los derechos de los trabajadores, sindicatos, asociaciones, cooperativas; incluso la familia, que pierde parte de su control del consumo a través de la constitución de mercados por grupos de edad.
El programa neoliberal deriva su poder social del poder político y económico de aquellos cuyos intereses expresa: accionistas, operadores financieros, industriales, políticos conservadores y socialdemócratas que han sido convertidos en los subproductos tranquilizantes del laissez faire, altos funcionarios financieros decididos a imponer políticas que buscan su propia extinción, pues, a diferencia de los gerentes de empresas, no corren ningún riesgo de tener que eventualmente pagar las consecuencias. El neoliberalismo tiende como un todo a favorecer la separación de la economía de las realidades sociales y por tanto a la construcción, en la realidad, de un sistema económico que se conforma a su descripción en teoría pura, que es una suerte de máquina lógica que se presenta como una cadena de restricciones que regulan a los agentes económicos.
La globalización de los mercados financieros, cuando se unen con el progreso de la tecnología de la información, asegura una movilidad sin precedentes del capital. Da a los inversores preocupados por la rentabilidad a corto plazo de sus inversiones la posibilidad de comparar permanentemente la rentabilidad de las más grandes corporaciones y, en consecuencia, penalizar las relativas derrotas de estas firmas. Sujetas a este desafío permanente, las corporaciones mismas tienen que ajustarse cada vez más rápidamente a las exigencias de los mercados, so pena de «perder la confianza del mercado», como dicen, así como respaldar a sus accionistas. Estos últimos, ansiosos de obtener ganancias a corto plazo, son cada vez más capaces de imponer su voluntad a los gerentes, usando comités financieros para establecer las reglas bajo las cuales los gerentes operan y para conformar sus políticas de reclutamiento, empleo y salarios.
Así se establece el reino absoluto de la flexibilidad, con empleados por contratos a plazo fijo o temporales y repetidas reestructuraciones corporativas y estableciendo, dentro de la misma firma, la competencia entre divisiones autónomas así como entre equipos forzados a ejecutar múltiples funciones. Finalmente, esta competencia se extiende a los individuos mismos, a través de la individualización de la relación de salario: establecimiento de objetivos de rendimiento individual, evaluación del rendimiento individual, evaluación permanente, incrementos salariales individuales o la concesión de bonos en función de la competencia y del mérito individual; carreras individualizadas; estrategias de «delegación de responsabilidad» tendientes a asegurar la autoexplotación del personal, como asalariados en relaciones de fuerte dependencia jerárquica, que son al mismo tiempo responsabilizados de sus ventas, sus productos, su sucursal, su tienda, etc., como si fueran contratistas independientes. Esta presión hacia el «autocontrol» extiende el «compromiso» de los trabajadores de acuerdo con técnicas de «gerencia participativa» considerablemente más allá del nivel gerencial. Todas estas son técnicas de dominación racional que imponen el sobrecompromiso en el trabajo (y no solo entre gerentes) y en el trabajo en emergencia y bajo condiciones de alto estrés. Y convergen en el debilitamiento o abolición de los estándares y solidaridades colectivos (3).
De esta forma emerge un mundo darwiniano —es la lucha de todos contra todos en todos los niveles de la jerarquía, que encuentra apoyo a través de todo el que se aferra a su puesto y organización bajo condiciones de inseguridad, sufrimiento y estrés. Sin duda, el establecimiento práctico de este mundo de lucha no triunfaría tan completamente sin la complicidad de arreglos precarios que producen inseguridad y de la existencia de un ejército de reserva de empleados domesticados por estos procesos sociales que hacen precaria su situación, así como por la amenaza permanente de desempleo. Este ejército de reserva existe en todos los niveles de la jerarquía, incluso en los niveles más altos, especialmente entre los gerentes. La fundación definitiva de todo este orden económico colocado bajo el signo de la libertad es en efecto la violencia estructural del desempleo, de la inseguridad de la estabilidad laboral y la amenaza de despido que ella implica. La condición de funcionamiento «armónico» del modelo microeconómico individualista es un fenómeno masivo, la existencia de un ejército de reserva de desempleados.
La violencia estructural pesa también en lo que se ha llamado el contrato laboral (sabiamente racionalizado y convertido en irreal por «la teoría de los contratos»). El discurso organizacional nunca habló tanto de confianza, cooperación, lealtad y cultura organizacional en una era en que la adhesión a la organización se obtiene en cada momento por la eliminación de todas las garantías temporales (tres cuartas partes de los empleos tienen duración fija, la proporción de los empleados temporales continúa aumentando, el empleo «a voluntad» y el derecho de despedir un individuo tienden a liberarse de toda restricción).
Así, vemos cómo la utopía neoliberal tiende a encarnarse en la realidad en una suerte de máquina infernal, cuya necesidad se impone incluso sobre los gobernantes. Como el marxismo en un tiempo anterior, con el que en este aspecto tiene mucho en común, esta utopía evoca la creencia poderosa —la fe del libre comercio— no solo entre quienes viven de ella, como los financistas, los dueños y gerentes de grandes corporaciones, etc., sino también entre aquellos que, como altos funcionarios gubernamentales y políticos, derivan su justificación viviendo de ella. Ellos santifican el poder de los mercados en nombre de la eficiencia económica, que requiere de la eliminación de barreras administrativas y políticas capaces de obstaculizar a los dueños del capital en su procura de la maximización del lucro individual, que se ha vuelto un modelo de racionalidad. Quieren bancos centrales independientes. Y predican la subordinación de los estados nacionales a los requerimientos de la libertad económica para los mercados, la prohibición de los déficits y la inflación, la privatización general de los servicios públicos y la reducción de los gastos públicos y sociales.
Los economistas pueden no necesariamente compartir los intereses económicos y sociales de los devotos verdaderos y pueden tener diversos estados síquicos individuales en relación con los efectos económicos y sociales de la utopía, que disimulan so capa de razón matemática. Sin embargo, tienen intereses específicos suficientes en el campo de la ciencia económica como para contribuir decisivamente a la producción y reproducción de la devoción por la utopía neoliberal. Separados de las realidades del mundo económico y social por su existencia y sobre todo por su formación intelectual, las más de las veces abstracta, libresca y teórica, están particularmente inclinados a confundir las cosas de la lógica con la lógica de las cosas.
Estos economistas confían en modelos que casi nunca tienen oportunidad de someter a la verificación experimental y son conducidos a despreciar los resultados de otras ciencias históricas, en las que no reconocen la pureza y transparencia cristalina de sus juegos matemáticos y cuya necesidad real y profunda complejidad con frecuencia no son capaces de comprender. Aun si algunas de sus consecuencias los horrorizan (pueden afiliarse a un partido socialista y dar consejos instruidos a sus representantes en la estructura de poder), esta utopía no puede molestarlos porque, a riesgo de unas pocas fallas, imputadas a lo que a veces llaman «burbujas especulativas», tiende a dar realidad a la utopía ultralógica (ultralógica como ciertas formas de locura) a la que consagran sus vidas.
Y sin embargo el mundo está ahí, con los efectos inmediatamente visibles de la implementación de la gran utopía neoliberal: no solo la pobreza de un segmento cada vez más grande de las sociedades económicamente más avanzadas, el crecimiento extraordinario de las diferencias de ingresos, la desaparición progresiva de universos autónomos de producción cultural, tales como el cine, la producción editorial, etc., a través de la intrusión de valores comerciales, pero también y sobre todo a través de dos grandes tendencias. Primero la destrucción de todas las instituciones colectivas capaces de contrarrestar los efectos de la máquina infernal, primariamente las del Estado, repositorio de todos los valores universales asociados con la idea del reino de lo público. Segundo la imposición en todas partes, en las altas esferas de la economía y del Estado tanto como en el corazón de las corporaciones, de esa suerte de darwinismo moral que, con el culto del triunfador, educado en las altas matemáticas y en el salto de altura (bungee jumping), instituye la lucha de todos contra todos y el cinismo como la norma de todas las acciones y conductas.
¿Puede esperarse que la extraordinaria masa de sufrimiento producida por esta suerte de régimen político-económico pueda servir algún día como punto de partida de un movimiento capaz de detener la carrera hacia el abismo? Ciertamente, estamos frente a una paradoja extraordinaria. Los obstáculos encontrados en el camino hacia la realización del nuevo orden de individuo solitario pero libre pueden imputarse hoy a rigideces y vestigios. Toda intervención directa y consciente de cualquier tipo, al menos en lo que concierne al Estado, es desacreditada anticipadamente y por tanto condenada a borrarse en beneficio de un mecanismo puro y anónimo: el mercado, cuya naturaleza como sitio donde se ejercen los intereses es olvidada. Pero en realidad lo que evita que el orden social se disuelva en el caos, a pesar del creciente volumen de poblaciones en peligro, es la continuidad o supervivencia de las propias instituciones y representantes del viejo orden que está en proceso de desmantelamiento, y el trabajo de todas las categorías de trabajadores sociales, así como todas las formas de solidaridad social y familiar. O si no...
La transición hacia el «liberalismo» tiene lugar de una manera imperceptible, como la deriva continental, escondiendo de la vista sus efectos. Sus consecuencias más terribles son a largo plazo. Estos efectos se esconden, paradójicamente, por la resistencia que a esta transición están dando actualmente los que defienden el viejo orden, alimentándose de los recursos que contenían, en las viejas solidaridades, en las reservas del capital social que protegen una porción entera del presente orden social de caer en la anomia. Este capital social está condenado a marchitarse —aunque no a corto plazo— si no es renovado y reproducido.
Pero estas fuerzas de «conservación», que es demasiado fácil de tratar como conservadoras, son también, desde otro punto de vista, fuerzas de resistencia al establecimiento del nuevo orden y pueden convertirse en fuerzas subversivas. Si todavía hay motivo de abrigar alguna esperanza, es que todas las fuerzas que actualmente existen, tanto en las instituciones del Estado como en las orientaciones de los actores sociales (notablemente los individuos y grupos más ligados a esas instituciones, los que poseen una tradición de servicio público y civil) que, bajo la apariencia de defender simplemente un orden que ha desaparecido con sus correspondientes «privilegios» (que es de lo que se les acusa de inmediato), serán capaces de resistir el desafío solo trabajando para inventar y construir un nuevo orden social. Uno que no tenga como única ley la búsqueda de intereses egoístas y la pasión individual por la ganancia y que cree espacios para los colectivos orientados hacia la búsqueda racional de fines colectivamente logrados y colectivamente ratificados.
¿Cómo podríamos no reservar un espacio especial en esos colectivos, asociaciones, uniones y partidos al Estado: el Estado nación, o, todavía, mejor, al Estado supranacional —un Estado europeo— capaz de controlar efectivamente y gravar con impuestos las ganancias obtenidas en los mercados financieros y, sobre todo, contrarrestar el impacto destructivo que estos tienen sobre el mercado laboral. Esto puede lograrse con la ayuda de las confederaciones sindicales organizando la elaboración y defensa del interés público. Querámoslo o no, el interés público no emergerá nunca, aun a costa de unos cuantos errores matemáticos, de la visión de los contabilistas (en un período anterior podríamos haber dicho de los «tenderos») que el nuevo sistema de creencias presenta como la suprema forma de realización humana.
Notas
1. Auguste Walras (1800-66), economista francés, autor de De la nature de la richesse et de l’origine de la valeur [sobre la naturaleza de la riqueza y el origen del valor) (1848). Fue uno de los primeros que intentaron aplicar las matemáticas a la investigación económica.
2. Erving Goffman. 1961. Asylums: Essays On The Social Situation Of Mental Patients And Other Inmates [Manicomios: ensayos sobre la situación de los pacientes mentales y otros reclusos]. Nueva York: Aldine de Gruyter.
3. Ver los dos números dedicados a « Nouvelles formes de domination dans le travail » [nuevas formas de dominación en el trabajo], Actes de la recherche en sciences sociales, Nº 114, setiembre de 1996, y 115, diciembre de 1996, especialmente la introducción por Gabrielle Balazs y Michel Pialoux, « Crise du travail et crise du politique » [crisis del trabajo y crisis política], Nº 114: p. 3-4.